Visito POMPA , la pequeña secuela del exitoso BERBERNA de CARLES PÉREZ DE ROZAS.
En este caso, el tema del vino es más presente aun que en el BigGourmand casi adyacente. Se puede decir que es un Bar à Vins con buenos platitos. Como un «bistrot» en sus orígenes, donde se iba a beber y, subsidiariamente, a comer. Pero hace tiempo que, sobre todo, se va a comer en los bistrós, aunque los vinos pueden tener más o menos importancia. Y aquí tienen mucho protagonismo. Yo simplemente pretendo que el vino (un par de copas como mucho) me acompañe en una cena, no que los platos acompañen los vinos. Aun así, gente como yo podrá disfrutar muchísimo en un sitio como Pompa.
Las paredes del exiguo local no dejan lugar a dudas, y la afición de Carles por las buenas botellas (muchos vinos naturales) es conocida. Imagino que el nombre del local es también una pista : pompa o burbuja, ya que la otra acepción de la palabra no se adecua a la sencillez del pequeño local, del cual, por cierto, se ha sacado todo el provecho que se ha podido.
Elegí el de la derecha. «Natural, pero limpio» me señala Carles. Efectivamente, ideal de versatilidad para todo lo que comí.
4 o 5 mesas y una barra para 4 personas que mira a una minúscula cocina-vista, con plancha y mini horno. Tal vez una freidora, que no vi. Sin embargo, Carles y solo dos cocineras sacan decenas de platos en dos servicios, a un ritmo endiablado. Mucho mérito. La buena mise-en-place no lo es todo. Se tienen que abrir los almeixones al momento, freír las bolas de maíz y saltear las sepionetas o el muslo deshuesado de pintada. Todo sale como por arte de magia de estos 4 metros cuadrados.

Vinos, mantequilla de oveja y ese pan de levadura madre (qué acidez más rica) y ya me encuentro en un neo bistró parisino. Ceno en la barra, con un amigo cocinero, la ventana abierta, justo a mi derecha, sobre la calle Séneca (casi peatonal). El mejor puesto del restaurante.
La cena se presenta muy bien, también con este buen arranque del carneiro justa abierta al natural y la concha fina con una especie de aliño casero que recuerda el tabasco verde. Casi comería media docena de estos bichos.
El tarama de merluzas con huevas de trucha no se debería compartir. Sí vuelvo, lo quiero para mí solo para untar esta bola crujiente de granos de maíz, que se aguantan «por los pelos» y evidentemente dulzona a pesar de su ligero toque picante (shichimi), y que necesita lo que le podría aportar esa crema salina que es el (o la) tarama.
El pato llega en forma de un tártar de sus agujas curadas (se agradece esta pequeña curación) con un buen aliño. Y con sus corazones salteados y bien salseados con un buen jugo.
Muy agradable la polenta con queso Ländle Montforter rallado
Me gustó mucho el negrito crudo : textura con buena mordida y un buen aliño de limón quemado (limón persa). Me hubiera gustado con el pescado napado para que el aliño no se quedara tanto en fondo del plato.
Nos faltó probar la tostada de gamba blanca…
En cambio, Carles insistió para incorporar la “ensalada del día” a nuestro menú. Un plato que es lento de emplatar y que recuerda una gargouillou (me había olvidado que ha estado trabajando en Bras…). No me acabó de convencer el conjunto, tal vez por un aliño poco presente con su toque dulce de miel. El azúcar es el único sabor que no hay que añadir a nada en los platos llamados «salados» : los vegetales, los crustáceos, los moluscos, las carnes con Maillard: todo lleva ya su propio azúcar. Hubiera preferido una buena ensalada de tomates de Can Fisas (su proveedor principal).
Muy rica la patata con judías verdes, huevo y jamón. Pero estas judías estaban ya un poco correosas…

2 invitaciones de la casa: el Shropshire (que dejamos a la espera para degustar como último bocado salado, y esta panceta (como guanciale) que Carles se había traído de Córsega.
Sepionetas
Pintada con chirivía y media chalota
Stilton con achiote (Shropshire Blue Colston Basset)
Carles ha hecho una apuesta por quesos principalmente de fuera y que tengan algo de diferente. De la misma manera, me comenta que no quiere ostras , sino almeixóns, pintada en vez de presa ibérica, o negrito en vez de lubina. Es su criterio.
Helado de crème fraîche, aceite de oliva y sal
Melocotón con un toque de brasa, sorbete de saúco
Aquí falló el producto: duro, insípido y sorbete muy dulzón. Un día después, Carles me dice que todo está corregido y me agradece mi comentario. Así entiendo mi relación con los cocineros (también lo he sido en otra vida…) : comentarios críticos directos y constructivos, aunque molesten en el momento. El cocinero no lo puede controlar todo. Necesita el feed back de algunos clientes cómplices. Parece que el cliente solo tiene derecho a contestar “muy bien todo” a la pregunta ritual que se le suele hacer al final : “qué tal han comido?”.
Tema ruido. En París, todos los bistrós son ruidosos y los clientes están encantados. Pero aquí pensamos que el confort no solo tiene que encontrarse en los restaurantes estrellados. También en una taberna. Antes de que yo se lo diga, Carles se adelanta y me anuncia que tiene la intención de buscar pronto una solución. Ya se ha sacrificado el típico techo abovedado barcelonés para poder insonorizar de cara al piso de los vecinos de arriba. Ahora toca resolver la acústica interna.

POMPA
Barcelona







































































































































