La alta cocina marinera de PACO PÉREZ
En primera fila, Guillem Pérez y, a la derecha, Julen Rodríguez, sobrino de Paco Pérez y jefe de cocina desde hace unos 5-6 años. (No sé porqué no salió Montse en la foto, siempre discreta)
Es su rincón de Llançà, a solo unos kilómetros de la frontera con la Cataluña del Norte, PACO PÉREZ reinventa la cocina mediterránea. De la Mar d’Amunt vienen el calamar, la raya, la espardeña. Del Delta, la anguila, y de la sierra de la Albera,(siempre amenazada por los incendios), las setas. Echo de menos la langosta, producto icónico de la zona, y rn particular su langosta con “boloñesa” marina de hace unos años (2019)…De hecho, se echan de menos siempre muchos platos, cuando hablamos de cocineros creativos : uno de ellos, la tartaleta de judías verdes y patata (2021) Solo se quedan en rincones de nuestras memorias. Es el sino de los cocineros creativos: que sus platos acaban en los «cementerios» de nuestros recuerdos gastronómicos, cuando algunos chefs franceses los mantienen en vida durante décadas.
Pero Paco está fascinado aun más por los productos del Atlántico que por los de su entorno. Es el cocinero catalán que más sueña con el paisaje gallego y sus productos. Su interés por las algas, lo heredó, sin duda, como tantas otras cosas, del Bulli vecino, que fue pionero en su uso en alta cocina. Es lo que hace hoy que la cocina del Mar d’Amunt huela tanto a efluvios marinos gallegos.
En cuanto a la técnica, mantiene presente esa influencia bulliniana, pero más en sordina, sin alardes, (fideos de agar, polvos helados…), y expresa más su interés por las fermentaciones, maceraciones, garums, koji y misos, que son los auténticos aumentadores de sabor de la alta cocina contemporánea y nuestros nuevos totems culinarios.
Salinidad, acidez cítrica (limón fermentado presente en varios platos), umamis varios y un tránsito paulatino hacia la parte dulce a partir de un plato bisagra como la anguila con cereza encurtida.
Como textura dominante, tendremos el dominio perfecto de la viscosidad mucilaginosa a través de emulsiones que, en manos inexpertas, podrían saturar. Aquí se equilibra perfectamente con mordidas de todo tipo : desde la firmeza de unos fideos elásticos en el delicioso plato de chirlas, hasta crujientes de hojaldre o de piel de holoturias, pasando por tartaletas lio o la gomosidad de mochi de la “torrija”.
El producto, cada vez más escaso en menús de alta cocina (los costes no permiten, a veces, ofrecer mucha materia prima y, a la vez, complejidad en las elaboraciones), se aprecia sin embargo en cada plato. A veces, no aparece como protagonista visual y esplendoroso, sino como materia a transformar, sumergir, arropar, enriquecer y sublimar. Con el ejemplo de la ostra tapada con nieve de salicornia (gran bocado) o con el plato de caviar en el que las huevas no se lucen como topping de nada, sino sirven para ofrecer dos cucharadas de un sabor intenso, potenciado por su propio garum, una base de almendra y la grasa de una yema curada. Sabor y textura grasa del caviar al cuadrado
En el caso del mejillón, que ya me había encantado el año pasado, ahí sí, ese producto humilde aparece desnudo, solo con el aliño de su propio garum. La particularidad estriba en esa textura laminada del bivalvo.
Me gustó que se me añadiera el plato de espardeñas con filamentos de tendones de ternera (no lo vi en el menú de la web). Sabemos que Paco no tiene mucho interés en ofrecer “carne” en su menú marino. Pero ese detalle vacuno no desnaturaliza el concepto del menú, sino aporta esa nota de “casquería” que caza perfectamente con los filamentos de espardeña.
Por decir algo que no me convenció, tal vez los dos postres al entorno de la miel. El primero de la secuencia, como versión de “mel i mató” con crujiente de piel de espardeña, sí me gustó, pero no tanto los dos siguientes, algo planos. Es miel de estricta proximidad y tenemos que enaltecer este producto, sobre todo por su lado simbólico, como huella vital de la imprescindible tarea de las abejas, más que como producto en sí.


Concha fina

Mejillón
Este plato es para degustar siempre…
Ostra, jugo de limón, polvo helado de salicornia
La mejor manera de servir una ostra: con acidez y potenciando su salinidad marina con la hierba halófila.
Recuerdo tiempos en los que Blumenthal colocaba auriculares al comensal para que oyese las olas del mar afín de potenciar el sabor marino del bivalvo, siguiendo las enseñanzas, interesantes, pero no siempre bien interpretadas, del gastrofísico inglés Charles Spence. Se hicieron muchas tonterías entonces, y algunos las siguen haciendo y prosperan en los rankings internacionales, dando una imágen de frivolidad a cierta alta cocina. La culpa está compartida por los foodies internacionales que les compran el mensaje y que les votan…
Caviar, caviar, caviar
Caviar oscietra, garum, almendra tierna, yema curada
Cuando la situación se presenta, Paco no pierde la oportunidad de ofrecer platos de una gran belleza. Aunque soy un defensor, por lo general, de la vajilla blanca, aquí y en algunos platos más, la patina mate y negra del plato se justifica perfectamente y demuestra buen gusto.
Calamar de Llançà
Pañuelos de calamar. Maceración en koji de 48h, polvo de nori, gelé de dashi de las aletas, wasabi.
Panes caseros de la panadería de la casa, A MÀ (ver la foto del final)
Panes «a mano» : artesanía y cerca de tu casa...
Chirlas con fideos
Fideos de limón y de alga laurentia, con una excelente textura gracias a la incorporación de elastic a los fideos de agar, creados por ElBulli en los años 90. Deploraba entonces que aquellos tallarines carbonara o los fideos de la «fideuá» de Joan Roca, no tuvieran aquella elasticidad que tienen, a veces, unos buenos fideos a la cazuela (no siempre tampoco…). Ahora me ha encantado su textura. Creo que se podrían añadir algunos más ya que eran tan interesantes y deliciosos o más que la propia chirla.
Verdinas, cocochas, texturas
Consomé de vainas, textura mucilaginosa de alubias, casi de royale, alubias, mordida de la cococha…

Tarta de alcachofas en flor
Mini alcachofas en conserva marina propia, miso de mantequilla, limón confitado. Se agradece este plato de verdura (solo uno en el menú), que recuerda aquella tartaleta de judías verdes y patata.
Brazo derecho de Paco desde hace 5 años, JULEN RODRÍGUEZ , no solamente ha entendido la filosofía culinaria de su tío: la técnica y la estética al servicio gustativo del producto, pero una persona de total confianza y solvencia para plasmarma, en la ausencia de Paco. Y ojalá GUILLEM PÉREZ SERRA , el hijo, y Julen en cocina, den continuidad a esta casa en el futuro.
Raya en romesco marino
Espléndida manera de dar sabor a este pescado humilde , pero de textura interesante cuando se cocina bien. Aquí perfectamente cocinado y muy sabroso. Me gusta esta idea de preservar nuestro léxico propio (romesco) para nombrar elaboraciones que, en principio, no son exactamente idénticas a las que conocemos. El ADN de la cocina catalana ha de ser ser viajero, integrador y evolutivo.
Portobello
Hojaldre, mantequilla de seta, yema con trufa, miel y seta laminada. La miel no era necesaria.

Las Alberas
Esponja de setas, tuber aestivium, jugo de miso de níscalos, es decir como una demi glace vegetal en la que había que mojar ese pan. Momento informal. Recomiendo siempre, en estos casos, que se prepare una toallita húmedad.

Espardeñas y tendones
Espardeña brasa, miso de limón. Un sutil y sabroso mar y montaña.
Espero que entre en el menú. Un plato necesario por lo que explico en la introducción.
Anguila del Delta, cereza fermentada y cereza encurtida
Mimético de almendra, sake. Jugo de cereza y chalota. Con estos dos platos, se intenta acabar el menú con platos marinos de ligeras connotaciones «cárnicas», aun que no lo sean explícitamente.
Vídeo de la pastelera Luana con la piel de holoturia crujiente
Mató, piel holoturia crujiente, miel de kombu
Polén
Corte de helado
Torrija caramelizada
Arroz fermentado con koji, saúco, sake. Textura de mochi.
No conozco Japón, pero me da la impresión que aquí se está haciendo la cocina progresiva japonesa que los grandes chefs japoneses, bastante afrancesados, por lo que me cuentan, se resisten a inventar. Repito es solo mi impresión. (Dos Palillos, Enigma, Disfrutar, Miramar, Culler…han integrado el parámetro nipón a sus cocinas, no solo al nivel estético o gustativo, sino también evolutivo).
Todo cacao Pacari

Elegí tres «petits» con sabores marinos. Un esfuerzo interesante por dar coherencia a todo el menú hasta en los últimos bocados.
Mención especial a Bea, la camarera que me volvió a servir y me dió todas las explicaciones que le pedí.
Los vinos de TONI GATA , el sumiller de la casa de toda la vida. (Esta vez me olvidé de hacerle foto):
Está trabajando ahora en acuerdos platos con vinos bajo influencias marinas, catalanes como este picapoll blanco, pero también gallegos o de otros sitios. En este campo también, en aras de más coherencia con la propuesta. (En el caso del champaña, no pude negarme a tomarme media copa).


Vino Pla de Tudela , picapoll blanco del Cap de Creus , de estricta proximidad.

Muy bien este vino dulce de pansa blanca (Alta Alella)
MIRAMAR
Restaurant y Suites
Llançà
Panadería que da a la calle, justo en la esquina de la casa. Encuentro genial esta idea de vender pan desde las mismas dependencias del restaurantes dos estrellas.






















































































































































































































































































