Leo en el blog de Capel, que éste crítico ha comido muy bien en DOM, el restaurante se Alex Atala en Sao Paolo pero que tiene la impresión que estos “elegantes platos (le) recordaban de refilón a los de otros de sus compañeros también en la élite” y cita a algunos de ellos , españoles todos.
De tanto rozarse en los congresos (Capel deja entender que Atala para poco en su casa), con tanta información en Internet, y tanta literatura gastronómica circulando, los chefs se contagian las ideas, se trasmiten (legítimamente) las técnicas pero lo que es más grave, y tal vez inconscientemente, uniformizan sus estilos de cocina. Lo que te deja muy a menudo una impresión de “déjà vu” poco emocionante.
La moda de los paisajes, de las construcciones como “out of bed”, como una estética “dejada”, caiga como caiga el ingrediente, de los polvos helados, de las arenas, de las emulsiones aireadas para todo, de los unicromatismos, del trampantojo sí o sí, la generalización de los mini vegetales y las flores, repartidos en el plato a menudo con criterios decorativos más que gustativos, campanas de humo…(los ejemplos son infinitos), todo se repite en los cuatro puntos del planeta. La única manera de que el comensal perdone esta uniformidad globalizada, es que al menos el plato esté bueno.
Es curiosa también la valorización de la baja temperatura “per se”, como si fuese la última modernidad, cuando fueron Georges Pralus y Bruno Goussault que la pusieron al punto hace 40 años. Reflejaría una “fetichización” de la técnica (de la cual los buenos cocineros se van apartando por suerte desde hace algún tiempo) según la cual la complejidad y el enrevesamiento representarían para el plato un valor añadido incuestionable.
Ya sé que las técnicas están hechas para usarlas, pero lo que observo es el efecto “moda” que las rodea. Y si técnicas se juntan con conceptos “copiados” o , como se suele decir eufemísticamente, “homenajeados”, difícilmente se podrá conceder el calificativo de “creativo” para el cocinero que practica estas pleitesías (conscientes o inconscientes, confesadas o refutadas) a otros de sus colegas.
Sí. En estos momentos lo más difícil, si se quiere estar en primera línea de la innovación culinaria, es tener un discurso y un estilo propio. Pocos lo consiguen, al menos del todo. No debería pasar nada. El cliente en general (que no es ni crítico, ni food writter trendy) agradecerá siempre mucho más que el plato sea redondo y rico a que le sorprenda con un nuevo concepto o una técnica revolucionaria. Los que aplaudimos el “tour de force” creativo somos y seremos siempre una minoría. Pero tengo que confesar que cada vez más, me “emociono” (por utilizar esta palabra tan manida) con la cocina sencilla de los cocineros más humildes, con el trato personal a un producto pobre, por un enfoque nuevo dado a un producto de toda la vida.
Detectar, identificar la novedad como tal es un tema apasionante y complicadísimo. Requiere por parte del periodista/notario unas dotes de observación y de cultura gastronómica ingentes. Y de memoria. Perseguir el “fraude creativo” puede provocar la misma frustración de impotencia que la de un inspector de Hacienda luchando con el fraude fiscal.
El escritor gastronómico Bénédict Beaugé, está a punto de publicar un libro que trata o roza este tema. Expectante estoy.
Me consta que Andoni Luis Adúriz está muy sensibilizado con este tema y no sé en que punto se encuentra de su cruzada por un copyright culinario, o su equivalente. Existe una libre circulación de las ideas y es muy difícil poner puertas al campo. Andoni por ser uno de los cocineros más creativos que tenemos, ha sido a menudo víctima de estos “homenajes” ( aunque también hay que decir que su plato de brotes, flores etc…con suero de emmenthal también fue uno de ellos en su momento, por su admiración a Bras). Vimos en un reciente Madridfusión una carne envuelta polvo de falso carbón por parte de Narisawa ( por citar un ejemplo). Pero a veces , más que de un homenaje amistoso, se trata de un “fusilamiento” (metáfora que se suele usar en estos casos) de lo más beligerante e impune. Daré un ejemplo que acabo de leer en una revista francesa que se llama “3 Étoîles” :
En un artículo que se titula “La gastronomie enchante (encandila) Dubai”,(p.10) leo (y traduzco) estas frases que firma el sagaz periodista Jean Louis Galesne :
“ Hemos sido fuertemente impresionados por el talento de Thomas Bühner (flamante 3 estrellas en el restaurante La Vie en Osnabrück en Alemania). Nos ofreció un carpaccio ahumado de sandía, crema de parmesano, piñones, balsámico y hierbas silvestres, un plato que, seamos justos, nos ha recordado un entrante bastante similar (y tan similar! NdT) degustado en Mugaritz en España “
Este es un caso en el que el periodista hace bien su trabajo. Cosa que no vemos cada día. No pone en duda al talento de aquel cocinero, pero actúa como “notario” y desvela el origen del plato.
Pero ¿qué pasa cuando el periodista, por los motivos que sea, no tiene ni el mismo bagaje gastronómico o las mismas ganas de comprometerse?
Lo veremos a continuación en este mismo nº de la revista (p.53). Su redactora habitual, Orianne Nouillac, analizando el gran menú de Christopher Kostow , también recién triestrellado, pero esta vez en el restaurante Meadowood en el Napa Valley (EEUU), se queda pasmada ante su Jardín Japonés, que me recordó un postre de Jordi Roca de hace unos años (Jardín Zen). Pero no seamos quisquillosos y lo atribuiremos a una coincidencia posible. Donde ya no hay dudas es en el plato de carne “Babilla “ Quemada” con trufa y cebolla. Así lo describe la periodista .” Los contornos de la carne son de color negro como si se hubieran quemado, pero esta costra en realidad está constituida por trufa, azúcar (¿isomalt? NdT) y cebolla seca. Astucioso y delicioso.”
Delicioso, no lo dudamos pero “astucioso”, poco, ya que se trata del mismo plato de carne de Mugaritz de hace unos 3 o 4 años.
Pero a veces la “copia” no es tan burda y el concepto se va deslizando y metamorfoseando de tal manera que es imposible protestar por el plagio, sin que aparezca como un juicio de intención, que el cocinero se encuentra legitimado en refutar.
El cocinero Pier Giogio Parini (restaurante Povero Diavolo), esperanza blanca de la joven cocina italiana elabora, en su menú de verano 2011, un plato de carpaccio de un animal inventado (Narce) con tomate, pimiento rojo y sandía (horneados lentamente), apelando al juego cómplice con el comensal.
(Leído en la nueva revista de la cocina de vanguardia italiana Cook_Inc., dirigida por Anna Morelli).
Volvemos al inicio de este post. Copias o no, se trata de conceptos, de técnicas, de ideas que están en el aire y que se repiten, erosionando poco a poco nuestra capacidad de asombro.
La pregunta fundamental, que no me cansaré nunca de repetir debería ser ¿El plato está bueno? Ya que la degustación de lo bueno nunca aburre…
Pero intentar descubrir, aunque sea con todas las dificultades del mundo, de quien es el mérito de la creatividad no es una búsqueda baladí. Una cierta visión de la ética nos lo requiere.
Aprovecho la ocasión para anunciar la presentación en Milán el próximo 17 de septiembre de la versión digital de esta revista. Una publicación que ha sustituido la edición italiana de la revista Apicius. Fuerte presencia de cocineros italianos, como es lógico (Enrico Crippa, Salvatore Tassa Moreno Cedroni…) pero también internacionales como Alexandre Gauthier, el tan cacareado Iñaki Aizpitarte, Stefen Harris, Ben Shewry, Brett Graham… Grafismo hiper cuidado, colaboraciones de Bob Noto etc…
http://www.vandenbergedizioni.it
info@vanderbergedizioni.it
Y presentación de la guía 2013 de Identità Golose con la presencia de muchos restaurantes españoles . Ya hablaremos más adelante de ello.