ENRIC BUENDÍA ( a la derecha) y ARISTIDES RIBALTA (a la izquierda) se conocieron en Disfrutar hace unos años. También pasaron por Mugaritz (Enric) y por L’O de Mont Sant Benet (Aristides), del tiempo de Jordi Llobet. De aquella amistad y sintonía profesional, nació KAMIKAZE.
Dos en cocina y un “pica”. No sé si el reducido espacio de la cocina-vista (que necesita una reforma integral urgente) daba para más personal. Lo que se cocina allí es milagroso. No imagino el esfuerzo de mise-en-place que supone servir estos menús degustación tan elaborados (90€ y 60€) en estas condiciones tan precarias. Las instalaciones de sala están mucho mejor.
En mi primera visita de hace dos veranos, justo cuando llevaban un par de semanas abiertos, con la terraza y el interior llenos, mi experiencia no fue muy satisfactoria. Tocaba volver, ahora que tienen todo un poco más por las manos. Además, al pasar de la vermutería/izakaya de entonces a un nivel de alta cocina japo-mediterránea más ambicioso, me pidieron amablemente que volviese para valorar el cambio.
Como lo vemos, tanto por el esfuerzo de realizar tal cocina en un espacio tan reducido, como esta pretensión de expresar una notable complejidad en los platos, suponen una actitud valiente que justifica el curioso nombre que quisieron poner al restaurante…
Esta vez el servicio fue mucho más ágil y el nivel de cocina, con algunas complicaciones a veces sobrantes, más que apreciable.
Quieren que el menú transcurra adornado por algunos pequeños toques escenográficos, a los cuales suelo ser generalmente insensible, pero que acepto siempre que haya sabor y una cierta elegancia en el plato. Ejemplo la falsa trufa de panipuri rellena de un picante y sabroso pâté de pollo de corral envuelto en polvo de trompeta y trufa. Se sirve «escondida» entre ramas de pino. El juego no es nuevo, pero era un bocado muy conseguido.
Encontré un buen dominio de las técnicas en el finísimo canelón de espuma de puerro con isomal, en la delicada tempura de shiso, el resultón bizcocho-micro de yuzu que acompañaba la salsa del salmonete, la perfecta cocción de la deliciosa pechuga de pato o el cubo de plátano “caramelizado” con la máquina Occo. En cambio, no me convenció la gelatina de boniato (agar) que llaman inexplicablemente “chawanmushi” (no tenía textura de royale o de flan), ilustrada con toques gustativos algo arriesgados (café-cacao-caviar). La cocción algo “crocante” del arroz (shari) para los cuatros sushis que se cuelan en medio del menú, molesta un poco en la degustación. Si fuese voluntario, sería un error. Sino es de fácil corrección.
No solo hubo aciertos en los bocados de lucimiento técnico, sino también en los momentos de sencillez: perfecto el marmitako de parpatana, al cual añadiría el ingrediente propio de la receta tradicional que sería la patata, en la forma que sea. La presencia de una pequeña rebanada de pan de algas de Triticum en el plato denota la necesidad de un pequeño acompañamiento. La patata tendría aquí más sentido. Un pan de algas que volveremos a encontrar al final, como base para un pincho de ganache de chocolate con wasabi y esferas de aceite. Una versión original acertada que renueva el manido y omnipresente postre extraído de la famosa merienda catalana.

En fin un buen desfile de platos con suficiente técnica y producto como para justificar los 90€, a pesar de que nuestros dos valientes amigos no se benefician aun de la popularidad como cocineros que justificaría tal cuenta.
Sopa de miso con sepia y wakame
Una sopa excelente. Imaginé unos «sobas» de sepia dentro del bol, y no degustados uno por uno sorbiendo poco a poco, como se recomendaba. Siempre se agradece la sencillez y comodidad de la degustación.
Galera. Granizado de lichi, lima y ras-el hanout
Creo que un toque de lima y especias en el mismo plato hubiera sido suficiente. Este sorbete lo vería perfecto como primer bocado refrescante antes de los postres.

«Chawanmushi», oscietra, cacao, café, piñones
«Canelón» de espuma de puerros thai, caviaroli de sésamo
Picante, dulzón, especiado. Técnicamente impecable. Podría ser perfectamente un postre.

«Tempura» de pollo de corral con kimchi
Intenso y delicioso bocado.
Hoja de shiso con mejillones escabechados picantes

Ventresca con salsa yuke

Nigiri de vaca madurada

Nigiri de anguila del Delta

Nigiri de rebozuelos
Anguila ahumada, maíz brasa, rabanito encurtido, «rossinyols» (rebozuelos) y vinagreta de pistachos
Un plato agradable, pero un poco anodino.
Salmonete al unilateral, bizcocho de yuzu, caviar
Marmitako de parpatana, jugo reducido , pan de algas
Pechuga de pato, salsa miso, «rebozuelos» salsa agridulce
Con la parpatana, uno de los mejores platos del menú.
No era magret , como pone el menú, sino pechuguita de pato. El magret es la pechuga grande de un pato cebado del que se extrae su foie-gras y los muslos para confitar. En los años 70, André Daguin (1 estrella en el Hotel de France de Auch en Gascuña) tuvo la idea de tratar esa pechuga, (que resultaba algo seca después de confitar), como un entrecôte de vacuno, «saignant». De allí nació el «magret» (en occitano)o «maigret» en francés, que iba a prosperar en las cartas de Francia (y de España en los 80). Carne que resultaba a veces algo correosa y cuya piel gruesa y grasa no llegaba casi nunca a cocinarse crujiente. La carne de los patos más pequeños, salvajes o no, resulta mucho más agradable, como en este caso.

Cordero a baja temperatura +brasa, crema de limón, menta
Hay ingredientes que se repiten un poco. Aquí el pistacho. En cambio, un taboulé (cuscús) que integrara la menta y la acidez del limón, harían inútil las aportaciones dulzones del praliné de pistacho y el velo del vino dulce (ese día no había amontillado).
Plátano caramelizado
Postre riquísimo. Técnica de la máquina coreana Occo. Leche de coco, ron, vainilla. Toffee, lima
Se sirve con un dedo de un curioso «vino» de plátano canario.

Pan de algas, caviaroli, ganache al wasabi, sal
¡Buen bocado! Se podría «rebozar» completamente la quenelle con las esferas, para que no se pierdan en el plato.

Servicio concienzudo y amabilísimo.
KAMIKAZE
2 menús pero también hay carta.































































































































































































