De Donostia a Barcelona…
Ayer era la inauguración oficial del restaurante ZERUKO. Pero tuve la oportunidad de visitar esta casa un día antes para poder disfrutar con más tranquilidad. No me gustan muchos las aglomeraciones festivas.
El bar de tapas de la calle Pescadería de San Sebastián ya lleva un par de meses representado en Barcelona, justo en el emplazamiento de la antigua librería Ona. Un magnífico espacio evidentemente totalmente transformado para recibir la propuesta barcelonesa de una neotaberna vasca. Digo “neo” ya que lo que se ofrece ahí va un poco más allá de una cocina tradicional de pinchos donostiarras. Iñigo Galdona, el encargado (de pie a la izquierda), y Josean Calvo, el cocinero/propietario de la casa madre, han querido dar un giro a la cocina “ de toda la vida”.
Lo que más me gusta de entrada es ver que las tapas, entre las cuales destaca un llamativo trampantojo, que recuerda (sólo en apariencia) el tomate de Dani García, están debidamente protegidas por un cristal. Ya se sabe que en Cataluña, el estilo es diferente. La gente no se suele acercarse a una barra para ir cogiendo los montaditos expuestos.
De hecho será sentados en cómodas sillas y mesas (sobre todo las mesas bajas del altillo, con vistas sobre la cocina), donde los clientes son invitados a instalarse para disfrutar de los platos.
Otra cosa que me ha gustado particularmente es la calidad del producto utilizado, como lo veremos por ejemplo en las tostas, versión más refinada de las rebanadas de pan donostiarras.
Se perciben en algunos platos influencias de otras cocinas . Pequeños “homenajes” que preferí descartar para centrarme en propuestas más sencillas y menos ambiciosas. Os dejo adivinar los “homenajeados”: Queso de cabra, manzana, foie y caramelo. Royale de foie con reducción de coca-cola. Magnum de foie…Para los amantes de la playfood (entre los cuales no me cuento) hasta tendrán a su disposición La Hoguera de bacalao…
Sólo quise probar el falso tomate que resultó ser una agradable ensalada de atún , envuelta en una gelatina de piquillo, propuesta muy diferente a la de Dani.(3,85€)
Seguimos con la croqueta de Idiazábal, rica aunque un poco densa (4,15 € las dos unidades).
Buen tártar de lomo de atún, con puntitos de crema de guacamole. (7,90 €)Interesante el detalle del aire de soja, que aporta aquí su matiz sin “ensuciar” el pescado, como suele pasar siempre. El “aire” hecho con sabores livianos se limita a un papel decorativo, pero cuando se trata de sabores más potentes (soja, wasabi, limón…) funciona mucho mejor al nivel gustativo. “Una manera elegante de condimentar un plato” me dijo un día Joan Roca.
Unas excelentes tostas de vieiras y de bogavante del Maine (5€ y 8,50€), sobre una fina capa de mahonesa. Me gusta esta mezcla de bocado canalla con un buen producto bien cocinado. Sólo sugiero, como lo suelo hacer muy a menudo, potenciar de picante (mostaza, harissa, chile, raifort…) o acidez (vinagres, cítricos, encurtidos) estas mahonesas demasiado planas. La mahonesa no tiene porque limitarse a la aportación grasa propia de una emulsión, sino también vehicular matices gustativos que sumen.
Degustamos un icono de la cocina vasca con estos ortodoxos chipirones en su tinta. (4,10€) tipo de plato que Edgar (segundo desde la derecha), el jefe de cocina vasco tiene por las manos.
Pincho de pulpo y papada. Las dos cocciones impecables. Muy rico. Pero la salsa de mango no le aportaba nada sustancial, sino endulzar el bocado inútilmente.(3,90€)
Jugaría aquí la carta del pincho “canalla” hasta el final , con el aderezo integrado, y lo sazonaría con unos puntitos de una mahonesa de pimentón picante (si quisiera ser previsible), o de kimchi (si quisiera ser más “moderno”) o de una tártara al raifort o de lo que fuera…Con cuatro puntitos se subiría el sabor del pincho y se podría comer sin necesidad de platos ni cubiertos. En el fondo la mahonesa es la gran salsa de la cocina de los pinchos vascos. Pero creo que se trata de jugar con un poco de atrevimiento e imaginación (sabores picantes, ácidos, hierbas, especias…), a partir de esta maravillosa “salsa madre” , como se le considera en la nomenclatura culinaria clásica.
Chuleta con los tradicionales piquillos confitados (42 € el kilo)
Postres , como suele ser habitual, algo desiguales. Cansino el juego visual del huevo al plato (crema de limón, esfera (basta) de pasión, sponge cake), falsa chistorra de frutos rojos y almendras (correosa). (5,50€)
Descompensada la crema de chocolate blanco (mucha cantidad y algo granulosa) con helado de maracuyá y granizado de albahaca (4,60€).
Mucho mejor la melosa torrija caramelizada.(4,70€)
Última cosa para destacar, el servicio muy atento, profesional y amable en particular por parte de Héctor (en medio, abajo en la foto) el camarero que atendió nuestra mesa. Después de mi crítica a la sala de uno de mis posts anteriores, es justo ahora que lo señale. Y para terminar, quisiera destacar la buena relación calidad precio de los platitos.
Un buen txacolí
ZERUKO
Gran Vía nº 654
93 342 34 51
(Buscan personal de cocina y sala…)

