¡ NOVEDAD EN MATARÓ!
Lo que no es nuevo es la cocina de ROB LECHUGA que conocimos hace una docena de años ya en Bodega 1900 bajo la batuta de Albert Adrià. Con un maestro de este nivel y la seriedad de este discípulo, solo pueden resultar cosas buenas. Después de unos años cocinando por cuenta ajena en la Casa Parera de la capital del Maresme, Rob y su mujer ESTHER GÓMEZ, acaban de abrir ARREL , por fin su propio negocio y es ya un éxito en la ciudad. (No confundirse contros «arrels»…). No hay nada más hermoso que un cocinero artesano talentoso consiga labrar por fin su propio camino y tener su propia casa.
Voy con amigos en esta excursión a Arrel así que ha sido una de esas comidas en las que no estoy preguntando en cada momento qué producto o qué técnica utiliza el cocinero. Voy a pasármelo bien y mis observaciones serán “impresionistas”, no muy analíticas. Como no soy muy fotogénico ni domino la técnica para grabar vídeos en los que se tiene cara de gusto mientras se engullen los bocados (tendencia que empieza a cansar un poco, lo reconozco), me conformaré con publicar las fotos y a hacer unos pequeños comentarios.(Al final me alargué e hice lo de siempre…). Si al final, se entiende que ARREL es una casa de comidas (“casa de menjars”) digna de ser visitada y que hay unos platos que no os podéis perder, ya habré cumplido. También si se aprecia que algún bocado tiene margen de mejora, mi ambición estará colmada.
De Rob, he degustado siempre unos platos maravillosos, que sea como ejecutante de propuestas diseñadas por Albert o platos en la que su abuela le marcaba el camino (como aquellos guisantes de hace unos años que me encantaron, justamente por usar un tamaño no particularmente pequeño y sin embargo con un resultado gustativo excelente). Esta vez, el plato para recordar será ese pie de cerdo con tártar de gambas que presentó en la final de Cuiner del Any del año pasado. Un mar y montaña hiper goloso que mejora aquello platos de los años 80 en los que el cocinero se empeñaba en rellenar los pies con unas gambas. Pero estas se pasaban de cocción cuando se regeneraba en la salsa. Aquí se aprecian ambas cosas e interesa que estas dos elaboraciones justamente se “conozcan” en el último momento en el plato. La mezcla del sabor del mar y el de la “tierra”, en todo caso podría residir en la salsa, cosa que no descarto que Rob haga (juntar 2 jugos). Era como un jugo sabroso, pero fluido, que casi se podía degustar a la cuchara.
El plato que quedaría por mejorar sería el bikini de chicharrones de Cádiz, queso havarti, espárragos verdes, cansalada, mostaza. Creo, más que nada, por el pan, poco sabroso y esponjoso, algo apelmazado y sin lo goloso que se esperaba. Pero un buen queso para fundir de La Xiquella (u otro) lo hubiera podido mejorar.
Pero, ya puedo de decir que he comido el primer tomate “Barbastro” bueno de la temporada. El restaurant está situado justo al lado del mercado, con los mejores proveedores al alcance de la mano. Durante el almuerzo, vimos entrar los tomates ( a los cuales les esperaba unos días de maduración fuera de la nevera), también unas cerezas espectaculares que se nos servirán más adelante, solo “condimentadas” con unas gotas de Anís del Mono y ralladura de lima. Recordando al trato que le daba Albert en el mítico Inopia.
Hay que repetir la ensaladilla de patata y lubina (plato que Rob ya tiene desde hace unos años). La clave está en la patata y en la untuosa mahonesa, evidentemente casera, con su aroma de aceite de oliva que perfuma sin dominar. La lubina es lo de menos.
Y una de las “joyas de la corona » de la casa son los macarrones con setas y carne de cerdo. Recuerdo que Rob me los sirvió hace unos 3 años usando una pasta de marca Barilla. Le aconsejé que no se complicara la vida. Para los mejores macarrones de la abuela, tenemos la marca Gallo (creo que ahora usa incluso una sub marca de Gallo). ¡Y salen espectaculares de punto! La abuela ( o quien sea) los pasaría de cocción pero el cocinero moderno no tiene tampoco porque cocinar muy al dente para justificar su modernidad. El punto juste es lo correcto. Solo podrían tener un poco de gratinado, pero esto va a gustos. (He comido arroces fantásticos cocinados por Rusty de Nairod o David Morera de Deliri, a base de simples “bahías”).
La tarta de queso (de Filadelfía) sigue esta misma lógica : hacer elaboraciones maravillosas con productos “medianos”. No siempre el producto ha de ser top, mientras lo sea la mano del cocinero …
Para que dejar que se luzca el producto, hay otros momentos, como en el caso del el tomate y las cerezas que hemos comentado antes, o unos espárragos pasados por la brasa (creo que tendrán una ligera pre cocción en agua) y solo aliñados con la fina mahonesa que comentamos antes .
(Rob no quiso un Josper).
Y me quedé con las ganas de volver a comer las albóndigas con salsa de tomate y patata paja. Otro hit de La Bodega que me marcó…
¿ Apetece una excursión a Mataró, verdad?
Tomates «barbastro» con cebolla «cop de puny»
Ensaladilla de patata y lubina

Croquetas de pollo y croqueta de gamba
Muy correctas pero eché de menos la de jamón ibérico de mi última visita.

Bikini de chicharrones, queso havarti , espárragos verdes, mostaza
En Cataluña, tenemos excelente quesos para fundir.
Terrina de pie de cerdo con tártar de gambas
Uno de los platos estrellas de la casa.
Macarrones con panceta, salchichas, setas y queso de oveja de Montbru
Espárragos a la brasa, mahonesa

Butifarra de Lleida
A Rob le hubiera gustado sacarla más rosada en el interior…Aun así, muy rica! (ni la cobró).
Cerezas, anís, ralladura de lima
Tarta de queso
Cada vez más untuosa…pero aun se puede llamar «tarta»…
El biscuit helado de Alejandro con curaçao flambeado
Muy goloso colofón al almuerzo.

Para el café, el «pa de pessic» o bizcocho que hace la abuela de Rob

ARREL
Instagram arrel.lacasademenjars
MATARÓ











































