Observación Gastronómica 2

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MAISON SOTA (París)

Publicado por Philippe Regol el 09/12/2025
Publicado en: FRANCIA PARIS. 2 comentarios

En el post anterior, os hablaba de una interesante blog , Objective Foodie de Javier Maurino-Alperovitch, un físico gran amante de la gastronomía que vive entre Paris y Oxford. Ya hace dos años me recomendó, él y otras personas, visitar MAISON . Es cosa hecha. Hasta me he permitido copiar, con su permiso, su información sobre el cocinero. Oí hablar por primera vez de SOTA ATSUMI cuando visité el Clown Bar, un neo bistrot que recomiendo a todos los que me preguntan direcciones “baratas” en París. Ahora ejerce allí un cocinero coreano después de hayan pasado por las cocinas dos chefs catalanes, pero la línea de esta casa sigue siendo la misma, con la aportación sedimentaria de los que la van ocupando. Dicen que se va al Clown por los vinos, gran afición de su propietario, pero no nos engañemos, es su cocina lo que nos seduce. Y que esté abierto un domingo, hecho inapreciable en París.

Objective Foodie 4 de junio de 2023:

“Sota Atsumi nació en Urayasu, cerca de Chiba, en Japón. En 2006, con 18 años, se trasladó a Lyon, donde comenzó su formación culinaria en la Tsuji Culinary Institute. Un stage de seis meses en Maison Troisgros le permitió entrar por primera vez en una cocina profesional de altísimo nivel y comprobar de primera mano sus exigencias.

Después pasó un año en L’Atelier de Joël Robuchon y, a continuación, se convirtió en sous-chef de Toyo, junto al chef Toyomitsu Nakayama.

Más tarde asumió el puesto de jefatura de cocina del recién reabierto Le Clown Bar. El restaurante ganó notoriedad rápidamente, con los platos de Atsumi —de base francesa, pero con combinaciones de sabores menos esperadas— en primera línea.  En 2015, su trabajo allí fue reconocido con el galardón al Mejor Bistrot de Le Fooding. A finales de 2017, pese al éxito de Le Clown Bar, Atsumi decidió marcharse para perseguir un tipo de restaurante más tranquilo y enfocado. Ese objetivo se materializó en 2019 con la apertura de su propio restaurante, Maison, en el distrito 11 de París. Atsumi concibe Maison no solo como un restaurante, sino como una prolongación de su hogar: un lugar que reúne su trayectoria profesional, sus raíces japonesas, su manera de entender la cocina francesa y un compromiso muy claro con el abastecimiento ético y la sostenibilidad.”

En MAISON , he encontrado esta misma cocina que me encanta en Clown, con una diferencia de importancia : un marco (casi) espectacular, espacioso y totalmente inusitado en todos los restaurantes parisinos que he podido visitar a lo largo de estas últimas cuatro décadas, en los que cada cm2 es un lujo (ver post anterior). Se trata de un antiguo almacén de vinos que tiene el aspecto exterior de una casa particular de barrio de clases media, de ciudad pequeña o tal como las dibujan los niños. Algo parecido a lo de Hermanos Torres, aunque en más reducido.

En el altillo, unas pocas mesas, una barra frente a la cocina y una mesa corrida, signo inequívoco que estamos en un restaurante de inspiración bistronómica, pero con una confortable amplitud y una hermosa distribución del espacio. Todo ello no debería tardar en recibir su recompensa en forma de una merecida estrella, ya que la comida, aun en su fórmula más corta de los almuerzos, fue de un excelente nivel.

Algunos amigos me recalcan que estos cocineros japoneses que han aparecido en la capital en estos últimos 20 años, todos grandes admiradores de la gastronomía francesa, tienen una pátina común tanto en los productos que usan, como en los emplatados y, añadiría en una ausencia casi total de referencias gustativas nipones en sus platos. Los occidentales recurren más al sabor, a técnicas o a estéticas nipones que ellos. Gagnaire importó su estética, Robuchon la soja, y esto hace más de 40 años…luego llegaron los tatakis, sashimis, kabayakis metidos a todas las salsas. Estos cocineros japones en París parecen totalmente ajenos a la «nipomanía» ambiante.

La pintada a la sal

Aquí, evidentemente se usa la brasa (método casi universal), pero sobre todo ese horno de leña, no para algo puntual, sino como herramienta para cocer, asar y dar el último golpe de calor a algunas preparaciones. Desde la cocción del pan de castaña que Sota elabora cada servicio personalmente hasta la pintada en costra de sal y harina, erigiéndose simbólicamente en la “llar de foc” (o hogar de la casa).

Sota Atsumi, concentrado y callado durante todo el servicio. Ni una palabra.

Pero también me fijé en la olla del caldo de gallina que ocupa parte central entre los fogones. ¿Dashi? Por ninguna parte…(ese caldo se sirve en aperitivo, muy caliente: no hice foto).

Me gustaría saber lo que ha impulsado a los 60 o 70% de japoneses que llenan la mesa o la barra a reservar aquí. ¿Una motivación “nacional”, con predisposición para probar la cocina francesa moderna a través de un compatriota? Imagino que ya sabían que no se iban a encontrar sushis ni tempuras, ni pasados por el filtro francés.

En todo caso, encontré una cocina elegante (es la palabra que se impone siempre), sabrosa (también esta palabra se tiene que usar) y centrada en el producto (y ya tenemos la trilogía del léxico manido).

Añadiría que es una cocina totalmente ajena al paradigma tecno conceptual bulliniano, (ocurre en muchos restaurantes de la era post Passard), como si las nuevas generaciones francesas estuvieran más inspiradas por unos pensamientos basados en una nueva nouvelle cuisine de la frescura, de la «naturalité ducassiana, de lo vegetal y de técnicas de cocción clásicas o ancestrales. Al menos en esto, la cocina de Paulownia de ayer y la de Maison convergen.

Sardina, licuado de apio selvático

Crujiente con tartar de sepia

(textura wonton).

Carpaccio de vieira de Saint Malo , rábano «sandía», pimiento, maríaluisa

Pan de castaña casero sobresaliente

«Mil crêpes» de cebolla, espinacas,trompetas, salsa calabaza/fisalis, yema

Apio nabo, mejillones al fuego de leña, salsa vino amarillo

Ese vino del Jura tiene una oxidación parecida al vino de Jerez.

Vídeos de la pintada a la sal

Pintada a la sal con jugo de bogavante

Cocción perfecta. De las verduras circundantes, la cebolla me hubiera bastado.

Sopa de castaña, castaña caramelizada, helado de albahaca, pera, crumble, y pañuelo crujiente de caramelo

Demasiadas cosas. La sopa (muy buena) con pera y tres gotas de whisky y crumble, hubiera sido suficiente.

Servicio amabilísimo.

Vinos naturales. No hice foto.

«Chausson aux pommes» y kiwi como «petits».

MAISON SOTA

Web

París

PAULOWNIA (París)

Publicado por Philippe Regol el 06/12/2025
Publicado en: PARIS. 1 comentario

También en París, pero creo que desde siempre, no paran de abrir pequeños restaurantes. Lo que contaba hace unos días en mi Instagram sobre Pascal Barbot, lo que ocurrió unos años después con David Toutain sigue ocurriendo. Cocineros que trabajan un tiempo en grandes casas y que montan su pequeño bistronómico para empezar, que se puede trasformar, con el tiempo, en un tres o dos estrellas. En estos casos, la “Escuela Passard” es de las más productivas, como lo fueron también las “escuelas Robuchon” (Pré Catelan), o Ducasse y Gagnaire.

Es cuando estos jóvenes chefs empiezan el momento ideal para descubrirlos. Tienen el entusiasmo, la frescura y la generosidad que caracteriza los primerizos. Luego, puede que se vayan encorsetando algo más y los precios cambian…Puede también que vaya discubriendo su propio camino, liberándose poco a poco de la influencia de sus maestros. Javier de ObjectiveFoodie (en IG) , un amigo español que vive en París, conoció PAULOWNIA hace ya un par de años, con un menú Carte Blanche (lo que los modernos llaman ahora Omakase) a menos de 60€. Hoy el menú se ha alargado mucho (existe una carta para los asiduos de la casa) y el precio ha subido en proporción. Pero 115 € por lo que degustamos la otra noche sigue siendo un precio muy razonable si se tiene en cuenta el nivel de producto y de cocina. El confort, en cambio, es lo que es. Tuve que renunciar a apuntar los ingredientes de los platos en parte por la falta de espacio en la mesa (también me apetecía disfrutar de la conversación). Estos pequeños restaurantes no disponen del espacio, el bien más preciado en París. Aparecieron hace ya más de 30 años con la “bistronomie” (La Régalade de Yves Camdeborde) : alta cocina en el plato en ambientes de pequeños bistrots. Aquí sin manteles pero con una vajilla blanca o con elegantes ribetes dorados que deja protagonismo al contenido y a su degustación.

GEOFFREY BELIN y su compañera TESS DUTEIL estuvieron en Arpège. Y el espíritu del maestro Passard L’Arpège planea constantemente encima del menú.

Bien pensado, L’Arpège es, por sus formas, un bistrot de alta cocina venido a más, también por la exigüidad del espacio. Un espacio que se ha sabido “vestir de domingo” para acoger una gran cocina, pero que obliga a ágiles contorsiones tanto en el caso de la clientela como del avezado servicio de sala.

En PAULOWNIA, todo es bullicio e informalidad. Te pasan un plato de bogavante con sabayón de beurre noisette y su bisque o un pichón salsa “Grand Veneur” en una mesa de 40cm2 . Pero justo al lado, puedes cenar con un Olivier Roellinger (al principio ni le había reconocido) que oyó mi comentario sobre un rape salsa de berros y caviar y que te dice que “aquí hay cocina”. Eso también es la magia de las incomodidades. Con el riesgo de que te toque algún pesado o una persona muy perfumada, también hay que decirlo. Las mesas de los dos o tres estrellas dejan más espacio pero las personas se quedan más aísladas entre ellas. Las barras japos (como lo veremos en Eliane) son un buen compromiso entre la comodidad y la posible comunicación con el vecino.

Por suerte, nos pasaron después a una mesa más grande que se había liberado, para hacer la segunda parte de la cena.

La acidez como estimulante leitmotiv del menú :

Si los platos de los inicios arrancaron con una “tranquilidad gustativa” que no me sacudió el paladar (amuses-bouches,rollito de primavera con salsa agridulce, ostra con limón, carpaccio de vieira con yogur y aceite de laurel…) aunque llenos de agradables sabores vegetales y frescos, poco a poco, el nivel ha ido subiendo con la crema de acedera con chantilly de algas (una estructura muy «passard»),los tortellini con scamorza, las almejas con un potente jugo acidulado, para llegar al bogavante con sabayón y sobre todo a las dos carnes espléndidas , tanto el pato (de “La Maison…”) o el pichón (seguramente de otra pequeña granja de Normandía, ¿ o era el pato?). La excelencia que encuentra en estos casos es la suma de un producto seleccionado por el mismo cocinero y de la técnica de cocción inspirada en la del maestro “rôtisseur” que justo acaba de renunciar a carnes y pescados. Geoffrey me explica que , evidentemente, le hace la primera cocción en su “cofre” y que luego tendrá un larga reposo. Después un par de vaivenes entre el horno y la rejilla a la espera del pase, esos movimientos precisos y basados en el feeling más que en tiempos estipulados. Esto también se llama Cocina. Y todo esto en medio de una cocina vista minúscula, un hervidero de donde salieron esa noche centenares de platos. Desde las 19h hasta las 12h. Al día siguiente, vuelta a empezar y sin zona de producción ad hoc.

Este es el oficio de cocinero. Lo digo, porqué muchos de los que se apuntan a escuelas de cocina no saben lo que realmente les espera. Si quieren hacer otra cosa que cocina de ensamblaje, claro está.

Tanto la cocción del pato como la del pichón estaban perfectas. Aquí nada de baja temperatura previa (como en el pato de La Tour d’ Argent o el pichón Rainier III de Le Grand Véfour). Jugosidad, sabor y ternura. Es decir, LO ESENCIAL. Las pijaditas manieristas de las pequeñas guarniciones habituales de cierta fine dining no proceden. Un trocito de manzana, o de una verdura…(que serían perfectamente prescindibles) y basta.

Ya fuera de tiempo y de apetito, hubo tiempo para hacernos probar un trocito de un delicioso pastel de cerdo en hojaldre. Si viviera en París volvería mañana para degustarlo mejor.

El “trou normand” llegará con su sorbete de pera y un “charco” de Calvados. Con la damajuana del aguardiente dejada en la mesa. Signo bistronómico incuestionable, como cuando Yves Camdeborde dejaba la terrina de pâté de campaña en la mesa con hule…

Ese hojaldre de Passard del final me pareció aun más aéreo y cristalino que el de L’Arpège. Para los que no han podido probar aquel, para los que un hojaldre es esa cosa reblandecida que se encuentra a veces, o bien crujiente al precio d tener que caramelizar mucho, que ¡prueben este!

Simplemente publicaré las fotos de los platos con muy pocos comentarios. Creo que todo está dicho.


Rollito vegetal salsa agridulce

El único bocado con matiz dulzón del memú.

Crema de acedera, chantilly a las algas

Ostra limón

(Y otro matiz que no recuerdo).

Totellini scamorza caldo vegetal

Vieira yogur aceite de laurel

Como un risotto vegetal de apio nabo

Pero no tanto integrado como los de Michel Trama.

Centollo con savagnin

Se apreciaba poco la acidez del vino. La acidez ha sido un sabor constante en todo el menú, lo que permitió llegar hasta el final de largo menú con las papilas bien despiertas.

Almejas con marinera al cilantro

Rape acedera berros caviar

Bogavante, sabayón de beurre noisette y su bisque

Cocción No-cocción.

Pato asado con salteado de sus muslos a la naranja

Puré de zanahoria.La manzana no era necesaria. Creo que se ponen estas guarniciones para no dejar el plato vacío.

Cocción de 10.

Pichón salsa Grand Veneur

Cocción de 10. Ligero aroma a comino. Aquí también la lágrima de puré y el trozo de fruta totalemente prescindibles.

Pâté de cerdo en hojaldre

Sorbete de pera, Calvados

Millefeuilles con praliné de avellana

La perfección.

Pan y mantequilla buenísimos.

«Paulownia : cocina francesa golosa y refinada» . Exactamente esto…

MANTÍS dic.2025 (Barcelona)

Publicado por Philippe Regol el 29/11/2025
Publicado en: BARCELONA. Deja un comentario

David Moreno y Toni Solans (falta Cris Ojeda que estaba en la otra barra en ese momento)

He renunciado a seguir el ritmo de las nuevas aperturas. Contradiciendo el conocido refrán, también me interesa volver a los sitios “en el que he estado feliz” o, al menos, donde he comido bien. Y cuesta mucho repetir con esa avalancha de novedades. Además nada te garantiza de que muchos de estos sitios nuevos sean imperdibles, aunque, eso sí, el nivel gastro medio de Barcelona está muy bien, hasta tal punto que Adrià dijo, el otro día, que conocía un centenar de restaurantes en la ciudad donde comer bien.

En resumen: hace unos días, un amigo quiso invitarme a cenar. Y volver a MANTIS me pareció una excelente idea: fue una de mis mejores comidas del verano. Era ahora la ocasión de probar su pichón y de volver a degustar su lubina con técnica sukibiki. Pude comprobar que, a pesar de que se tratara de una pieza más pequeña (el menú estuvo largo y había que reducir raciones), su piel seguía estando hiper crujiente y la carne perfectamente anacarada, acompañada de su fantástico arroz glutinoso en hoja de loto (ver post anterior). Pero también quise pedir, en medio del menú con sus nuevos entrantes de otoño-invierno, un par de platos de su oferta más informal que fueron su ensaladilla y sus bravas. Y los recomiendo desde ya, para aquellos días en que solo apetece picar algo. Se degustan en la barra larga. Conceptos de siempre y hasta manidos (no sé de dónde viene la ensaladilla, pero ya es tan nuestra como las bravas), pero resueltos con otra mirada. En ambos casos, la patata es la protagonista (kennebec y agria respectivamente), en ambos casos con matices picantes, pero, en ambos casos con resultados gustativos distintos y deliciosos, como las gambitas fritas de las bravas.

(Es en catalán pero creo que se entiende).

Otro plato que nos encantó fue la “ESCUDELLA” con su dumpling de pilota, su caldo turbio y sustancioso (lleva de todo: desde sagí hasta pie de ternera) y el toque crujiente de los garbanzos fritos (aquí se ve su paso por Diverxo) le va genial a esta sopa ilustrada. Para más comodidad en la degustación, haría 3 o 4 tortellini en vez de un solo dumpling, difícil de cortar.

Faltan sopas en las cartas de invierno de las cocinas modernas. Tenemos que seguir la estela de Jordi Vilà y hacer escudella con todo. Es otro concepto que tenemos que actualizar, personalizar, y trasmitirle nueva sabia. Como la paella, la escudella es un continente. De nosotros depende qué contenido le queremos aportar : aquí se ha respetado el cuenco sopero, el caldo, la carn d’olla, la pasta, los garbanzos. Jordi Vilà, emulando los franceses que hacen choucroute de pescados (desde que la inventó el alsaciano Guy-Pierre Baumann en 1972), hace también su escudella con productos del mar y la de caza. La tradición se tiene que zarandear siempre un poco para evitar que caiga en letargo. Resumen, volvería mañana para comer la de Mantis en formato ración. En su nueva estructura de menú, se acaba la parte salada eligiendo un plato principal : la lubina de la que hablamos o el pichón asado entero (que me gustó sin entusiasmarme). Esta escudella, en ración más grande, podría ser un tercer pase para elegir fantástico.  

Este menú degustación (algo enriquecido), lo hice esta vez en la pequeña barra enfrente de la brasa donde opera sobre todo David, mientras que Toni va y viene con la sala. Es, salvando las distancias, como la mesa del chef y permite interactuar realmente. El feed back para el cocinero es inmediato. El único problema es que cuesta mantener una conversación con tus acompañantes.

Detrás de este pequeño equipo de imagen gamberra, hay una verdadera cocina, seria, artesana pero divertida a la vez. Siempre en busca de perfeccionamiento. Al final muy sabrosa con sus garums, su kastuobushi de bonito inoculado con aspergillus oryzae o su salsa XO (otra herencia de DiverXO) , a partir de vieira seca, también casera. Su masa de dumpling de cacao amargo que Toni estirará al momento delante de nosotros y que rellenará de una liebre guisada como una Royale, acompañada de un poco de remolacha y zanahoria encurtida. Otro excelente bocado del menú.

Ellos mismos se ponen la etiqueta de cocina ecléctica y sus «sides» de la carta lo ilustran perfectamente : pan con tomate, salsa batasoyu y arroz glutinoso. Producto, técnica, sabor y libertad.

Tosta de otoño-invierno con setas escabechadas y miel de pino

La miel no era imprescindible, sobre todo en un primer bocado. Pero su dosis homeopática no molestaba.

A continuación tres bocados que ya había degustado en agosto pasado:

Cigala con piel de pollo crujiente

Calamar en sashimi con su tinta aliñada y lima

Wonton frito con velo de papada, yema y pecorino

Me parece que los de Montbru hace un curat de búfala que iría perfecto aquí.

Ensaladilla con ají amarillo y bonito casero escabechado

Simplemente riquísima.

Bravas con chilly crab, gambas cristal, alioli y lima rallada

Para repetir…

Dumpling de liebre

Una manera diferente de servir la liebre. Colocaria 3 láminas de zanahoria encurtida pegadas al dumpling para que el comensal pensara que es solo decorativa. Ese punto crocante y de acidez le va perfecto.

Rovellons con yema curada y katsuobushi

Un plato de setas muy rico, con ese umami añadido casero.

Calamar relleno de butifarra de perol de Cal Rovira

Otro acierto. Pintado con salsa XO. Solo le daría un poco menos de cocción al calamar.

La escudella de Mantis

Es el mismo video que el de arriba. (Me olvidé de hacerle foto).

Esa cocción al unilatera perfecta…

Lubina oreada, a la brasa, con su pil pil asiático

Cebollino o cebolleta, toque refrescante a liliácea imprescindible. Este plato sigue siendo un motivo de visita.Esta vez, David había llegado al limite del tostado de la piel…

Guarnición del arroz glutinoso en hoja de loto con buttershoyu

Delicioso.

Pichón asado en su «cofre»

Pichón

Pichón

Creo que este plato esta hecho para que los comensales jueguen a comer con las manos y chupeteen los huesos. (En un pichón, el 90% está en la pechuga). Pero estábamos llenos. Rico, pero si tuviera que elegir el plato principal del menú, me quedaría con la lubina.

Helado de leche ahumada, sobao y toffee de judías («fesolets»)

No iría mal algo de fruta o vegetal (caqui, cítrico o calabaza). El mejor de los dos postres.

Chocolate en texturas-frambuesa

Mi acompañante tenía muy buen gusto…

MANTÍS

Barcelona

Web

Restaurante HIU (Cambrils)

Publicado por Philippe Regol el 26/11/2025
Publicado en: Cambrils. Deja un comentario

Este post pasará desapercibido. La atracción que ejerce Michelin, su gala y sus fallos (en todos los sentidos de la palabra) acaparará el interés general. Pero no puedo pasar por alto mi visita al restaurante HIU de Cambrils,” Tengo hambre” en tailandés) capitaneado por el joven SERGI PALACÍN , ahora ayudado en la sala con su más joven todavía hermana JUDIT, ya experta sumiller y camarera que rezuma pasión por su trabajo. Su seguridad y aplomo en la sala, a pesar de sus 24 años, será un apoyo importante para su hermano. Explica los platos con precisión y con la simpatía justa con el cliente. Y sus recomendaciones en vinos fueron del todo acertadas.

Lo que sorprende al entrar, cosa que no se sospecha desde fuera, con su aspecto de restaurante impersonal y banal de barrio nuevo, es el espacio. Es cierto que las cocinas vistas son ya bastante frecuentes, pero en este caso, todo parece diáfano, luminoso, muy funcional aunque sorprendentemente acogedor. Se agradece que haya poca decoración ni elementos de ambientación asiática. Y, sin embargo, aquí se viene a degustar una cocina que no debería entrar nunca en el movimiento de la nueva cocina catalana. Las palabras “suquet” o “fricandó” que se cuelan en algunos de los platos del menú no nos engañarán. Se podrían entender como un signo de culpabilidad de alguien que ha vuelto a su querida tierra (aunque haya nacido y vivido de muy pequeño en Barcelona) y que quiere hacerse “perdonar” la orientación viajera de su cocina.

Pero Sergi tuvo las ideas muy claras, al volver de su larga estancia de 10 años en el Gaggan de Bangkok, plaza que consiguió después de un stage en ElBulli (solo se le preguntó para entrar si sabía esferificar…) : su importante bagaje adquirido en aquel famoso restaurante de fusión thai-india, no se iba a desperdiciar o diluir en otras cocinas. Solo los productos son de Cataluña. El resto son elaboraciones del sudeste asiático, en el que podemos encontrar incluso algún toque japo, que le puede venir de sus numerosos viajes a Japón.  Pero Sergi me confiesa que su intención es la de reforzar el carácter thai de su cocina, decisión que me parece perfecta y esclarecedora. Un exceso de fusión nos podría conducir a la confusión, según la célebre frase que ya se decía en los años 80. Adelante con una cocina thai bien definida y con producto de calidad (como es el caso).

Antes de instalarse en Cambrils, hizo un intento de abrir en Barcelona, pero la pandemia, una cierta indefinición del concepto, un exagerado protagonismo por parte de los cócteles y desavenencias con sus socios pusieron fin a la experiencia (no llegué a visitar aquel Alquimist del Eixample. Ya el nombre no me atraía por su referencia al de Copenhagen).

Tres años después de instalarse, parece que la cosa funciona. Su pequeño menú Clásico a 50€ ha seducido muchos habitantes de la ciudad que desean salir de sus rutinas gastronómicas como la de la cocina catalana marinera de toda la vida y probar nuevos sabores. Barcelona no tiene porqué tener el monopolio de la diversidad culinaria. Veía desfilar los platos de los otros comensales y tenían muy buena pinta (ver los detalles en la web. Hay también una carta). De hecho era tal vez el menú que me hubiera gustado probar. 

Pero Sergi me quería hacer ofrecer el degustación a 80€, con bastantes pases. Destacaría sobre todo las almejas con Tom Kha y pepino lacto fermentado (aquí sí se fermenta y también en las bebidas con el delicioso kéfir al jengibre que Judit me sirvió como aperitivo), el “suquet” de curry rojo con su tierno velo de calamar y gambitas blancas, el “fricandó” de parpatana con trompetas y teja de encurtidos y ese nuevo postre con caqui, una parte algo pasificada y la otra fresca, con helado de haba tonka. Como observaciones, tal vez me sobró la segunda tanda de aperitivos (que desaparecerá del nuevo menú), una lengua masaman y hoisin con varios elementos desperdigados en el plato, y el exceso de dulce de un postre indio (Gulab Jamun).

Me gusta empezar con este tipo de bebidas, poco o nada alcoholizadas, que despiertan las papilas.

Croqueta de pollo satay. Consomé asado y cúrcuma

Tartaleta de sardima ahumada con texturas de maíz

Koji con caviar

Temaki de tartar de cecina con kimchi de calçot

«Canyut» (navajita) con tempura de hinojo de mar

Almejas con Tom Kha-Pepino lacto fermentado

Una de mis bodegas favoritas…

Sepia con albóndiga Dim Sun

Se podría dar una textura más homogenea de «farsa» al relleno, algo granulado.

Fricandó de carrillera de atún y trompetas

Suquet- curry rojo, velo de calamar y gambas blancas

El plato que más me gustó de todo el menú. Me encantó la textura del velo de calamar, triturado y a penas cocinado. Salsa potente y deliciosa. (Había más gambas debajo del velo).

Lubina 1 ingrediente con su pil pil y polvo de sus huevas curadas

Lengua de ternera masamán, puré de cebolleta, kale frita, hoisin

Construcción en la que salsa no había penetrado en la carne y las guarniciones iban cada uno por su lado. Un poco alejado de la línea de los otros platos principales del menú.

Bocado Lyo. Teja de arroz

Granizado de manzana y flor de saúco, cítricos y teja de yogur

Caquís semi pasificados

Caquis pasificado y fresco. Helado de haba tonka. Galleta de cacao

Este postre iba justo a entrar en la carta. Sin duda el mejor de todos.

Gulab jamun, azafrán, pistacho

Excesivamente dulce.Tal con algún alcohol, sin ganache de chocolate blanco y con solo una quenelle de helado…

Petits-Fours

EL CITRUS DEL TANCAT (Alcanar)

Publicado por Philippe Regol el 22/11/2025
Publicado en: ALCANAR. 4 comentarios

Esta visita al CITRUS DEL TANCAT estaba pendiente desde hace casi 3 años. Prácticamente desde que el valenciano de Xátiva, AITOR LÓPEZ cogió la rienda de esta hermosa casa por la cual había pasado en años anteriores. Pero esta vez, rico de sus 5 años pasados al lado de Ricarda Camarena, tanto en su Habital como en Bomba Gens, se trataba, al aceptar la propuesta del director Ángel Llasera , de desarrollar su propia cocina elevando el nivel gastronómico de la casa. Se trata de un edificio catalogado, en la que no se pueden hacer todas las reformas deseables, aunque el confort de las pocas habitaciones que encierra me pareció más que suficiente. Desde hace solo un par de meses, se pudo, por fin , instalar el ascensor. Justo al lado, se encuentran la piscina, un gran cenador cubierto para tomar los desayunos y, un poco más apartado, un edificio para la zona de banquetes y el restaurante de cocina más informal basada en arroces (de tipo alicantino que son los que le gusta a Aitor y pescados y carnes a la brasa).

Vastos jardines con algunas habitaciones en bungalows, palmeras y vergeles de naranjos conforman la vegetación que envuelve el edificio principal. Un remanso de paz ideal para pasar unos días. Solo estuve una noche y unas horas de la mañana del jueves, pero fue suficiente para seducirme. Aviso que este post va a parecerse a un pequeño publirreportaje. Pero, los que me conocen saben que difícilmente los hago sin que esté totalmente convencido de lo que escribo.

Por muy agradable que sea ese lugar,(ver la web) no sería motivo suficiente para una excursión, en este caso a los confines del país valenciano (Alcanar es el último pueblo antes de entrar en la provincia de Castellón). Y aquí el aliciente gastronómico es incuestionable. Y lo confima la mericidísima estrella de la guía roja que cayó justo hace justo un año, premiando a esta cocina fronteriza del territorio, pasada por el filtro valenciano y muy personal de Aitor. Como lo veremos en algunos platos, la impronta de la escuela Camarena se percibe en alvarios detalles (¡bendita influencia!), aunque el criterio personal es el que se impone cada vez más. Aitor me reconoce que una posible visita en los inicios me hubiera dejado otra impresión. La tentación de “acevichar” algún plato o de deslizar un aguachile en los menús, ha desaparecido por completo. Efectivamente, lo que degusté hace unos días me pareció una propuesta nítida de plasmar dos paisajes en el plato, el del entorno y el de los recuerdos gustativos del propio cocinero.

Y esto se percibe ya desde los aperitivos. Es siempre un momento importante ya que ese arranque determinará el marco mental con el que se aborda el menú, la predisposición del comensal a disfrutar o a aburrirse, según la expresividad de estos primeros bocados.

Cuando en Barcelona, se empieza a escuchar que estamos ya aburridos por el tártar de atún con aguacate o de los guisos de parpatana, Aitor rinde homenaje a su manera a este producto que tiene a solo unos pocos kilómetros de su casa (Balfegó se encuentra en la vecina Ametlla de Mar). Lo trabaja en forma de unos aperitivos absolutamente suculentos que elabora a partir de varios cortes del animal y hasta con su sangacho. Son platos de sus antiguas cartas que ha miniaturizado en formato de deliciosos bocados y que se tomarán en la barra, recordando al preludio que su maestro Camarena expone ante los comensales. Cada uno de ellos pasaría directo a la final de cualquier concurso de pinchos. Desde la sabrosa coca de tomate y pimiento con su lámina de ventresca curada en colatura hasta el “blanquet” (como una butifarra catalana) que emula a la perfcción el sabor de un embutido porcino, la croqueta de “carn d’olla” de atún, o el bikini de “morcilla” en el que las especias habituales de este tipo de preparaciones sazonan deliciosamente el despreciado sangacho del túnido. Llevo años viendo cómo los cocineros buscan reinterpretar varios pescados en chacinería marina (la trazabilidad creativa de este concepto es, sin duda, difícil de determinar aunque ha sido Ángel León quien lo desarrolló con más éxito, hace unos 12 años). Aquí tenía todo el sentido del mundo hacerlo, de esta manera y tan bien, con el atún.

Después de estos aperitivos, pude pasar a la mesa ya totalmente predispuesto a disfrutar del menú. No fueron bocados de trámite, habituales en cierta fine dining, sino una sabrosa declaración de intenciones. Allí me esperaba una segunda tanda de aperitivos en el que se iba a confirmar mi buena primera impresión : íbamos a pasar del langostino de La Rápita a la anchoa de Vinarós pasando por la cigala del Delta en este territorio bisagra que rodea Alcanar. Una alta cocina sabrosa del territorio y de la memoria, moderna en las formas sin recurrir a técnicas «de vanguardia» evidentes ni a nuevas fermentaciones muy en boga, que Aitor confiesa desconocer. Pero me pareció interesante su utilizaciones de lías de vino para potenciar sabores de un par de platos, tanto salado como dulce.  

Un equipo de cocina reducido por la complejidad de la propuesta. Marc bel en los fogones y Aitor a caballo entre cocina y sala.

Menú Sol de Riu (100€)

Quise empezar con poco alcohol:

Coca de pimiento, tomate y atún y ventresca en colatura

Blanquet de atún rojo

Morcilla de sangacho de atún rojo

Croqueta de «carn d’olla» de atún rojo y su «cecina»

Cebolla asada, tártar de cigala del Delta y estragón

Remolacha asada, requesón y anchoa de Vinaròs

Infusión fría de verduras

Delicioso consomé vegetal que me supo a poco…

Langostino de La Rápita cocinado en la sala

Tan «al natural» que podía parecer «soso» después de tantos sabrosos bocados.

Excelente pan de Ca Massita y mantequilla de oveja de Calaveruela

Este vino me encantó, y no solo por su baja graduación : 9º5 . Estoy probando vino del Penedés (hace poco en tinto) que me gustan mucho Ver web de la bodega

Puerro asado, meunière de café y vinagreta de llisa ahumada y cilantro

Aitor quiere trabajar cada vez más las verduras y cada vez menos la carne que, como veremos, tiene un papel segundario en su menú.

Espárrago en conserva , palometón curado, pil pil de lías de garnacha de la Terra Alta, y avellana de Reus

Un plato complejo en sabores y texturas (todo no puede ser minimalismo…). Me gustó la aportación picante de la harissa.

Me gustaron las dos conservas «caseras» del menú (este espárrago y un melocotón de postre). Solo quiero señalar que ocupan el espacio de dos productos que podrían ser de temporada. Una calabaza y un caqui, por ejemplo. La temporalidad también es un «paisaje».

Ravioli de «gambes amb bledes» y su consomé al palo cortado

Puntos de sofrito de tomate, col kale frita. Un plato tradicional valenciano tratado con elegancia y sabor. El consomé estaba espectacular.

Alcachofitas fritas, jugo de sepia a la bruta, limón y perejil

Sepionetas apenas acariciadas por el calor. El frescor del limón y del perejil. Otro gran plato, aquí sí, con la verdura estrella del otoño-invierno: la alcachofa.

Detalle de los mini picatostes: un toque crujiente que le gusta mucho poner a Ricard en algunos de sus platos.

Vídeo de Aitor sirviendo el plato. A la hora del servicio, está en un vaivén constante entre sala y cocina, pero su brazo derecho Marc Bel cumple perfectamente en los fogones.

Suquet de pescadilla de La Rápita y buñuelo de su brandada con su cococha

Algunos comensales comentan que es un plato «feo». A mi me parece bello ver esas lascas nacaradas del pescado. Ni serviría el suquet desde la jarra: dejaría que el comensal descubriera ese untuoso jugo, en menor cantidad, y los tropezones de judías verdes hincando la cuchara. (ver vídeo). El buñuelo tenía un sabor rico e intenso, como si fuera de bacalao.

Arroz carnaroli con hoja de limonero y berberechos

Un plato que quise degustar y que no está en el menú. Buen punto de cocción, aunque prefiere otras variedades de arroz que se integren mejor con los jugos o caldos. Potente aroma de la hoja de limonero que podría llegar a cansar en raciones más grandes. Tal vez mejor con menos salsa.

Tendones de atún con jugo de pimientos asados y habitas

Un producto escaso que se encuentra en la cola del animal y que no se consigue fácilmente. Es un plato que no está fijo en el menú. Solo hice un pequeño comentario, inmediatamente aceptado por Aitor, sobre las habitas repeladas. Un exceso de celo que suelen tener los cocineros al repelar este producto cuya magia consiste justamente en su fino envoltorio gelatinoso que tiene la habita y que «explota» en boca.

Boletus y níscalos en consomé de fricandó. Picaña madurada

Ya veremos en estos tres últimos platos el sitio que otorga Aitor a la «carne» : dos láminas de picaña, un trocito de perdiz de tiro (ya que estamos en temporada de caza) y un jugo de capipota para un Wellington vegetal. En dos de estos platos la carne es solo un acompañamiento.

Perdiz con su parfait y col asada

Me encantó ese guiso de col. (Tal vez con más col y menos salsa).

«Wellington» de berenjena ahumada, jugo de capipota, yogur de oveja aliñado

El hojaldre estaba perfectamente crujiente. Solo con el jugo colado del capipota , se aportaría la gelatinosidad cárnica al plato que complementa la untuosidad ácida del yogur reforzada con sumac.

Naranjo, naranja y semillas

Melocotón en conserva asado, crema de mantequilla y lías,moscatel y helado de levadura

Este postre funcionaría muy bien con una fruta de temporada como el caqui persimón, por ejemplo, pero estaba riquísimo con ese melocotón. Mucha complejidad, pero todo armónico y muy goloso sin ser empalogoso.

Lemón Pie, brioche con chocolate deshecho, esponja de chocolate blanco y curry , carquiñoli

En resumen: este restaurante se merece, sin duda, una excursión…En temporada baja, las habitaciones tienen precio muy razonables.

Menú Sol de Riu 104€, Menú Montsià 85 € y Menú Lo Canar 55€

En un tiempo en que (por varios motivos) los precios se disparan, se agradece esta contención en los precios.

CITRUS del TANCAT

Alcanar

(Tarragona)

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NAIROD nov.2025 (Barcelona)

Publicado por Philippe Regol el 18/11/2025
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David Rustarazo detrás con Lorena y Guillem Giralt su brazo derecho, Giuseppe, Dana y Waquas

DAVID RUSTARAZO me recuerda que me conoció hace ya 22 años, el primer mes que él empezaba a trabajar en cocina. Era un restaurante de la Rambla del Raval, que ya no existe como lugar interesante, justa a 100m del actual Suculent. Estuvo trabajando con Paco Guzman, con Rafa Peña , hace 15 años, en el Rte Lluçanés, en Inopia y colaboró en aperturas de restaurante en Nueva York o Miami, y 5 años al lado de Albert Ventura.

Ahora lleva 6 años en este proyecto personal que visité desde el primer momento.

Con su vecino David Morera del rte Deliri, Rusti (como se le llama) es, sin duda el mejor discípulo de Albert. Ambos demuestran que se puede captar la esencia de una cocina de un maestro sin caer en la simple reproducción de la misma.

Son restaurantes en los que se trabaja fantásticamente la caza. Y es ahora cuando es recomendable visitarlos.
Rusti me improvisó un “menú caza”, tal vez un poco desequilibrado, pero su intención era hacerme probar prácticamente todos sus platos de animales de pelo y pluma. Desde la fresca perdiz escabechada del primer plato hasta el magnífico farcellet de liebre a la royale del final, pasando por la galantina de faisán en escudella (de la que hablaremos luego) o el espléndido Wellington de paloma torcaz, al que se le había añadido un toque de sardina ahumada, casi transformándolo en un curioso mar y montaña. Todos eran platos que se pueden degustar a la carta y, algunos, en su menú de caza que ofrece a sus clientes interesados (90€).

En NAIROD , se hace un poco todo a la medida del cliente. En mi caso sin mi consentimiento ya que Rusti se negó a cocinarme un arroz (me encantan su sencillez y el punto que les da) y se empeñó en hacerme subir el ácido úrico (broma). Suerte de la alcachofa rellena de brandada con vizcaína y de los boletus (ceps) en un pil pil al vino fino, un plato memorable que se sirvió con parpatana de mero, pero que se puede presentar con cualquier otro acompañamiento. Efectivamente, la parte principal del plato son estos ceps melosos, gelatinosos y firmes a la vez, con ese aroma a Jerez. Espero que los defensores de los insípidos carpaccios de boletus lo prueben y se den cuenta de la diferencia. El cep se revela mil veces mejor al cocinarlo (el carpaccio de cep del Bulli del inicio de los 90 se confitaba previamente y 30 años más tarde Albert también lo cocina en un plato magnífico de Enigma). También degusté este otoño un boletus en O Pazo y me entusiasmó. A veces, “le cuit” es mejor que “le cru”.  Con la moda japo, hemos fetichizado lo crudo al que atribuimos connotaciones de naturalidad y de pureza gustativa que no funciona, y de lejos, para todo.

Perdón por la digresión. Este plato de ceps estaba muy bien y creo que la butifarra de perol, que a veces se les pone de acompañamiento, les podría quitar protagonismo a la seta. Si no puede siempre ser parpatana de mero, que sea al menos un pescado turgente.

Me sobró el fricandó de parpatana de atún, más por la repetición de otra salsa que por algún otro motivo, aunque cada vez encuentro menos interesantes estos platos con atún.

Perfecto colofón a este gran menú: caqui en dos texturas (daditos de persimon), crema de payoyo y tropezones de crumble de canela. A veces no hace falta que el cocinero despliegue mucha técnica pastelera (que pocas veces tiene). Simplemente que trate una fruta de temporada con la sencillez y sensibilidad que requiere puede tener excelentes resultados. Un postre perfecto sin efectos visuales especiales, pero riquísimo.

4 aceitunas y enseguida se va a lío…

Perdiz roja con emulsión de escabeche

«Con» no «en» escabeche ya que el escabeche tradicional suele resecar la carne. El escabeche como un aliño.

El veneciano Giuseppe La Porta acertó de pleno con el vino. Iba a beber 1 copa y bebí más de dos. Un vino excelente de poca intervención. Este camarero, que habla castellano a la perfección, catalán e inglés, se irá al final de mes después de 2 años en Nairod para reunirse con su hermano en el restaurante de la familia en París : la Osteria Goto.

Alcachofa rellena de brandada de bacalao, en tempura, con vizcaína

La masa estaba algo húmeda. Sugiero un «sombrero» de masa de tempura encima de la alcachofa.

Codorniz de Vendée rellena, jugo de pollo, berenjena escalivada

Creo que no le hacía falta a esta carne nada más que el jugo.

Vajilla de porcelana vintage

Galantina de faisán rellena de carne de «pilota», seta «fredolics», conchigliette y un caldo de escudella

La pasta estaba demasiado al dente, lo que no es la idea de una pasta de caldo que tiene que tener una textura muy amable.

El caldo de la escudella me pareció estrastoférico : estaba ligado con «Curat de Búfala», un queso de la quesería Monbrú (comarca del Moianés.(Su Sarró de Búfala acaba de recibir el primer premio en el Word Cheese Awards de Suiza!)

La idea interesante aquí es atrverse a ligar una caldo de escudella con un queso y que quede de una finura láctica deliciosa. y además, un queso de proximidad, sin ir a buscar los habituales quesos frances, italianos o suisos. No seamos papanatas: tenemos ahora más que nunca unos quesos fantásticos. Usémoslos para cocinar.

Un italiano que explica en este vídeo que han usado un queso catalán , de características similares , aunque evidentemente no idénticas a un parmesano, para perfumar ese caldo. El resultado es de 10.

Boletus con su pil pil al Jerez y parpatana

Wellington de paloma torcaz y sardina ahumada con col lombarda

Parpatana de atún

No me convenció la textura demasiado desmigada.

Puré de patata

Creo que me puso el puré a parte porque sabía que no me gustan este tipo de guarniciones se mezclen con la salsa.

La liebre en su gasa.

Liebre a la Royale envuelta en cola, crema de boniato lila

Un mix entre la del Senado Couteaux y la «Périgourdine», ya que llevaba foie-gras.

Caqui con crema de payoyo, dados de caqui persimon, crumble de canela

NAIROD

Barcelona

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CASA FIERO nov.2025 (Barcelona)

Publicado por Philippe Regol el 14/11/2025
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Ambiente de bistó contemporáneo. Cocina vista.

Víctor Ródenas estaba esa noche en el Rte Maleducat. Todo estuvo bajo la dirección de Germán (detrás, con la barba) en cocina.

Y de Marc García en la sala. Magnífica recomendación. Este tinto gallego…

12º de perfección. Para a quien le guste, los tintorros de 14 o 15º

CASA FIERO ya está abierto desde el verano pasado, pero es solo ahora cuando lo he visitado. A veces, llego un poco tarde a estas nuevas (y no tan nuevas) aperturas que florecen por Barcelona a un ritmo vertiginoso.

Si el Maleducat de VÍCTOR RÓDENAS y MARC GARCÍA era como un bistronómico de cocina moderna en pleno barrio de Sant Antoni, (ver mis posts), perfectamente situado a 100m de su hermoso mercado, aquí se quiso recuperar la tradicional casa de comida para actualizarla en el ambiente y proponer una taberna ilustrada con algunos de los gustos de 2025. Brasa, las croquetas, los bravas, los macarrones, los fideos a la cazuela, el steak tartar, el flan (sí pero de los cremosos), el milhojas de crema (sí pero de haba tonka) etc. Y no podían faltar los cócteles, verdadera fiebre en la nueva restauración.

La carta es como una declaración de intención claramente anti creativa, con la voluntad de reproducir los platos que ya están en el imaginario de la gente, de la de cierta edad, pero también de la más joven. ¿Cómo negar que estamos en un momento de cansamiento de las cocinas parlanchinas y de las que pretenden hacernos pensar? Para bien o para mal, no se quiere pensar. O diría que, como en mi caso, solo cuando realmente vale la pena. La gente quiere comer y, solo de vez en cuando, cuando acude a un “gran” restaurante querrá prestarse al juego de los relatos, de las indicaciones para degustar, del hermoso encorsetamiento del servicio y de las “pijaditas” en el plato. (Porqué es así como llama el “pueblo llano” lo que llamamos nosotros, los “enteradillos” que vivimos en nuestra burbuja, “complejidad culinaria”. No nos engañemos). De vez en cuando la gente «normal» acude a grandes restaurantes para celebrar algo o jugar al juego del foodie, pero deseando volver rápidamente a la taberna ( la gastronómica para los que pueden, o la de la vuelta de la esquina para los otros).

CASA FIERO responde a este deseo de cocina confortable, como la define el mismo Marc, en el que el cliente desea que se le acoja con una buena sonrisa, como lo sabe hacer él, que ya le prepar para la comida rica que espera degustar. La carta es extensa (tal vez demasiado) y quiere colmar todos los gustos. Todos los deseos no se podrán saciar en una sola visita. Justamente todo está pensado para que el cliente vuelva a probar el resto en otra ocasión. La carta como nueva aspiración de libertad…En cambio, otros restaurantes eligen la fórmula de los menús degustaciones cerrados, lo que garantiza una facturación mínima en el momento, pero dificulta un poco más una rápida segunda o tercera visita. Casa Fiero sería un restaurante que se podría llama “de repetir” , de modelo “Alkostat” que Jordi tuvo la inteligencia de poner en marcha justo al lado de su gastronómico,  que sería de visita semestral o hasta anual.

En mi caso, me encantaría volver a Casa Fiero, aunque dejando, tal vez, de lado lo que menos me convenció que fue el pescado a la brasa: lo más caro de la cuenta y lo menos gratificante por su sobre cocción (y su precio…). Si se exceptúan estas sugerencias del día con productos últimamente un poco subidos de precio, creo que se puede comer muy bien y a un precio razonable.

La croqueta me pareció deliciosa : tiene la textura cremosa de las del Norte, pero con un sabor mucho más marcado en la bechamel/velouté. Además con sus pequeños tropezones. Correcta la ensaladilla, ligeramente avinagrada en exceso.

Muy buena la tosta de picaña madurada con yema curada y parmesano rallado poco potente. Seguro que con un queso curado de proximidad, quedaría aun mejor…Los italianos, ellos, no compran nuestros quesos…

Lo que me encantó fue también esa mahonesa con sabor a grasa de jamón de bellota que acompañaba unos buñuelitos de dados de bacalao, como en una delicada tempura (mejor servirlos sobre un papel más absorbente). En cuanto a los fideos a la cazuela, con su jugo de rustido riquísimo, sugeriría un par de minutos más de cocción para permitir que se impregnen mejor del mismo.

Flan de 10. Milhojas de 7. Le faltaba un poco de crujiente al hojaldre. Germán el jefe de cocina me explicó que habían dejado de caramelizarlo porque se volvía demasiado quebradizo. En vez de la densa ganache de chocolate blanco, tal vez quedaría más ligero con una crema pastelera.

Ganas de volver un día para las bravas, los macarrones y otros platos que nos hacen felices, y que no nos exigen toda nuestra atención. La gente sale para estar junta y charlar, no lo olvidemos, cada vez menos para pasmarse antes vuestras increíbles creaciones y para escuchar largas explicaciones. Son cosas sabidas, pero parece que son comentarios que se oyen aun más en estos últimos tiempos. Ya puesto a jugar a esto, tenemos a Enigma donde los camareros te explican lo que hay que explicar, pero una vez haya degustado el plato. Tal vez ese ese el momento más propició en el que el comensal está más dispuesto a atender.

Ensaladilla de patata, huevo y bonito

Coca de picaña madurada Discarlux, yema ahumada, parmesano

Croqueta de jamón ibérico de bellota

Dados de bacalao fritos con mahonesa de jamón ibérico de bellota

Fideos a la cazuela con bacalao, costilla, salchicha y tirabeques

Virrey a la brasa

Algo pasado de cocción. En cambio excelentes los pimientos escalivados de la guarnición (invitación de la casa). El precio (60€ la media ración) me extrañó ya que, en la carta de la web, la lubina entera estaba en 80€.

Flan cremoso de yemas con chantilly y ralladura de lima

Milhojas de cremoso de haba tonka, frambuesas y caramelo salado

CASA FIERO

Barcelona

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Taverna TEÒRIC nov.2025 (Barcelona)

Publicado por Philippe Regol el 10/11/2025
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Gastronomía de la humildad frente a la de la vanidad

Ayer, una publicación de @culinary_evolution en Instagram me puso de mal humor y, como no sabía como compartir mis reflexiones/indignación lo he colado en este post para que contraste con mi reciente comida improvisada en la Taverna Teòric . Se trata del último “concepto” de Anne Sophie Pic (tres estrellas en Valencia y con restaurantes por medio mundo). Se les propone a los comensales husmear varias combinaciones de aromas para que elija unos platos que corresponderán (o pretenden corresponder), en su degustación, a dichos aromas previamente oliscados, como si fuesen perfumes :   vainilla/ambar, sotobosque/especias o yodo/flores. Los comentarios dejados por la gente son tranquilizadores (lo que no es siempre el caso en Instagram donde se suele comprar cualquier tontería). Casi todos califican la ocurrencia de grandiosa gilipollez y que paren ya las máquinas.

Estamos antes un tipo de “creatividad gadget”, “creatividad” inducida, forzada y vacua, producto de la falta de imaginación para encontrar reales innovaciones en cocina, no siempre fáciles de descubrir ni al alcance de cualquier cocinero. Y esta cocinera, no pasará precisamente a la historia por haber descubierto nada trascendente (ver mis tres posts: Maison Pic, André y La Dame de Pic). Siempre se mueve en estos terrenos de los aromas sutiles, de los gustos tan tenues que ni se aprecian, de ese dulzor/dulzura que empalaga el paladar como la mente.

Evidentemente no es la única que cae en este tipo de gesticulación absurda. Aquí muchos de nuestros buenos cocineros (o cocineras) han caído y caen en estos discursos, en este plus inducido y metido con calzador de la ocurrencia lúdico-artística-pseudocientifica en los menús. Se ve que una cocina sin relato tendrá dificultad para llamar la atención de la prensa o, incluso, de cierta clientela, más interesada en la tontería (no encuentro otra palabra para definir aquello) que en la cocina elaborada según sus propios recursos. Siempre he pensado que la combinación producto, técnica, profesionalidad y, cada vez que se puede personalidad del cocinero, eran herramientas suficientemente válidas, vastas y fecundas para satisfacer un comensal , por muy ávido de descubrimientos que sea, entre los que me incluyo, sí, pero no a cualquier precio. También la vajilla deslumbrante o fantasiosa puede tapar, muchas veces, las carencias del propio contenido del plato. Deja al comensal impresionado por el continente, embobado, y este no se fijará en la inanidad del contenido. Pero no era el tema de hoy.

No estoy dispuesto a que me presenten cualquier sofisticación ampulosa y pretenciosa para que me “emocione” y me maraville ante cualquiera ingeniosidad u ocurrencia. De hecho mis más grandes emociones gastronómicas han sido provocadas con platos o degustaciones que no estaban anunciadas como asombrosas por el cocinero o el servicio de sala. La emoción la decido yo y dependerá de tantos factores que llegará, o no, imprevisible y fortuita. Las emociones programadas no van conmigo.

Además no siempre es posible emocionarse con grandes platos creativos como un soufflé etéreo de mozzarella. A veces, simplemente es gratificante comer bien o muy bien, y esto también puede provocarte pequeñas “alegrías” que recuerdas : un perfecto rossejat de fideos con calamares y mejillones de roca, la cocción nacarada de una lubina con su piel crujiente, una royale de cebolla, unas berenjenas fritas tratadas como unas bravas, un muslo de pollo campero a la brasa relleno de langostinos, unos callos con patata ratte y chipotle, una terrina de foie e hígado de rape, unos calamares rellenos, una piel de rodaballo con manitas de cerdo y emulsión de ñoras…Y aquí cierro esta primera parte que llamaría de la «vanidad».

Sigue la de la humildad y de su encanto:

Oriol Casals detrás a la izquierda, al lado su brazo derecho de siempre Antonio López, y delante a la izquierda Eudald Martín, forman el núcleo duro del equipo.

Teo Rubio, socio de Oriol y jefe de sala, con su pequeño equipo.

El otro día, en la TAVERNA TEÒRIC , tuve también esta impresión de que iba a salir muy satisfecho. Que ese menú improvisado (el comedor estaba lleno, pero me hicieron un hueco) era exactamente lo que buscaba: no un menú degustación completo, ni un menú del día en el bar de la esquina.

Este restaurante que lleva ya 8 años abierto e, inexplicablemente, no está ni nombrado en la guía michelín, ofrece sin embargo lo que mucha gente busca en estos momentos: una excelente taberna ilustrada, que no se jacta en cada momento de la catalanidad de su cocina, pero que ofrece platos que combinan productos de proximidad y ecológicos (o casi, en el caso de la charcutería de Cal Rovira), verduras de Can Fisas (las patatas de la raya del Cim i Tomba me encantaron), mar y montañas personalizados, con mimo, sabor, y a precio de lo más razonable. Como en el caso de La Sosenga, o de Direkte, el secreto está en hacer dos turnos. Un aforo de 20 puede transformarse en un servicio de 40 personas y esto se replica a la noche, aunque no siempre se llene el 2° turno. Sabiendo además que no te van a servir ni foie, ni atún Balfegó, ni caviar chino, sino raya, calamar y carrillera, las cuentas salen y el cliente sale muy satisfecho. Tres menús: Corto (50€), largo (65) y veggie (50). Es el Bib Gourmand perfecto. Una excelencia posibilista que colma las inquietudes del gourmet que no se conforma con  el tapeo del bar de la esquina, ni que se puede pagar un restaurante llamado gastronómico al uso. El perfecto bistronómico de «toda la vida».

 Capuchino de boletus y topinambo

Podría recordar al capuchino de caza de ElBulli o, a los más veteranos, «le capuccino de champignons des bois» de Alain Chapel. Aquí, según el jefe de sala Teo Rubio , el símil sería el de una cerveza negra con su espuma. Lo importante es que está muy rico y la espuma lo suficiente consistente.

Torronada de garbanzos, butifarra negra, polvo de cítricos y menta

Una preparación a base de puré de garbanzos y carne de cerdo que se tuesta como un trinxat en la sartén. Es tradicional del Maresme y la encontré versionada, recientemente, en el restaurante Franca de Barcelona. También he sospechado que los buenísimos sticks crujientes y cremosos de garbanzos en forma de patata Pont Neuf que he degustado un par de veces en el Clown Bar de París, podrían ser una versión de esta elaboración , ya que allí desfilaron dos cocineros catalanes.

La cocción de la raya

Cim i Tomba de raya

Con deliciosas patatas de Can Fisas, hervidas y risoladas en el horno con hierbas, y un buen sofrito.

Otra receta catalana, esta vez de Tossa de Mar, en la comarca de La Selva. Sofrito de tomate y cebolla, caldo de pescado, patata, pero al final se liga «alioli negat» , lo que me recuerda la bourride de Sète o un gazpachelo denso.

Juntar las preparaciones que vienen por separado, permite que el punto de cada cosa esté perfecto. El chup chup, no es todo ventajas y , a veces, uniformiza demasiado los componentes de un plato.

Fideos a la cazuela Mar y Montaña

Con butifarra de Cal Rovira, mini langostinos de La Rápita y alioli de azafrán. El caldo era de pescado, de ahí lo de «mar y montaña». Excelente de sabor. El fideo hubiera soportado 1mn más de cocción y un poco más de ese delicioso alioli. Otro detalle: mejor unos daditos de papada que de cansalada: esta, al saltearse, resulta más correosa. Pero es un plato de salivar, para volver mañana mismo…

Calamar, panceta, yema de huevo y rebozuelos

Y jugo de rustido.

El calamar fresco había llegado esa mañana. Tierno, cocción nacarada por dentro. Un plato riquísimo.

«Pijama» con flan , helado de vainilla y caquí

El caqui sustituye al melocotón del clásico «pijama», aquel postre creado en el restaurante 7 Portes cuya palabra evocaba la «peach Melba» que reclamaban los marines americanos que visitaban en los años 50 esta casa. Al final, Paco Solé Parellada, el alma de la casa, propuso su versión libre de ese postre de Escoffier y así nació el pijama. Un postre que sigue en la carta del 7 Portes. La versión de Oriol me encantó. Flan muy untuoso e impecable helado de vainilla . Recomendaría el caqui persimón, más parecido a la textura firme del melocotón de Calanda o de Ordal. Me abuela le ponía una gotas de limón y de ron, que le iban perfecto. Lo sigo preparando así en mi casa y sustituyo la nata por yogur griego (de La Fageda).

Teo siempre encuentra algo de mi gusto.

Hasta sirven un carquiñoli de pistacho con el café. Como os lo decía, ¡Taverna Teòric es el Bib Gourmand perfecto!

TAVERNA TEÒRIC

Barcelona

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¡Viva la Cocina Catalana viva!

Publicado por Philippe Regol el 08/11/2025
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La cocina catalana, la nueva o la de “toda la vida” (¿pero alguien puede decirnos en qué fecha empieza la tradición?) está de moda, aunque siempre ha estado allí, a veces aletargada, a veces agazapada, esperando retornos gloriosos. No solo la teoría del péndulo ha hecho que reapareciera en primera fila del escenario mediático. También han servido para esta “renaixença” los que no se movieron de donde estaban y apostaron por ella. Es decir todos los cocineros llamados, para ir rápido, “modernos» han jugado su papel.

Esta cocina catalana moderna, creativa es precisamente la que ha permitido, a veces con sus segundas marcas (bares, bistronómicos, “cases de menjars”, tabernas, gastrobares  etc) la recuperación de los capipotas y otros fricandós, y la enorme mejora de los platos llamados tradicionales que habían degenerado bastante, si no caído en desuso, hasta tal punto que hace aun 15 o 20 años Ferran Adrià deploraba que era difícil encontrar en Barcelona una cocina tradicional digna.(Por cierto, más que desplazar a la cocina tradicional durante los años 80-2000, la cocina bulliniana ocupó un vacío que habían dejado otras cocinas, cuyos representaciones de excelencia se contaban sobre los dedos de una mano, después de la desaparición del Agut d’Avinyó, Jaume de Provença o Reno: (Hispania, Cal Isidre, Gaig, El Motel, Set Portes…son algunos de los que mantuvieron la llama, hasta hoy). Pero El Bulli fue el revulsivo necesario (aunque a veces se percibiera entonces como excesivo) para poner Cataluña en el mapa mundial y elevar el listón gastronómico general, y no solo el de Cataluña.   

En 2025, la cosa ha cambiado, y nunca se habían visto tantas casas de comida abiertas por gente joven, en las que capipotas, fricandós o fideos a la cazuela seducen nuevas generaciones de cocineros y de clientes. Aquí habría que reconocer tal vez el combate tenaz y de largo recorrido que Jordi Vilà ha librado durante 25 años por diseñar una cocina moderna y abierta, pero con un profundo ADN catalán (ver sus romescos o escudellas actualizadas)…
Hoy, menos que nunca, la realidad culinaria de Cataluña no se sitúa en absoluto entre una cocina tradicional despechada y una alta cocina contemporánea sobrevalorada, como se insinúa en algunas actitudes frioleras ante “lo nuevo”. La cocina catalana es una cosa viva, como siempre lo ha sido a lo largo de la historia y goza de una “mala salud de hierro” justamente gracias a esta simbiosis, a este intercambio permanente entre los gustos y referentes del pasado con las nuevas vías de la modernidad culinaria. Insisto, la innovación de esta nueva generación de cocineros ha servido para mejorar la cocina de ayer. La croqueta de la abuela muchas veces resultaba apelmazada, (como, de la misma manera, las cocciones en tiempo de Escoffier dejaban mucho que desear…). Hoy la croqueta del nuevo restaurante Sisé de Ángel Esteve de Lleida es una pequeña obra de arte de sabor y delicadeza que ninguna “tradición” había alcanzado. Y uno de los mejores fricandós del país podría ser, sin duda, el del Direkte, aunque lleve vieira en vez de la fibra cárnica, y nos provoca el paladar y la mente con su polvo de sishimi foráneo (pero no más que podía hacerlo el pimentón cuando se empezó a usar en el siglo XVI).

¡Sí a la integración del pasado en la cocina moderna! Y a la modernidad en la cocina de antaño.  También un “no” rotundo a sus mitificaciones. Tanto lo moderno como lo tradicional no son garantías, por si solos, de excelencia. La mitología de la cocina del Sent Soví (cocina proto-tradicional del siglo XIV) puede ser estimulante para afirmar una identidad culinaria propia en un mundo globalizado, pero a la condición que se pase por el tamiz de un cierto criterio evolutivo (como mínimo se le pide que sea menos dulce, menos agría, menos especiada…). Este es el reto. 

 ¡Sí a la justa valoración de un patrimonio, pero habría que evitar también los proteccionismos retrógrados! Estamos abusando de estas peticiones permanentes de amparo ante instituciones internacionales (Unesco etc).. Al final hay peticiones para todo: «La Tapa Española», la paella, y habrá para el botillo o el paparajote murciano. Tiempo al tiempo….

 Lo podríamos entender cuando se trata de monumentos históricos (aunque ellos también han vivido su aggiornamento como la catedral (neo) gótica de Barcelona, violada por Viollet-Leduc), pero se entiende menos cuando se trata de movimientos rabiosamente vivos y en constante evolución como lo es la cocina. La cocina catalana está aprendiendo a defenderse sola, o mejor dicho gracias al dinamismo de sus cocineros capaces de tocar todos los estilos y mezclarlos con su propio criterio. Citaremos luego algunos de ellos, y veremos que son casi todos inclasificables. Y las cocinas son cada vez más mestizas y abocadas a la «innovación permanente». Solo se autoexcluyen de la “catalanidad” (en mayor o menor proporción) las que se reivindican claramente como “viajeras”, o nítidamente étnicas. Otras se quedan en el limbo del eclectismo y de cierta indefinición, y no pasa nada, mientras se haga bien.

Pueden ser varias las vías para defender la catalanidad desde la modernidad : Jordi Vilà y su Mesa de Cocina Catalana, sería la línea más “pura”, ya que su menú empieza por una coca de recapte y acaba con una crema catalana.

En la parte opuesta, tenemos una vía más abierta como la de Direkte, pero en sus últimos menús, se percibe claramente un sustrato catalán en muchos de los platos, aparentemente ocultados, en una primera aproximación, por el aspecto viajero de la cocina de Arnau Muñío. ¿Cómo calificar sus ostras con jugo de capipota, su anguila del Delta con tofú y berenjena, su pollo con gambas, sin “pollo”, pero con todo su sabor, y su fricandó con vieira? Son claros mar y montañas del siglo XXI.

Consciente de la dificultad que existe en poner etiquetas y del peligro que hay en llamar “cocina catalana” a todo, lo que no satisfaría ni los propios cocineros que la hacen, en su mayoría ajenos a estas preocupaciones o consideraciones taxonómicas, explicaba en una reciente reseña sobre la cocina del restaurante Direkte que la percibía como la expresión de una Nova Cuina Catalana, más que como una simple expresión culinaria “viajera”, término reduccionista que la podría banalizar. ¿»Cocina viajera» no sería el nuevo «cocina fusión», término que todos hemos rechazado en estas dos últimas décadas?

“Aquí la influencia oriental que le apasiona a Arnau (y que nos encanta a muchos) tiene un gran protagonismo en el plato. Pero siempre va acompañada de un punto de anclaje territorial, patrimonial”.

Otra vía emblemática sería la de Els Tinars, con una cocina catalana, algo afrancesada en sus inicios, pero catalana sin duda, y que ha sabido mantener esta aportación foránea integrándola con un atino indiscutible a su ADN. Lo afrancesado, presente en algunos platos, mucho menos que hace 30 años, no desequilibra su sello catalán, evidentemente personalizado. Solo en sus restaurantes de cocina más popular (Cal Ros, Bell-Lloc) se ciñe a lo que identificamos, en estos momentos, como “cocina catalana tradicional”. (Por cierto, “lo afrancesado”, en sus versión clásica-vintage, ha vuelta a inmiscuirse en la modernidad contemporánea en forma de liebres a la Royale, Pithivier, bearnesas, Choron, Foyot , meunières o beurre blancs).

En estos tres ejemplos anteriores(Alkimia, Direkte, Tinars), vemos que el aire de fuera entra y ventila la casa, y esto, desde siempre.

 Aunque que parezca reiterativo, no está de más recordar algunos factores históricos que sustentan la idea de que la tradición no es algo que “es”, sino que “se hace”. Se construye con el paso del tiempo, con la incorporación de productos llegados de lejos, antes y ahora. Con la diferencia que antes, estos procesos eran más lentos.

La cocina catalana, como cualquiera otra que tenga suficientes rasgos como para poder mantener una identidad propia, no vive ni evoluciona en un compartimiento estanco, sino en contacto con otras cocinas, vecinas o más lejanas. 

La cocina catalana ha sido siempre abierta, permeable, integradora y asimiladora. Y esto es uno de sus factores esenciales y genuinos.

Sin caer en “el café para todos”, (según la conocida metáfora política), ni en la pretensión vana de poner puertas al campo, -es decir: todo no puede ser “cocina catalana” ni etiquetable fácilmente -, es importante aprovechar el contexto actual para hablar de esta cocina en un sentido amplio, plural y diverso. Es por eso que encuentro del todo oportuno que reivindiquemos el término “Nova Cuina Catalana”. No estoy seguro de que es pueda incluir bajo este paraguas las grandes marcas que han proyectado Cataluña por el mundo en este primer cuarto de siglo XX (la invocación al paisaje o a la historia nunca han sido su principal ocupación y prefieren usar parmesano o Comté antes que quesos locales ). Su importancia, como lo vimos en el caso de ElBulli ha sido otra. Ser un polo de atracción que ha permitido y permite que el turismo internacional se fije en toda la gastronomía que se esconde detrás. Recordemos el artículo del NYTimes del 2003 con Ferran Adrià en portada en el que se hablaba de «New Nouvelle Cuisine» (como lo vemos el recurso a la palabra «nueva, new, nouvelle o nova» no es «nuevo»): también se hablaba en el artículo de Alkimia y de varios restaurantes de Cataluña. No menospreciamos lo que aportan en estos momentos al conjunto de la gastronomía local restaurantes como Disfrutar, Enigma,Celler o Hermanos Torres, aunque no se autodefinen como «cocina catalana».

La etiqueta va dirigida sobre todo, a los que están interpretando, reinventando, redefiniendo la tradición, en esta suma de Territorio e Historia, con su propio impronta : solo por citar unos nombres, a parte de los mencionados anteriormente: Oriol Rovira (Els Casals),Artur Martinez (desde los inicios con su humilde Capritx y luego con su Aürt que está en stand by en estos próximos meses), Albert Ventura ( Coure), Oriol Ivern (Hisop), Germán Cipriano (Al Marge), Toni Romero (Suculent), David Rusty (Nairod), David Moreno (Deliri), Joel Castañé (La Boscana), Oriol Casals (rte Teòric), Rob Lechuga (Casa Parera), Fran Baixas (Franca), Marc Pérez (La Sosenga), La Jovita, Les Voltes, el recién abierto Melós de Miquel Pardo, o los flamantes ganadores Helena Termes y Jeffrey Ruiz (La Cort del Mos) etc etc etc…Un país es importante, gastronómicamente hablando, cuando complementa sus grandes figuras mediáticas de alta cocina con una red casi capilar de restaurantes más humildes que salpican su territorio. Para ver la lista completa (o casi : falta , por ejemplo, el maravilloso «Al Marge» de Badalona de Germán Espinosa, un ex del Alkimia), de estas cocinas, las de ayer y las de hoy, consultad la nueva guía AUGUSTA que justo acaba de presentarse en el Forum Gastronòmic de Barcelona que ha sido el escenario privilegiado de todo lo que comentamos aquí.

MELÓS nov.2025 (Barcelona)

Publicado por Philippe Regol el 04/11/2025
Publicado en: Uncategorized. Deja un comentario

El pequeño restaurante de alta cocina que Miquel Pardo acaba justo de estrenar…

La sencillez más absoluta. El lujo está en el plato.

No se descarta que se pueda comer o cenar aquí en alguna época del año.

De izquierda a derecha : Miquel Pardo, Juan Bambini (ex Casa Marcial y jefe de cocina de Cruix), Víctor Lerena el sumiller, Lucía Navarro que lleva la sala al alimón con Víctor…y el resto del equipo.

Sabíamos que MIQUEL PARDO era un muy buen cocinero por haber degustado sus platos en el CRUIX, este restaurante de cocina viajera riquísima, servida en su local de c/Entença (distinguida por un merecido Bib Gourmand). Allí lo que nos despistaba un poco era (es ya que sigue más abierto que nunca) su ambiente informal. Veíamos que muchos de los platos tenían un nivel que iba evidentemente mucho más allá de la ensaladilla y de las bravas, pero las formas nos impedían ver el fondo. Un fondo gastronómico que tampoco se podía expresar con toda la comodidad que se hubiera deseado desde las precarias instalaciones de cocina, de donde salían platos a veces complejos de ejecutar y hasta sus maravillosos arroces.

Miquel encontró este nuevo local de c/Mallorca con su bonita entrada modernista, su cocina media abierta espaciosa y ese pequeño jardín en medio de típico patio del Eixample y le empujó a hacer el camino inverso de lo que hacen muchos cocineros : pasar de la informalidad a la “formalidad”. Es decir expresarse aquí con el lenguaje y el ritual de sala de la alta cocina, cuando sabemos que estamos en un momento (en el fondo ¿cuándo no ha sido este momento?) de buscar fórmulas atractivas para convencer a una clientela que mira cada vez más lo que gasta en gastronomía. Los restaurantes de lujo a precio de lujo y clientela pudiente son, en estos momentos y cada vez más, un mundo a parte que viven una realidad paralela.

Los tickets entre 60 y 120€ son los que pueden tener más dificultades ya que es el terreno en el que se mueven los aficionados a la alta cocina de las clases medias. Las que hasta ahora llenan y deben seguir llenando los restaurantes. Y la competencia es feroz. (Y las especias invasoras de grandes grupos inversores no están arreglando las cosas…).

En este MELÓS , me esperaba como una buena casa de comida ilustrada y me encontré, sobre todo por cocina y servicio, un restaurante que ya podría tener una estrella. Pasada la sorpresa de los primeros aperitivos, empecé a cambiar el chip y poner en modo “alta cocina del territorio” : una fine dining, sí, pero que refleja todo el paisaje mental que Miquel se llevó a Barcelona, hace ya varios años, pero que no había podido expresar en su Cruix de sello más viajero, exceptuando su arroz que suele acabar sus menús. Y lo que aplaudo es que se haya llevado aquí también ese magnífico arroz seco. Es como decir : hacemos cocina viajera pero somos de Castelló. Y, ahora : “hacemos algo que se llama “alta cocina” pero seguimos reivindicando nuestro arroz que es nuestro sello de origen”. Y se servirá presentando la paella en la sala, como si estuviéramos en un pueblo de playa de Castelló. Eso sí, con una cigala “sin trabajo” King size y en su justo punto de “no-cocción”, tibia, tersa y melosa.

Todo el menú estará impregnado de esta territorialidad valenciana, tan cercana en el fondo a nuestro imaginario culinario catalán: aceite, naranja (como en Les Terres del Ebre), pimiento asado, anguila (que sea del Delta o de la albufera), fideos, arroz. Y ese magnífico mar y montaña de piel de rodaballo con embutido de manitas tostadas…Solo la chufa en el último postre pone la rúbrica exclusivamente valenciana al menú.

Y allí se para el “relato”: el resto es un desfile de bocados y platos que aúnan sutileza y sabor. En este filo tan difícil de conseguir que conforma una auténtica cocina elegante sin que se pierda en la inanidad estética del emplatado. Hasta en el sutil plato de pechuga curada de codorniz, que parecía ideal para la foto, encontré sabores bien marcados tanto de la (poca) curación, que me recordó la de un jamón de Bayona como en el transparente pero sabroso consomé de hortalizas. 

  90€ o 120€

Embutido de conejo y su consomé infusionado con manzanilla, pâté de sus interiores

Me gustó ese sutil pero identificable aroma floral de la manzanilla.

Empedrat de pil pil de bacalao con crujiente de alubias

Tartaleta de trucha ahumada del Pirineo y sus huevas

Coca de filo, anchoa, pil pil de cabeza de bonito y pimiento escalivado

Jugo de pollo a la catalana, acelga y cresta de gallo soufflé

El pan del Forn Sant Josep, preparado como un pase:

Aceite, emulsión de aceite de Castelló con naranja y aceituna, mantequilla de aceituna

Codorniz con «rossinyols de pi» encurtidos, consomé fresco de hortalizas

Consomé oscuro de codorniz

Lo vertí en el plato sopero de color claro para apreciar su aspecto.

Gírgola de castaño a la brasa con crema de anguila ahumada, gel de ficóide y yema

Tal vez estos dos elementos del plato eran meramente decorativos. Sería interesante más aportación de la yema. Lo esencial estaba en la seta a la brasa, de excelente textura y la untuosa y sabrosa crema ahumada.

«Tallarines« «de patata Red Pontiac con erizos, berberechos y salicornia

Un plato que me encantó por su frescor, la acidez de la emulsión, el suave toque dulce del erizo y el crocante de la patata,justo escaldada. Es mejor evitar que la patata esté totalmente cruda por su solanina (le ocurre lo mismo a la berenjena), aunque en estas proporciones, no creo que pasara nada.

Raya con fideos al azfrán y limón

Cocción yubiki , apenas escaldada, de una melosidad perfecta. Encima, estos fideos al azafrán y limón. Un plato que, en ración, funcionaría perfectamente.

Piel de rodaballo con su aleta, okra, embutido de manitas de cerdo crujiente y emulsión de ñora

Me recordó un falso risotto formado por decenas de estos «piñones» (con forma de arroz alargado) que conforman las aletas de los rodaballo y que degusté en el Celler hace una docena de años. Otro plato de pescado excepcional. Un delicioso mar y montaña.

Lucía Navarro acabando el plato.

Rabo, rábano picante y remolacha

En la secuencia final de la parte»fine dining», la ensalada fresca de remolachas con su granizado de remolacha fermentada y flores de tagete (¡se apreciaban!), se erige en el plato principal de los tres. Al menos el que se presenta delante del comensal y los otros en side dish. Más que la albóndiga de rabo con raifort rallado, fueron justamente esta ensalada que más me gustó pero también ese jugo concentrado con emulsión de raifort. Casi podía sobrar la «fibra» de la carne.

Miquel Pardo preparado para napar la cigala del arroz.

«La Paella»

Arroz bomba en su punto de cocción. Miquel suele hacer uno de los mejores arroces de la ciudad. Para poner un pequeño «pero» a este espléndido arroz seco, tal vez la potencia de la ortiguilla hace un poco de sombra a la delicadeza de la señora cigala que corona el arroz.

Mandarina

Galleta de almendra, crema de mandarina, nieve de kefir de oveja de La Cleda , piel de mandarina «degradada» con pectinasa. Un postre de territorio, de temporada, con técnica, y goloso sin que domine el dulzor. ¡Excelente! Solo me hubiera gustado un poco más de ese kefir…

Chufa y su «mole» con corteza y fartons

De casualidad, cocinando chufas en la occo, encontró la base de ese «mole» valenciano, lleno de profundos matices empireumáticos que dan el nervio gustativo a este gran postre.

Me encantó este vino…

En la atención al vino, VÍCTOR LERENA que me había servido hace casi un año en Saddle de Madrid, me hizo probar cuatro excelentes vinos. El primero con aires del mejor chardonnay de Borgoña, el segundo un tinto canario, el tercero un Ribeiro tinto que me encantó, y el cuarto, una rareza para acompañar los postres : un simple Gran Caus rosado de 19 años.

Este Melós, ya después de una semana de su apertura, se convierte de entrada en uno de los más interesantes restaurantes de la ciudad.

MELÓS

Barcelona

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