Observación Gastronómica 2

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LA FERME du PRÉ CATELAN (París 16º)

Publicado por Philippe Regol el 15/10/2024
Publicado en: PARIS. 6 comentarios

El chef MEHDI SGARD, brazo derecho de FRÉDÉRIC ANTON

Vídeo de la sala

Ya de vuelta de mi excursión a París. En general todo ha sido muy positivo y agradable. Incluso la experiencia del restaurante Jean Imbert au Plaza Athénée, de la cual esperaba mucho y que tuvo luces y sombres, no estuvo exenta de interés y se merecerá algunos comentarios interesantes.

Pero lo más relevante fue sin duda el almuerzo en Le Pré Catelan, el fastuoso tres estrellas que dirige FREDÉRIC ANTON , situado en pleno Bois de Boulogne, del cual hablaremos en estos próximos días.

La víspera, quisimos conocer su recién inaugurado “bistrot de campaña” (como se podría llamar), situado a solo unos 20m :

La FERME DU PRÉ,  se parece a una fonda ilustrada con su carta llena de referencias a una bella cocina “bourgeoise”, es decir la gran cocina que se hacía en las casas en el siglo XIX y parte del XX, sin ninguna connotación peyorativa de la palabra,( justamente sin elitismo) , y que aun se encuentra en ciertas brasseries de prestigio. Pero probablemente menos cuidada que la que probamos.

Me recuerda un poco La Ferme aux Grives, que abrió el añorado Michel Guérard cerca de sus Prés d’Eugénies. Aquí también el “Pré”( el prado) es una referencia, ya que la palabra está en el nombre de sus respectivas tres estrellas. En ambos casos, estos restaurantes están situados en un marco bucólico. Y en ambos casos, se trata de una cocina sencilla, pero de gran nivel, con el aval de grandes cocineros.

En el caso que nos ocupa hoy, se trata de una sola sala, donde caben unas 30 personas, con muy buena separaciones entre las mesas (en París, esto es ya un pequeño lujo), bien decorada, sin incidir en la rusticidad campestre como su restaurante homólogo gascón. Rústico, pero elegante. Carta corta (lo que inspira siempre confianza) que irá cambiando con frecuencia. Al día siguiente, en la cocina del 3 estrellas, pude ver la larga lista de platos, todos muy salivatorios, que irán rotando en la carta. El día anterior había callos (tripes), al día siguiente el «pollo de los domingos».

Este tipo de restaurante, en los que se hace una elegante y sabrosa cocina tradicional, escasea mucho en las provincias y representan, sin embargo, la auténtica fama de la cocina francesa. Su patrimonio profundo, admirado por el planeta. Solo se trata de hacerlo bien y con mimo, como es el caso aquí. Pero, en Francia, en las provincias, se quiere ser «moderno» tantos en los interiorismos como en los platos. Y el resultado es a veces patético, como lo voy contando en este blog.

Muchas veces me piden recomendaciones para comer en París. En bistrós, neo bistrós, pequeños restaurantes. Desde hoy LA FERME DU PRÉ es mi recomendación nº1. Solo a 15€ de taxi desde el Arco de Triunfo. Es excursión obligatoria.

Aquí la tradición se retoca, se interpreta, se viste de una ligera actualización, pero no se traiciona en su esencia. Los huevos mimosa ganan en sabor con ese crujiente de piel de pollo (salió de un plato hecho por el jefe de cocina del Pré Catlelan, el brazo derecho de Anton, MEHDI SGARD).

La salsa a la pimienta es colada y mantiene viva aun su nota de alcohol, casi ahumada (¿whisky?).

El boeuf bourguignon (solo probé un bocado) fue, según uno de los comensales de la mesa, el mejor que comió en su vida, magnífico el “jus” (jugo de asado) que acompañaba las judías verdes.

Puré de patata robuchoniano, como no podía ser de otra manera, ya que Fréderic Antono fue el discípulo aventajado de Robuchon y su jefe de cocina en los últimos años del mítico Jamin ( de la calle de Longchamps, justo donde está ahora el restaurante de Pascal Barbot).

El bacalao fresco (llamado “cabillaud” en Francia) es un pescado humilde que se encuentra en muchas cartas, hasta de algunos gastronómicos o , al menos, bistronómicos. De lo que se trata es sacarlo con textura nacarada y potenciar su sabor, ya que es sobretodo textura. Es lo que se hizo aquí (me olvidé de hacer la foto…): una salsa “beurre blanc” con sabores de grenoblesa (alcaparra), untuosa y sabrosa como la mejor de las holandesas.

Evidentemente, en una cocina de alta brasserie que se preste, las guarniciones no pueden servirse en el mismo plato, sino en forma de side dish (como se suele decir ahora), es decir aparte. Las salsas no tienen que mezclarse con patatas, verduras o , sobre todo, purés. Quedaría todo confuso.

El pequeño fallo de la cena estuvo en la Pera Melba. Creo que la textura firme de un melocotón amarillo y su inconfundible aroma (tipo Calanda) son imprescindibles para este postre. ¿Puede que también con una pera de tipo Doyenné du Comice (que llamamos aquí “Puigcerdà”), más firme, sabrosa y aromática…? Es curioso que todos en la mesa, al leer la palabra “Melba”, pensamos que sería “Pêche” y no leímos la palabra “Poire”. Hay palabras que tienen una carga semántica tan fuerte que llegan a contaminar y hasta neutralizar las palabras contiguas.

Prometen que en verano instalarán una terraza, y no quiero imaginar el goce que supondrá cenar al aire libre en ese maravilloso (y enorme) Bois de Boulogne, justo al lado de esa antigua lechería de estilo normando, con el imponente edificio Belle Époque de fondo.

Pâté de campaña

No se quiso hacer otra vez el ubícuo pâté en croûte. No siempre rico y con su masa gruesa y un poco cruda. Frédéric y Mehdi piensan en hacer un pâté CON croûte. Siempre he coincidido con esta idea, ya que la función de conservación de la carne por parte de la masa ya no tiene sentido en nuestros días.

Huevos duros Mimosa, pollo, mahonesa

Buey borgoñón

«Onglet» a la pimienta

Por la forma, no parecía «onglet».

Bacalao fresco, beurre blanc, alcaparras

Se aprecia la impecable cocción del pescado.

Judías verdes

Puré

Pera Melba

Babá

La reducida carta. Un plus. Siempre hay que desconfiar de las cartas largas.

Precios de la bebidas bastante razonables

La foto de la «granja» al día siguiente

LA FERME DU PRÉ

Web

LA SOSENGA (Barcelona)

Publicado por Philippe Regol el 09/10/2024
Publicado en: BARCELONA. 4 comentarios

Marc Pérez y Tania Doblas con su reducido equipo: Marta Blanca en los vinos y Antonio Domínguez en la cocina.

Llevan ya dos años abiertos, pero es solo ahora cuando les pude visitar. Me avisó mi amigo Marc Casanovas, de la revista Cuina, y realmente valía la pena conocerlos. No solamente por lo que encontré en el plato, sino por el soplo de honestidad que empuja este proyecto de barrio en un territorio algo hostil, por su gran masificación turística, como lo es el Barri Gòtic de Barcelona. Aun así, la gente del vecindario representa el 50% de la clientela total de LA SOSENGA , como me lo cuenta MARC PÉREZ , un joven catalán de origen gallego que se atrevió a instalarse, con su compañera TANIA DOBLAS, ella originaria de Cádiz, pero que habla también un catalán perfecto, en esa antigua bodega del barrio, para ofrecer un «simple» menú del día. El local se prestaba para actualizar ese espacio como para un bullicioso “Quimet & Quimet”, o un pequeño restaurante bistronómico con precio de 50€ el menú (cosa ya muy razonable), pero se buscó otra vía , mucho más difícil: hacer rentable un proyecto de “menú-degustación del día” a solo 24€ para la gente del barrio (y turistas avispados). Un menú que cambia cada mes, según la temporada, el mercado y los deseos del cocinero.

Marc estuvo un tiempo con Gaig y con Carme Ruscalleda,también en el hotel Pulitzer, y coincidió con Tania en el hotel Almanach (donde está ahora el Virens de Rodrigo de la Calle). Allí se fraguó la idea de La Sosenga, pensando en dar un poco de alma a ese barrio muy gentrificado, ya que ellos mismos lo sufren por vivir cerca de la Plaça Jaume I.

La pregunta es ¿cómo salen las cuentas? sobre todo cuando se decide usar productos de proximidad (pero no siempre…), por ejemplo con hortalizas de la finca Can Fisas , casi siempre ecológicos, o un buen pollo de payés. ¡Eso sí es aprovechamiento y sostenibilidad! Los viernes noches y sábado todo el día se sirve a la carta, y Marc me quiso hacer probar un par de platos como el estupendo milhojas de berenjena con queso San Simón (el guiño gallego a su madre) y el fabuloso guiso de judías de Santa Pau con jugo de escabeche, cocochas y níscalos. Me encantaría volver, al menos para probar el guiso de ternera La Sosenga, sacado del libro del Sent Soví (auténtica biblia de la cocina catalana del siglo XIV), y que da nombre al restaurante. La carta tiene estos toques medievales que nos remite al pasado de una rica cocina catalana un poco olvidada y que no pide otra cosa que alguien la despierte de su letargo.(Ver la web). Unos aires medievales tal vez presentes en ese «agridulce» o simplemente acidez que se encuentra en muchos de los platos, expresados a través de suaves escabeches. Aquí no encontraéis muchos «ceviches»…El pasado como herramienta de futuro, en cocina como en tantas cosas.

Suerte que haya una nueva generación de cocineros que sepan soñar con proyectos que rezuman entusiasmo y honestidad, manteniendo al mismo tiempo pies en la tierra. La gente que no puede pagarse grandes gastronómicos también tiene derecho a una pequeña «alta cocina» personalizada y digna. Es lo que necesitan los barrios (la semana pasada hablaba de L’Artesana), y menos sucursales clónicas de diseño y cartas replicadas.

REPITO : Esto no es un menú del día con entrante, plato y postre, sino un menú-degustación en toda regla a solo 24,5€!

Se suelen hacer el pan, pero ese día la levadura madre hizo de las suyas y nos dijeron honestamente que era pan de Pa de Kilo. Mantequilla de aceituna negra.

Coca de rebozuelos, papada ahumada y menta

¡Vivan las cocas!

Croqueta de cerdo con castaña y chutney de ciruela

Muy cárnica. Muy sabrosa. ¿Tal vez con un poco más de bechamel?

Buñuelo de higo con sardina ahumada, «Oruga» de rúcula

Un majado extraído del Llibre dell Sent Soví que lleva también frutos secos, azafrán y vinagre.

Dulce-salado rico, pero faltaba un poco de crujiente en el rebozado.

Milhojas de berenjenas con crema de San Simón

Consomé de calabaza, gula del monte, huevo poché y calabaza asada y encurtida

Se utilizan tres tipos de cucurbitáceas, elaboradas de tres maneras diferentes. Aquí el resultado de esta pequeña complicación se aprecia claramente en boca. Con lo difícil que es, a veces, sacar provecho de esta hortaliza, el plato resulta delicioso, lleno de sabores y juego textural.

Tártar de sepia y calabacín

con brocheta de piel de pollo en escabeche agridulce

Me encantó el tártar, otra vez con este mérito de aportar sabor a una preparación a base aquí de un simple calabacín, aunque sea de calidad. En cambio no me convenció la textura algo chiclosa de la piel de pollo (aunque fuera un ave de calidad). ¿Por qué no potenciar la presencia del simple jugo de pollo, algo más concentrado, que rodeara el tartar? Me acordé el pollo al curry del Bulli que no llevaba la fibra del ave, pero sí un potente sabor a su jugo. El jugo «se hablaría» mucho mejor con la sepia de esta forma que con ese pincho lateral, con poca sustancia de pollo propiamente dicha y de degustación problemática.

Guiso de judías de Santa Pau con níscalos escabechado y cocochas

Un plato de cuchara delicioso que se encontrará en la carta de este fin de semana.

Albóndiga de cerdo y ternera Eco, chocolate, puré de boniato y mostaza

Excelente bocado con esa salsa de la textura de un mole, pero ligada, a parte del chocolate, con higadillos, y, otra vez, ese toque de encurtido con la mostaza en grano y en forma de hierbas. Tal vez, como simple matiz, sería mejor no incidir en la textura puré, que ya tenemos en la «salsa», y dejar el boniato en forma de dados apenas cocinados y algo crocantes.

«Panadons del Ebre» de cabello de ángel casero con helado de romero de Gocce di Latte

Un postre típico de la comarca del Baix Ebre, como se explica en esta hoja (pequeña concesión al story telling) que se encuentra detrás de la carta, que se entrega al cliente, y donde se nombran los productores y la historia de algunos platos.Las lee quien quiere, ya que, en la sala TANIA no tiene tiempo para entrar en detalles. Recuerdo que Alain Ducasse fue un poco pionero, hace más de 25 años, en dar protagonismo a los productores y proveedores en sus cartas y hasta con diapositivas proyectadas en la pared.

Pido disculpas por no haber fotografiado toda la página con la traducción al castellano.

Vinos naturales amables propuestos por la sumiller Marta Blanca que ha imaginado un maridaje para todo el menú y que propone a la gente predispuesta (18€). Solo probé dos vinos, ya que soy reacio a estas armonías sistemáticas plato-vino. Esta vez ( otras también pero sin éxito), recomendé la introducción de alguna sidra en la carta de vinos, ya que justamente ayer había leído que la sidra de Mooma (de Plau Sator, Alt Empordà) acababa de ganas varios premios en un importante concurso en Asturias. Creo que es una bebida ideal para los que no queremos (o podemos) beber mucho alcohol.

LA SOSENGA

Barcelona

Web

VILLA MÁS (St Feliu de Guixols)

Publicado por Philippe Regol el 29/09/2024
Publicado en: Sant Feliu de Guixols. 2 comentarios

Roger Co y su equipo de cocina

Nunca me había acercado a este restaurante de Sant Feliu de Guixols, y sin embargo me lo llegó a recomendar varias veces Rafa Peña del Gresca,como ne lo hubiera podido recomendarlo también Pitu Roca (me lo encontré allí ese jueves pasado y me confesó que es casi su “segunda casa”).

En la fama de VILLA MÁS , siempre se destaca su magnífica carta de vinos y el entusiasmo de su propietario, CARLOS ORTA por la Borgoña y los buenos vinos en general. Como poco bebedor e inculto en la materia que soy, tal vez esa fama de “casa donde se bebe muy bien” ha podido hacer que me retrajese. Lo que explicaría mi tardanza en visitarla.

Pero hacía ya bastante tiempo que VILLA MÁS se empezaba a conocer también por ser un pequeño templo del producto, y que el huerto, cuidado con un enorme entusiasmo por Carlos , había llegado a alcanzar un real protagonismo en la carta, al mismo nivel que los productos marinos.

Tardé también en percatarme que ROGER CO , el actual chef desde hace 5 o 6 años, provenía de La Menta, de Palamós, otro restaurante del que me había hablado muy bien Rafa Peña.  Y Roger no vino a Villa Mas solo, sino acompañado por su compañera AGATHE ARNAUD, una chica de Toulouse (Tolosa de Llenguadoc, como se dice por aquí: una ciudad que conozco bien por haber hecho mis estudios allí) y que ahora dirige la sala, con una sabiduría y un encanto enormes.

La Villa modernista es magnífica. En ese veraniego día de otoño, con la concurrida y confortable terraza abierta y las vistas sobre el oleaje de la playa de Sant Pol, el marco idílico estaba plantado para disfrutar de ese almuerzo.

Pero aun quedaba por descubrir a la sommelier NÚRIA LUCIA ( ex La Viña del Señor, Lavinia etc). Lo contrario de lo que uno esperaría en un templo del vino, con su carta tan extensa que ni me atreví a abrirla cuando la dejó en la mesa. Fuera de cualquier pedantería intimidatoria, Núria acabó haciéndome probar tres vinos, yo quien quería solo tomarme una pequeña copa… Pero lo que más me gustó, fueron las pequeñas historias que cuenta acerca de cada uno de ellos. Nada de detalles tan técnicos como crípticos, sino simplemente pequeñas historias que harían amar el vino hasta el más abstemio..

Al final de la comida, se acercó a la mesa Carlos Orta, vestido con ropa de faena y su gorra (ni lo hubiera reconocido sin la pista que me había dado Pitu Roca antes) y una botella de un tinto del Jura (su nueva gran afición) que nos hizo probar. El vino como herramienta de comunicación y de acercamiento a las personas. Me dijo que llegó a saber de mi existencia por Oriol Rovira. (A saber lo que le habrá dicho Oriol. Espero que algo un poco positivo, como me gustaría imaginarlo: “es un torracollons, però en sap una mica de menjar” o algo del estilo. (Prefiero no traducir).

  Total, esto fue todo fue lo que rodeó a la comida. Y muchas veces, es tan importante como lo que se pone en el plato.

Antes del café, me atreví a entrar a la cocina para hacer la foto del equipo de cocina, como es mi costumbre. Y aproveché por charlar con el cocinero que no conocía de nada. Roger es tan discreto como buen cocinero. En el Instagram de @restaurantvillamas se ven sobre todo los platos, el huerto y miembros del personal entre los cuales sale como uno más. Este poco afán de protagonismo se traduce también en su cocina. Lo hablamos unos minutos. El cocinero se pone al servicio del producto y calculará su intervención culinaria en función de la necesidad de la materia prima. Saber apartarse denota sabia prudencia, aunque la cocina es también manipulación reflexionada y atinada de la materia prima. Esto daba para una larga sobremesa.

En su suquet muy sabroso, se apreciaba todo el sabor de la tradición en la conjunción de los sabores, pero con la gamba (viva) de Palamós de impecable cocción nacarada, sin cocinarse en el guiso. O en su fricandó, deliciosamente guisado, pero que respetaba una buena mordida de la carne, como si no hubiera tenido el mismo tiempo de chup-chup que la salsa untuosa y profunda : nunca he entendido el “¡se deshace!” como un valor en la textura de los guisos. Es como hacer la apología de los guisos-amasijos, en los que todo se confunde, aunque el sabor esté rico. En ese plato, la seta no estaba re-cocinada con la salsa, como lo suelen ser las senderuelas, sino a penas entibiada para que se pudiera apreciar todo el aroma y mordida, aquí del rebozuelo.  Si la tradición amalgama sabores y texturas, la modernidad separa los ingredientes. La primera en aras de compenetración gustativa, la segunda para que se respete la naturaleza de los ingredientes o de las elaboraciones diversas de un plato. Lo interesante es saber buscar la armoniosa medianía entre estas dos tendencias, ya que «separar» demasiado los elementos de un platos, como lo vemos cada día, conduce a platos estéticamente instagramable pero perfectamente deslavazados gustátivamente.

Como comentario, noté que este comprensible orgullo por querer exponer el producto, en este caso del huerto, se resolvía perfectamente en el magnífico “bodegón” de tomates, florilegio de las decenas de variedades que se cultivan en ello : tomates de piel fina sin pelar, tres tallos de cebolla tiernas, hierbas aromáticas no decorativas, que degusté enteramente, y un aceite de oliva excepcional.

En cambio en el pequeño aperitivo Bloody Mary al que nos invitaron (extraído de un plato de la casa), algunas pequeñas hortalizas muy crocantes  (sobre todo de zanahoria), impedía una degustación amable del jugo de tomate al mezcal de debajo, que hubiera quedado extraordinario con solo los tropezones de unos tomatitos cereza (del tamaño de un arándano que ni se ven en la foto), de piel finísima que explotaban en boca. El plato estaba allí.  Tal vez con una fina brunoise de las otras hortalizas, pero no en su formato de plato de crudités para dipping. Aquí interesaba destacar el producto (los tomatitos) que se acoplaba mejor y ayudaba al plato, y no al revés. Las ganas de enseñar las mini zanahorias o los mini pimientos entorpecían un poco una posible degustación amable de una muy lograda sopa de tomate que no acababa de lucirse y se quedaba en un simple aliño en el fondo del plato sopero.

Me dirán que, si solo fue esto el único “problema” de la comida, me hubiera podido callar. Pero justamente, este almuerzo me inspiró este tipo de reflexiones, no para criticar, sino para debatir. Como un filtro de lectura para comentar, y que también podía servir para analizar los postres: en la tarta de higos se cocina la masa “sucrée”, (crujiente y en su punto de dorado) , (imagino que a blanco) y se le añade crema pastelera  e higos crudos para que se aprecie la fruta (método clásico respetado). Hornearlo todo hubiera salido rico también, más casero, con el higo confitado, pero la fruta no se hubiera apreciado tanto. En este caso, protagonismo al producto fruta. En cambio, en la crema catalana, los trocitos de fruta cruda encima del azúcar quemado invadían la degustación de la crema propiamente dicha. Y aquí lo que importaba era dejar campo libre a la crema (elaboración cocinada) y a su delicada textura de natilla.

Evidentemente, son solo comentarios muy personales que denotan que esta cocina, de aparente sencillez, puede despertar reflexiones enriquecedoras. La otra lectura, más fácil, es que todo estaba riquísimo, que se comía, como nunca, el paisaje (o el huerto) en el plato, y que se obedecía la filosofía brasiana de la mínima manipulación del vegetal. Motivos por los que ya tengo ganas de volver a esta casa tan singular, en la que no se habla mucho, por cierto, de «sostenibilidad», pero donde parece que se practica…

Los platos :

Bloody Mary de tomate, mezcal y verduras del huerto

Croqueta de rustit hechas en casa

De pequeño tamaño y cárnicas, como me avisó Agathe, pero muy ricas sabrosas.

Aceite de oliva provenzal. Aquí se ha infringido un poco la regla de la proximidad. Este producto me pareció extraordinario. Al menos realmente diferente a los gustos que conocemos. (Este frasquito vale la unos 24€).

Carlos Orta me explicó que Oriol Rovira y sus hermanos fueron su referente cuando se quiso lanzar en esta aventura del tomate. Ha llegado a cultivar una sesentena de variedades hasta que se dio cuenta que muchas se solapaban y que solo se diferenciaban en detalles o, a veces, solo en el nombre, dependiendo de la región.

Agathe Arnaud explicando, en catalán, el plato de tomates. Traducción: Es la segunda plantación de la temporada. La primera tuvo mildiu. Por eso se pueden cosechar ahora, aunque son los últimos. Y solo los de tamaño medianos/pequeños. En este plato más reducido solo 4 variedades: el White, el Osu Blue, el Green Zebra, el Marmande. (La foto de plato anterior era de la ración entera para mesa más grandes).

Tomates, hierbas y aceite

Tomates excepcionales, de piel fina, jugosos y aromáticos. El Marmande puede recordar al Feo de Tudela.

Flor de calabacín rellena de brandada de bacalao, huevo roto

Plato crocante, untuoso, sabroso.

Calamares «torpedos» limpios y a la bruta

Me quedo con los segundos. Los pimientos sacados de la brasa y ¡al plato!

Roger Co enseñando la gamba viva. Esta vez, la encontré perfecta, no solamente de textura, sino también de intensidad de sabor.

Suquet de escórpora

Cocción 10 de la gamba.

Fricandó con rossinyols y piparitas

Solo me sobraron las avellanas. El guiso debía llevar ya su propia picada y los 4 o 5 picatostes aportaban un crujiente suficiente que se agradecía. Como lo explico en la introducción, me gustó la textura de la carne y el aroma a seta apenas cocinada del rebozuelo.

Tarta de higos

Por supuesto el higo siempre mejor con su piel.

El pan me encantó. De una acidez de levadura madre y de una textura de miga húmeda perfecta. (No recuerdo de que panadería loca es…).

Núria Lucia , sommelier

Fuera de temporada , como ahora, se sirve también un menú mediodía a 40€, lo que explica ese fricandó que nos propusiero y que no estaba en la carta.

VILLA MÁS

Web

L’ARTESANA DE SANTA EULÀLIA (L’Hospitalet de Llobregat)

Publicado por Philippe Regol el 27/09/2024
Publicado en: L'HOSPITALET de LLOBREGAT. 1 comentario

Hace 7 años abría L’ARTESANA del POBLE NOU y no tardé ni una semana en visitarlo. Tres socios: PAU PONS (quien pasó 3 años con Rafa Peña en Gresca), HÉCTOR BARBERO ( estuvo trabajando en MonVínic) y su mujer ROMINA CAPDEVILA en la sala.

Menús del día a precios irrisorios y pequeña carta de platillos ricos, unidos a la amplia terraza de la calle Joan de Malta, dando a la gran esplanada, le aseguraron el éxito.

7 años después, en la otra punta de Barcelona, en el barrio de Santa Eulàlia de L’Hospitalet de Llobregat, justo al lado de la Ciudad de la Justicia, acaban de abrir el mismo concepto. Pau vive justo al lado y vieron como una buena idea desdoblarse y hacer esta misma propuesta en un barrio carente de una cocina catalana actualizada. Esta vez, Mari Carmen , la mujer de Pau , también se incorporó al equipo, formado, por cierto, al 90% por mujeres.

Mismo interiorismo, totalmente casero, pero pensado para trabajar cómodo, con la cocina vista y una amplia baja, terracita de verano en la parte que da a la tranquila parte peatonal, y pequeña terraza cubierta en la parte que da a la calle Aprestadora. Menú del día a un precio imbatible, “esmorzars de forquilla” con tortillas, bocadillos fríos y planchados (delicioso el de papada teriyaki) y la carta corta con algunos de los platos que triunfaron en Poble Nou, como los callos, las albóndigas con sepia, los pies de cerdos con picada ligeramente picantita o, sobre todo, la brandada de bacalao con rösti de patata y huevo, su plato estrella que me encantó volver a probar, después de un par de años.

Se está demostrando, una vez más, que se puede ofrecer una buena cocina a precios muy razonables y que, muchas veces lo que se paga en los restaurantes son cosas que no tienen valor gastronómico…(esta semana hablé en Instagram de otro ejemplo de «casa de comidas», esa vez en un barrio bastante diferente… pero que también «va al grano» : el Bar Omar de c/Amigó).

También me ha gustado esta enorme zancada que acaban de dar los de L’Artesana saltándose todo el Eixample y pasando de una periferia a la otra. Los barrios existen y es bueno pensar en animar antiguas casas de comidas alejadas del centro, a menudo bares gallegos que necesitan un lavado de cara otro que un simple traspaso a la gente de la comunidad china. Existe todo un público que están dispuestos a gastarse 7-8€ en un buen desayuno y 30-40 en una buena comida, con comida de calidad, alejados de la “burbujita” del centro de la metrópoli, ya saturado de todo.

Pronto abrirán también las noches de viernes y sábado!

Muy buen pan con tomate. Pan de la panadería Gil del Clot.

Bocadillo planchado de papada terriyaki, scamorza y zanahoria encurtida

Por supuesto, animé a Pau a buscar algún queso de proximidad que pudiera sustituir esta scamorza, reconociendo que este queso siciliano es excelente y merece también ser conocido.

Croqueta de sepia con alioli

Mucho sabor a sepia y un buen tropezón. Crujiente perfectísimo.

Ensaladilla rusa

Un poco sosa…

Brandada de bacalao,rösti, alcaparras y yema

Pedí que me calentaran un poco más la yema, que mantuvo perfectamente su fluidez. Un plato muy goloso.

Albóndigas con sepia

Me encantó la textura de la albóndiga, muy melosa, por el pan que lleva: bueno para los costes y bueno para degustar…

Las bravas

Las pedí de guarnición del pie. Se sirven con su piel. Muy buena salsa brava que picante en su punto justo.

Pie de cerdo con picada

Solo ver la foto y se percibe el sabor que puede tener.

Hace años que se sirve este plato en la casa de Poble Nou, y aquí también estaba perfecto. Todo no es «creatividad». Tenemos que reconocer el valor del «gesto artesano», repetido día tras día, sin que baje el nivel de un plato.

Por eso Pau me confiesa que también le gusta hacer la mise-en-place del menú cada mañana. Un menú que va cambiando cada día, y según el mercado ya que el pescado que se sirve es humilde , pero fresco y de temporada.

Financier de pistachos con higos

Masa un poco apelmazada. Añadiría una buena cantidad de chantilly con un toque vintage de Cointreau, para aportar cremosidad y «nervio» al postre. El higo estaba perfecto de madurez. Recordé que en los años 80-90 los servíamos con una chantilly semi montada, aromatizada con Grand Marnier, Cointreau o Triple Sec…

Romina me propuso este vino que no degustaba desde hace años. Lo noté de una acidez perfecta, mucho más amable que en mis primeras degustaciones. «Todo terreno», ideal para acompañar este tipo de cocina.

Mirad los precios…

L’ARTESANA de SANTA EULÀLIA

c/ Aprestadora 9

L’Hospitalet de Llobregat

Al lado, la Ciudad de la Justicia.

TERRA (Fisterra)

Publicado por Philippe Regol el 22/09/2024
Publicado en: FISTERRA. Etiquetado: FISTERRA. 1 comentario

He vuelto contento de mi pequeño viaje por Galicia. Tanto la alta cocina con su mejor expresión, por ejemplo la de Culler de Pau, como los restaurantes más modestos (con estrella o no) como Ceibe o Landua, son dignos representantes de la gastronomía de esta tierra. Me faltaba llegar, esa vez sí, al “fin del mundo” y visitar justamente TERRA , que ya, por su nombre es toda una declaración de intenciones. Y esta visita confirma mi optimismo.

Hay toda una nueva generación que quiere cocinar su entorno y expresarlo de una manera directa en el plato, sin caer en la representación manierista, pretenciosa o kitsch de una gran parte de la alta cocina. Tengo la impresión de que no es solo por el motivo de “hacer necesidad virtud” (generalmente no tienen los medios de complicarse más la vida), sino que lo hacen por convicción. Muchos han pasado por grandes casas, de donde han sabido quedarse con lo mejor, y decidieron emprender su propio camino. Ser “cabeza de ratón” y ya no “cola de león”.

Es el caso de BRAIS PICHEL , quien pasó por Casa Marcial y Mina, sólidas referencias culinarias, y decidió, tal un Ulises, ya cargado de razón después de un largo viaje, volver a su Costa da Morte y retomar el bar de su padre, justo delante de la lonja de Fisterre.

El año pasado, nadie podía imaginar, ni el mismo, que la estrella caería tan pronto. A veces, Michelín nos da este tipo de sorpresas, y decide premiar, no solamente proyectos diseñados para conseguirla (con sus agencias y CD incluidos), sino propuestas humildes e invisibles en las profundidades del territorio. Es lo que hace que esta guía mantenga, a pesar de los pesares, gran parte de su credibilidad, de la cual duda, comprensiblemente, otra parte del sector.

En muchos casos son un premio al aislamiento, encarado con valentía por algunos jóvenes cocineros (lo que me hace ser optimista por Landua), y un reconocimiento a la cocina, AL PLATO, en un momento en el que se aclaman los espacios deslumbrantes, las vajillas estrambóticas, los artilugios extravagantes y los discursos pomposos. También, hay que reconocer que no todo el mundo es orégano y la Guía no se priva, por otro lado, de aplaudir también esa nueva era de la estulticia instagramera que contamina gran parte de nuestras intocables vacas sagradas y con la que se identifican demasiados seguidores acríticos.

Pero, hablemos en positivo, y saludemos esta nueva generación, también cada vez más presente en Cataluña (solo hay que ver la cantidad de aperturas interesantes y modestas en estos dos o tres últimos años), que disfruta cocinando sin hacer concesiones a las frivolidades. Sin querer caer en la demagogia, vemos cada día lo fatal que está el mundo y, los que tenemos la suerte de poder gozar de los placeres de la mesa, no caigamos en el infantilismo gastronómico, en la superficialidad ni en el hedonismo pornográfico. La restauración se tiene que expresar con respeto y contención.  Y eso empieza por pensar la mesa como escaparate de los productores y de los paisajes.

Después de mi almuerzo, me gustó esa rápida visita a la pequeña lonja de Fisterre, después de haber visto en el menú referencias constantes, aquí también, a los orígenes de cada materia prima: los mejillones de Muros, el bonito de Burela, el pimiento de Padrón, el galmesano otra vez, el salmonete de la Ría, el cordero de lo que entendí eran pastos cercanos al cabo Fisterre (¿como “los prés salés” normandos?) y los quesos del final del menú con su Savel, fabuloso azul de Airas Moniz  o de la Quesería Quintián de O Páramo (Lugo). Encontré en Galicia (es una tendencia ya generalizada, creo, pero no es tan frecuente en grandes capitales) un amor total por la tierra y sus productos. Casi un orgullo por darles la visibilidad que se merecen.

Hasta la bodega de TERRA , seleccionada por Alex Barreiro, es de pocas referencias, pero todas autóctonas. Una discriminación positica que revindica Alex, quien también quiso volver a su tierra, después de unos años ejerciendo en los mejores restaurantes de Mallorca. “Vende” la cocina de Brais, con entusiasmo. Es su representante en la sala, mientras Brais, más retraído, se dedica a cocinar.  

Desde su pequeña cocina con una parte a la vista, y solo ayudado por su primo Gabi Díaz , Brais lo saca todo al momento. Poca mise-en-place. Brasa en su pequeño Kamado, salteados y una máquina Occo (cuya utilidad no conseguí entender del todo). Hasta el pan se pasa un momento por la brasa. La ventresca de bonito es antológica, la aleta de lubina (corte que no siempre puede sacar a todos en su único menú a solo 65€) pletórica de colágeno y magnífico el terso salmonete de roca con jugo de sus espinas, limón quemado, azafrán y garum. Brais juega con sus “potenciadores” de sabores caseros que elabora a partir de fermentaciones de sardinas, interiores, tintas, etc. Rica su salsa XO (pescado, chalota, chile etc).

Si no me acabó de convencer del todo el segundo postre con los higos demasiado “caramelizados-oxidados” por la Occo coreana, en cambio me encantó el primero de una complejidad casi butroniana (Álvaro Garrido fue alumno de Espai Sucre hace casi 20 años y atisbé ahí algo de trazabilidad reposteril).

Tartaleta de tomate

Creo que se ganaría pelando tomatitos o confitándolos.

Tosta de pan de centeno a la cerveza negra, requesón fresco casero, colinabo en curri casero

Rico aunque un poco tosco por el espesor de la galleta.

Xarda en shio koji

Un excelente bocado.

Tártar de vaca vieja gallega, emulsión de anchoa, pepino encurtido y galmesano

En una masa de empanada frita.

galmesano: ver post Landua.

Mejillones de Muros, jugo de ciruela, aceite de chile

Bonito de Burela madurado 5 días, chalota, emulsión de pimiento de Padrón

Ventresca de bonito en hoja de higuera, garum de sardinas

Producto 10+cocción 10+aliño 10= el mejor plato del menú.

Bogavante, calabacín vapor y su flor,extracto de tomate, albahaca

Creo que la flor frita en tempura podría disfrutarse mejor y aportaría su crujiente.

Impecable cocción del bicho que apreciaremos también en la pinza, acompañada de una salsa de los interiores.

La pinza

Aleta de lubina

Otro detalle añadido al menú por parte de Brais. Sin duda, con la cola, la parte más melosa de la lubina.

Esta joven generación no tiene reparo en servir platos sin ningún adorno en el plato. Bravo por superar la falsa exigencia «decorativa» de cierta fine-dining.

Salmonete de roca, jugo de sus espinas, limón marroquí, azafrán, garum

A este pescado no le hacía falta tampoco ninguna guarnición ni elemento decorativo. Pocas manos en cocina te obliga a lo esencial. Y al final, se agradece. Otro plato perfecto.

Cordero del Fisterra, pimiento rojo a la llama

Creo que la parte del costillar se podría servir mucho más rosada y prever otro tipo de cocción para la falda. En este caso sí, creo que habría necesidad de buscar soluciones más complejas para los distintos cortes.

Queso Da Josefa,(desde derecha),queso de Quesería Quintián (O Páramo-Lugo), Savel azul de Airas Moniz

Los tres de vaca. Ya sin hambre, los dsifruté mucho. Es un pequeño suplemente al menú que vale la pena probar.

Helado de calabaza, jugo de zanahoria al cardamomo, pipas garrapiñadas y merengue cremoso gratinado

Me encantó la textura del merengue, una versión especial de merengue italiano. Un postre muy goloso.

Parece mentira que platos así, y el menú en general, pueda salir de esa pequeña cocina y de sus 4 manos y un lavaplatos.

Higos oxidados (Occo), helado de hoja de higuera, crumble de saraceno, sirope de ron y haba tonka

Me gustó el postre, pero «oxidaría» menos el higo. Amargaba un poco, cosa que, en sí no es del todo desagradable, pero que tapaba el liviano sabor a hoja de higuera del helado. También añadiría un par de trozos de higo fresco para aportar el matiz del frescor de la fruta.

Postres muy bien acompañados por ese «Golpe a golpe», un albariño sobremadurado, de uva pasificada que me quiso hacer probar Alex.

Babá al ron con chantilly al azúcar moscovado

Manzana anís

La chantilly se podría servir más untuosa (y menos cantidad).

Para el café : estevia, panela y …moscovado! Este surtido de azúcares, no lo había visto nunca.

Uno de mis tintos gallegos preferidos.

TERRA

Fisterra

A Coruña

Imágenes del Cabo Fisterre :

CEIBE (Ourense)

Publicado por Philippe Regol el 19/09/2024
Publicado en: OURENSE. 2 comentarios
Vídeo de la sala

Lydia del Olmo y Xosé Magalhaes con María Pérez (sala) y David Ábalo (cocina).

Ya había conocido hace un par de meses la cocina de XOSÉ MAGALHAES y de LYDIA DEL OLMO en un 4 manos que organizaban los de Batea/Besta en Barcelona (acabó siendo un 6 manos…). Y , aquel día, reconozco que disfruté mucho de varios los platos que se presentaron, en particular de aquella merluza con su colágeno o la oreja rebozada y frita. Así que decidí hacer de CEIBE (Ourense) la 1a etapa de mi pequeño recorrido gallego. Y su menú ha sido como una inmersión total en su territorio y su patrimonio culinario.

Después de pasar por varios restaurantes de Euskadi, Portugal y Galicia (entre ellos Casa Solla), Xosé y su compañera decidieron acondicionar a su gusto y de sus propias manos ese antiguo restaurante, y abrir en el 2020, justo en la pandemia. Durante el confinamiento, supieron reaccionar enseguida haciendo comida tradicional para llevar, lo que salvó el negocio en sus arranques. Esto sí es «sostenibilidad», también en la humildad del proyecto.   

Espacio humilde pero de un enorme buen gusto. Respira ruralidad con sus paredes de piedar y en su escuenta decoración. Me encantó. Diáfano, como se suele decir. La cocina está totalmente situada en un lateral de la sala, en la que los tres cocineros se mueven sigilosamente. Otra vez me sorprende este ambiente apacible que rompe con la imagen tópica de los restaurantes bulliciosos y llenos de gritos (ver la serie The Bear). Integrar al 100% la cocina al espacio general es una prueba de transparencia realmente aplaudible, ya que obliga los cocineros a una disciplina, pero, al mismo tiempo trasmite honestidad hacia los comensales. Esta apuesta me recuerda siempre el restaurante-teatro de Jacques Maximin en Niza, en los años 90 (tenía reservado con mucha antelación, pero cerró precipitadamente y me encontré la puerta cerrada: entonces las comunicaciones eran precarias).  La cocina estaba situada en un escenario. Años después, un discípulo suyo, Marcelo Tejedor, se inspiró de aquello con su cortina que cerraba después del servicio, como si se tratara de una función teatral. Aquí, simplemente, una vez pasado el último postre, los cocineros se retiran hacia la cocina de mise en place adyacente, y María Pérez , la sumiller-jefa de sala-camarera, se queda sola en la sala.

  
“Cocina del territorio, sencilla y directa” dice Xosé. No saben si lo que hacen es “alta cocina”. Tampoco lo sabría decir yo. Algunas maneras de presentar los platos están más cerca de los de Ultramarinos Marín que de un restaurante con estrella al uso.

La tierra está presente en cada plato con los productos y sus referencias a la ajada, al cocido, pero también con guiños al mar y montaña catalán de la magnífica cigala de cocción nacarada con crestas de gallo y su jugo de ave. En ese plato, se atisba un poco más de complejidad en la composición, pero la cigala, y su cocción ejemplar, se queda como elemento central.Repetí la merluza y me entusiasmé por otros platos en el que entra poca intervención por parte del cocinero, como es el caso del mero, el choco o la carne de vacuno. Me gusta ese cambio de “modo”, según que el producto se toca. Cada producto no requiere el mismo tratamiento. No hay ninguna obligación en complicar por complicar, cuando el producto, con su propio jugo o emulsión, bastan. Hasta la sardina, eso sí curada en kombu, se presenta de una manera totalmente canalla encima de una rebanada de pan de maíz y se invita al comensal a mancharse las manos, como en una taberna.

Todo esto servido con una elegante economía de gestos en el plato y una atención perfecta por parte de María en la sala, ayudada por el equipo de cocina quienes también sirven algunos platos. María da explicaciones, pero las justas, sin agobiar, y dejando que hablen los platos.
En fin, un ejemplo más de que otra fine dining es posible, liberada de sus corsés y que seduce por su elegante sencillez
.

Patata en grasa de pato, sala gallega

Hablamos en la interesante y larga sobremesa con Xosé y Lidia de hacer un plato en el que la patata gallega tuviera un protagonismo más importante. Un producto humilde que se lo merece todo.

Se acompaña de un chupito de queimada que me hubiera gustado encontrarme tal vez al final, con el último postre o los «petits».

Blini de leche fermentada con jurela curada, yema, mantequilla ahumada

Buñuelo de bacalao, ajo y perejil

Homenaje al cocido

No se acababa de apreciar del todo su relleno cárnico. La masa dominaba.

Caldo reducido.

Tomate negro de Santiago, pulpa fermentada, granizado de aceituna, garum de sardina

Excelente aportación de la acidez agria del tomate fermentado equilibrando el dulzor del tomate autóctono que está en su mejor momento.

Bonito, caldo de almejas y jalapeño, emulsión de ajo negro, granizado de aceituna verde

Acidez, picante y la punzante salinidad de la aceituna.

Merluza de Celeiro

Curada unos días en agua de mar. Solo hace falta entibiarla un momento antes de pasarla: el resultado no necesita comentarios.

Sardina a la brasa, pan de maíz, pimientos de Padrón

Previa maceración en kombu y con sus interiores. A degustar con las manos y disfrutar de ese momento goloso. ¡Qué ganas tienen los cocineros, cada vez más, de llevar a la mesa de «alta cocina» , esa informalidad de la comida de tasca! Mientras, a veces, algunos cocineros de casa de comida, quieren jugar a sofisticar sus emplatados o ingredientes.

Vieira de Combados con salsa de champagne, champiñones y caviar, vinagre de saúco

La vieira está curada en agua de mar. Las tres vieiras que degusté durante este viaje me parecieron de una textura espectacular. Las tres sin necesidad de la llama. Realmente, es la mejor manera de degustar este bivalvo. Y , sobre todo, sin aportación dulzona que la estropee, cosa que aun ocurre a menudo. La vieira, como la mayor parte del marisco, tiene su propio dulzor.

En este caso, solo comenté que se podría fluidizar un poco la salsa, colando la pulpa del champiñón y conservando solo su sabor. Un homenaje a las salsas afrancesadas ochenteras.

Mero asado

Evidentemente reposado unos días en cámara. Solo con la propia emulsión de sus jugos. Un bocado magnífico.

https://videopress.com/v/JoX76swJ?resizeToParent=true&cover=true&preloadContent=metadata&useAverageColor=true

Vídeo del servicio del mero . Emulsión al momento y punto.

Choco de Redondela, pâté de sus interiores, cebolla pochada

En salmuera de agua de mar. Cocción rápida. Tierno. Delicioso.

Cigala de Marín , jugo y cresta de gallo, chile, hinojo

Un pequeño homenaje al mar y montaña catalán. Jugo suculento. Las crestas gelatinosa y algunas crujientes. El hinojo no es mi hierba preferida, pero era muy sutil. Ya puestos a hacer un plato casi vintage del estilo La Cocina del Mediterráneo, simplemente cebollino? Pero reconozco que es mi gusta personal.

Lomo de vaca vieja

Raza vienesa de Sarria (Lugo) . 4 meses de reposo.

Oreja en tempura

Como en un saam. Salsa «cantonesa», hoja de curry, jengibre, encurtidos El toque «viajero» en el menú.

Me encantó también con salsa brava, en mi degustación en Barcelona de hace meses, en el que se apreciaba más el crujiente. Pero aquí se agradecía el frescor de la lechuga.

Fresa, nata ahumada y teja de suero de leche

Vídeo de Lydia del Olmo presentando el postre de fresa

Helado de café, ganache de chocolate, gelé de licor de café, crema de orujo

Momento goloso. Creo que el chupito de queimada no me hubiera disgustado aquí…

Higo al brandy/requesón, trufa al 70%, buñuelo de toffee de miso

¡Todos ricos! El buñuelo algo reblandecido.

En resumen : una estrella merecidísima. Una cocina CON producto de proximidad de perfecta ejecución y deliciosa. Un modelo de negocio ejemplar, con poco personal. Un espacio encantador. Y unos precios de lo más razonable.

Muy buena recomendación por parte de María

CEIBE

Ourense

Galicia

Web

LANDUA (O Fieiro. A Coruña)

Publicado por Philippe Regol el 17/09/2024
Publicado en: O FIEIRO GALICIA. 1 comentario

ALBERTO CRUZ y MARÍA

VÍDEO de la sala:

LA SALA y vistas sobre el hórreo (clicar)

Cerca del pueblo de Fieiro y de Ezaro, perdido en la naturaleza, a solo un par de kms de su famosa cascada, se encuentra el Restaurante LANDUA , en una preciosa casa de campo reformada, con su pequeño huerto y en medio de bosques circundantes. Allí, en julio de 2021, ALBERTO CRUZ y MARÍA CAMBEIRA han instalado toda su vida: la vivienda, su huerto y el acogedor espacio donde cocinan para 14 personas.
Si la palabra «sostenible» quiere significar algo, es aquí.
Alberto, formado hace muchos años en la mítica Escuela de Hostelería de Muntaner en Barcelona, sin stages por grandes casas, casi autodidacta, solo en cocina, y María sola en la sala.

Verduras del huerto. Platos que respiran territorio y esencialidad por doquier.
Productos ligeramente curados en salmueras que sazonan , permitiendo prepararlas para sus livianísimas cocciones. El resultado: unas texturas tersas y nacaradas, con temperaturas suaves y aliños que untan y acarician, como las zanahorias crocantes del inicio del menú, las sabrosas verdinas en colageno de bacalao o el delicado bonito de Burela con emulsión de tomate de Santiago y kefir.
La vieira, otra vieira de este viaje que me encantó, se presenta tersa con simplemente un guiso de sus corales y codium. Y la merluza se acompaña de un sabroso sofrito de caldeirada y una liviana espuma de patata.
Todo es sabroso, pero sutil y apacible. Tanto la cocina de Alberto, como la manera de servirla que tiene María, lo más parecido a lo que imagino un servicio “a la japonesa”. Es decir, humildemente, dulcemente.
Lo contrario de estos camareros que llegan a la mesa con un aplomo a veces exagerado y que te quieren explicar que vas a degustar un plato extraordinario, sí o sí.

A veces, el exotismo no depende de los kilómetros, sino que de nos sugieran una nueva mirada sobre lo que pensamos conocer.   
En Landua, se tiene la impresión de estar en el fin del mundo (falta poco para llegar a Fisterre…) y al mismo tiempo de que todo parece familiar. Uno se siente como un huésped del Camino que se acoge para darle de comer.
Es una cocina totalmente artesana, que ha sido diseñada y mimada, solo para ti. Diría, si no tuviera miedo a meter la pata, de espíritu “kaiseki”. Y no lo digo por el dashi que acompaña el rape. Casí preferiría que fuese un sabroso caldo gallego con tapioca, para trabar un poco más el líquido y permanecer unos segundo más en la boca, sino por todo lo que trasmite esta pequeña «experiencia.
Un día entenderemos que el verdadero lujo está en estos lugares y en estos momentos serenos, lejos del ruido y furor de una alta cocina siempre agitada en el que todos quieren llegar primeros y ser ubicuos, al precio que sea.

No sé serán reconocidos por La guía (las sillas no son de las más confortables). Pero, de momento, Landua es como un refugio necesario. Y quedará en mi memoria.

Menú único a 70€

Sardina curada 45 mn , picual, Pa de Moa

Escabeche de zanahoria y vainilla

Muy crocantes. Como una crudité.

Bonito de Burela

Curado en sala, tomate negro de Santiago, kefir de vaca.

Flor de calabacín , polen, coco-curri

Colágeno de merluza. Creo que faltaba el toque crocante del pequeño cuerpo del calabacín.

Me sorprendió ese pequeño sabor «viajero».

Puerros confitados, emulsión de yema de gallina vieja, galmesano

Ligero toque ahumado y ese queso que descubrí hace unos años en Casa Solla y que tiene todo una historia detrás. Un producto que se elaboraba hace tiempo para las queserías italianas, que, a pesar de tener granjas con miles de vacas para producción más que masivas, recurrían a esta «ayuda» gallega. Los gallegos se quedaron con la fórmula y ahora lo comercializan ellos, una vez modificado su nombre. Hace poco en L’Aliança, cerca de Girona, descubrí un queso que me recordada poderosamente un emmenthal. El savoir faire circula de país en país. Es ley de vida y el parmesano, de todas formas, es muy muy posterior al Sbrintz suizo, que es seguramente el queso original de este tipo más antiguo, del cual el parmesano pudo inspirarse. En fin, aplaudo siempre que se usen quesos de proximidad para cocinar.

Verdinas de Coristanco, pil pil de bacalao y su piel crujiente

Un plato delicioso. Solo describirlo y uno se puede imaginar su sabor y sus texturas. Sencillez golosa.

Vieira de Barallobre con guiso de sus corales y codium

Curada en agua de mar.

Pensar que se siguen haciendo «vieiras a la compostelana» gratinadas y resecas en el horno…

Es importante nombrar el pueblo de origen, ya que muchas de estas conchas pueden venir del Norte de Europa. No sé si mejores o peores, en todo caso más «viajadas»…

Rape con dashi de shiitake

Fantastica cocción. Y, como lo dije en la introducción, me vino a la cabeza lo que sería el sabor intenso y característico de un caldo gallego aquí. Y, para darle más gelatinosidad al caldo, texturizarlo un poco con «perlas de Japón». Galicia tiene el mejor el caldo umamístico que pueda existir.

Merluza de pincho con caldeirada, sofrito y espuma de patata

En este plato,está resumido todo el sabor de Galicia.

Querría más patata para disfrutar en cada bocado de ese acompañamiento…

Otra vez esa cocción perfecta, aquí de la merluza. Cocción que tiene su origen, hace más de 20 años ya, en la cocina de Casa Marcelo. Tejedor fue quien descolgó el sambenito de la sobre cocción de los pescados y mariscos en la cocina gallega. O, al menos, es como lo he percibido desde fuera.

Pato

Se me dijo que no iba a haber carne en el menú, pero se acabó con una finas láminas de pechuga de pato de Anades , curada y levemente ahumada. Textura tierna, aromas sutiles. Son patos alimentados por castañas y bellotas.

Otra delicia con poca intervención por parte del cocinero.

Como lo vemos, no hubo, en todo el menú, ninguna cocción asada, rustida, salteada o de plancha. Y sin embargo, se consiguieron muchos tipo de sabores. Una pequeña proeza.

Jalea de ruibarbo e hibiscus, sorbete de fresa fermentada

Helado de chirivía, galleta de especias y té chai

¿Y con un helado de castaña? Otro producto fetiche de esta tierra. María me reconoció que también la trabajan, en temporada.

Me encantan los vinos de esta bodega gaditana. Era el vino más ligero en alcohol del que María disponible. Y esa copa acompañó perfectamente el menú.

¡Qué bonita la vajilla de Sargadelos!

Mini entrevista (por parte de un inexperto en la materia). Estoy en prácticas (he he).

Los parajes son bellísimos. Recomiendo el pequeño hotel Mar de Ezaro a unos 5kms del restaurante, frente al mar.

LANDUA

O Fieiro

Galicia

Web

CULLER DE PAU (O´Grove)

Publicado por Philippe Regol el 14/09/2024
Publicado en: O'GROVE, O´Grove Galicia. Deja un comentario

JAVIER OLLEROS en medio de su equipo con Pablo Casas, su jefe de cocina (4 años en la casa) y en sustitución a Takahide Tanaka (quien ha montado su propio restuarante Okra en O’Grove) y su segundo de cocina, el portugués Fabio Santos.

AMARANTA , la esposa de Javier, trabaja cada vez más en segundo plano y en asuntos administrativos.

CULLER DE PAU me pareció ya en mi primera visita,  hace más de 12 años, un sitio maravilloso donde iban a pasar grandes cosas. Hasta me atrevía a decir, sin correr muchos riesgos, que la estrella estaba al caer.

Releyendo aquel post, entiendo lo que significa, para un cocinero, marcar un estilo y, al mismo tiempo, saberlo pulir, a lo largo de los años, hasta casi la perfección, que es la impresión que me dio en esta última visita.
Cada año que pasa la cocina de Culler adquiere más sentido y definición. Se vuelve más compleja, se ramifica y alcanza más seguridad. También integra más dominios a su feudo inicial, que es la expresión del territorio circundante. Ocupa terrenos que Mugaritz decidió abandonar hace años (los de la naturaleza y del sabor amable), introduce técnicas de vanguardia que sabe, ahora, que no van a desnaturalizar su estilo (nitro y otras) por esa seguridad en sí mismo que tiene ahora, y “roba”, casi en el sentido picassiano de la palabra, el mítico gargouillou de Bras, cocinero en el origen de toda la modernidad culinaria contemporánea.

El pintor reservaba solo a los genios esa licencia, reservando a los simplemente buenos artistas la capacidad de “copiar”. Roba esa idea de dejar que el paisaje irrumpa en el plato (Pla no podía imaginar hasta que punto su frase sería tan explotada) y lo lleva a su terreno, sustituyendo el leve matiz rancio del plato de montaña original, al sabor de las rías, con esa gelé de moluscos, sabroso hilo conductor de todo los vegetales. Aquí el discípulo le gana en sabor y deliciosa complejidad al maestro y es cuando la genialidad del concepto adquiere una real entidad suculenta en el paladar. ¡Un 10!

El territorio se apodera del plato del comensal desde el huerto, el jardín y sus flores y plantas extraordinarias, desde las bateas de la Ría de Arousa, a la vista desde la mesa.
Y la magia del cocinero es saber escuchar esta materia para sacarle el mejor partido. A veces con respeto absoluto hacia el producto (los camarones, el longueirón, los calabacines…) otras veces con intervenciones de prestidigitador culinario que deja el comensal atónito ante algunos platos llenos de sabroso misterio (espectacular “mochi” de buey de mar o el “buñuelo” de pieles de rape de la parte dulce). No solo del atún, del rape también se puede aprovechar todo. Respetar o domar el producto hasta retorcerlo, pero siempre en aras de extraerle lo mejor.
La delicadeza de esta cocina huye de cualquier manierismo gratuito, en estos momentos tan frecuente. La complejidad parece aquí ineluctable, no forzada, como una necesidad imperiosa de que los bocados expresen toda la riqueza del entorno y de la cosmovisión del cocinero. Tampoco la estética de los platos dicta su ley ni condiciona los emplatados, aunque el resultado de la escenografía de la mesa es, evidentemente, bello. Pero, no hay más tiempo ni energía que perder en frivolidades gratuitas. ¡Hay tantas cosas que enseñar! Las flores no pretenden «decorar», el plato. Exigen ocupar su sitio como ingrediente necesario. La belleza encuentra su origen en lo imprescindible y se invita sola a la mesa. ¿Cómo no rendirse ante ese efímero lirio, flor de un día, ahora crionizado unos segundos, para ser consumido helado y crocante?

Las flores y hierbas aromáticas llegan a la mesa al inicio, como una aportación olfativa cuando el comensal no tiene más remedio que hincar su nariz en un ramillete para sorber un caldo. La jarrita se quedará en la mesa, ahora sí, para “decorar”, ya que está aquí…
En cuanto a los sabores, se imponen sin estridencia desde los delicados calabacines hasta el hígado de rape ligeramente encebollado, pasando por una vieira sobre fina crema de coliflor absolutamente extraordinaria de textura. El “miso” de suero de la esponja helada es de un umami potentísimo y ¡la salsa del canelón (o mochi) de buey de mar es antológica! O el simple champiñón que aparece en un bocado de los aperitivos y vuelve en el momento de los postres mezclado con patata y alga en un bocado extraordinario. Son tantos los ejemplos de suculencia gustativa que tuve que recurrir a la crítica de la presencia de un trozo de uva encima de una tosta de masa madre con tartar de bonito y vaca frisona para poder criticar algo, ni que fuera una nimiedad como esta, de este menú, a todas luces ejemplar.

La magia llega a los postres con ese buñuelo crujiente cuyo origen marino no me podía esperar… Esto, para mí, son los auténticos “fuegos artificiales gastronómicos” que me emocionan.  
En esta casa, todo, todo se hace con un sentido. Es una alta cocina que sabe adónde va y que pretende ser la bandera de esta tierra en cada bocado.
Un ⭐️⭐️ que va a más, imparable…con una estrella verde aquí plenamente justificada.

Vídeo en el El Huerto (clicar la foto):Pillé a Javi en mitad de su explicación. Todo fue espontáneo. Me dí cuenta que sus palabras siempre rezuman naturalidad y sinceridad. No se trata de una «cocina del discurso». Las palabras solo estan aquí para apoyar la cocina. Pero los platos hablan solos, al menos al paladar.

Vídeo en el huerto de Culler

(Me iba a parar aquí, pero me voy a mojar. Ya es un tres estrellas, el primero que puede aparecer en Galicia). Y el mejor momento para visitar un «tres» es cuando ya se las merece, pero que aun no las tiene…  

Hoja de limonero australiano de textura aterciopelada. Sirve de suave servilleta…

Tomate

Champiñón, crema de café

Lino, crema ahumada, queso, remolacha

Longueirón/caldo de garbanzos

Calabacín, tapenade vegetal

Camarones, fondo de mejillones

Esponja helada de suero fermentado,almendras tiernas, «reina de los prados», pimpinela, kefir (miso)

Las técnicas bullinianas se cuelen en el menú. Refuerzan la línea de cocina naturalista, sin pretender dominar, sino para servirla.

Pan da Moa (Santiago) Un pan de una acidez y de una textura excelente que reafirma y eleva la fama de esta tierra en cuestiones de panes. Un pan de levadura madre con que volveré a encontrarme un par de veces en este pequeño periplo gallego.

Vieira confitada en escabeche de salicornia, coral, puré de coliflor

Creo que ha sido la mejor vieira de alta cocina que he probado.

Bonito y San Pedro sobre arroz fermentado, rábano picante

«Sake» de suero de leche

Tomate verde, pera, ciruela y mora en salmuera, con unto de verduras en salpicón

Dominan acidez y salinidad, con lo dulce mantenido a raya.

Puerros jóvenes con salsa verde, tallos de helechos en sal, fondo de huevas de rodaballo

Producto algo fetiche para la casa, que merece aquí todo el protagonismo.

«Canelón» de buey de mar

En realidad una maravillosa textura de mochi y un caldo memorable. Una alta cocina que asume la necesidad de un mensaje sobre el entorno, la naturaleza y su futuro incierto, pero que lo trasmite a través de la amabilidad de los sabores. Platos en los que la pericia técnica y creativa del cocinero no se manifiestan con afán demostrativo ni vanidoso. ¿Cómo desligar producto-textura-sabor en este plato?

Vídeo del gargouillou (clicar la foto) :


Vídeo del GARGOUILLOU

«Gargouillou» con gelé de mejillones

Ver mis comentarios en la introducción.

Calabacines brasa con su velouté y orégano

Le pregunté a Javier porqué los pelaba…

Choco, su tinta y su glace, espuma de algas y mantequilla

Tierno y sabroso. Javi me dejó la cazuelita de «holandesa espumosa» en la mesa para disfrutarla en abundancia.

Pimiento morrón relleno de semillas de pimientos de Padrón, mantequilla y albahaca

Otro bocado extraordinario (no lo repito en cada plato para no cansar al lector, pero podría). Por cierto , en Galicia, la mantequilla tiene que estar presente. Nunca entenderé porqué se ha identificado durante años la mantequilla con la cocina francesa…

Tártar de vaca frisona y bonito, hoja de ostra, uva, crujiente de masa madre

No lo calificaría de «mar y montaña» ya que creo que abusamos de esta expresión cada vez que vemos juntos un ingrediente marino y otro «terrestre». En todo caso me encantó la idea y me recordó un tártar de atún y brunoise de morro de ternera de Gagnaire (por ahí en los años 90). La uva no aportaba nada fundamental. Tal vez mejor así.

Aloe vera de 5 años escaldado, caldo de lacón, kombu y tomate

¡Umami al cubo! para una textura gelatinosa/cartilaginosa de poco sabor. Y estos guisantes, de cosecha veraniega tan inabitual como escasa.

Tomatitos, gelatina de mora, aceite de avena y albahaca, jugo de moluscos

Rape con jugo de pimientos y alcaparras de saúco

Hígado de rape encebollado, vinagreta de enebro y flan y crujiente de avena negra

«Tuétano» de pepino con piel de leche, kimchi de frambuesa y remolacha, hojas de tomillo

Otra vez se apreciaba ese «miso» de suero, reforzado aquí por un kimchi nada dulzón a pesar de elaborarse a partir de una fruta y un tubérculo algo dulces.

Flor de lirio helada

Flor de un día.

Alga, patata y champiñones

Un bocado riquísimo en el que estos tres ingredientes no se identificaban como tales,por separado, sino que se fundían en un sabor desconocido que no era tampoco la suma de los tres.

Javier Olleros desmiente en muchos de sus platos la famosa frase de Curnonski en la que dice que «el principio de la verdadera cocina es cuando las cosas saben a lo que son».

Granizado de ruibarbo y manzana, helado de avena negra, gelé de suero de leche y aceite de tagete

Solo recuerdo el frescor, la acidez (agradecida después de tal almuerzo), aromas…

Sería una cocina casi imposible de «copiar» ya que la mayoría de estos platos se apoyan en una sutil armonía, fragilmente equilibrada entre ingredientes. Unas «recetas» en constante evolución por parte del cocinero, dependiendo de la temporada, de las cosechas, del resultado del dominio técnico de cada elaboración, pero sobre todo del humor creativo de Javier, capaz de imaginar como interactuarán texturas, sabores, aromas, temperaturas en la boca del comensal. Aquí es cuando la cocina se acerca de la práctica artística.

«Buñuelo» crujiente y gelatinoso con salsa de yema, nata al 75% de Quesería Airas Moniz (Lugo)

Para la parte líquida, un par de kombuchas de cítricos o de saúco, y este vino. En el primer tercio de la comida, por sus sabores frescos, casi no tuve necesidad de beber. Solo mojar los labios entre plato y plato. Esta cocina se merece bebidas poco (o nada) alcohólicas. No pude pedir siquiera tinto (con lo que me gusta los tintos de las Rías Baixas) ya que decliné tomar el último plato del menú : pechuga de gallina de Mos (raza autóctona) con jugo de manzana y su propio jugo, maíz tierno guisado y verdolagas salteadas. (Paro los que dicen que en la alta cocina se pasa hambre…).

El servicio (video. Clicar la foto):

Ana Rodríguez : 9 años en la casa. Jefa de sala y encargada de los vinos. Sonrisa, profesionalidad, sobriedad en las explicaciones. Al alimón con el jefe de sala Alex Casal.

El huerto e invernadero, auténticos protagonistas de la cocina de Culler, están cuidados por Roberto Lores y Marcel.

Un rebrote de guisantes en pleno mes de septiembre. Esa naturaleza despistada por el cambio climático que algunos siguen negando…

Un limonero austral

Avena negra. Un cereal que se está convirtiendo en producto fetiche para Olleros.

El invernadero donde se toman el café y los petits-fours

CAN UGAL (Barcelona)

Publicado por Philippe Regol el 01/09/2024
Publicado en: BARCELONA. Deja un comentario

Taberna gastronómica de cocina catalana

Fachada de restaurante de estilo ochentero

En cambio el interior tiene unos aires de masía moderna (vigas) y confortable (parquet y sillas ergonómicas).

Nunca he tenido la oportunidad de visitar La Bonaigua, el restaurante de VÍCTOR PARDO en Sant Just Desvern (asignatura pendiente desde hace algún tiempo). Es un cocinero, que se formó en Cal la Nuri haciendo arroces, en Quique Dacosta y en el Celler. Cogió, hace unos años el relevo de sus padres y abuelos en ese restaurante familiar que servía menús, para hacer ahora una cocina tradicional de nivel gastronómico. Ahora que acaba de asociarse en este nuevo proyecto, con unos cuantos inversores, aportando el asesoramiento gastronómico y ofreciendo su propuesta en medio del barrio de Les Corts, tuve la curiosidad de acercarme y de probar unos cuantos platos. Leo que en el día a día, es el cocinero Adrián de Gregorio quien asegura los servicios.

La carta, no muy extensa como es siempre recomendable, se basa en la cocina catalana, pero acompañada de algunos toques, como el carpaccio de gambas, sésamo negro y lima o la carrilera de atún al vino del Priorat y puré de patata al azafrán. Me gusta que se usen un par de quesos de proximidad , tanto para el bikini (El Pilós del Ripollés) como para la ensalada de tomate (el Reixagó del Lluçanés).

Se ofrecen algunos pocos platos fuera de carta, como los pescados y mariscos del día y algún arroz. Por cierto, no estaría de más, siempre, informar del precio cuando se anuncian al comensal, como presentar la botella cuando se sirve un vino a la copa, por muy banal que sea el vino. Pequeños detalles que no empañan la amabilidad del servicio de sala, ni su capacidad encomiable en escuchar los comentarios que les hice sobre el refrito donastiarra, evidentemente después de que me preguntaran qué me había parecido el besugo a la espalda. Justamente un plato sugerido, fuera de carta (75€).

Realmente, todo me pareció más que correcto y una buena opción para este barrio de Les Corts, no muy bien surtido en restaurantes de estas características, y, como es de agradecer siempre, también abierto un domingo.

Los comentarios que podría hacer serán solo de matices, como, por ejemplo, la masa de la croqueta que, a pesar de su excelente y pronunciado sabor a jamón (¡y con buenos tropezones!) adolecía, tal vez de un exceso de roux . Un poco más de cremosidad láctica se agradecería.

Buena textura y punto de sal en el bacalao de la esqueixada, pero me gusta que se noten bien tanto la cebolla tierna como unas gotas de vinagre, y aceite de oliva con generosidad.

En cuanto al refrito donostiarra, no se si valía la pena “deconstruírlo” y buscar el crujiente del ajo. También aquí se quiso ser prudente con el vinagre (y, en este caso también la guindilla). En el refrito tradicional, el ajo dorado sin exceso (la idea no es hacer una chip), recoge justamente el vinagre, ese toque ácido que le conviene tanto a estos pescados. El camarero me dijo que se había querido hacer las cosas de una manera un poco diferente.

Croquetas de jamón ibérico

Esqueixada de bacalao

Pan de levadura madre de Turris

A pesar de haber cedido sus «hornos» a un fondo de inversión, creo que Xavier Barriga sigue controlando la calidad de sus panes. No es Pa de Kilo o Triticum, pero son panes excelentes.

Ensaladilla con huevo frito

Cremosa. Untable. Rica.

Besugo a la donostiarra

Menos aceite y más vinagre y guindilla

Crema de limón con crumble y frutos rojos

Agradecí que la hoja de menta no fuera decorativa, sino funcional, gustativa.

CAN UGAL

Instagram canugalrestaurant

HISOP agosto 2024 (Barcelona)

Publicado por Philippe Regol el 25/08/2024
Publicado en: Uncategorized. 2 comentarios

En el nuevo Pasaje Marimón peatonal.

ORIOL IVERN con su equipo. En septiembre, Nico Puentes (delante y sin perilla), formado en la casa desde hace años, cogerá, a pesar de su juventud, el relevo de Niki (a la derecha) como Segundo de Cocina.

A veces se suele preguntar si el cocinero tiene que estar en su restaurante. Hay restaurantes, como es el caso del HISOP, en los que huelga esta pregunta.

Oriol Ivern se mueve en medio de su pequeña cocina desde el año 2001, fecha en que se abrió. Tenía 25 años entonces y ya cocinaba desde hacía una decena de años. Trabajó en Neichel, el famoso dos estrellas de entonces, donde pasó por las partidas y aprendió también de pastelería, por Santi Santamaría, Raymond Blanc ( dos estrellas en Le Manoir des 4 Saisons, cerca de,Oxford)etc…Tal vez eso explica este fondo gabacho persistente que saber trastocar a su manera e integrar a su propio universo. En este menú lo he notado más que nunca.

Cocinó 10 años al alimón con Guillem Pla, su socio, y desde entonces, en solitario con respectivos jefes de cocina que pudieron dejar alguna impronta. Pero siempre hubo ese sello personal que hacía (que hace) que esta cocina es inconfundible. Un punto disruptivo, que se ha mantenido todos estos años, aunque la propuesta haya ganado desde hace tiempo en redondez, en madurez, y, en definitiva, en excelencia.

Cada cocina, o cocinero, tiene su curva de crecimiento ascendente, su buen momento, que puede durar o no, según el recorrido de cada uno. La excelencia de esta casa no parece desfallecer,¡ bien al revés! Oriol nunca siguió las modas. La mejor manera de no pasar de moda.

Es como un artesano que se pone en marcha cada mañana, como la misma ilusión que el primer día. “El día que me aburra en mi cocina, lo dejaré”. Aun no es el caso, pero Oriol me recuerda que este proyecto tiene fecha de caducidad: 2027. Después, ya se verá. Sin presión, podrá colaborar en algún asesoramiento, y poco más. Se merecerá este respiro.

Él mismo me recuerda que le visité ya en su primer año y que hice (como en otros casos: Abrevadero, Coure etc…) de avisador hacia García Santos. En una época en la que las redes no existían, la información circulaba un poco con el boca a oreja. Llegó a tener 7,5 de puntuación en su guía Lo Mejor de la Gastronomía, medio punto más que la notabilidad . La estrella llegaría mucho más tarde (2011, creo), y nadie se la puede cuestionar.

Como lo decía al inicio, Francia le ha servido a veces de base, como punto de arranque para emprender su propio camino. En su  steak tartar muy sui generis como lo veremos, su salsa alemana (una de las 4 salsas madres según Carême, aunque no lo era para Escoffier), su meunière, la parmentier, la pequeña presse , un brioche y su canóniga demi glace de conejo… Y ¡el gueridón! para devolver a la salsa la dignidad que le había arrebatado el emplatado en cocina de la Nouvelle Cuisine. El día anterior de mi visita al Hisop, estaba viendo por segunda vez la película A Fuego Lento (La Passion de Dodin Bouffant”) en Movistar (de obligado visionado) y me preguntaba ¿por qué había desaparecido aquel recetario? Al día siguiente, degustaba esa escórpora à la presse y la brioche de conejo, ambos platos de empaque, acabados delante del comensal . Hasta los restaurantes “de vanguardia” lo están recuperando, aunque sea, muchas veces, con los cocineros como protagonistas. No sé si por la teoría del péndulo…pero Viva el gueridón, ese pequeño escenario en el que se ejecutan los últimos gestos del emplatado. En principio, era para ganar en inmediatez, pero también para que el servicio de sala se sienta comprometido con el gesto culinario.   

La cocina de Oriol y el servicio de sala de Hisop no necesitan recurrir a frivolidades. Hay otras maneras para no aburrir al cliente. No hace falta montar el show. Otras cosas que me gustan: Oriol no cae en el dulce-salado fácil. Sin ser “esencial” en ningún momento (hasta algún postre puede parecer algo enrevesado), tampoco se pierde en adornar el plato. Ni nos atosiga con discursos. Ni nos alecciona con reflexiones profundas. En cuanto a la sostenibilidad, la conoce desde los inicios, pero en todas las acepciones de la palabra. ¿Cómo hacer sostenible y rentable un pequeño negocio, respetando las 40 horas de trabajo, pagando siempre a proveedores y personal , comprando el mejor producto, y manteniendo su comedor como si se acabara de estrenar? Sin grandes lujos ni efectos de vajillas, pero todo impecable. Y , a pesar de que su menú no pase de 90€ (durante años lo tuvo a precio irrisorio), Oriol hace cuadrar el círculo. La alta cocina no se tiene que construir sobre un alargamiento innecesario del tiempo de presencia de sus equipos, sino se ha de pensar partiendo de una sensata racionalización productiva, y, para Oriol, en clave de felicidad: la del comensal, de su equipo y de la suya propia, que se reivindica como un simple pequeño empresario. en el día a día en medio de sus trabajadores. Como uno más. Siempre ha sido su única ambición, y no la de crecer a toda costa, como muchos. Alejado del “y yo más”. A los que contemplamos este mundo, nos agota ver que no pasa un día, sin que tal o tal cocinero abrá un nuevo formato o sucursal : su propuesta más informal, o al contrario su versión más personal. La cuestión es de hacerse grande y omnipresente. Aquí en Barcelona, en Madrid o en la Cochinchina. Nunca se ha hablado tanto de “emoción” en la gastronomía, al menos en la literatura de los agentes de prensa y Communities, desde que esto empezó a deshumanizarse.  

Menú degustación 90€ (se añadió al mío el lomo de ternera y el cabracho à la presse, mientras que las otras raciones estaban ligeramente reducidas de tamaño).

Hoy estreno vídeos en este blog, después de 18 años ya tocaba….

Y lo hago con Carmeta, jefa de sala y summilier, aquí en acción:

Sashimi de bogavante en shabu shabu de caldereta, lima kafir

Como un saam. Un suculento y pletórico saa.

Bonito de Llançà con su emulsión en escabeche, tomillo-limón y tempura de flor de calabacín

La verdura en tempora haciendo función de canapé.

Sepionetas con berenjena blanca, curri verde catalán, limón marroquí, guindilla y hoja de ostra (mertensia)

Lengua de ternera, salsa alemana al whisky Lagavulin, mostaza

Una salsa que Carême consideraba «madre», en contra de Escoffier y que no tenía nada de alemán, igual que la salsa española no tenía nada de español. Esta es un velouté (aquí a partir de un caldo de ave), ligado con yemas de huevos. La almendra fresca le aportaba crocante. ¡Delicioso! Ese plato necesitaba de una cuchara para no dejar ni una gota en el plato. La cuchara casi siempre en la mesa: mejor que sobre a que falte.

Lomo bajo con alcaparras y mizuna

La carne está macerada, envuelta en una mantequilla condimentada con los sabores de un steak tártar que volveremos a encontrar en la condimentación de servicio, es decir la chalota encurtida, escasas puntitas de mantequilla y alcaparras fritas. Y los necesarios picatostes, Ni carpaccio ni steak tártar : se aprecia muy bien la textura de la carne , impregnada de todos aquellos sabores y se identifican mejor que en una mezcla de carne picada. En la base, una crema de yema debidamente pasteurizada. Tenemos que desterrar ya la yema cruda de la cocina (30 años después de su prohibición…).

Un plato para recordar. Solo un pequeño matiz: ya que tenemos el elemento crujiente en el picatoste, sería mejor dejar la alcaparra al natural: siempre me ha parecido que, una vez frita, pierde su acidez aromática característica.

San Pedro, rebozuelos, salsa Belle Meunière, jugo de sardinada y huacatay

La mantequilla de La Belle Meunière estaría , según Oriol, que lo vio en Suiza trabajando en un hotel, más tostada que la de una simple meunière, pero sin llegar a «noisette». Matices. El jugo de sardinada no estaba en primera línea del gusto, pero debía servir para reforzar el sabor de fondo. Acidez, grasa, dulzor de la seta, frescor de la hierba.

Escórpora frita entera

En los pescados, le gusta a Oriol salirse de los caminos trillados. Recordamos su salmonete a la llama o su cabeza de rape asada entera (aun en la carta). Aquí será tratar un pescado de roca, cocinado entero, y presentado en la sala, como una ave con sus carcasas. El video es elocuente:

No es «le pressoir de La Tour d’Argent», pero cumple su función de extraer el jugo de las carcasas tosdadas de la escórpora (o cabracho). Y estaba pensando que estas carcasas tendrán una segunda vida en la olla del fumet de pescado.

Escórpora con velouté de sus espinas, sus cocochas, guindilla fresca y parmentier

Un puré de patata cremoso y mantecoso, pero lo suficientemente denso como para manternerse en su sitio y no desparramarse en el plato con la salsa. Las cocochas del pez. Salseado napado. No faltaba salsa, pero me dejaron la cazuelita en la mesa. Aproveché para incorporarle algunas gotas de amontillado. Una prueba in situ que me resultó bastante convincente, y hasta para Oriol. ¡Cómo me gusta esta aportación de los jereces a las salsas o caldos! Nada nuevo desde que se tuvo la buena idea de añadir el fino al consomé…

Paula en acción en este tercer vídeo…

Brioche de conejo

El toque de aceite esencial de manzanilla no se percibía. Abogo siempre por algo más sencillo: por una rama de hierba (de romero, de tomillo, o bien hojas de ajedrea, mejorana…) infusionada en la salsa en los últimos minutos.

Plato de clasicisimo puro que mejorará en tiempos de melanosporum (autóctona! y no australiana). La modernidad no estriba aquí en el concepto, sino en la elegancia de la salsa, limpia, fluida, de intensidad controlada. Las salsas deberían ser como los Pirelli : «la fuerza sin control no sirve de nada».

Sandía pasado por el humo de la brasa, polvo de jalapeño

Agua de tomate , apio y lima

Sorbete de melocotón de agua, espuma de tequila, salsa jengibre, cremoso de yuzu , «nubes» ligeras de hierba buena,toffee de cacahuete

Siendo muy rico, creo que este postre debería conceder al «producto», en este caso sería el melocotón, un real protagonismo, acompañándole de solo algunas de las elaboraciones y sabores que contiene , que son muchas. Aun así, encontré interesante que se indicara al comensal que empezara por la parte frontal del postre, la más refrescante, para acabar por la parte trasera,la del toffee, más golosa.

Bizcocho de chocolate y regaliz, gel de aestivium, crema caramelo, crujiente de chocolate con leche, helado de whisky Talisker

Pero para realmente goloso, tenemos este segundo postre, a base de Dulcey de Valrhona. Mientras no nos hayan saturado de dulzor en la parte salada de un menú, acepto de buena gana que el momento dulce lo sea de verdad.

Pan de Triticum (habitualmente es de Pa de Kilo)

Elegí tomar dos medias copas de estos tintos que siempre me gustaron y que me propuso Carmeta entre otros varios.

Aceitunas negras confitadas (heredadas por el paso por Neichel), cornetitos de manzana verde y trufas.

Los petits clásicos de la casa. casi desde siempre.

En esta casa, siempre se ha querido mantener la carta. Lo que da la posibilidad a la clientela local de poder repetir visitas.

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