ESPAÑA
AGRADABLE SORPRESA EN EL MARESME
LA GRAN COCINA DE ALBERT ORTIZ EN AXOL
Albert, Olatz, Xenia y Marlón.
(probar sin falta los de calçot y romesco y de fuet y queso, elaborados por ellos mismos). Generosidad también en el producto, soberbio como las gambas y sobretodo la vieira, de tamaño descomunal. Tomamos el menú largo a 59,40 €. No es barato pero tanto el producto, como las cantidades y el trabajo de creatividad, justifican el precio. En el curriculum de Albert están Arzak, Freixa, elBulli y el Celler de Can Roca pero las influencias sobretodo roquianas y un poco bullinianas están perfectamente realizadas y asimiladas. Algún plato, como lo veremos, supera incluso el plato que lo inspiró.
Cucurucho de crema de parmesano y avellana, macarrón de anchoa (muy dulzón y falta de sabor a anchoa), chicharrón de sepia, galleta de oliva negra y queso “Tou dels tilers” (como una galleta oreo), crujiente de sésamo negro, pequeña magdalena de mijo (sería un perfecto petit-four) y pipas picantes.¿Quién da más? ¡Recordemos que todos estos snacks se sirven también en el menú de 26 €!
El aperitivo consistió en unos berberechos con queso de cabra catalán , el “Nevat”, con sorbete de pinot noir y fresón. Este queso, tanto por su consistencia como por su potente sabor adquiere en el plato mucho protagonismo, y le sugiero a Albert que pruebe de hacer un polvo helado con él (técnica Pacojet). Se ganaría en frescor y ligereza, pero también se haría un bonito juego de palabra (“nevat”: nevado en catalán).
Muy buenas las gambas , casi traslúcidas, servidas con finas láminas de lengua de cerdo de Extremadura y puré y crujiente de alcachofa. ¿Por qué no también un poco de alcachofa crocante? A veces me da la impresión que el germinado “sakura” tiene un ligero y desagradable sabor a moho…
Espectacular el plato de lentejas esterificadas servidas en un potente e untuoso caldo de guiso de lentejas, con los tropezones de chistorra y butifarra. Supera con crece el plato de lentejas de Cala Montjoi de hace dos años del Bulli, que estaban hechas con otra técnica (no eran líquidas por dentro, si recuerdo bien). Comer este plato aporta una sensación muy especial. Se come el mejor guiso de lentejas posible con el juego (¡eso si que es un juego interesante!) de estas pequeñas bolitas que se deshacen y explotan en la boca. Esto es lo que llamo a veces la cocina de tercera vía, entre la vanguardia y la tradición. De lo mejor del menú.
En el plato siguiente veremos como se puede realizar un plato cuyos ingredientes son también de toda la vida, aunque de estilo más clásico (boletus, patata, huevo y foie) y hacer con ellos algo realmente fantástico, donde todos los sabores están perfectamente integrados. En el fondo del plato hondo, una potente crema de foie gras, el ligero puré de patatas con tropezones de boletos bien firmes que tapa la yema perfectamente cocida pero bien líquida y una raya de patatitas paja en la superficie para aportar el crujiente necesario que compensa la molicie de algunos ingredientes del plato. Una verdadera delicia.
Esplendida la vieira planchada con su corte enrejado para que el calor penetre en su interior, manteniéndolo anacarado. Un producto cuyo tamaño duplica el bivalvo que he podido comer en L’Astrance el otro día. Al lado, un guiso de guisantes del Maresme con butifarra negra. Jugoso con su mantequilla y su fondo de ave. Aquí realmente son los guisantes que deberían tener el protagonismo. Grandioso este plato en la línea de la cocina de un Xavier Pellicer.
Muy generoso también en producto el plato de lubina y chipirones , los dos de una cocción perfecta (me acordé que en Paris había comido hacía 10 días en un tres estrellas dos pescados pasados de cocción…). Aquí también sobraba “chicha” y faltaba un poco de fideuà… Buenísimo el plato.
Perfectamente guisada la carrillera de ternera con patata “ratte” (¿por qué no del bufet?) con las primeras colmenillas, rellenas de foie. Otra vez, un exceso de generosidad. Dejar la “múrgula” tal cual, sería sin duda lo mejor. Ya hemos comido foie en el menú. No hace falta repetir. Igualmente un excelente plato con una salsa de “pan y moja”. Con los postres me da la impresión que estamos ante otro cocinero. Después de la cocina salada donde todo tenía sentido y cuyas construcciones recogidas me habían seducido tanto, aquí esta contención se esfuma un poco.
El primer postre lleva un chupito de infusión de té verde, un parfait (muy graso) de tomillo, brownie de yogur, helado de aloe vera, crema de piña y aloe vera. Creo que están aquí los ingredientes (menos el parfait) para hacer un primer postre refrescante (lo que se impone después de un menú de sabores tan potentes). Se trataría de dar más protagonismo al helado (¿o sorbete?), a la piña, al té y recoger un poco los ingredientes, aquí demasiado desparramados. Le hago observar a Albert que se trataría de inspirarse en las construcciones de su cocina salada para repensar las de su cocina dulce.
El último postre se anuncia como una representación de la Naturaleza. Otra vez caemos en los platos “alegóricos” y paisajísticos. ¿Resultado? No se sabe lo que se quiere expresar en este postre, más allá de alardes técnicos gratuitos. Y el comensal no sabe lo que ni lo que se come ni como comerlo. Cuando Albert entienda que tiene que buscar la misma filosofía culinaria (de equilibrio, contención, sobriedad, integración…) en los postres que en su cocina salada, dará un paso de gigante. Técnica no le falta. Estuvo con Jordi Roca y Abraham Balaguer. Pero el nivel de su cocina (con la preciosa ayuda de Marlón, muy discreto en la sombra) es ya merecedor de un pequeño viaje a Cabrils. Jóvenes cocineros de esta talla que han sabido arriesgar en este tipo de proyecto con una cocina completamente moderna y entendible, deben tener todo el apoyo del público. Ya era hora de que se empezara a hablar de Albert Ortiz y de su pequeño equipo.
AXOL restaurant
Arboç nº 6
Urbanización Can Cabot
93 753 86 45
Cabrils
Cerrado domingo noche y lunes.
Isidre Marqués
Ignasio Saibene
Un simple palto del menú a 12 €: una merluza fresca en su punto con patata panadera.
y El Villano c/ Gran de Sarrià (Mayor de Sarrià) nº 95 93 2058806 Cerrado de momento domingo noche y lunes Hasta el domingo no se publicarán post ni comentarios. Seguir votando por favor! VOTAR
El espiritú del Talaia vive aun en este restaurante marinero de la Barceloneta
El nivel de la cena estuvo muy por encima incluso de lo que esperaba y de lo que comí en mi primera visita.
Marc y Albert (quien domina la parte dulce) nos hicieron un menú con platos de la carta, con la excepción tal vez de un par de cosas como lo soberbia ostra gallega en ceviche.






En resumen una cena que sorprendió muy gratamente a mis amigos “gabachos” que se preparaban a comer pinchos y que acabaron sucumbiendo a un menú de auténtica cocina de nivel.
La Mar Salada
Paseo Joan de Borbón nº 58
93 221 21 27
Cerrado los martes.
(1) “Encuentro una pena que las salsas de nuestra gran cocina clásica ya no estén de moda (…). Son deliciosas. No hay que esconderlas en la despensa, hay que repensarlas.¿Cómo? Aligerándolas, aliviando las reducciones, haciéndolas más vivas, yendo en el sentido del frescor y del acabado al instante” Entrevista a Michel Troisgros en el magazine “3 étoiles”.
¿Saben que los post sobre el Bar Cañete son los que han suscitado más comentarios en este blog? A mi me gustaría que hubiera debate o polémica sobre temas un poco más trascendentes que los de saber si los fritos del Cañete son demasiado aceitosos o si acompañan a las carnes con la mismo guarnición. Pero las cosas son así.
Este bar no queda muy lejos de mi casa y sigo frecuentándolo de vez en cuando. Evidentemente no publico un post cada vez que voy. Sería un poco cansino pero hoy voy a hacer una pequeña excepción. Un poco de “seguimiento” (no siempre es posible) también es conveniente.
Me sigo gustando mucho este sitio. Insisto con el tema. El problema más grave del Cañete son sus taburetes. Realmente incómodos. Animo a los dueños a que hagan una pequeña inversión y que pongan asientos un poco más mullidos y con algo de respaldo. Sin alcanzar el nivel de confort de los de los Atelier de Robuchon (1), se podría conseguir una calidad intermedia.
En cuanto a la comida está muy bien. Sigue en la línea de la renovación de la tapa y de los platillos, ahora tan de moda en Barcelona y en todas partes. Y Guillem Oliva sigue al pie del cañón, controlándolo todo.
Ha mejorado en sabor el bocadillo de pringá (3,25 €).

La ensaladilla (3,90 €) sigue siendo muy rica. 
La fritura de morralla (5,75 €) me ha parecido excelente (recuerden que los fritos del Cañete eran un poco su asignatura pendiente).

Deliciosos los mejillones con sabores a salvia y trocitos de limón y naranja (7 €). El ramillete se pone como un “bouquet garni” y desprende todo su aroma en los bivalvos, jugosos, justo abiertos. Acidez y aromas. Todo lo que me gusta en un plato.
Buenas las bravas. Excelente calidad de patata Falta un poco de salsa brava.
De regalo Guillem nos trae una cigala abierta también impregnada con matices cítricos y aromáticos . El jugo en el fondo de la bandeja es espectacular. Lo imagino en un restaurante de alta cocina “aliñando” un marisco justo hervido…Daría el pego sin problema. De hecho, Guillem sigue siendo un cocinero de “alta cocina”, inmerso, para nuestra suerte, en un informal bar de tapas.
Después de mi periplo por Bélgica, es todo lo que necesitaba.
La leche frita (la recordaba gomosa) estaba perfecta 
y el babá (golosa textura “rústica”) por fin correctamente emborrachado (sospecho que para que me callara se le echó un chorrito de ron al último momento…).
Servicio campechano, educado y cercano.
¿La mejor hora a la noche? Llegar antes de las 21h. Después se llena, vienen las colas y las quejas…
Bar Cañete
C/ Unión nº 17
(a 50 mts de La Rambla).
93 000 44 84
Cerrado ahora los domingos.
(1). Decía en un post de hace tres semanas que la Michelin Francia había quitado una estrella a La Table de Robuchon. Error por mi parte. Jean Louis Nomicos (ex Lasserre) ha cogido este restaurante, que ahora se llama Les Tablettes y prudencialmente la Guía le ha retirado una estrella. Un poco lo que pasó en el Abac.
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¡ LA TRACA FINAL !

ORIOL CASTRO, EDUARD XATRUCH Y FERRAN ADRIÀ

FERRAN CENTELLES, LUIS GARCÍA Y DAVID SEIJAS
La simbólica muerte del “restaurante”, puede ser tal vez premonitoria de una desaparición de este espacio de lujo que se creó en los albores de la Revolución Francesa para dar trabajo a los cocineros de los aristócratas en paro y para “restaurar” a las élites emergentes de la nueva burguesía triunfante. Tal vez la primera “socialización” gastronómica de la historia, al menos en occidente.
De hecho hace tiempo que Adrià le “tiene ganas” al restaurante de alta cocina al uso. Ya hace 25 años se decía que se podía acudir al Bulli en bermudas, después desapareció la carta, sólo se abría por las noches, se quitó el pan, gran símbolo nutricional (al Bulli uno no iba a alimentarse…), y el menú degustación se iba alargando indefinidamente hasta llegar a los cincuenta servicios de este año. Un menú metáfora de un desfile de moda en que el cocinero ya no “restaura” sino “EXHIBE” su colección. Sólo uno o dos bocados por plato, únicamente para que los censores bucales puedan emitir su veredicto. No nos olvidemos que la Bondad de la comida se detecta en última instancia en la boca…
Muchas estocadas asestadas a la figura de este restaurante decimonónico que seguramente seguirá cumpliendo su función bajo otros formatos (neobistrots, gastrobares etc pero que, en su forma burguesa y elitista, está llamado tal vez a desaparecer algún día. En el caso de ElBulli, se trataba pues de los signos de una muerte anunciada.
Como inciso, y sin ninguna voluntad de remover nada del pasado, creo que uno de las diferencias importantes entre la cosmovisión gastronómica “santamariana” y la bulliniana, más allá de las desavenencias culinarias que todos conocemos, es que el de Sant Celoni creía firmemente en este modelo de “gran restaurante”, aunque siendo obligado a exportarlo a países con nuevos ricos, ávidos de presumir (Dubai, Singapur).
Paradójicamente, estos cincuenta bocados que van aparecieron, eso sí, diacrónicamente en un timing infernal ante la mirada aturdida del comensal, no dejan de recordarnos los interminables menús de los banquetes aristocráticos de antaño, con incluso, de vez en cuando. un guiño al servicio de sala clásico
A continuación de este post, que procurará no entrar exhaustivamente en el detalle de las preparaciones (tarea imposible), publicaré una ficha que me pidieron el año pasado los de Madridfusión para su libro, donde explico un poco lo que ha significado elBulli para mí. Pero después de tanta literatura sobre el tema, tengo que reconocer que se queda algo corto. El texto sólo recuerda que esta aventura empezó en los años ochenta y que existen muchos “Bulli” que sólo existirán en las memorias ( a veces fallidas) de algunos privilegiados (entre los que me incluyo) y estos innumerables libros que permanecerán. A sabiendas que la cocina no es literatura ni pintura y que no existen “museos” donde se pueda volver a disfrutar las cocinas del pasado (encomiable el esfuerzo de Gran Achatz por rescatar platos de Escoffier, durante unos meses, en su nuevo restaurante de Chicago Next).
Como lo dije en un post anterior sobre el Forum, el concepto “secuencia”, que lancé hace 3 años y medio, es ya uno de los términos vertebradores del menú bulliniano. A veces la secuencia, como lo verán, se limita a un simple binomio. La secuencia puede ser determinada por el momento de su aparición en el menú. Por ejemplo los cuatro cócteles iniciales o los tres quesos del final. O bien por resultados texturales similares aunque con tipos de cocción diversos, como en la secuencia “marinera” de cinco servicios (vapor, papillote, shabu-shabu). O bien por un apartado específico dentro de la taxonomía culinaria clásica ,“La Caza”, la secuencia más larga del menú con sus ocho servicios.
El Juego, elemento tan característico de la cocina de vanguardia está evidentemente omnipresente en este menú 2011 pero de una manera muy sutil y elegante: la forma de bocadillo flauta, textura “porexpan”, con sabor a mojito, cerillas de soja, won-ton de pétalos de rosa imitando a la textura de la alcachofa, falso caviar de avellana que se mimetiza con las auténticas huevas de esturión, castañas mimetizadas, moneda de oro envolviendo una crema de Saint Félicien, blini de yogur, falso terrón de azúcar. Pequeños trampantojos que engañan la vista, provocan la sonrisa y deberían transcribirse con un permanente entrecomillado, ya que nada es lo que parece ser ni lo que se dice que es. El humor será indudablemente una de las características más destacables de la cocina bulliniana.
En cuanto a los sabores, la cocina de ElBulli no habrá supuesto un atrevimiento destacable. Las combinaciones suelen ser inmediatamente reconocibles. Incluso la combinación miel de abeto/trufa/pino o avellana/ caviar obedecen a binomio gustativos ya identificados: grasa/caviar por ejemplo. La gran aportación bulliniana estriba pues en una tergiversación de las formas. Ejemplo. La “piña colada” increíble en un espectacular inicio del menú : la Almohada de algodón de azúcar con shots de piña-ron, piña LYO o el mojito que le sigue. Cócteles de nueva generación sin el soporte de la copa. Coctelería “finger food”. Sabores conocidos pero revolución en las formas. O las correspondencias melón-jamón y “alcachofa”-jamón de los pétalos de rosas.
Revolución conceptual y estética. Design culinario lúdico pero simpre cumpliendo la premisa ineludible del sabor.
Curioso (y delicioso), antes de la secuencia de la caza, este sorbete digestivo helado (típico de los menús degustación antiguos) que se anuncia como “Andalucía en un plato”, una mezcla de un refrescante granizado de gazpacho con una crema de ajo blanco.
Deslumbrante la secuencia de la caza (menos los muslitos de tordo, correosos). Inolvidables la ostra con becada, el buñuelo coulant de salsa de liebre, el capuchino de salsa de caza con potente aire de cacao (recordando a Chapel) o el ravioli de liebre con su “boloñesa”, 
Como otros años, presencia apabullante de producto. Casi derroche. Angulas, espardeñas, pulpitos, chipirones, erizos, langostino, toro, ostra, caviar y trufa a mansalva usándola incluso como canapé, como soporte de la misma trufa (“ Todo Trufa”). Y como lujo suprema: los germinados de piñón. Un producto obsesivo en el imaginario de Adrià.

Y como no podía faltar, el guiño “anti-producto”, toque trash cooking con la Lamprea 2011, un plato hecho con la simple piel de la anguila en civet, emulando una tableta de chocolate.

PLATOS
Almohada como un cóctel
Flauta de mojito y manzana

Flores de almendro (amarenas)
Almendra-fizz con amarena-LYO
Cresta de nori (sésamo negro, lima, soja)
Palet de hibiscus y cacahuete
Ravioli de pistacho
Macaron de parmesano (nube con piñón, uno de los mejores bocados del menú pero no hay foto).
Porra de parmesano
Chip de aceite de oliva
Bloody mary
Corteza de bacalao
Tortilla de camarones (crudos)
Langostino hervido
Seso de gamba Thai (citronela y lima)
Nigiri de erizos
Tuétano con salsa thai (aceite esencial de kuzu, caramelo amargo)
Cristal de soja (agua helada,wasabi)
Sushi de médula de atún y ventresca (caramelo de soja, wasabi)
Tiramisú de dashi (y pasta de soja)
Won-ton de pétalos de rosa con jamón y agua de melón. (gelatina de jamón)
Crema de caviar con caviar de avellana
“Porra” líquida de avellana (sin foto)
Todo trufa
Tarta de trufa
Germinado (¿o germen?) de piñón
Abeto/trufa/pino
Tarta de foie
Angulas al vapor
Papillota de espardeñas (con carta fata, maravillosa textura de una pasta)
Papillota de chipirones
Shabu-shabu de pulpitos (ver vídeo)
Ceviche de lulo con molusco (jugo de almejas)
Gazpacho y ajo blanco
Canapé de tordo a las especias cantonesas
Lamprea 2011
Buñuelo de liebre
Tordo
Cappuccino de caza
Ostra con becada (con gelatina de tuétano, un trampantojo que se parece a lo que es realmente)
Risotto de moras con jugo de salsa
Raviolis de liebre con su boloñesa y su sangre
Castañas miméticas (sin foto)
Blini de yogur (después de un mordisco…)
Dólar Saint Félicien (con mango)
Gruyère al kirch
Terrones de azúcar al té y lima (granizado compactado)
Coca de cristal (ovulato con azúcar y piñones)
Filipinos (coco helado en el interior)
Rosa de manzan
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El nuevo SAÜC en un espacio a la altura de la cocina de Xavier Franco

El edificio del hotel reformado por los arquitéctos Alonso y Balaguer.

La parte trasera del hotel
Ayer era el día del estreno pero todo el equipo de la cocina (conté unas diez perdonas) y la sala, dirigida como siempre por su mujer Anna Doñate, estaban “en place” para acoger a los primeros clientes.
Instalaciones de cocinas muy espaciosas con sus partidas perfectamente separadas y una sala alargada, muy elegante con cristales que dan a la parte inferior donde se encuentra el Ohla Gastronomic Bar (un nombre que se tendrá que acortar), también dirigido por Xavi, que se encarga de tota la oferta culinaria del hotel, hasta los desayunos y el servicio de habitaciones.
Para los que no conocen aun la cocina de Franco, se podría resumir en una frase: sabrosa cocina de producto, moderna pero con bases clásicas. La influencia de Santi Santamaría, mentor conocido del cocinero, se percibe en estas construcciones en las que el excelso producto campa a sus anchas en el plato, rodeados con sabrosos aderezos o salsas que se sirven delante del cliente. Cocina sin trampa ni cartón que gusta a un público goloso, que no quiere preguntarse en cada plato lo que se está comiendo.

El menú empezó por unos deliciosos snacks de “pan de corteza de cerdo” , finas láminas de pan crujiente con tomate seco, vinagre y tomillo (buenísimo estas últimas), y una original “pâte de fruit” de oliva negra..
Pequeño bocadillo de foccacia con guacamole, caballa marinada. 
Excelente el pan del Forn de la Trinitat, (cuyo surtido se lleva directamente cortado a la mesa), sobretodo el de aceitunas verdes.
Segundo aperitivo: una terrina de carne y frutos secos sobre un cremoso humus que escondía una yema de huevo poché. Bueno, pero el humus se merecería algo más de matices (de limón, de sésamo, un aceite de perejil o de hierbas…).
Excelente el plato de ventresca de atún sobre una especie de “taboulé” con daditos de manzana, jengibre y una fina juliana de cilantro. Encima me pareció identificar brotes ligeramente picantes de rábano (o daikon). Me gusta cuando los germinados tienen una función gustativa precisa en el plato.
(Disculpen la foto borrosa)
Golosa, como no podía ser de otra manera, la cazolita de guisantes con tripa de bacalao y una fina brunoise de manzana ácida (sobraban entonces los tres dados más gordos, ligeramente cocidos). En cambio la brunoise aporta un frescor que se agradece.
Vieira esplendorosa sobre un delicioso lecho de salteado de acelgas (bien cocinada esta verdura puede ser suculenta, como era el caso), y una fina lámina de tocino (que podía ser perfectamente de Maldonado).
Perfecta la molleja de ternera sobre una confitura de cebolla tal vez demasiado dulce ( no estaría mal añadirle la acidez de un vino no del todo reducido, por ejemplo), acompañado con una magnífica salsa y una fina y generosa juliana de trufa negra. La salsa es fundamental para acompañar una molleja (pedí una cucharada más). Este despojo, muy “textural”, depende muchísimo del sabor que se le aporta. Es una esponja que requiere sabor y humedad. La salsa tiene que ser pues generosa.
Al cambiar de espacio, Xavi ha querido dar un salto adelante con los postres. Formado por Robuchon y en Can Fabes, el joven vasco-francés (de Biarritz) Joaquim Hugo, el tercero a la izquierda en la foto), demuestra sus dotes técnicos indiscutibles.
Delicioso su sabayón con jengibre, gajos de naranja sanguínea y sorbete de mandarina.¿Pero qué hace este círculo de chocolate cursi encima de la copa?

Excelente también su esfera de azúcar, de una fineza increíble, rellena de una mousse de mazapán, fresas macerada en lima y hierbas frescas.
Siempre me rindo antes un buen babá al ron. Joaquim me informa que es la receta de Lenôtre (tal vez la misma que sigue Ducasse, por lo que recuerdo cuando lo degusté en el Plaza Athénée, hace años). Textura muy fina de la masa. Me gustan también las recetas más “rústicas”, con alvéolos más grandes. Pero sobretodo, un babá al ron tiene que saber a ron. Habría que rebajar la cantidad de azúcar y subir la de alcohol. Y la gente a quien no le guste el ron, que pida otra cosa.
En cuanto a la construcción/”decoración” del postre, pondría una simple chantilly de fresón y quitaría todos estos inútiles recargamientos (papel isomalt, lámina de chocolate, ramilletes de grosella…) muy “Hoffman”… El oro, como saludable oligoelementeo, se podría quedar…
En resumen. Apuesta importante por parte de Anna y Xavier. La cocina de Saüc podrá sin ninguna duda lucirse con más contundencia en este nuevo marco.
El gastrobar de la planta baja está abierto desde las 7h de la mañana hasta la 1h de la noche, sin interrupción, todos los días de la semana.
Menús degustación: 65 € ( dos aperitivos, tres platos, quesos, dos postres). Es el que tomé pero cambié los quesos por un plato más.

85 € (cinco platos) y 115 € (7 platos).
SAÜC
Hotel OHLA
Vía Layetana nº 49
93 341 50 50
Cerrado domingo y lunes.
Me acaban de comunicar que no se podrá votar en el concurso de blogs hasta mañana a las 18h, debido a que la web está algo desbordada.
LOS PROFUNDOS SABORES DE LA TIERRA EN LA COCINA DE LOS HERMANOS JUNCÀ


Isabel y Jordi Juncà a la izquierda.


Joan Juncà.
Sólo recuerdo las becadas bien cocinadas. Las malas, que las hubo y en grandes restaurantes de este país, no es que las olvide pero no las comentaré. Recuerdo particularmente la de Nandu Jubany o este año la que comí en Les Cols y desde hace unos días, por fin, la de CA L’ENRIC de la Vall de Bianya. Todas muy diferentes.
Ésta última de los hermanos JUNCÀ ha alcanzado una fama extraordinaria. Fama merecida. Como ya lo veremos.
Ca l’Enric es una casa que lleva ya varias generaciones. Ahora son los tres hermanos JOAN (Sala y bodega), ISABEL y JORDI (cocina) quienes se encargan del negocio. Gente discreta, muy poco mediática, pero muy consciente de su nivel gastronómico.
Reformas en la sala, espaciosa cocina, bodega “comme il faut” hacen de este restaurante un modelo de puesta al día de la tradición. Espacio y cocina se adaptan a los nuevos tiempos. Por lo que pude ver consultando la carta, se trabaja en la línea de lo que llamo la Alta Cocina del Territorio, con algunos muy discretos guiños a las tendencias actuales en los postres (muy caros por cierto, ¡hasta los 18 €! ) y petits fours.
Acudíamos con un grupo de diez personas con menú cerrado, por lo que me he quedado con las ganas de volver para probar otros platos de la carta , como la escudella en dos servicios o el “ris de veau”(sic) con patata al caliu y té ahumado, pero también para conversar con estos tres hermanos sobre la historia de esta casa. Imagino que estarán hartos de escuchar este comentario pero es inevitable que este triumvirato nos recuerde a los hermanos Roca. Joan sobretodo adquiere en su porte, ademanes y palabras un parecido con Pitu notable. Pero, en lo que más se parecen sin duda es en la pasión que comparten por los vinos.
Antes de la comida, me asomo un rato por la cocina para hacer una foto a la “brigada”. Me sorprende que esté tan reducida. Tres personas…Serían pocas manos para llenar los platos de flores, germinados o brotes pero no harán falta ya que me parece que en esta casa se va al grano, a lo esencial.
Todos los esfuerzos van dirigidos a cocinar. Cocciones perfectas y sabores intensos y elegantes.



Aperitivos servidos en el bar: fuet, chicharrones y butifarra de huevo con mini airbags de pan con tomate. Flan de atún en escabeche y royale de becada con trufa. Todo buenísimo y regado por un cava de 100 meses cuyo descubrimiento Joan parece muy orgulloso, y con razón. Un buen cava, como es el caso, es siempre mejor que un champagne regular.

Ya en la mesa: ensalada de perdiz en escabeche rustido, con un espectacular vinagre de Ximénez-Spínola. Carne servida rosada con un delicioso sofrito. Excelente comienzo.
Sopa de las carcasas de la becada. Buena pero algo monótona de comer. Faltaba algún tropezón .
Muy bueno el arroz de becada. El grano estaba en su punto. Me hubiera gustado sin embargo un poco más suelto en el plato sin la necesidad de “cuajarlo” para poderlo moldear.


Los muslitos aparecerán simplemente asados pero también en salmis. Espectacular.
Después llegarán las tres pechugas: la fresca, la de siete días de maduración y la de quince días. El gastrónomo Curnonski ya rechazaba a principios del siglo pasado el faisandage exagerado pero un par de semana de reposo es un tiempo muy razonable. Se sirvieron encima de una tostada con pâté de sus interiores. Impecables. Deliciosos. Un 10.
Sólo un detalle en cuanto a la vajilla. No hay que abusar de las pizarras. Éstas sirven para presentar preparaciones que se pueden degustar con las manos. En cuanto hay necesidad de usar el cuchillo o de salsear el plato ya no se deberían, a mi juicio, utilizarse. El corte resulta, de esta manera, desagradable al tacto y la salsa (que a la fuerza tendrá que ser testimonial cuando se sirve encima de la pizarra) se confunde desgraciadamente con el color oscuro.
No hay nada mejor que una bella vajilla blanca para los platos cocinados de cuchara o cuchillo y tenedor.
Para terminar y fuera ya del menú estricto de la becada, llega una degustación de liebre a la Royale, versión «rilletes», sin foie gras ni trufa. Creo que es la receta del Senador Couteaux. La de Carême revisitada por Alain Senderens, tipo Nouvelle Cuisine, llevaría foie y trufa, ingredientes más visibles en esta última receta. Recuerdo un mano a mano Nandu Jubany – Fermí Puig en un Forum de Vic de hace seis u ocho años, donde pudimos presenciar las dos versiones. Este plato, inventado por los cocineros de Luis XIV, sigue, trescientos años después, sin tener una receta fijada…
Está liebre de Ca l’Enric tiene sabores intensos y profundos con una punta de acidez muy marcada.
Después de tal ágape se hubiera agradecido un primer postre refrescante. De fresco, sólo tendrá la temperatura el helado de leche de oveja de Mas Farró.
Luego llegaría una versión mini del coulant con sorbete de frutos rojos (creo recordar).
Se presenta ahumado al minuto, tapado con una campana “roquiana”. Únicos guiños lúdicos a la cocina “de vanguardia”.
El “juego” seguirá con los efluvios del hielo seco que se desparraman encima de la pizarra de los snacks dulces (macadamias garrapiñadas y bombones).(Ver vídeo). No digo “petits fours” ya que no había nada “horneado”. Este término, por cierto, estuvo por Grimaud de la Reynière en su Almanach des Gourmands, el antepasado de nuestra guías gastronómicas. Designaba, como lo cuenta Claudine Brécourt-Villars en su “Mots de table, mots de bouche”, unos pastelitos inventados al final del siglo XVIII hechos con almendra, frutas, licores o fondant y que se cocían a horno bajo o fuego lento.
Y ya que acabo de citar un libro, no podía faltar la referencia al libro El Crepúsculo de la Becada del erudito Jaume Coll.
Les quedan pocas semanas para degustar la «chocha» (así le llaman también al pájaro …) pero evidentemente no la encontrarán mencionada en la carta…
¿ La cuenta? Pagamos 125 € por barba ( muchos vinos y algunos gin tónics hicieron subir la cuenta). El degustación cuesta 75 € , el menú de la caza 90 € y el de la trufa 110€.
Una estrella Michelín.


Vistas de Els Hostalets d’en Bas, pueblo famoso por su panadería (sirven a Les Cols).
http://www.youtube.com/get_player
CA L’ENRIC
Carretera de Camprodón s/n
Nacional 269 , km 91
La Vall de Bianya (Girona).
SABORES, TEXTURAS Y DECORADO.



Esto lo han entendido muy bien los cocineros franceses que desde hace más de treinta años van alimentando su creatividad con estos aromas chinos, japos, thai o “indochinos”. Desde los pioneros Gagnaire o Senderens hasta sobretodo los Barbot o William Ledeuil.
En España, durante mucho tiempo hemos mirado un poco todo esto de reojo . Hoy en pensamos que poniendo yuzu a todo hemos cumplido con la apertura hacia los nuevos sabores. En Madrid está David Muñóz evidentemente, en Barcelona Albert Raurich, pero no nos olvidemos de un pionero, más cañero y entusiasta que nunca, como Ly Leap.





















¿Sabremos reconocer el esfuerzo que hacen algunos cocineros para ajustar los precios?
Ly ha sabido rectificar.
Precios de los 3 menús (mucho más razonables que en el momento de la apertura hace dos años):
45 € por 9 platos
y 65 € los 13 platos.
Menú de mediodía entre semana 25 € por 4 platos, todo incluido.
c/ Muntaner nº 82
93 451 17 96
SÓLO cierra los lunes al mediodía.
¡GASTRONOMÍA DE PRÓXIMIDAD POR MENOS DE 30 €!


Estamos ante otro ejemplo de esta corriente bistronómica imparable que apareció en el 92 en una Francia ya en crisis (mayoría de edad…) y que encuentra en Barcelona una expresión muy particular.
Este pequeño restaurante, impecablemente arreglado, no escapa a la regla del formato: menú bien preparado y muy asequible al mediodía (12,90 €) y carta reducida un poco más gastronómica a precios irrisorios a la noche y los fines de semana. (24 € un primero, un segundo, un postre). Patrick me hizo probar un par de platos más, lo que constituiría un pequeño degustación que no esta estipulado en la carta pero que el cocinero sirve de buen grado cuando se lo piden (32 €).
Sin pasar por ninguna escuela, este joven cocinero de 30 años, se curtió en estancias en Vía Veneto, Mas Pau, el Rúcula del Word Trade Center ( ¿qué será de Joan Piqué?), como jefe de cocina de Ca L’Estrany de Cabrils y últimamente en el Caldeni de Dani Lechuga.

Manuel me explica que barajan la posibilidad de servir también este excelente pan en el menú a 13 €. Incluso en un menú barato, creo que vale la pena servir un buen pan.








ALEA
c/ Balmes nº 322
93 254 04 87
Abierto los domingos mediodía.
Cierra domingo noche y lunes.































