
Tomamos el menú corto.
Para terminar mi tour parisino, ZOSTERA , otra novedad en el panorama de la capital. Hace unos meses hablamos aquí de Paulownia , interesante propuesta de un ex Passard (hay muchos de ellos que se instalan en estos momentos, como en Ebène, que aun no he visitado). Y aquí, se trata de JULIEN DUMAS , un cocinero que se hizo conocer en Lucas Carton y en el Hotel Saint James. Su apertura del año pasado estaba muy esperada, en el antiguo Pergolèse del elegante distrito XVI.
Un sitio bastante pequeño, pero confortable (exceptuando la empinada escalera de caracol que accede a los baños en el nivel inferior).
La fine dining que se propone no me disgustó. Muy centrada en el mar y la pesca sostenible, el cocinero se explaya mucho en el enunciado de los platos, de una manera que puede parecer poética, a veces evocando (o invocando) los paisajes marinos. “ En los pastos marinos, se vislumbras estelas negras” para anunciar su plato de calamar en su tinta. Significativo que haya elegido para el nombre del restaurante la palabra “zostera” , la de ese cereal de agua salinas del cual empezó a hablar Ángel León hace ya unos años.
Solo quiero apuntar que hay un tipo de vajilla cargante, con sus motivos de colores, y especialmente la del delicioso y tierno calamar, que el cocinero trabaja en trompe l’oeil con sus tentáculos reconstituidos, indudablemente el plato-signature de la casa. El plato (continente) no ayuda mucho a que luzca la preparación, anulando ese efecto de contraste “blanco y negro”.
Impecable la cocción de cordero lechal, a pesar de haber sustituido un posible y deseable (¿tal vez demasiado previsible para el chef?) buen jugo de “agneau” por una crema de aguacate demasiado alimonada.
Y muy interesante, ese postre “castaña-erizo” en el que hace bascular al crustáceo del lado dulce. Nada chocante. Recuerdo un binomio erizo-chocolate de hace más de 20 años en La Madonnina del Pescatore de Moreno Cedroni.
Buenos aperitivos, en particular la tartaleta de boletus y buenos petit-fours, todos en tonos amarronados o beige.
Servicio un poco “estirado”. E interesante carta de vinos, en la que los vinos están clasificados según sus precios: de 20€ a 50€, de 50€ a 100€ etc…). En París, se agradece, ya que el precio de una botella puede duplicar o triplicar la cuenta.
Respeto a los posts que he escrito sobre París en estos últimos días. Está claro que no dejo de interesarme por la fine dining , categoría imprecisa que no se puede encerrar bajo una misma etiqueta. Vaisseau no me convenció por los motivos que expongo en el post anterior, Zostera no se corresponde del todo con mis gustos, aunque reconozco que algunos platos estaban ricos y con una cierta originalidad amable, pero servidos en una vajilla un poco pomposa (creo que se conservó la del propietario anterior), en un espacio actalizado, pero sin mucha gracia y un servicio algo encorsetado. Se comenta que Julien Dumas podría recuperar la estrella que tuvo en otro restaurante hace años. En París es un modelo que gusta, en el que no falta nunca el producto fetiche de los gourmets parisinos : la vieira. Que sea de Bretaña o de Hokaido. La encontré en cuatro sitios. También en L’Abysse, el dos estrellas de Yannick Alléno, y en Mantra, una fine dining de fusión malasia, también muy aplaudida por la crítica parisina (excelente, eso sí, su famoso bogavante sambal), pero local pequeño, oscuro e incómodo. Aun así, también le podría caer una estrella el mes que viene… ( Para estos dos restaurantes, habrá que referirse a mis publicaciones en Instagram).
Tartaleta de boletus, brunoise de sardinas

«Los jardines del mar, en invierno, bajo luces cálidas» (Sic)
Ostra remolacha
Vieira y chile
Corvina, prunela, celeri
Calamar en su tinta
La belleza de la metáfora visual de la medusa se pierde por culpa de la vajilla. A ver cuando van a entender los cocineros que la vajilla tiene que estar al servicio de la comida que contiene, tanto en lo visual como lo ergonómico. Ay esas cerámicas oscuras y de texturas toscas con la cuchara que da grima al no poderse deslizar por el fondo del plato. Ay estos platos estrambóticos que tanto gustan a los influencers…Aquí, hay que reconocer que el problema estaba sobretodo en este plato en concreto.
Cordero lechal
Nunca he entendido la función de estas hierbas o verduras crudas, o medio crudas, como «guarnición» de ciertas carnes o pescados. ¿Qué aportan? ¿Qué interacción tienen con la carne? Creo que dan solo una impresión de falsa naturalidad vegetal en los platos. La verdura se tiene que cocinar, manipular, en el buen sentido de la palabra, para extraer lo mejor de ellas, gracias al artificio de la cocina (ver Passard, Rodrigo de la Calle, Pellicer, Camarena…). Si no, se trata de una simple ensalada, pero también se tendrá que tratar como tal y , al menos, aliñarla de alguna manera. Esta carne de cocción impecable se merecía otra compañía…
«En las dunas y en las tierras de la península de Quiberon»
Castaña Erizo
Aquí el atrevimiento valió la pena.
Mignardises de chocolate


ZOSTERA
París
Web
Se me coló un pantallazo borrador sobre el menú en mi publicación que reciben los suscriptores del blog (por cierto, suscripción gratuita para todos los que lo desean). Pido disculpas. Ya está borrado..




























































































































































































































