



Hacen falta muchas semanas (o meses ) de espera para conseguir mesa en VAISSEAU. Es el nuevo restaurante de ADRIEN CACHOT, ganador de Top Chef 2020. En Francia, este concurso va más allá del show televisivo. Nada que ver con Master Chef. Allí se descubrieron jóvenes talentos de la cocina francesa.
Tal vez el más sonado ha sido este cocinero de Vaisseau, hasta tal punto que se ha convertido en el cocinero fetiche de gran parte de la profesión. Se vio en una votación que organizó la web Bouillantes en su balance de fin de año. Próximamente cocinará con Yannick Alléno.
Abrió a final de 2023 su restaurante de un diseño bastante frío, dominado por los tonos negros y sillas incómodas, en consonancia con su cocina que no busca la amabilidad palatal. En marzo de 2025, ya tenía su estrella michelin. Ya estamos lejos de la época en la que la guía se inclinaba hacia cocinas formales y previsibles…
Tiene fama de sacudir el paladar, juntando sabores inéditos, trabajando texturas (es famoso su “Cachot” e pepe , conformado por pequeños mochis glutinosos y aglutinados) y de radicalizar los sabores (de una intensidad casi insoportable en boca es su tartaleta de rábano picante o de su merengue a la pimienta de Penjab que te trastoca las papilas). También se conoce por su uso de los “turf & surfs” o “mer et terre”, (que llamamos aquí mar y montañas) usando la casquería, como la tripa o la lengua, poco usados en la alta cocina francesa. Y , como guinda un poco show, cocina con flambadou, ese cono relleno de grasa incandescente de la cocina popular provenzal con que rocia algunas preparaciones.
Pero su puesta en escena en los amuses-bouches recuerda a la de un Pierre Gagnaire que ya en los 90 desplegaba en la mesa todos sus numerosos aperitivos de golpe o sus abundantes petits-fours. Descubríamos entonces los currys vindaloo, la mizuna, o la pimienta de Sarawak…Hace ya casi 40 años…
Otra característica que se suele destacar de esta casa es que los platos se explican una vez que se hayan degustado. Lo que permite jugar a descubrir los ingredientes que no son, en principio, banales. Pero sabemos que este juego se propone en Enigma desde hace ya unos 7 u 8 años.
Su famoso postre Chocologie, compuesto por bizcocho micro verde, tierra de chocolate, helado de setas y un vaso en plástico chafado de isomal, al cual se invita a romper, sedujo al jurado de Top Chef. Simulando una descarga de basura. Trash cooking en toda regla. Hace tres décadas, en la escuela Hofmann de c/Argentería, Juan, el maître, llegaba a la mesa con una copa de lemon pie y simulaba que se le caía en la pizarra y se servía al comensal. Otro, muchos años después, pretendió ser “creativos” con la famosa “Ups Se me cayó la tarta de limón”. Todo esto tiene unos aires de déjà vu tanto en Francia como en Italia o España, pero se interpreta como prueba de una personalidad radical, casi de un punkismo poco habitual en una Francia que, en estas dos últimas décadas, siempre ha dudado entre pisar el acelerador de la modernidad (ya no me atrevo a hablar de vanguardia), a veces a remolque de lo que se hacía aquí en tiempos de Bulli y post Bulli, o enaltecer su glorioso patrimonio culinario, maquillándolo sutilmente para darle un poco de contemporaneidad (de este tema hablaba en mis posts anteriores sobre París). Claramente me decanto por esto último. Al menos como deseo. Recuerdo una conversación de hace unos 15 o 16 años con Jean François Piège en los pasillos de Lo Mejor de la Gastronomía, después de un happening de Blumenthal. Efectivamente, la cocina inglesa de entonces no tenía nada que perder ni nada que respetar, y todo era posible. Había que jugar. Piège miraba todo aquello con desconfianza, y yo estoy con ganas de volverle a visitar para ver en qué punto está ahora de su reflexión ese adalid del clasicismo actualizado .
En gastronomía como en otros campos, casi todo se olvida. Y parece el día de la marmota. Las nuevas generaciones necesitan encontrar novedades, (que a veces no lo son tanto), ni que fuera en trampantojos que hubiera podido incluir en mi artículo sobre la play-food de hace 18 años, en plena auge de esa corriente.
Hoy me siento tal vez como un gato viejo que mira, indiferente e impasible, la pelota que pasa delante de él.
Cansado de aperitivos sin fin, de menús que se eternizan con tiempos de espera larguísimos entre plato y plato y de “sorpresas” lúdicas que ya no divierten.
De ese menú de Vaisseau, me gustó, lo repito, la bonita idea de ese Cacio e Pepe de mochi. Y el queso preparado, creo recordar que era un cheddar, con manzana, y su estética minimalista. Seguramente que habían otros bocados ricos, pero cómo acordarse… También me pasó una vez (en el 2017) en Alexandre Mazzia, entonces 1 estrella, ahora un tres estrellas, en Marseille. Muchos bocados, platitos, también con un ambiente oscuro. Y unos recuerdos inciertos. Al releer aquel post veo que ya no estaba entonces en estas cosas. Como se suele decir en las parejas “No eres tú, soy yo”. Lo mismo aquí: creo que me cuesta entender estas propuestas o que al menos esta no me ha sabido emocionar. Estos bocados radicales del inicio, la inevitable presencia de la vieira, los tiempos interminables entre plato y plato, la voluntad de «epatar» con cosas ya superadas…Aun así, mi total respeto por su riesgo conceptual y el excelente nivel técnico en la ejecución de los platos (menos quizá el beurre blanc de la trucha que me hace añorar la untuosidad del de La Ferme du Pré…).

Consomé con huevo de codorniz avinagrado

Tartaleta de rábano picante, zanahoria comino, merengue pimienta del Penjab, seso karaage, puerro miso pistacho, almeja lima, remolacha , achicoria

Vieira
«Cachot e pepe»

Trucha beurre blanc yuzu

Lengua ensalada de endibias
Queso preparado de cheddar y manzana

Chocologie

Mochi de gacela, «leche de gallina»ron azafrán, gofre de cítricos, cuchara de jengibre, gominola


Tomamos el menú largo del mediodía (hay otro más barato a 65€ y uno más largo a la noche de 180€). Precio correcto por ser París, por la complejidad de algunos bocados y a pesar del tirón de «efecto moda» del restaurante. Servicio profesional y amable.





































































































































































































































