Se me hace extraño hablar de este sitio, este “bar” al qué acudo desde hace unos 14 años, ahora como uno de los nuevos Dos Estrellas de Barcelona.
Y sin embargo, un mes antes de que se le concediera su primera estrella michelín , y después de una magnífica comida preparada por FRAN AGUDO, tuiteaba así . “Mont Bar, la barra gastronómica de dos estrellas que Michelin aun no conoce”. Recojo cables,michelin le seguía. Pero no podía imaginar que esa guía, a veces tan criticada, y con razón, en ese caso cumpliría unos de sus múltiples preceptos, a menudo infringidos, que la segunda estrella se concede por la Cocina. Aquí no encontraremos ningún marco imponente, sino un espacio reducido, tal vez aun más pequeño que el primer Skina.Lo cierto es que pocos como IVÁN CASTRO pusieron tanta energía y empeño para convertir a lo que hubiera podido ser una tasca esquinera del Eixample, en un templo gastronómico hoy incuestionado. En esto, la llegada del talento de Fran, que ya se expresaba a la perfección en Tickets bajo la magistral tutela de Albert Adrià, acabó de perfilar lo que Iván no paraba de soñar. Y ahora , con este último premio, se ha superado todo lo que se podía esperar. Y michelin podrá ostentar este restaurante como ejemplo irrefutable de que, no solo en el extranjero, se reconoce la excelencia gastronómica aunque enmarcada en espacios insospechados.
No faltarán comentarios sobre el local, también de los que invocan esa ley de la primacía de la cocina en la valoración de un restaurante. Les pediría coherencia. Lo que está en el plato y el servicio de sala que lo presenta se encuentra al nivel de un dos estrellas. Desde unas instalaciones de cocina de pase (por suerte existe otra más en una de las plantas de la finca en la que se hacen pruebas e I+D), Fran y su equipo realizan una cocina de alto vuelo llena de suculencia refinada. Fine dining de la buena. Tonterías y sobre actuaciones, ninguna. Tampoco hay tiempo y espacio para efectos raros. Y creo que no hay intenciones de hacelos.
MONT BAR será (es ya) un lugar de referencia para los gourmets auténticos y decepcionará a los foodies en busca de flamígeras escenografías y orepeles. Mont Bar no será para ellos.
En plena polémica sobre la vigencia de los menús degustación, que es el formato inevitable cuando se viaje para conocer restaurantes (no se recorren kms para comer un primero, un segundo y un postre), agradezco que para los barcelonese tengamos aquí la opción de la carta, y agradecería aun más un menú corto de 4 medias raciones al gusto del cliente, al menos al mediodía, como se suele hace en los restaurantes franceses. No siempre apetece vivir la “experiencia” completa. Pero para los comensales noveles, es recomendable probar uno de los dos menús “largos”. De hecho, el nuestro se alargó por el pase de un plato excepcional, en todos los sentidos de la palabra, que fue el de erizos, stracciatella y trufa en recuerdo a un plato que se sirvió en Tickets, pero que Fran no incluye en el menú, en parte por respeto a Albert Adrià.
Siempre he pensado que los snacks, aperitivos, amuse-bouches o appetitzers pueden ser cansinos si son banales, o frustrantes si son deliciosos. Como en Slow & Low, otra cocina de dos estrellas en potencia ignorada inexplicablemente por los barceloneses que esperan que michelin les diga adónde tienen que ir a comer …, en Mont Bar este aperitivos son terriblemente frustrantes. Bocados fugaces que te dejan con ganas de más. O tal vez están pensados para dejarte esta impresión de placer efímero… Bravo por el estupendo y bien caliente caldo de setas y, por nombrar solo tres más : la remolacha lyo con anguila y caviar, la fantástica terrina de wagyu, fois gras y raifort, o el ya clásico y golosísimo mochi de sobrasada y queso Mahón. Buena iniciativa la de mantener algunos bocados o platos de épocas anteriores, como también las espardeñas a la carbonara.
Como pequeñas críticas , la temperatura voluntariamente helada del plato de navajas con ponzu a la donostiarra (aun sigo sin entender aquí la necesidad de usar la palabra ponzu cuando hay solo limón, ajo y guindilla), plato que venía después de otro plato frío de setas con su helado. Y como otra pequeña crítica, la presencia de unos trozos de uva (¿qué tal encurtirla un poco?)con un beurre blanc un poco deslavazado en un plato de rodaballo sin su piel.Muy «fine dining francesa».
El resto impecable. No esperaba que los guisantes (tamaño correcto) con pistacho, salvia y sarraceno estuvieran tan ricos con estos ingredientes. Y gran final de menú con la pintada con gambas, la colmenilla con emulsión de queso El Ferrer, vino amarillo y polenta ( este queso catalán excelente, que recuerda el Comté, merecería un poco más de protagonismo en el plato que un etéreo «aire»), y un espectacular pichón de Bresse en dos cocciones con su piel crujiente y su carne saignant y melosa. (Fran es otro, de los pocos cocineros, que siempre ha hecho bandera, en su cocina, de los quesos de proximidad).
Postres excelentes, dignos de Enigma. Me encantó particularmente el milhojas Bourdaloue y licor Saint Germain, con lo difícil que es (lo repito siempre) marcar el sabor de la pera.



Agua de tomate lactofermentada, apio, , kombu y kefir
Como un «bloody» sin alcohol, y nos gustó a los de la mesa.
Se nos hizo probar algunas bebidas sin alcohol con lo que uno de los camareros está investigando. Se supone que es un frente necesario que hay que cubrir cuando se llega a este nivel de estrellas. También importa la petición de disminución de ingesta de alcohol entre los comensales de la alta cocina que empieza a expandirse. Ha pasado el tiempo en el que se salía del paso con simples zumos de fruta, tés o incluso kombutchas. A mí, más allá de la cantidad de vino que me apetece ingerir o no (cada vez menos), es el concepto mismo de maridaje (de lo que sea) que me aburre. Y empezaría a tomar el primer sorbo de vino ya pasados al menos dos o tres aperitivos. En cuanto al agua, ni la pediría hasta más avanzada la comida, al menos que esté comiendo en una terraza en pleno verano y que llegue deshidratado.

Caldo de setas y emulsión de mantequilla
Siempre pienso, en estos casos.en el «cappuccino des champiñons des bois» de Alain Chapel.

Tostada de setas y topinambo

Lyo de remolacha con anguila y caviar

Vol-au-vent de quisquilla, tosazu y wasabi

Brioche crujiente, escabeche de foie-gras y sablé de cebolla

Terrina de wagyu, foie-gras y raifort

Mochi de sobrasada ibérica y queso de Mahón
Un clásico de la casa felizmente mantenido.
Stracciatella de búfala, erizo y trufa negra
Una pena que ya no se sirva : un plato grandioso.
Crema helada de setas, portobello y trufa
Ventresca de atún con emulsión de piñones
Me recuerda un plato, tal vez entonces no bien resuelto del todo, de Suculent en 2012 .Mirad.

Navaja y espardeña con ponzu a la donostiara
Un plato que involucra el servicio de sala en su realización.
Alga codium, erizo de mar y salsa de laurentia
Guisantes pistacho, salvia , sarraceno
Agradezco aquí que se salga de los sabores habituales potenciadores del sabor suave y ligeramente dulce de esta verdura (o legumbre), como mariscos, embutidos, trufa. Solo encontramos algo de aroma de la hierba, el toque crujiente del cereal y una discreta emulsión que deja el protagonismo al guisante.
Rodaballo con «beurre blanc», caviar y uva
Bogavante gallego, noisette yuzu,consomé a la menta
Las aves, incluso las piezas grandes, ya no se cocinan a baja temperatura en esta casa, sino asadas. Los muslos, de cocción más larga se sirven en el Media Manga adyacente, con una samfaina ligada con sobrasada.

Pintada de las Landas asada y gamba roja, buñuelos de patata
Aves criadas en libertad 140 días, acabadas con ingestas de leche. Cocción rosada. Jugo de 10.
Colmenilla, emulsión de queso El Ferrer de Cal Music, «vin jaune» y polenta

Pichón en dos cocciones, cacao y alcachofa
Alcachofa y muslo guisado también muy ricos.
Corte helado de arroz, nori y caviar
Milhojas Bourdaloue y Saint Germain
Frambuesa, rosas , hibiscus y té Genmaicha
Aunque soy partidario de la sobriedad más absoluta, en estos dos casos, las flores se usan con un buen sentido estético.
Castañas, mandarina y avellana
Tartaleta , chocolate, salsa de soja
Petits-fours
Bombón de chocolate Belice 75% , relleno de praliné de ensaimada y sal
Financier de pistacho con ganache de chocolate blanco y caramelo
Esfera de calabaza, sablé de vainilla, mango y naranja




Invitación a los vinos.
MONT BAR
Barcelona























































































































































































































































