Visita al nuevo Restaurante LEÑA de Dani García en el Hotel Gran Hyatt Barcelona

Un emplazamiento que siempre ha tenido muchos altos y bajos gastronómicos y que no ha conseguido nunca ser una referencia en la ciudad, desde el tiempo que se llamó Princesa Sofía hasta hoy.
Esta es la apertura más sonada que ha tenido, acompañada de una reforma bastante importante del espacio. Elegimos visitarlo en el almuerzo para poder apreciar el marco, avisados de que, en las cenas, el nivel lumínico es ínfimo. Pensamos que también el nivel de la música estaría más flojo. Pero tuvimos que pedir que se bajara considerablemente el volumen. Nos estamos olvidando que la mesa es para comer Y conversar. Accedieron muy amablemente a nuestra petición.
La carta es una recopilación de los platos fetiches de Dani García de otros establecimientos bajo el sello “Leña” y “Brasas”, pero siempre adaptados al territorio, y con algunos detalles del país: canelones, pan a la brasa con tomate, butifarra de perol, sobrasada, que dan color local a la carta sin ir mucho más allá y llegar a incorporar quesos de proximidad. Se usan los típicos cheddar y havarti. La mantequilla que se ofrece de cortesía es la de Calaveruela (Córdoba) que tiene textura y sabor más cercana a una excelente nata muy montada. Ya la había probado y es excelente. A mis preguntas sobre el origen de las carnes de vacuno y de los pollos, conseguí saber que podrían venir de Austría o Alemania , y que las aves eran coquelets (pollos pequeños) de granjas del Maresme.
En los entrantes, reconocí la mousse de foie-gras en trampantojo de manzana del Dinner de Blumenthal. En cuanto al puré se le reconoce en la carta la paternidad a Robuchon y el babá en forma de savarín se precisa que es un homenaje a Ducasse, aunque su textura no está tan abizcochada como la del cocinero galo. En este caso, es más auténtica una textura tirando a tosca. Pero se tiene que empapar con más atención aun. Este que degustamos quedaba un poco seco. El ron que se le echa al momento debe ser solo para rectificar, no para emborrachar el propio pastel que tendría que ser sumergido, unos largos segundos antes, en un almíbar alcoholizado. Bien la textura semi montada de la Chantilly, que muchos confunden con una simple nata montada.
Los apartados de la carta dividida en productos centrales, guarniciones y salsas para que el cliente se organice el plato a su antojo, me recordaron la carta del Spoon del mismo Ducasse. Un concepto que entonces fue muy rompedor ya que se desmarcaba del plato creado enteramente por el cocinero. Se le daba libertad al cliente para combinar esos tres componentes en todas las “quinielas” que quisiera. Concepto posteriormente muy extendido.
Las tres guarniciones que elegimos estuvieron muy ricas, sobre todo las crucíferas asadas y la cebolla bien pochada y gratinada, con pasta de trufa negra. Se nota que Dani, quien nunca ha sido, personalmente, muy amante de las verduras, siempre se ha esmerado en cocinarlas sabrosas, como también fue el caso de su plato de aguacates malagueños a la brasa, hiper condimentados con un pesto de cilantro y un salpicón vegetal de queso feta.
En cuanto a las salsas, impecable la bearnesa (muy buena textura) y rica la salsa que acompañaba la suculenta molleja a la brasa que se propone, inexplicablemente, como entrante. Aquí también se hubiera podido servir con la salsa aparte. Igual de inesperadas las hamburguesitas propuestas como entrantes para compartir por el maitre. Allí creo que no acertamos tanto. Mucho pan, carne madurada poco jugosa, que la salsa Bull no conseguía arreglar. Imagino que el espectáculo de la máquina de pasar carne al momento hará que el público se divierta y se olvida de lo otro. En cambio, buena cocción del “châteaubriand” que se corta en la parte central de la txuleta, en vez de la del solomillo. No entendí el porqué.
Se acertó totalmente con el vino. Un tinto de las Rías Baixas que siempre me había gustado. Y servido a la buena temperatura. Es decir, ligeramente refrescado.
En resumen, y para los que me suelen leer, y que son poco sensibles al rollo espectáculo bullicioso, influencers, selfis, música a tope y poses ( la impresión que dio la noche de la inauguración, según me han contado), no es un sitio que descartaría de entrada. Se merece al menos una visita, ya que la comida está rica y que el personal es muy amable. Pero para almorzar. Y pidiendo que se baje la música, si es que queréis charlar.
Vídeo



Fuet
Pan de Forn Sant Josep
Cortesía de la casa. Bastante seco e insipido. Allí se tenía que haber elegido un mejor fuet, o un salame italiano o un salchichón francés.

Mantequilla de Calaveruela (Córdoba)
Aguacate de Málaga con salpicón vegetal y pesto de cilantro
Mollejas de ternera al vino rancio
Burger , pan pretzel, salsa bull, queso havarti
Mucha cantidad de pan para una carne poco jugosa.
Nos dan a elegir el cuchillo. Algo totalmente prescindible ya que no se sabe bajo qué criterio el cliente tiene que elegir uno u otro.:

El «châteaubriand» de txuleta (ración para dos)




Crucíferas, gratén de cebolla a la pasta de trufa, patatas fritas, Bearnesa
Chuletitas de cordero a la sartén con patata con ajos
No las probé. Nuestro acompañante mencionó la incomodidad para cortarlas encima de las patatas y en este tipo de cuenco hondo. Pero que estaban ricas.

Savarin al ron
Tarta de chocolate y avellanas

Un vino excelente. Los tintos de las Rías Baixas son maravillosos.

Cuenta para 3 personas

































































































































































































