El interiorista Jaime Beriestain acaba de abrir un Café (con mayúscula) justo al lado de su tienda de la calle Pau Claris. Un Café donde se come. ¿ Qué está pasando con la palabra “restaurante”, qué está pasando con el concepto “restaurant”? Bistró, bar de tapas, gastrobar, cervecería, brasserie, fonda, taberna, barra, chiringuito, lobby o …Café. ¿El “restaurante” está en crisis? Y esta mañana justo antes publicar este post, me topo con este artículo de Capel en su Gastronotas que confirma mis dudas sobre la crisis de este modelo inventado en el Paris de principio del siglo XIX.
Este “espacio” de Jaime Beriestain tiene todos los signos de un lugar donde se come pero que no quiere que se le identifique con un restaurante al uso. Al entrar barra y larga mesa colectiva. Más adelante butacas y mesas redondas y bajas de café. Comer en mesas bajas es “tendencia”. Incómodo pero tendencia . Más incluso que comer en mesas altas (otra lacra del diseño gastronómico). Y como si se tratara de evitar por todas las maneras la ERGONOMÍA a la hora de comer…Al final lo más confortable fue comer en la mesa colectiva (“table d’hôtes” en francés).
Evidentemente no hay manteles, pero esto es algo ya generalizado. Como la música de fondo bastante alta o la poca iluminación, aunque fuera mediodía. Habría que ver a la noche. Pero todo rezuma buen gusto, como no podría ser de otra manera. Un Café que seguramente se podría encontrar en París, Londres o Nueva York en el que concurriría la gente “guapa” de la ciudad. Barcelona también tiene público para este tipo de lugar, autóctono o foráneo. Y está muy bien que exista.
Todo el ambiente deja entender que se da de comer pero que este espacio no está pensado para ello. Se parece a un Café, un Salón de té donde tomar un tentempié, un carrot cake o una tatin a media tarde. Pero la cosa va más allá. Hay una carta con platos de verdad y hasta un menú del día a 15 €, que parece tomar el 90 % de los presentes.
La carta pretende reflejar los gustos culinarios de su propietario. Algún guiño a la abuela Sofía con la sopa de cebolla, croqueta, pollo rustido con orejones ,(el toque cocina de la memoria), ñoquis y lasañas (la pasta italiana no puede faltar), arroz pilaf, patata Pont Neuf, tatín (pocas gabachadas), de japo u oriental curiosamente nada o casi nada (vieiras en tempura),algún arroz, un chuletón de dry-aged , una hamburguesa y “pies” variados en la carta de postre. Sin olvidar alguna guiño a la cocina “minceur” con las verduras al vapor y las anotaciones “platos libres de grasa” o “ sin azúcar añadido”. Sólo faltaban platos “sin gluten” o al menos no los vi. En fin una oferta ecléctica, variada, en la onda, para gustar a la clientela de estos sitios.
Para cumplir este comedido, se cuenta con el joven cocinero Pedro Salillas que conocimos hace un año en Mont Bar. Ahora se le requiere una cocina más adaptada a las circunstancias y al entorno. Es decir menos sofisticada y más directa.
Comí a la carta. Una ensaladilla con las verduras crocantes. Es una propuesta que hay que respetar aunque nuestra idea de esta tapa es de una textura mucho más pastosa o untuosa. Sólo le faltaba algo de encurtidos y un poco más de “caña” al aliño.Agradables los trocitos de pan crujiente repartidos por encima.
Correcta la croqueta de jamón ibérico, pero también un poco falta de potencia gustativa. Muy “láctea”.
Imponente ración de pollo rustido “pota blava” (15 €) que pedí SIN orejones ni ciruelas (contraindicando los cánones del recetario popular catalán). Que lo dulce-salado llegue por vía de la tradición culinaria o por la de la “pseudo-modernidad-Nouvelle-Cuisine-mal-entendida” me da completamente igual. Estoy harto del dulzor en la cocina salada. Sin su guarnición de frutas pasificadas, el muslo resultó bastante rico y el arroz pilaf en su punto.
Buen carrot cake pero, me sabe mal insistir con este tema del azúcar, demasiado dulzón para mi gusto (5 €).
Como no había ningún vino a la copa de menos de 14,5º, comí con agua con gas, que por una vez, y se agradece, no era ni Vichy Catalán ni San Pelegrino.…
Pan? No se me ofreció. Tampoco me hizo falta pero siempre me gusta probarlo y preguntar por su origen.
Servicio desbordado por la afluencia de clientes, pero amable, que es lo que más importa en estos casos.
CAFÉ
JAIME BERIESTAIN
93 315 07 82
C/Pau Claris nº 167
TWITTER. @PhilippeRegol
