Recuerdo que la última vez que cené en LA TASQUITA DE ENFRENTE, fue hace unos 9 años, también en un viaje para Madrid Fusión, acompañado por Toni Romero del Suculent. Tenía ganas de volver.
Madrid tiene, como Barcelona, tantas novedades (muchos cierran, como lo he leído hace poco) que es muy complicado repetir en los restaurantes “de siempre”. Pero me apetecía volver por cuarta vez a la Tasquita, ni que fuera para saludar una persona que aprecio como JuanJo López, cocinero-restaurador que ha hecho de su pequeño local un referente en lo que se suele llamar, tal vez impropiamente, cocina de producto. Como para los vinos, usaría mejor la fórmula “cocina de poca intervención” , aunque veremos que una buena salsa crema al foie-gras para unas colmenillas, una deliciosa salsa-bisque para la merluza o un guiso con el que se arropa una riquísima albóndiga bien jugosa por dentro, son platos de cocina y que requiere mano de cocineros, las de Juanjo y las de su joven equipo en los fuegos, capitaneado por Nacho Trujillo . Pero lo que me gusta en estos platos es que haya poca acumulación de ingredientes a la vista, aun menos de elementos accesorios o decorativos. La ensaladilla sigue tan untuosa como siempre, las quisquillas, apenas sazonadas,son un ejemplo de esencialidad y de mantecosidad marina, y los guisantes lágrima tal vez un poco insípidos por no poderlos cocinar prácticamente nada. No les da tiempo de acoger sabores en este simple calentamiento, más que cocción, al que se les somete. Por este motivo prefiero los guisantes de un poco más grandes para que suelten, con algo de cocción, su natural dulzor y recojan los sabores que se les quiera dar, en forma de jugos o pequeños tropezones sápidos. Aquí la lámina de panceta era más un simple topping que se comía en un bocado que una aportación gustativa real para el vegetal. Este sería la única observación que haría sobre la cena.
En cambio, me encantaron el goloso plato de pequeñas colmenillas y la sencillez de la merluza con esa bisque o jugo de bullabesa concentrada.
Me quedaba hambre para un par de guisos: las albóndigas y sus habituales dados de patata frita (es como mejor se integra la patata al guiso, sin que llegue a remojarse del todo en el jugo), y una ligera y estimulante acidez del vino, aun vivo en la salsa. Y los callos, otra vez una elaboración “esencial”, sin guarnición y con una excelente mordida.
Casi siempre Juanjo me hace acabar con su excelente panacota, solo un poco endulzada con una excelente miel de algarroba. A veces suele cortar o rallarle un poco de trufa…
Bonito retorno de Quique Valentí en su ciudad natal
Hace un par de años que ENRIQUE VALENTÍ se retiró de su restaurante barcelonés Adobo. Así terminaba su andadura profesional en esta ciudad, unos 25 años después de abrir, en el c/Ciutat, su primer restaurante epónimo “Valentí” y que algunos recordaremos.
Se despidió discretamente y volvió a su ciudad natal, donde gestiona con su hermano, tres tabernas informales de éxito como Hermanos Vinagre. Hace un poco más de un año abrió también un pequeño bistró en uno de los pocos chaflanes de la ciudad, en el barrio de Chamberi.
En CAJA de CERILLAS , con pocos medios, pero con buen gusto en la sencilla decoración (impecable la acústica del local a pesar de que estaba, como siempre, lleno), desarrolla su cocina predilecta, la de una taberna ilustrada, con buen producto y, sobre todo, con fórmulas culinarias apetitosas que sugestionan el paladar del comensal sin caer nunca en la banalidad manida. Como sus “alitas” de bogavante picantitas o su presa ibérica “imaginando un lomo-queso”. Aun hay sitio para recuerdos de su época catalana como el pan con tomate, las judías de Santa Pau o los canelones de su maestro Fermí Puig. Y guiño a lo afrancesado que le ha acompañado todo su vida, con un Pollo Villeroy. Todo está riquísimo y es exactamente lo que se pide a este tipo de local. Valentí nunca ha pretendido jugar a la fine dining ni a amagos de “creatividad” (vocablo que Andoni Luis Adúriz desea enviar al “cementerio de las palabras”, como lo dijo, hace unos días, en un coloquio de Madrid Fusión).
Su plato-signature (que algunos haters de tuiter le critican por el precio , por el tipo de patata etc…, como lo he podido comprobar estos días en el time line de mi cuenta en X), son su versión de los huevos estrellados con patatas chips, tres huevos camperos y gambitas al ajillo que se trincha en la sala como manda la tradición. Un plato generoso que recomiendo , como otros, para compartir. A mi, y a los de la mesa, nos pareció un plato golosísimo y, por lo que se comenta, no se puede quitar de la carta. Lo de las reservas para este restaurante es una locura. Centenares de peticiones a la semana. Por algo será.
Como suele ser una tradición en la hospitalidad de Quique, la cena empieza con unas anchoas King Size y su pan con tomate canónico ( a veces sus mejillones en escabeche) y esta vez con una rica tostada de tuétano con trufa, digna del mejor Robuchon de L’ Atelier.
Pero recordaré también (casi iba a decir sobre todo) esa codorniz asada a la brasa, con un punto de cocción ejemplar, particularmente en los muslitos de una jugosidad extrema, y un sabor de la farsa extraordinario. No le hacía falta la guarnición de patatas fritas. El relleno de un ave funciona como la propia guarnición.
El camarero encargado de los vinos conocía mis gustos por los vinos ligeros y elegantes, que vengan de donde vengan. Acertó.
En resumen, un local acogedor, una cocina golosa y refinada, un servicio atento y un ambiente de bistró en el que la acústica permite conversar perfectamente. Esto último es un lujo que poca gente valora. Me gustó mucho un comentario del bioquímico valenciano Juli Peretó en la sección Dreams de Madrid Fusión que comentó, tal vez demasiado de paso, que los neurotransmisores del gusto y del oído tienen una parte común. Con una interpretación por mi parte “de andar por casa”, entiendo que Blumenthal haya hecho aquellos experimentos con auriculares en la degustación de una ostra (cosa que sigo encontrando ridículo ya que no se puede hacer para todas las elaboraciones), pero que me reafirma en la sospecha de que se “escuchan” los alimentos y que se degusta mejor la comida con el silencio. Música alta, conversaciones altisonantes, shows audiovisuales etc , estos últimos son estorbos que los cocineros usan a veces en unos excesos de expresividad creativas, pero no hacen otra cosa que interferir en una plácida degustación de los platos. En una taberna ilustrada con es el caso, pido al menos, que la conversación de la mesa sea posible y tranquila. Lo que fue el caso, y se agradece.
Una carta con platos que te gustaría degustar cada día…
Tosta de tuétano con trufa negra
«Alitas» de bogavante picantitas
Huevos estrellados con gambas al ajillo
Las chips son caseras, con patata de variedad «agria».
Alcachofas confitadas con tripa de bacalao
Fue el plato que compartieron mis compañeros de mesa. Muy rico, pero, tal vez,con un exceso de aceite.
Patatas un poco sosas.
Codorniz rellena
Limón helado
Lo que se llamaba en los años 80 : «Limón o Citron givré»
«El flan que no te comiste en tu infancia»
Estos flanes cremosos de nueva generación tienen la textura de la «Crème brûlée» y la forma del flan.
Chantilly untuosa, semi montada, con vainilla y poco azúcar, como debe ser.
Un año después de mi última visita, he vuelto a AGRESTE MAR. En julio de este año, si todo va bien, FABIO GAMBIRASI y ROSER ASENSIO volverán a su restaurante en las alturas de Vallcarca, ya totalmente renovado, y a lo que será también su propia vivienda. Para los que aun no han visitado AGRESTE en el Hotel Serras del Passeig de Colom, os quedan unos meses para hacerlo. En mi último tour por Italia en junio del año pasado, me estaba acordando en cada momento de la cocina de Fabio… Echaba de menos esa vía tan agradecida de alta cocina amable, refinada, elegante, golosa, sin adornos y sin pretensión de demostrar nada.
Ayer fui a cenar a las 19h de la noche, con la sala aun vacía de clientes. Solo luego llegaron algunos solitarios más y un par de parejas (una repetía del mediodía). En esta tranquilidad del largo comedor del Hotel Serras (donde estuvo durante unos años Marc Gascons de Els Tinars), uno se siente preparado para disfrutar. lo repito. El silencio puede ser un valioso ingrediente más de una comida gastronómica. Extrema amabilidad del personal de sala, con Roser a la cabeza y esta cocina que ya te hace salivar solo leyendo los platos de la carta. Una cocina que no cae solo en los tópicos italianos evidentes, sino que expresa también el (buen) gusto y la personalidad del cocinero. ¡Y esto con solo tres personas en cocina! Sin embargo , los cappelletti de parmesano son de pura antología: ¡cuánto delicadeza en la pasta! Le aseguro que no encontrarán mejores en Italia. ¡Y esos tagliolini con anchoa, minúsculos picatostes de pan, hinojo, limón y trufa! La pasta reaparecerá discretamente en unos garganelli de cacao que acompañarán una liebre a la Royale: me dice Fabio que es la primera que cocina. Solo me hubiera gustado que el plato estuviese un poco más caliente, pero el sabor estaba perfecto y con esa guarnición aun mejor.
Ya desde esos largos grisini caseros del aperitivo acompañados de la mantequilla (casi noisette) ahumada, uno nota que será una cena deliciosa.
La alcachofa con tártar de atún y panceta es un buen comienzo, pero los guisantes ya llegan a la perfección. Es como si Fabio me hubiese leído todos estos días pasados cuando hablo de guisantes en mis últimos posts : aquí tamaño perfecto, cantidad de la media ración perfecta, cocción al décimo de segundo (explota en boca sin ser crudité), ligero aroma de vainilla, infusión de boletus y un poco de butifarra negra desmigada, como si fuera un sazonamiento del vegetal, no un bocado de charcutería invasivo. El camarero me pregunta qué tal, y solo le sé contestar : ¡la perfección! La emoción desde la “sencillez”.
En el langostino de La Rápita, volveremos a encontrar una cocción perfecta, una bisque untuosa y sabrosísima (el langostino agradece esta fuerza gustativa que una gamba no necesita) y otra vez, la sutil aportación de una chacina. Aquí unos trocitos de ciauscolo, un embutido tierno y sabroso de Las Marchas italianas que, aquí, podría apuntar hacia un sutil y goloso mar y montaña transfronterizo.
La Ribollita toscana será otro momento de italianidad , aquí claramente popular, en el menú. Sería como una sopa de pan, verduras (col negra, habitas, cebolla) de cocina pobre. Una sopa contundente pero riquísima, esta vez ilustrada con un poco de trufa rallada (es como mejor se integra con un mínimo gramaje posible). ¡Vivan las sopas! (a menudo las gran ausentes de nuestras cartas, menos la sopa de pan y liebre de Alkostat o sus escudellas, las de Nairod o Mantis, la sopa de cebolla de Suculent, y espero que muchas excepciones más…).
Os dije que me dió la liebre a la Royale (no confundir con Royale de liebre , que sería como un flan salado de su consomé (imagino una posible secuencia que sería «Liebre a la Royale y la Royale de su Consomé …), pero el pato azulón del año pasado ya me había gustado mucho (salsa profunda y aromática) o también la presa a la milanesa que recuerdo de una visita a su otro restaurante.
Hasta me encantó la tatin de manzana (hojaldre bien crujiente), su quenelle de nata y juliana de trufa. Me recordó aquella tatin con trufa de Jacques Chibois (Rte La Bastide St Antoine en Provenza, que aun existe con su bonita casa de campo). Corría el año 95-96, en las históricas Jornadas de Vitoria, y aquel cocinero nos encandiló con aquella combinación que he vuelto a encontrar esta vez, más de 30 años después. Creo recordar que aquel cocinero intercalaba una brunoise de trufa entre los trozos de manzana ¿antes o al final de la cocción?).
Espero haberos convencido, al menos a los que no conocéis esta cocina, que Agreste merece una visita ya, y que merecerá un mejor reconocimiento cuando Fabio Y Roser estén instalados en su colina de Vallcarca. ¡Al nivel de cocina y servicio se podría decir que ya tienen el nivel de excelencia requerido!
Tomé el menú degustación (90€).
Cóctel de agua de tomate y albahaca con Bombay Sapphire
Alcachofa confitada, atún, panceta, yema y erizo
La panceta se podría cortar en tres trozos para repartirla en los tres bocados.
Guisantes del Maresme, vainilla, butifarra negra y consomé de ceps
Langostino de la Rápita, bisque, ciauscolo y colmenillas
Cappeletti de parmesano, mantequilla de salvia
Plat-signature. 24 meses de curación para el interior, 36 meses para el rallado. Ni en Italia los he comido mejor.
Tagliolini con anchoa, costritas de pan, limón, hinojo hierba, y trufa rallada
Solo faltaban dos mini alcaparras para que este plato fuese el paradigma gustativo de Italia (Italia no es solo tomate mozzarella albahaca…).
Ribollita toscana
La cocina regional enaltecida.
Liebre a la Royale con garganelli
(Como para los otros platos, leer las observaciones en la introducción).
Tatin con nata y trufa
El menú habitualmente tiene dos postres.
Gominola cítrica y trufa
La trufa es de una textura ligerísima.
Dos medias copas de Miranius 11º y del Occhipinti 12º
Menú a 90€ : la cuenta pone 85€ y dejé 100€, feliz.
Otra vez llego tarde, esta vez para descubrir JARA, una barra (y unas mesas) de cocina japonesa centrada en los sushis, tantos puros, como la larga tanda de nigiri del menú Omakase, como los bocados más ilustrados y deliciosos de su primera parte.
Se trata de un restaurante, abierto ya desde hace casi un año y medio, en la parte alta de Sant Gervasi, por los hermanos JARA, unos chilenos afincados en Lloret desde hace unos 20 años, aunque JONATHAN , el sushiman ha salido de Cataluña para formarse y luego a trabajar en el Zuma de Londres. También ayudó en la apertura del Zuma Madrid y otros por el mundo. Mientras tanto ROBBY, su hermano, se formaba en escuelas de hostelería de Girona y luego en restaurantes de la costa, en los que intentaba aplicar sus conocimientos. Está fascinado por el servicio de sala a la francesa y sorprende ver cómo, en un restaurante japonés, consigue demostrar su estilo y buen hacer desde la sala. Su meta creativa en este campo sería esta combinación entre gastronomía japonesa y un servicio académico.
Entre ambos hermanos, muy unidos y bien avenidos desde la infancia decidieron juntarse para este proyecto que, para ellos, tenía que ser en Cataluña, a la que llegaron a la edad de 16 años y donde se sienten totalmente integrados y felices. Desde el primer momento, quisieron insuflar un sello de excelencia a este restaurante. Primero, en el interiorismo, muy eficiente a la hora de aprovechar el relativo poco espacio, pero con una excelente iluminación focal del plato, a pesar de la oscuridad del ambiente. Por cierto, me sorprendió que se decantaran por la barra alta…
Segundo, excelencia por el producto inmejorable, en parte proveniente de Japón como el hamachi o la vieira de Hokkaido , pero también erizo gallego, un alfonsín del Norte o carabinero y concha fina del Sur. En la caja de mise en place para el omakase, entre todos los pescados, observo que no hay salmón. Solo hay platos con salmón en la carta, imagino para contentar algunos clientes aun engañados por la calidad de este producto.
Tercero, excelencia por la pericia de Jonathan en los cortes , en los aliños y en los montajes de los platos. Me confiesa que justo acaban de reabrir después de unas vacaciones, pero que ya echaba de menos su mesa de trabajo. Se le ve muy concentrado, parco en palabra, sonriendo y disfrutando, tanto como el comensal al que sirve. Por último, la excelencia de la sala con la elegante y profesional atención por parte de Robby. Me instala justo enfrente de la mesa de trabajo de su hermano. Sin duda, el mejor puesto para una primera visita en solitario.
Si os aburrís un poco en Sensato, si os cuesta encontrar mesa en el minúsculo Suto, si encontráis demasiado caro Koy Shunka, si queréis variar un poco de la rica cocina izakaya de Suntaka y, por fin, si ya no podéis ir a Scapar (flamante estrella michelin de momento apagada, cuyo chef ha literalmente desaparecido…), JARA es una excelente alternativa.
El hamachi con ponzu, el tataki de ventresca de atún a la robata con salsa wafu y perlas crujientes de arroz (Masago Arare), la tostada de pan de mantequilla de Turris con tártar de ventresca,flor de shiso y beluga, o el futomaki de aguacate, lomo de atún, tenkatsu (trocitos de tempura), cebollino, aceite de sésamo y chile, son algunos de los bocados muy destacables que espero volver a degustar un día a la carta.(Ahora mismo estoy salivando mientras escribo este post). Tal vez encontré a faltar algún producto más humilde que no fuera atún rojo, como la caballa o el jurel…
El arroz del shari de variedad Akita Komachi, ecológico del Estany de Pals (Girona) queda suelto y aireado según el gusto de la casa.
Me gustó esa pequeña ensalada de mizuna con bogavante, pepino y sésamo hacia el final de la tanda de nigiri (creo que me pusieron un par más de los previstos). Y esa deliciosa sopa de miso, con abundante cebollino y con cabeza de bogavante, para concluir la parte salada. El cebollino aparece en varios momentos. Es mi hierba favorita, mucho más que el shiso, demasiado anisado para mi gusto, que también se cuela en muchos bocados.
Y me encantó, para concluir el menú, esa crema catalana de yuzu, elaborada a partir de la recuperación de las pieles sobrantes de los cítricos después de su uso para los aliños. Una excelente idea. En el centro de la crema un pequeño disco cristalino de caramelo que no llega a estorbar ni a saturar de azúcar el frescor aromático de la crema. No son catalanes pero saben que el caramelo de una crema tiene que estar finísimo y no quitar protagonismo a lo principal, que es la crema.
Este menú Omakase cuesta 120 €, precio que, considerando el encarecimiento y enrarecimiento del buen producto, es bastante razonable. Pero, existe otro menú, más corto y menos centrado en los nigiri a 85€.
Ostra con gamba, ponzu, ikura y caviar
Hamachi japonés, salsa ponzu, mizuna,cebollino, trufa y chile
Me gustaron el toque de chile y el abundante cebollino. Solo dejé un poco de mizuna.
Tataki de ventresca de atún a la robata, salsa wafu
Julià Bernet rodeado de Matías Alonso y Joan Ponce
Álex Herrera , jefe de sala y encargado de los vinos, con su equipo
Hacía 16 años que no volvía a Vilafranca del Penedés, agradable “vila” a unos 50 kms al Sur de Barcelona con sus interesantes monumentos como su museo del vino que no tuve tiempo de visitar (estamos en plena zona del cava). Fue entonces para acudir al Cigró d’Or, restaurante del cual se habla menos en estos últimos años. De hecho, se habla poco de algunos restaurantes que se salen del área de Barcelona o de Girona…
He vuelto esta vez por la llamada de JULIÀ BERNET, un joven cocinero autodidacto, formado en restaurantes tradicionales de la zona y enseñado por todos los vídeos de cocina que ha podido ver sobre chefs franceses de la Nouvelle (y no tan “nouvelle”) Cuisine. Un cocinero más fascinado por el clasicismo que por la “modernidad vanguardista” en la cual no se reconoce. (En esto, me recordó un poco a Esteve García de La Jovita de Calonge). Lleva tres años en este bonito y confortable restaurante con la cocina enteramente a la vista y un privado en el primer piso, que no visité. Pero en una etapa anterior, estuvo tres años más en otro local, también llamado VILAGUT , cuyo nombre, creo, es en homenaje a su abuelo.
Antes de aceptar la invitación, miré la web, y algún episodio del juego televisivo catalán Joc de Cartes, en el que el chef demostraba seguridad en sí mismo y criterio.
Los platos de la carta, a pesar de revindicar también la cocina catalana de territorio, carecen de esas pseudo moderneces ya cansinas de lo dulce-salado que parecen consustanciales de la catalanidad de la cocina tradicional. Tal vez sea esta fascinación por el academicismo francés lo que le ha apartado de ese peligro dulzón, cosa que celebro. Julià tampoco busca ninguna “creatividad” forzada para epatar. Se decanta más por la vía de un virtuosismo artesano al servicio del producto y de un resultado final elegante y amable. Solo detecté una esfera de queso fresco, perdida en uno de los platos, que ni le convence a sí mismo, pequeña señal y última rémora del paso de uno de sus cocineros por Disfrutar.
La carta me gustó por esa apuesta anticreativa asumida, lo que no significa que se pueda demostrar algo de personalidad : una cocina que arranca con el mejor producto al cual Julià le aporta simplemente el valor añadido de su técnica y de su buen gusto. Acepté esa invitación (y desplazarme a Vilafranca en tren de cercanías…) ya que me apetecía esos comer guisantes en su punto, el gallo del Penedés (raza de ave icónica de la comarca), un canelón de tres carnes en condiciones, con un poco de foie gras en la farsa y ligeramente gratinado (en este plato hubo , sin embargo, una pequeña sorpresa) o unos pies de cerdo en mar y montaña con un tártar de cigala (¡eso sí que, para mi, sería catalanidad culinaria!), plato que será para una próxima visita ya que, al final, Julià insistirá en darme el pichón. Y acertó : un pichón du Mont Royal de Occitania, distribuido por Higinio Gómez que se madura ligeramente y cuya pechuga se cura unas horas con azúcar y sal. Jugo de carcasas con vino rancio, y muslo, confitado al vacío. El resultado es espléndido, tanto en la textura de la pechuga, melosísima, como la de la pata tierna y sabrosa. Solo le quitaría el azúcar añadido a la salsa y reequilibraría la acidez con gotas de limón o un vino de Jerez más seco. Al lado, sus interiores “à la Royale” (es un pichón de sangre) a la que añade unas láminas de trufa y champiñón. Platazo sin ninguna duda.
Otro plato que me encantó fueron los guisantes. En mi post anterior hablaba de la importancia del tamaño. En mi opinión, no ha de ser ni muy pequeño ni muy grande. Y del tiempo de cocción: ni muy largo para que el grano no se desinfle, ni no muy corto para que no sea una crudité y que le dé tiempo a la tierna leguminosa absorber el sabor del fondo, caldo o ingrediente sápido que se le añade a esta ligera cocción. Aquí se trata de un magnífico fondo de gallina que, casi por si solo, y con cuatro láminas de trufa en juliana, hubiera sido suficiente para servir el plato. Recuerdo que los guisantes, y más en este caso en el que sabor y textura estaban inmejorables, han de ser los auténticos protagonistas del plato. Nada debería estorbar, sino son pequeños “tropezones”, la degustación de esta joya.
Me gustaron tanto que los degusté, como lo verán, por partes o secuenciados, ya que no me quería dejar despistar por la alcachofa o por el trozo de butifarra de perol, riquísimos, sin duda, pero que podrían tener otro sitio en la carta (como creo que tienen). En la foto, la parte final de mi degustación.
Del canelón, solo quería decir, que estaba de un sabor y finura notables. Y la bechamel muy golosa con estos trazos de salsa Périgueux por encima y algo del inevitable parmesano para el toque de umami. El tierno envoltorio tenía una pequeña particularidad que descubrí solo al segundo bocado: se trataba de una delicada crêpe…
En cuanto a la galantina de gallo del Penedés, sin duda excelente aunque un poco sosa, faltaría bien definir si es una galantina “fiambre”, servida fría con una ensalada que, por cierto, debería estar más aliñada, o bien un plato caliente (sería mejor en este momento invernal del calendario), bien napado con una salsa Périgueux , “sazonada” en el último minuto de su hervor con una buena brisure de melanosporum.
Sobremesa con debate gastronómico muy productivo. Marc Ribas, el presentador de Joc de Cartes, me había avisado. Julià es un cocinero entusiasta, seguro de lo que quiere hacer, pero al mismo tiempo deseoso de escuchar críticas y de crecer. Aun tímido con los toques personales, (postres algo previsibles), es consciente de que su cocina, que ya encierra lo más importante que son producto, excelentes fondos y cocciones impecables, puede crecer por la vía de un ligero atrevimiento, sin dejar de complacer a su clientela habitual.
Hay dos menú degustación : Tradició a 65€ y Territori a 85€
Se me hizo un menú a mi gusto, exceptuando el pichón que , al final, me encantó.
Panipuri de setas con panceta, tartaleta de pasta filo con beurre blanc y tártar de gamba
Ricos, pero hubiera preferido un buen pâté de ave con gallo del Penedès y una fina masa de coca, mejor que la filo, para el tártar de gamba.
Guisantes con butifarra de perol, alcachofa y trufa
Ese caldo de gallina …delicioso!!
Galantine de gallo del Penedès con ensalada de trufa y esfera de queso tiernodel Pirineo
Canelón de rostit , bechamel de trufa y salsa Périgueux
Merluza gallega con pil pil «donostiarra» y cocochas
Buena cocción de la merluza. Una pena que no se pueda añadir siempre cocochas al plato. Unos dados de patata al vapor le podría ir bien, sobre todo para el servicio en ración.
Pichón de Mont Royal, farcellet de acelgas y sus interiores a la Royale
Como lo digo en la indroducción, solo haría falta reequilibrar el azúcar de esta salsa, pero me gustan este tipo de jugo cortados, más que las reducciones más ligadas.
Flan cremoso con vainilla de Madagascar y chantilly
El único plato que no sea blanco. Reconozco que me gusta la cerámica o porcelana impolutas y sobrías.
Gominola de cítricos, galleta sablé con mascarpone, trufa
Buena recomendación de ALEX HERRERA, impecable en su trabajo en la sala : Este blanc de noirs de sumoll me acompañó para toda la comida.
Por cierto, amigos de la guía Repsol, esta cocina se merece mucho más que un tímido «solete»…
Por circunstancias varias (gustos personales, proximidad a mi barrio, acompañar amigos en su primera visita etc), suelo repetir en restaurantes a sabiendas que son muchos los sitios nuevos a los que no he acudido. No trabajo en plantilla de ningún medio y no me siento obligado a nada. Un post, para mí, no tiene solo un contenido informativo sobre un nuevo local que abre, sino también sobre cómo evoluciona al cabo de algún tiempo, sus nuevos platos, etc…Es lo que hice durante muchos años con restaurantes como Gresca (primer post en 2006 cuando nadie hablaba de ello), Coure, Alkimia (luego Alkostat), Suculent o MontBar. También, últimamente con Deliri o Slow & Low. Repetir, cada vez que se puede, es tan importante como visitar novedades (que algunas veces pueden ser prescindibles).
Ayer he vuelto a Arraval, el restaurante de Alex López y sus dos socios del equipo de verano de Alkostat del Mar, pero es ya mi tercera visita ahí. Hace un mes también, pero no lo comenté. El restaurante, ya solo abierto a la noche, estaba a tope. Es el sitio canalla de moda pero Álvaro, el sumiller, está muy consciente de este “efecto novedad”. La otra noche, parecía un neo bistró parisino ruidoso (con la música un poco alta) y la gente muy “animada”. Como un “Le Baratin” de París, pero aquí con mejor cocina. El silencio debería ser un ingrediente más del plato…(como lo es en restaurante como Landua de Galicia) pero aquí me parece que será complicado…
Hace 30 años la gente de Upper Diagonal empezó a visitar Cal Isidre de Raval Sud o Casa Leopoldo, al salir del Liceu, hace 14 años apareció Suculent (y Toni Romero siguió, y con éxito, apostando por el barrio), luego el My Fucking Restaurant en el c/Nou de la Rambla y ahora son estos tres intrépidos cocineros que llenan cada noche.
Este barrio representa muchas cosas , algunas sin duda mejorables, ya lo sabemos, pero el espíritu de Vázquez Montalbán debe de estar flotando aun por ahí…
Repetí platos por segunda vez, es decir que los comí en tres ocasiones : la tostada de sopa de cebolla (inspirada en una versión de Jordi Vilà: “lo mejor de la sopa de cebolla. Una idea de “torrija salada”), los garbanzos con gambitas y níscalos escabechados o el capipota, gratinados con queso comté y garam masala (un guiño al barrio), son platos para comer y volver a comer. Sencillez, pero con un bonito toque de gracia. He visto que el Pâté en croûte ya se ofrece como plato y no solo como pequeño acompañamiento del caldo de escudella. Ya me lo pareció en mi primera degustación: aquel “Oreiller de la Bella Aurora de aprovechamiento”, tenía entidad propia por sí mismo.
Me gustan que pongan sus patatas fritas de guarnición de algunos platos. Llegan a veces a parte como con el capipota. En este caso, llevan un estupendo toque de especias y un aliño de yema de huevo. Otro plato que, como el “Pâté”, se da como sin importancia, y que podría ser un sustituto original a las habituales patatas bravas, solo añadiendo algo más de picante. (En Mantis o en Glug han buscado equivalentes personales a las patatas bravas).
Pero como guarnición están fantásticas. En diciembre se servían en un plato de galantina de ave que podría ser otro plato para repetir más y más veces. Pero en esta casa, se cambia bastante la carta y se intenta buscar ese equilibrio entre mantener estos platos tops y renovar para que el equipo no se aburra.
También recuerdo de mi visita de diciembre un arroz con leche (espero también que vuelva a la carta): estaba perfecto. ¡Sí! también un simple y perfecto arroz con leche me puede entusiasmar, sobre todo después del que comí en recientemente en un local del Passatge de la Concepció.
Esta vez se pidieron dos platitos nuevos para mí y para los de la mesa que se estrenaban: una ensaladita de peras a la sal y endivias y el plato de pescado “cru”(creo que era jurel) que llevaba nada menos que caqui, granada y naranja. Un fantástico plato de fruta que hubiera podido estar (solo retirando el pescado)en la carta de postres del final. Unos platos ideales para la gente moderna de poco apetito.
Como plato «fresco» pero con más sabor, recomiendo un excelente plato de “esqueixada” que lleva pimientos, tomatitos, cebolla y buen aliño. Es este tipo de aliño que le hubiera convenido a este jurel. No una macedonia de fruta sin acidez.
También falló la costilla de vacuno, por muy de Discarlux que fuera y, muy elegantemente no se cobró.
En cuanto a los guisantes. Es algo que se suele repetir cada año (ver mi post anterior sobre Incorrecte): la tendencia de los cocineros en pensar que este magnífico producto, que el mundo nos envidia, necesita muchos acompañantes en el plato, cuando un 1 solo, a veces, le sobra. El guisante tiene que tener todo el protagonismo de un plato y no puede ser ni guarnición ni un ingrediente más. El grano de tamaño muy pequeño no se puede cocinar ni un segundo, sin que se deshinche: solo sirve para «crudité». Cuando está muy gordo (o granado, sobre todo al final de temporada) se vuelve harinoso y solo sirve para crema. Lo mejor es de tamaño medio y con pocos adornos que nos despisten. Es cuando soporta algo de cocción por la cual los sabores del los caldos le podrán aportar su sabor. Un chup chup de dos o tres minutos en los que ganaran en dulzor, sabor y aromas que se les quiera dar. En este caso con un tamaño algo más grande y ese jugo de galerea con 4 hierbas hubiera sido suficiente. Y galeras y crestas para otro plato.
Dudábamos en pedir la pavlova de frutos rojos. Un postre a menudo excesivamente dulzón por el merengue francés. Aquí se trataba de un milhojas de capas finas de merengue italiano deshidratado y me pareció de las mejores pavlovas actualizadas que he comido. La mousse de chocolate con tropezones de avellanas, bastante melosa y agradable (pero ahora cualquier postre de chocolate tiene que llevar aceite y sal…).
Y en la sala, soportando con una tranquilidad pasmosa el bullicio, está Álvaro (ahora con un ayudante) encontrando, en cada una de mis visitas, esos tintos ligeros, todo terreno, tan oportunos para esta cocina.
El cocinero televisivo MARC RIBAS (Joc de Cartes y Cuines en Tv3) y chef del restaurante CIRI de Terrassa (ver mi post del año pasado) acaba de abrir un local en Barcelona en el que se venden embutidos, quesos, conservas de productos catalanes. También bocatas que se pueden consumir para llevar ya que el espacio no dispone de mesas, solo de una pequeña barra. Dentro de un mes, se abrirá en el Carrer Verdi (delante de los cines) otro local más amplio para poder consumir in situ con más facilidad.
La idea de estas dos aperturas es promocionar los productos calidad de nuestro territorio y ofrecerlos, tanto para llevar a casa, en un barrio con buen poder adquisitivo y turismo, como para degustar en forma de bikinis, planchados, bocatas o la típica “clotxa” de gente del Sur de Cataluña, el antiguo “tupper” que se llevaban los payeses al campo, haciendo de aquellos panes vaciados el continente al mismo tiempo que acompañamiento panarra de sus comidas. Quizá sea el concepto a la vez más curioso, pero también más difícil de aplicar en un ambiente urbano.
Lo interesante es poder comprar estos embutidos y llevárselo para degustarlos tranquilamente a casa. Algunos me han parecido excelentes. Una buena ocasión de huir de los embutidos procesados de los supermercados, cargados de nitritos y elaborados a partir de cerdos de granjas masificadas. La Cataluña interior tiene, aunque de forma minoritaria, algunos oasis de granjas o masías que intentan hacer bien las cosas, tanto en calidad como en relativo bienestar animal.
En la tabla de embutidos estaba un “PA DE FETGE”excepcional de Xavier Alemany (Girona) : el típico Pâté de campaña catalán que cuesta hoy encontrar y que puede competir con el mejor Pâté afrancesado. Textura nada apelmazada, friable, aromático y sabroso.
Me encantó la BUTIFARRA MEDIEVAL de Fermí Corominas (Garrotxa): un embutido de una receta muy antigua, recuperada, que puede recordar una butifarra negra, pero aquí también de una textura más amable y de una profundidad aromática (tomillo etc…) excelente. Un descubrimiento.
Corominas también elabora este JAMÓN “tipo BAIONA” , que se suele llamar coloquial e impropiamente “jamón del país”. Poco curado, textura melosa. Pura delicia, para un bocata con buen pan con tomate.
La “llonganissa de porcella” : más seca de lo que corresponde a mis gustos, pero excelente cuando se corta un poco más gruesa que lo que vemos en la foto. Su grasa se funde en boca y su textura se torna más amable.
Quise probar el Jamón “dulce” SUMMUM braseado de Ral d’Avinyó (comarca del Bages). Un cerdo con el que suele trabajar Marc desde hace años ya. También me encantó.100% carne de cerdo de calidad. (Evidentemente sin comparación con lo que se encuentra en los supers, por muy «de marca» que sean. (Evidentemente a degustar con su deliciosa piel).
Con el Baiona y el queso de vacaEL PILÓS de Formatgeria MUUU BEEE (¡sí , un nombre a partir de dos onomatopeyas!) se hace el “planxat”, a partir de un pan de Suca’l , la panadería de Ton Cortés de c/ Rosselló (ganador el año pasado en Italia del Mejor Panetone del Mundo).
Pan bien crujiente, interior jugoso y muy sabroso. Cuesta y, sobre todo, vale estos 7€ .
La clotxa de albóndigas (un sawarma de capa gruesa…) aun me parece un concepto por afinar, tanto en la comodidad de su degustación (en el local de Gràcia será más fácil), como en la regularidad en la ejecución de los guisos que se cocinan a partir de recetas de Marc, pero no por él directamente (sofritos de Antoni Izquierdo).
Quesos: Madurado de Bauma, Lluna Bruna y Reixagó madurado (el queso curado que personalmente recomendaba como equivalente a un manchego seco o parmesano y cuya quesería está, en estos momentos, liquidando sus existencias por cierre, aun no sé muy bien por qué motivo). Ganas de probar pronto el «parmesano catalán» (nombre provisional) que está elaborando Molí de Ger.
Excelentes galletas de David Rovira. Ese toque dulce que apetece después de un buen bocata y que acompaña un excelente café de especialidad a precios imbatibles (2€). Bollería y pastelería de Escribà.
El otro día me invitaron a una comida de prensa en el restaurante INCORRECTE de Barcelona. Uno de estos muchos pequeños restaurantes que han abierto estos últimos años, algunos con nombres que han querido romper con los nombres más tradicionales, como lo hizo el Maleducat o el Malparit.
Hay tantos restaurantes de este estilo que es difícil no descartar algunos. Es lo que había hecho con este. Así que llego tarde a este sitio. Pero ahí descubro a un cocinero, MARCEL PONS (Ex Embat , El Nacional o El Angle del tiempo de Jordi Cruz) que, al saludarnos, nos dice que quiere un feed back real y no palabras de halago rutinarias. Comentarios críticos tantos en un sentido como en el otro. Esto ya fue como algo positivo e inusual. El cocinero o el responsable de sala suelen preguntar sobre los platos, pero se esperan siempre palabras elogiosas. Aquí parece que Marcel quien, por otra parte, parece tener seguridad en el tipo de cocina que quiere hacer, al mismo tiempo está predispuesto a escuchar la opinión del comensal. Tanta era su duda que, una vez que se hayan marchado todos los asistentes al evento, me propuso quedarme para seguir charlando un buen rato. Primera cualidad de esta persona: la humildad.
Solo en cocina con Gabriela Figueroa , su mano derecha y artífice de la parte dulce (Ex Espai Sucre y Bo.Tic ), sirvió un menú de 8 o 9 platos a unas 20 personas con la cocción impecable del pescado (lubina y vieira) y de las verduras (calabacín y calçot). Sus kokotxas salieron, eso sí, un poco secas…Platos con varios ingredientes (tal vez demasiados) y tipos de elaboración. Su carta es posiblemente excesivamente larga, pero al menos demuestra valentía, capacidad organizativa y rapidez. Otras cualidades importantes.
Y otra de sus virtudes son sus ganas de comunicar y explicar lo que hace, con una afabilidad inusitada. También el lado humano es importante.
Lo que se debería corregir: un pequeño exceso de salsa cremosas (la Soubise del plato de setas y kokotxas empastaba el plato más que lo servía).
Exceso de ingredientes en el plato : esos guisantes en su justo punto no necesitaban vieira, berberechos, crema de morcilla y trufa. Muchos productos entre los cuales el más “noble” eran estos guisantes que con un poco de butifarra negra y trufa rallada estaría perfectos. Los moluscos podrían ir para otro plato.
Las fresas en vinagre de la temporada pasada adolecen de falta de frescor crocante. Mejor respetar la temporalidad: manzanas, cítricos, los últimos caquis…
Ricos han estado su calabacín con crema de almendra y panceta curada casera o sus calçots con beurre blanc de calamar, pero el plato que más gustó (unanimidad en la mesa) fue la melosa lubina de Aquanaria con salsa de judías verdes, su juliana crocante y una patata agria chafada. Indagué sobre la variedad y su cocción, cocida con sal y secada en la cazuela como una patata canaria (parecía pulpa de patata al caliu). A veces lo que más se valora no es la complejidad forzada (según la expresión de Ártur Martinez) sino la sencillez, poco o mucho, reflexionada.
En resumen, a pesar de los defectillos señalados, INCORRECTE es un sitio lleno de vida y de ilusión por cocinar artesanalmente, frente a las sucursales, centros de producción y quintas gamas que nos invaden. Un pequeño rincón con decoración algo llamativa: ese rojo vivo de mesas y sillas es como una señal que quiere llamar nuestra atención.
Parafraseando al comentarista gastronómico François Simon en sus reels de Instagram “¿Volveré a Incorrecte?”. ¡Espero que sí..!
Buenos vinos recomendados por un atento David Ferrés en la sala (a la izquierda en la foto) , como este agradable viognier de Jumilla (una variedad que descubrí hace 30 años con el Clos d’Agon y los blancos de Côte du Rhône) y ese trepat de Josep Foraster que me va acompañando a menudo en mis (a veces dificultosas) búsquedas de tintos ligeros.
Buñuelo de pan con tomate, fuet, aceite y sal
Vermut con espuma de aceituna
Buena textura del buñuelo. Animo a Marcel a cambiar de fuet. El de Sèlique descubrí hace poco en Els Tinars me encanta.
Vermut un poco dulzón
Calabacín con ajo blanco, mostaza en grano, papada ibérica, praliné salado de almendra
Calçot con espinacas y salsa de calamar
Kokotxas con rebozuelos, salsa Soubise , romesco de guindilla y cebollita encurtida
Se apreciaba poco el romesco.
Vieira, guisantes y berberechos con salsa de morcilla y trufa
¡Queremos guisantes!
Lubina de Aquanaria, judías verdes, patata y Espelette
Hace ya más de tres semanas que cené en SLOW & LOW de FRANK BELTRÍ (ya sin su antiguo socio Nico de La Vega pero con muy buen equipo).
Muchas veces hablo de cierta fine dining con un tono (ligeramente) despectivo, al mismo tiempo que la reivindico cuando alcanza la excelencia, a través de la originalidad, creatividad o simplemente suculencia refinada. Cuando es así, la defiendo, aunque a veces esa mantenga ciertos tics esteticistas, manieristas , tanto en emplatados un poco deslavazados como en puestas en escena ampulosas. Aceptar estas convenciones (cuando no son exageradas, como estas florecitas decorativas que veremos) son los pequeños peajes que hay que pagar para acceder a esta suculencia refinada a la cual me refería. Al acabar un menú como el que hice en el “Slow”, no me puedo refrenar en pensar en una posibilidad de volver, pasados unos días o semanas, y degustar, al menos en media ración, algunos de estos platos que he probado en tamaño de degustación largo. Pero no existe ni carta ni menú corto de 5 platos. Por consiguiente, cada bocado es una pequeña frustración que la llegada del siguiente pase nos ayuda, por suerte, a superar. Y, en esta casa, la constante subida de nivel a medida que avanza el menú, hasta llegar a esos golosos callos de cerdos, no decaerá con los postres ni con los petits fours. Son pequeñas piezas de orfebrería gourmandes que la ligereza de esta cocina (a pesar de su fuerza gustativa) nos permite apreciar con total fruición. Gran cocinero viajero y alumno aventajado de la Escuela Espai Sucre de Jordi Butrón, son algunas de las bazas de Frank. Sentido del gusto y minuciosidad en la aplicación de las técnicas son otras donde se apoya para trasmitir recuerdos que ha acumulado a través de los años en su mochila gustativa. Aquí las formas “bonitas” de los emplatados, dentro lo que cabe bastante contenidas,a pesar de usar platos satélites, no perjudican el sabor, simplemente lo suelen acotar y son el reflejo de esta complejidad en boca que el comensal se encontrará. Los jugos, aliños, mojos y salsas no engañan. Las cocciones son perfectas y el producto está presente, luciéndose sin adquirir todo el protagonismo del plato, que es mérito del conjunto.
Sin más aburrir, esta cena ha sido sin duda una de las mejores que he hecho en esta casa. Quedará poco sitio para apreciaciones críticas, más personales que objetivas (dos o tres detalles que veremos en los comentarios de los platos). En el plato de la vieira, no habría ninguna necesidad en añadir un helado para refrescar. Nos apetece mantener en boca ese sabor profundo de ese “miso” agridulce. Como la limonada que, otra vez, pretende refrescar el paladar en el caso de los “callos” de cerdos. Ya con la mahonesa de alga que acompaña la corteza, esa función se cumple. Y luego vendrá el vino que aporta su propio “refrescamiento”. A Frank, le cuesta ser, ni que sea alguna vez ser “minimalista”. Siempre tiene la impresión de que queda algo por añadira plato.
En fin, que todo sea esto…La cena me encantó.
Crujiente de nori, tártar de lubina y polvo de chile
Tártaleta de mejillones, teriyaki y mojo verde
Tártar de ternera , palo cortado, chile guajillos, gel de alcaparras
Almejas sweet chili, aguacate, caqui
Bloody Mary, gel y semillas de tomate, tahini, quisquillas y sus patas fritas
El único plato en el que el picante está en el límite. Aun así, perfecto, aunque un poco veraniego.
Tostada de atún, mahonesa de garum, tostada, cremoso de aguacate, jalapeño, gelé de moscatel
Vieira , beurre noir de ajo negro
Helado de manzana fermentada
Lo dicho anteriormente: el helado sería prescindible y repite la construcción de un plato anterior. Menos helados y un buena sopa caliente se hubiera agradecido en este menú de invierno..
Aun con el frío que pelaba ayer, la terraza, bien resguardada y con estufas, estaba disponible con su acogedora puesta de mesa y su camarero perfectamente uniformado. Aquí muy apropiada la palabra «waiter» . En inglés, el que espera…
Óscar Manresa y el equipo de cocina
Ocho años después de reabrir CASA TEJADA como bistrot y Oyster Bar de Tapas, y después de un largo tiempo cerrado por desavenencias con propietarios, la casa reaparece con un nuevo look y una nueva propuesta.
ROMAIN FORNELL se ha convertido,desde hace ya varios años, en un empresario de la restauración cada vez más activo, tanto en Barcelona como en París donde ayuda a reabrir, en asociación con potentes socios, casas antiguas con encanto e historia, como es el antiguo tres estrellas Lapeyrouse o la no menos histórica Casa Prunier, templo del caviar. Estas actividades transfronterizas le han valido, hace poco, el reconocimiento de Chevalier de la Légion d’Honneur, por parte del presidente Macron.
Aquí los locales no tienen tanta historia (si exceptuamos su dirección gastronómica en el glamuroso Hostal La Gavina de S’Agaró), pero ya se compone con el buque insignia Caelis en el Hotel Ohla Barcelona, el Café Pablo en el Museo Picasso, el Gran Café Rouge, el rooftop Azul cerca del Hotel WW o el Café Turó. Todo un pequeño imperio.
Aun recuerdo como si fuera ayer cuando, hace unos 25 años, un joven Romain se instalaba en el Ritz. Se le presenté a Rafael García Santos en una cena en el restaurante Diana (luego llamado Caelis) con Roser Torras y Josep Gaspart en la mesa .(Era justo la víspera de la boda de Ferran Adrià…). Al año siguiente el restaurante entraba en la Guía Lo Mejor de la Gastronomía. Hoy vemos todo el camino recorrido y desde entonces, hemos mantenido una cierta amistad, tan distante como sincera y un respeto mutuo que no consiguen resquebrar mis comentarios gastronómicos que he ido haciendo sobre sus diferentes restaurantes a lo largo de todos estos años. Y Romain siempre ha respetado estos comentarios.
Pero volvamos al tema de Casa Tejada. Definiría este nuevo concepto como el de una “Ostería con aire de bistrot”. La italianidad domina la carta, algo mitigada por beurres blancs, “filet au poivre” , Café de París personalizada, arroz pilaf y ratatouille. En las fotografías algo retro que decoran las paredes, Alain Delon se codea con Claudia Cardinale y Sofia Loren. Pero las banquetas de moleskine nos recuerdan las casas de comidas parisinas (recomiendo la del recoveco del pasillo, ideal para tres. Casi un privado).
No decidimos el menú. Romain bloqueado por la nieve en París, delegó a Óscar Manresa, el dueño del Catalina de Gavà Mar, su papel de amable anfitrión . Personalmente tenía interés en probar los fetuccini Alfredo. Me gustan los platos con historia : como la de este restaurador de principio del sigo pasado, Alfredo di Lelilo, que quería preparar un plato fácil y “ligero” para su mujer embarazada y que consistía simplemente en una pasta fresca (se aceptan tagliatelle) con mantequilla y mucho parmesano. Creo que los cocineros de Casa Tejada, como lo veremos, son demasiados tímidos con el queso, la sal y la pimienta (pondría el molinillo en la mesa). Pero este plato se hizo más famoso después de que lo probaran dos estrellas del cine mudo, de luna de miel en Roma, Maria Pickwick y Douglas Fairbanks, hasta tal punto que mucha gente piensan que nació en los EEUU. También la pizza triunfó definitivamente en Europa, una vez que los italoamericanos le hayan dado proyección internacional.
También se encuentra en la carta el carpaccio con salsa Harry’s Bar. Me acuerdo que lo preparaba en los años 80-90, después de que me lo enseñara hacer un cocinero que venía del Eldorado Petit de LLuís Cruañas , un gran restaurador italianófilo de aquella época). Pero el carpaccio fue un invento del restaurador Giuseppe Cipriani en 1950. El nombre del local y de la salsa serían un homenaje a un mecenas americano suyo. Este aliño no tiene que dulcear , como si fuera un dressing yankee. Le recomendé que se amostazara la mahonesa (le he puesto el nombre de “salsa dijonesa” a la mahonesa que se hace en Francia con mostaza de Dijon). La considero como una derivada de la mahonesa (de Mahón) que ella solo lleva huevo y aceite. A la que probamos aquí le hacía falta más garra: le pondría mostazas de Dijón y de Burdeos (parecida a la inglesa en menos dulzona).
Pero veamos el resto de los platos con la deliciosa masa crujiente de aguacate y cangrejo real o el entrecôte con Café de París personalizada. Se trata de una carne del País Vasco llamada “cazurra” (no es una especie de vacuno sino una manera de seleccionar y un procedimiento para madurar esta carne, sabrosa y melosa. Patatas fritas francesas impecables y puré de patata, muy bueno, pero no tan untuoso que el de Robuchon que Romain propone en su Caelis . Por si interesa la receta de Éric Bouchenoire , brazo derecho de Robuchon durante décadas es : 700gr de pulpa de patata ratte (pronunciar «rat» no «raté»), secarla un poco al fuego suave,(como su fuera una «pâte à chou» e ir incorporando dados de mantequilla blanda pero no pomada, y chorrito de leche caliente al final, según necesidad. Aquí no llevaría tanta mantequilla y tiene una textura más rústica, apropiada para una casa de comida con Casa Tejada.
Acabaríamos con el famoso helado de vainilla hecho al momento de Cipriani.
Como lo vemos, una carta llena de referencias…
Foccaccia, grisine, pan sardo. Pan con tomate un poco falto de pulpa.
Crujiente de aguacate y cangrejo, pizca de curry
No necesitaba limón. Delicioso.
Carpaccio de atún Balfegó al natural
Tenía la textura de la parte del atún que se saca raspando la espina (nakaochi) y que se suele servir en temakis en los restaurantes japoneses.
Vitello tonnato con alcaparrones
Muy rico.
Carpaccio Harry’s Bar
Leer la introducción.
Buen punto de cocción, pero se aprecia en la foto de que falataba queso que, según la receta, tiene que ser tan abundante como la mantequilla.
Fettuccini Alfredo
Con generoso suplemento de trufa (muy buena). Igual teníamos que haber pedido más parmesano pero después de pedir sal gorda y un gajo de limón (le puse 4 o 5 gotas), toques que se fueron integrando poco a poco a los ingredientes, el sabor del plato subió bastante y los últimos bocados estuvieron perfectos.
Entrecôte estilo «tagliata» con patata fritas y salsa Café de París a la manera de Romain Fornell
Suplemento de puré.
Zabaglione de chocolate con helado de pistacho
Textura soufflé. Toque ligeramente salado del helado.
Helado de vainilla, toffee y almendras
Bebimos un excelente syhra de Côtes du Rhône de 12º y a la buena temperatura.Disculpad: me olvidé de la foto. Su mujer, Yuliya Kolesnik se encarga de la selección de vinos en los restaurantes de Romain en Barcelona.