Observación Gastronómica 2

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DISFRUTAR abril 2025 (Barcelona)

Publicado por Philippe Regol el 30/04/2025
Publicado en: Uncategorized. Deja un comentario
https://videopress.com/v/c150iWHO?resizeToParent=true&cover=true&preloadContent=metadata&useAverageColor=true
El bullicio de la cocina de Disfrutar. Al final del vídeo, Paco Lara, el jefe de cocina en el pase.

Visita a la cocina de creatividad previa al almuerzo.

Mis reflexiones en la última parte del post.

El jienense Vicente Lara, maître de Disfrutar

El sumiller Rodrigo Briseño

Piña colada con coco en polvo

Cóctel sólido. Un concepto que apareció en elBulli a finales de los años 2000.

Panchino de caviar y crema agria

Esta vez se empieza directamente con el plato-signature. Plato inspirador, inamovible e inmutable en medio de la tormenta creativa que es Disfrutar.

Ñoquis de coliflor con coco y caviar

Ostra merengada con mousse de aceituna, miso de aceituna,pistacho y naranja sanguínea, crema de pistacho, aceituna negra

Escarola liofilizada

Calçot lio

Dashi de calçots escalivados, mochis rellenos de romesco fermentado, con calçots

El chef de creatividad David Gil

Espárrago blanco con mandarina, saúco y crema de huevas de salmón

Espárrago en diferentes elaboraciones: crocante, láminas crudas,polvo helado.

Hidrokarpos de plátano

Recordando un Sauternes…(12º)

Se expuso en el último Madrid Fusión todo el complejo proceso que lleva a este resultado.

Soufflé de pollo con foie-gras, trufa negra y guisantes, salsa al Palo Cortado

Seguramemente el plato que más me gustó del menú. Por su sabor , textura y estética minimalista, en los que las elaboraciones que lo componen se identifican inmediatamente. El guisante está ahí para aportar el tropezón crocante.

Este tipo de «soufflé» al vapor (con metil y otros ingredientes que desconozco), de una extraordinaria liviandad, se está viendo tanto en algunos restaurantes franceses (Le Pré Catelan, Alléno) y aquí. ¿El soufflé clásico ha pasado ya a la historia? ¿Corresponde a lo que significó el cambio, en los 90, de la mousse a la espuma?

«Feijoá» con plátano negro, nata de yuca fermentada, helado de plátano con yuca

El helado solo aportaba dulzor. En cambio faltaba «nata».

«Fabes Disfrutar» con almejas, dado de panceta , ajo negro

Otra evolución formal de la «esfera», que pasó, desde sus inicios hace más de 20 años, de la forma esférica hacia formas alargadas («ñoquis») como esta que simula una «faba».

«Migas» sin harina

Obulato, grasa de jamón,panceta, esfera pasificada de vino rancio

Sobraba esta aportación alcohólica que, de todas formas, se encontraba en un solo bocado.

Espardeñas al jamón con ñoquis de gachas manchegas

Me gustó ese sabor de «ajo quemado» que tenía el «ñoquí», como sublimación de un defecto que se encuentra , a veces, en el plato tradicional. Textura maravillosa de la espardeña. Pequeño stick de su piel crujiente. Un platazo.

Corazón de kombu en salsa verde, almendras cristal, almendruco en Occo encurtido.

Textura de cardo que me gustó. No identifiqué las otras salsas. Aquí hubiera sido interesante destacar este producto, despejándolo de tantos elementos circundantes. Ir a lo esencial.

En cuanto a la almendra cristal, que también es un producto curioso por ser efímera su temporada, también se podía haber aíslado en un pase propio para marcar su importancia.

Espaguetis de patata, pulpitos, aceite de codium,puré de erizos

Faltaba sabor en el caldo y, sobre todo, en el propio espagueti. Pero lo que es interesante aquí, es esta nueva técnica para hacer «pasta» a partir de la patata. ¿Y, a parte de potenciar el caldo, hacer un espagueti con sabor intenso a codium?

Ámbar de pulpitos con cebolla oxidada, alga laurentis, nata de laurel

Creo que no se ha sacado bastante provecho de este alga cuya textura es muy interesante. Puede aparecer aquí como una mera decoración. También la nata era como un añadido no esencial en el plato. Si era importante, hacía falta más. Si no lo era, sobraba. Estas elaboraciones testimoniales que no intervienen en el cuerpo del plato, sino que se colocan de una manera marginal o testimonial, son muy frecuentes en la alta cocina. Solo se entendería esta parsimonia cuando se trata de elaboraciones de sabor intenso (por ejemplo wasabi). La cebolla amargaba un poco. No estaba cocinada en la Occo, pero el resultado era bastante parecido.

«Seso» de sepia a la romana

Líquido seminal del cefalópodo.

Lechuga «césar» liofilizada

Ensalada César, natilla de lechuga, helado de parmesano, shots de yema y de anchoas, piel de pollo crujiente

Una «deconstrucción» de libro. Un concepto iniciado hace justo tres décadas con la icónica «menestra en textura». Plato muy muy rico gracias a la suma de varios umamis.

Rodrigo Briseño me hizo probar un Rioja excepcional. «Vino viejo» pero con un frescor y una fruta aun presentes. Y una poca graduación (creo que 12º), rareza en los riojas actuales.

Butifarra casera de chuletón de rubia gallega con patata suflé y pimiento

Sin duda uno de los platos más golosos del menú que podría aparecer en el futuro en la carta de Compartir. Apetecía un plato de estas carcaterísticas en el último tramo del menú. Mordida, sabor, originalidad. Y escapamos ya un poco del pichón.

Yogur de berenjena con jugo de cordero, crema de azafrán y ravioli de granada

Lo importante era el yogur de berenjena, y tenía que haber sido el centro del plato. Pero aquí estaba sumergido en un exceso de jugo (por delicioso que fuera) y con una bolsita de granada que molestaba al nivel textural. Otra vez: recentrar el plato en torno a lo esencial y prescindir de lo accesorio.

Un plato recuerdo de un viaje a Turquía.

Espuma de koji de horchata con trufa negra, lascas de coco heladas y mástic

Un postre que me encantó con sus tres elaboraciones bien claras y proporcionadas. Sabor indefinible como a levadura. Le señalo a Eduard este «trampantojo» que recuerda las láminas de coco. Me confiesa que ha sido fortuito. Justamente creo que es así como tienen que ser los trampantojos: sin forzar, al contrario de lo que veremos en un postre siguiente.

En cuanto al mástic y su toque resinoso, no se percibía mucho. Siempre hay que tener en cuenta que el paladar, después de la degustación de decenas y decenas de estímulos gustativos, al final de un almuerzo como este, no llega, a veces, a percibir los matices de un plato.

Coulant nixtamalizado de chocolate y avellana con helado de vainilla y whisky ahumado

Esta vez me gustó bastante esa textura como de gelatina elástica del envoltorio. Nada que ver con los coulants que conocemos. Tanto el clásico «brasiano» con bizcocho denso+ganache, como los que se suelen hacer aquí de un solo «appareil», con solo una pequeña cantidad de harina, que no molesta en la degustación de la parte interior, pero que permite la solidificación del envoltorio para «hacer pared». Aquí sabores reconocibles y amables para una textura totalmente nueva y diferente.

Otra joya (quedan muy pocas botellas) de Rodrigo. Me ha recordado sabores de ciruela confitada.

Vídeo de David Gil Julià , chef creativo de la casa. Escuchad, por favor, la complejidad que se esconde detrás de una elaboración.

Bizcocho blanco con helado de soja y miso blanco, y polvo de té macha

Para provocar un poco, lo llamaría «Nuestro pa de pessic» Una textura aérea totalmente fascinante. Lo suelo hacer pocas veces, pero pedí repetir…

Colmenillas de piñones

Trampantojo inducido y preciosista , para instagrameros inquietos en busca del «amazing». La cocina es artificio. No hace falta que se redunda insistentemente en recalcarlo a través de un exceso de artificiosidad.

Los moldes miméticos en la alta cocina contemporánea, los carga el diablo…

Buñuelo de viento con crema

Seguramente el buñuelo más liviano que existe. Nunca un buñuelo de viento había merecido tanto su nombre. Casí inmaterial. En este bocado, hay más técnica (y artificio) que en el postre anterior y, sin embargo, su ligereza textural y su estética minimalista son la metáfora de una aparente sencillez. La emoción viene de una sencillez que solo permite hacer sospechar de una complejidad oculta, no desvelada. Como en el caso del bizcocho o del soufflé que hemos visto antes cuya degustación nos interroga.

«Coca de llardons»

Aquí es un poco al revés. De una belleza intrigante que puede fascinar, pero no se percibe en absoluto texturalmente en el paladar. Otra proeza técnica, pero limitada al campo estético. Hay tal vez un exceso de dulzor en el garrapiñado y no se aprecia ese interesante contraste salado que tiene la típica coca de chicharrones catalana.

La camarera Vinyet (¡qué servicio más impecable y amable!) explicando la tanda de los petits-fours y teniendo que escuchar mis comentarios.

Espejos…

Los petits-fours y otras reflexiones:

Creo que, en un restaurante de cocina de vanguardia, o simplemente de cocina moderna, este ritual heredado de la tradición clásica francesa, pertenece ya a un paradigma superado. En un menú de 30 pases, con cuatro o cinco que son postres, añadir un último pase suplementario que no aporta nada sino más azúcar, es algo prescindible. Y más si algunos de los petits son el ya manidísimo algodón de azúcar u otro con petazetas que ya se proponía en los menús de Arzak hace 30 años, y que se vendía como gracieta «vanguardista». Por si fuera poco, todo servido encima de un aparatoso soporte digno de la revista «Casas y Jardines». En mi opinión, Disfrutar no puede mantener este momento kitsch. Y ya no creo que Michelín da estrellas por las mignardises. Tenemos cada vez más ejemplo de ello.

Pero hay más elementos de tipo cursi , que pueden interpretarse como concesiones melindrosas a la galería, como los anillos de compromiso de chocolate y la rosa con su rocío, que recogen los peores momentos ñoños que pudimos ver, en algún momento, en ElBulli, hace ya tres décadas. Next por favor. Pasemos página. Sé que es muy temerario, por mi parte, reprobar ciertos aspectos de lo que es «el mejor restaurante del mundo», sabiendo los réditos que esta línea gastronómica le ha aportado. Pero, aunque estuviera solo en pensarlo, descartaría espejos, lupas, collares de esferas, anillos, emplatados preciosistas, vajillas horteras, soportes efectistas, «mesas vivas» y otros artilugios.

El Plato de Disfrutar, con su producto (pienso en la textura de la espardeña o la butifarra de vacuno), su complejidad técnica y gustativa (aunque a veces excesivas, pero al fin y al cabo de alto nivel), ya habla por sí solo al imaginario del comensal. Con un poco más de contención en lo superfluo, el mensaje gastronómico de fondo se expresaría con más pureza y nos llegaría mejor para que lo podamos guardar en nuestro bagaje gastronómico emocional.(Y todo esto vale para otros restaurantes de excelencia que caen en esta misma tentación de seducir a un público de instagrameros a quienes no les preocupa valorar lo esencial sino los envoltorios, el brilli brilli, las apariencias).

Ya sé que lo que digo, es un discurso poco entendible, en un mundo gastro propenso a aplaudir constantemente el exceso, en todas sus formas, la teatralidad forzada y el desparrame emocional inducido. Me da igual. Es lo que pienso, y lo tenía que decir. En la alta cocina, se debería plantear como nuevo reto creativo urgente, sorprender y emocionar con lo sencillo. ¿Difícil? Sí, muchísimo más que con la parafernalia. Pero el mundo ya no está para frivolidades. Y no abogo por una renuncia a la auténtica persecución de la excelencia y de la bondad, como en todos los campos de la actividad humana: esto es un deber moral, aunque el mundo amenace de hundirse. La orquesta tiene que seguir tocando…

Esto no me impide, una vez apartado todo lo que me sobra de esta gastronomía, valorar lo que es esencial y nuclear en este tipo de propuesta que representa Disfrutar. Por algo está en la cumbre mundial, y quiero creer que es también por su trabajo de fondo desde hace 15 años. En este caso, no tiene nada que ver con algunas escenografías que encontramos a veces, que solo tapan la inanidad gastronómica más absoluta (no citaré a nadie). Aquí, detrás de estos signos naïfs, ampulosos o un poco cargantes, (peaje que estoy dispuesto a pagar para disfrutar de todo lo otro), está esa labor ingente, tenaz, seria y brillante que pretende trazar nuevos caminos en la cocina. Nuevas masas de buñuelos (¿cuántos «panes chinos encontramos ya por doquier), nuevos hojaldres sin harina, ligeros hasta rozar la frontera de la inmaterialidad textural, nuevas pastas a base de féculas de patata, nuevas bebidas, aguas, destilados o hidrokarpos que ofrecen alternativas a los clásicos vinos, nuevos tipos de coulants etc etc.

No existe ningún imperativo para que la cocina investigue nuevas vías. El mundo no empeorará si nadie se impone la innovación gastronómica como objetivo ineluctable, pero es hermoso que existan algunos, con la legitimidad histórica que les reconocemos, que se obstinen en esta exploración un poco vana pero encomiable.

De ahí, más allá de estas críticas que acabo de exponer, mi inmenso respeto a Oriol, Eduard y Mateo por existir y mi orgullo por vivir en la misma ciudad que los alberga.

Espejos

BARRA ALTA abril 2025 (Barcelona)

Publicado por Philippe Regol el 26/04/2025
Publicado en: BARCELONA. Deja un comentario

Hay tantos restaurantes en Barcelona, hablo de los que tienen un mínimo de calidad gastronómica, que es totalmente imposible conocerlos todos. Después de esta perogrullada que me sirve para arrancar el post, me quería referir al BARRA ALTA , del cual había oír hablar durante la pandemia, cuando su cabeza visible, DANIEL ROCA, decidió abrir una sucursal en Madrid, pero no tanto cuando se inauguró el de Barcelona, hace ya 6 o 7 años, al menos.

Hay restaurantes discretos, que NO se definen con conceptos, que no buscan una coherencia de estilo bien definida, sino que se plantean simplemente proponer unos platos de cocina actual, bien ejecutados, bien cocinados, a partir de un producto de calidad, un servicio eficiente y amable y en un cuadro agradable. Justamente acabo de definir lo que es BARRA ALTA . Una casa de comida moderna, que va más allá de los macarrones de la Yaya, pero que no pretende jugar en la primera línea de los cocineros con proyectos más ambiciosos. Es lo que me cuenta su jefe de cocina desde los inicios, CÉSAR GUILLÉN , aun joven, pero lo suficiente veterano como por haber pasado, en estos últimos 20 años, por las cocinas de Comerç 24, donde conoció a Arnau Muñío, el Dos Cielos de los Hermanos Torres, Saüc de Xavi Franco o 1 año entero en Tickets. Fue al final de la comida, cuando César me contó su recorrido. Se lo pregunté ya que acababa de hacer una comida de muy buen nivel, con platos muy bien condimentados, cocinados y presentados. Y debía haber una explicación a todo esto. De hecho, la sala no paró de llenarse y no era para tomar un menú del día a 20€ (que no lo hay), sino para comer platitos a la carta. Es cierto que estamos en “la parte alta” de la ciudad, donde la clientela no tiene muchos problemas para pagar la luz de su casa. Pero encontré la relación calidad-precio muy buena, sobre todo en los dos menús-degustación propuestos.

César dispone de un buen equipo con los que va sacando los platos a la perfección. También, hay que decir que ciertas preparaciones como la croqueta o el buñuelo están fabricados en una cocina central, a partir de las recetas que César les envía. Pero las demi-glaces y otras salsas se realizan un situ. Lo repito, en restaurantes de otras liga, la “tortilla” del taco sería casera, pero he visto también panipuris comprados en restaurantes con estrellas michelin…

En todo caso, en BARRA ALTA, el resultado en el plato es excelente para este público que no busca una “cocina de autor” bien definida, sino platos de su agrado,buen cocinados, de sabore reconocibles y amables pero con los toques viajeros que son ya tan en boga y que son difíciles de evitar.

Ostra “fine claire” con kimchi, ceviche, tostada de maíz , ssam (que llaman “nem” por equivocación en la carta), vitello tonnato, interpretado en una versión ibérica, con carne de cerdo de bellota, son algunos ejemplos del eclectismo de la carta.

Todo muy rico. Solo critiqué la redundancia dulzona en el buñuelo de bacalao: ajo negro Y miel. Solo con un buen allioli que tenga su toque de ajo negro, el buñuelo ganaría. Y el uso de la “tartufata” (que lleva también aceite sintético de trufa) que no mejora lo que podría ser un simple puré de patata bien hecho (y sobre todo servido aparte) para acompañar una magnífica pluma ibérica de bellota en su punto.

Me gustó el servicio por parte de ADRIÀ ROMAGOSA , eficiente, sonriente y respetuoso.

Al final, un buena casa de comida que está allí, cumpliendo, cuando uno quiere salir de su menú diario, y sin la formalidad que conlleva  una visita a un restaurante de cocina de renombre.

Si lo tuviera cerca de casa, lo visitaría a menudo.

Las cartas tienen varias faltas ortográficas: «tonatto», «foié», «parmentière»… y el error del «nem» por un «ssam».

Ostra encevichada y ostra fine claire verde

Tosta de maíz crujiente con aguacate y tártar de bogavante y vieira

Tártar de tomate con arenque ahumado Carpier

«Roast Pork» de bellota tonnato

Una emulación del vitello tonnato, aquí con cerdo ibérico, igualmenye de cocción rosada, alcaparras de Pantelleria IGP fritas.

Le pondría también alcaparras SIN FREÍR, para conservar mejor su acidez y aroma.

Buñuelo de bacalao con ajo negro, miel y ralladura de lima

Como lo dije en la introducción, sobraba el dulzor de la miel.El dulzor del ajo negro bastaba.

Croqueta de carne de rustido y foie Rougié

Muy buena pero un poco más de cremosidad no le sentaría mal.

Ssam de papada crujiente con saamjang

Muy rico, aunque la parte cárnica estaba un poco fibrosa.

Espárragos de Tudela con boletus y bacalao ahumado Carpier

Buena textura crocante del espárrago y pil pil de la cocción de las propias setas. Un plato muy rico que sustituye el de los guisantes cuya temporada se va acabando.

Pluma ibérica de bellota con parmentier trufada

Las clientelas están ya «engachadas» a este aroma de trufa. La tartufata no és tan terrible como el aceite puro, pero lo contiene en una pequeña proporción. Esta carne tan tierna y sabrosa solo necesita de un buen puré de patata. La sencillez de un producto es el auténtico lujo, no los sucedanios de productos presuntamente de lujo que están en el imaginario de la gente: caviar chino malos, blocs de foie-gras, «tartufos» etc

Lemon Pie versionado

Bombas de tatín de manzana con chantilly de vainilla y toffee.

Un bocado muy muy goloso.

«Chantilly de vainilla» que, dicho de paso, es una redundancia, ya que la chantilly debe llevar vainilla.

Pan de Triticum

Buena elección por parte del jefe de sala Adrià. Uno de mis vinos ligeros predilectos.

BARRA ALTA

Barcelona

Web

VERDAGUER MAR (Vilassar de Mar)

Publicado por Philippe Regol el 23/04/2025
Publicado en: Vilassar de Mar. Deja un comentario

Magnífico emplazamiento

Servicio expeditivo, eficiente y muy amable: el camarero Alberto presentando el pescado del día a todas las mesas.

Matías y Pablo

Hacía ya un par de veces que el joven chef de este restaurante me mandaba mensajes para que visitará VERDAGUER MAR en la playa de Vilassar de Mar, a 30kms de Barcelona. Su mensaje llegó justo en el momento en el que pensaba salir un poco de la ciudad y tomar un poco el aire. El tiempo acompañaba y me decidí al momento. Hay muchos restaurantes que no puedo visitar y espero que se entienda. Y, a veces, la cosa se puede decidir en el momento, sin haberlo planeado.

Y este restaurante de playa era lo ideal para un domingo soleado. Lo regenta, PABLO ROBERT CORDOMÍ, un ex de Nando Jubany, que fue jefe de cocina de su Rte Carlitos en Formentera y que pasó por Dani García en Marbella y Nerua. Con solo 28 años, es ya propietario de un pequeño restaurante en Vilassar pero cogió hace unos meses la concesión de este agradable rte del Club Nautic de la ciudad. Como brazo derecho directo, se llevó al argentino MATÍAS RUIZ de FAVERI , que llegó aquí a los 22 años y que habla ya un catalán perfecto. Se conocieron justamente en el Carlitos de Formentera, después de que Matías haya trabajado años en los restaurantes de Romain Fornell en Barcelona.

Entre los dos hacen un tándem perfecto que intenta combinar una cierta finura culinaria y la gran batalla que impone el sitio (ese domingo pasado debían comer allí unas 150 personas, entre comedor, terraza y privado). Ya conozco este tipo de restaurantes por haber trabajado en uno de ellos: es muy difícil mantener un buen nivel con estas afluencias domingueras. Y encima tenían un banquete de 30 en el primer piso.

Pedí unas unos cuatro platos:  buñuelos de bacalao, croqueta de rostit, media de mejillones, media de espárragos y arroz para uno. Pablo y Matías decidieron hacerme probar más platitos. Tantos, que no me pude acabar el arroz y me lo prepararon para llevarlo a casa. A veces los cocineros tienen miedo a que el grano se pase, pues ese arroz recalentado a la noche, estaba mejor que con su pequeño exceso de “dente” recién hecho.

Buñuelo de bacalao

Cremoso y sabroso. No le hacían falta las escamas de sal.

Croqueta de rustido

Bastante sabrosa pero le faltaba un poco de bechamel, creo.

Anchoa y burrata

Me hice un montadito con el pan de coca con tomate.

Mejillones con fino y pimienta negra

Pedí pan para mojar en el caldo resultante que estaba buenísimo.

Guisantes del Maresme con jamón

Los últimos de la temporada. El productor se encuentra a unos cientos de metros del restaurante. Estaban perfectos, nada granados, como pasa, a veces, en final de temporada.

Espárragos de Navarra

Aquí falló el producto. Muy fibrosos. Se aprecia en la foto.

Rebozuelos frescos con cansalada

Muy ricos! Buena cocción: la seta aun entera pero lo suficientemente cocinada como para coger sabor en el salteado.

El arroz del Senyoret

Ganaría con un sofrito de sepia más “limpio”, con la sepia no tan guisada, para no ensuciar su aspecto. Estaba bastante rico, pero parecía que estaba como empastado. Es el caldo lo que tiene que aportar el sabor de fondo. El resto tiene que ser simples tropezones. Las gambitas, eso sí, estaban apenas tibias.

Crema catalana

Sigo soñando con una fina y cristalina lámina de obulato apenas caramelizado, como lo explico en otros posts. Pero creo que, a la inmensa mayoría de la gente, les gustan estas capas de azúcar.

Brownie con mascarpone al café

Un rosado del Empordà , ideal para este tipo de comida que huele ya a verano.

VERDAGUER MAR

@verdaguernautic en Instagram

Vilassar de Mar

(Maresme)

DIREKTE abril 2025

Publicado por Philippe Regol el 21/04/2025
Publicado en: BARCELONA. 5 comentarios

Nuevo emplazamiento en c/ París nº200

Mariona, Gaia Sironi (responsable de la barra Terra),Arnau, María, Siknder (pica: 5 años en la casa) Esther Moliné (responsable barra de Mar) , y Adri Carnero.

Después de muchos retrasos y contratiempos, ARNAU MUÑÍO acaba , por fin , de abrir su DIREKTE en la calle París de Barcelona, nº200.

Una barra de estilo japonés para un máximo de 14 personas, que atenderá en dos turnos, solo por las noches, menos los sábados, en que se servirán almuerzos.

Ha reproducido aquí el modelo que tan bien le funcionó en su Direkte Boquería (que aun conserva a la espera de tomar futuras decisiones).

Simplemente que aquí se ha ganado en confort para el cliente y, sobre todo, en comodidad para trabajar, gracia a más espacio delante de la barra (pequeña brasa, plancha de cromo…), pero sobre todo una importante parte trasera para la mise-en-place y la pica.

Dije en otro post que Arnau demostró haber reaccionado con un excelente un modelo organizativo cuando explotó la pandemia, transformando su pequeña barra para 8 personas en un negocio rentable gracias a la instalación amovible de una pequeña terraza, resguardada y con calefacción,lo que duplicaba el aforo, con su mesita de montaje de los platos. Unido al doble servicio, le permitía atender cada día a unas 30 personas con impecable ventilación y un mínimo de confort asegurado. Demostró que un pequeño formato de restauración, que parecía ser de simple autoempleo, podía dar trabajo a unas 5-6 personas, pagar (y autopagarse) sueldos decentes, incluso ahorrar para poder abrir, 5 años después, el pequeño restaurante de sus sueños, en el que disfruta mucho cocinando. En efecto, Arnau es una bola de nervios y una fuente de optimismo y de simpatía inagotables delante de sus clientes.

   Su cocina: esta vez, la percibí con más nitidez si cabe, a pesar de su complejidad al nivel de ingredientes, algunos de los cuales, tal vez, no se perciben como tales y podrían obviarse. La Michelín la define como fusión, sin más . Palabra difícil de evitar pero que cabría simplemente matizar. Casi la definiría como una forma de Nueva Cocina Catalana (la cocina catalana puede tener varias expresiones, como la de Alkimia, Coure, Tinars etc o bien esta, más abierta a las influencias exteriores, un poco como una metáfora de lo que es nuestra sociedad del 2025). Simplemente aquí la influencia oriental que le apasiona a Arnau (y que nos encanta a muchos) tiene un gran protagonismo en el plato. Pero siempre va acompañada de un punto de anclaje territorial, patrimonial, que sea, evidentemente, a partir del producto (mejillones del Delta, guisantes del Maresme o pescados en general, …), pero sobre a partir de las elaboraciones : consomé de escalivada, anchoas caseras, romesco de miso casero, esqueixada de atún, calamar con habitas a la catalana, capipota de ostras, fricandó de vieira, pollo con gambas. Estos cuatro últimos platos me entusiasmaron. Por ejemplo, el que tenía todo el sabor de un buen fricandó, sin su fibra, sino con la melosidad añadida de una vieira curada en miso y entibiada a la brasa, en una salsa memorable.

Si la cocina catalana pura, con sus guisos y sus productos, a veces, pasados de cocción, tiene, a pesar de todo, su encanto incuestionable, sabiendo el “peaje” que se paga por disfrutar de sus sabores, aquí se reconoce esos fondos gustativos identitarios pero, al mismo tiempo, con la relativa pureza de los productos que los acompaña: la caballa, el calamar, la colmenilla, la vieira, la gamba.

A todo esto, hay que añadir que la cocina de Arnau lo es todo menos aburrida. Es inteligente y deliciosamente lúdica.

Solo una crítica: las habitas no se tendrían que repelar. Se pierde esa textura mucilaginosa mágica al hacer explotar la habita en boca.

¡En cuanto todo el resto, un gran 10! Hasta la pequeña insipidez del primer plato de los mejillones, en el que se podría gelatinizar un poco el caldo, convirtiendo el plato en un sutil áspic, lo que permitiría hacerlo permanecer medio segundo más en boca y, por ende, subir su sabor. Pero es un primer plato e irá subiendo hasta llegar al intenso jugo de pollo del final. Una observación: en este menú, no hay carne como tal, sino esencias o jugos de carne que nos recuerdan los sabores de un fricandó, de unas habas con butifarra, de un capipota,de unos pies de cerdo o de un pollo asado.

Hasta el postre me pareció fantástico. Minimalista en el sentido que solo se usa arroz, en varias formas y texturas. Un “arroz con leche” pero muy complejo en su ejecución, en particular con su mochi abierto. Creo que aun no había visto un mochi en un postre construido de restaurante. Me recordó el concepto de “ravioli aperto” de Gualtiero Marchesi. Solo sugeriría unas gotas de sake, rociado en el momento del pase, ya que el helado de amazake no es practicamente nada alcohólico.

Menú largo a 98€ (hay otros menús a 72€ y 86€):

Kombucha

Mejillones del Delta, huevas de pez volador, okra

Chawanmushi, erizo, topinambo encurtido, crocant y puré, wasabi fresco

Caballa curada y ahumada, romesco de miso casero, anchoa de 3h, consomé de cebolla escalivada

Un poco más de este romesco,¡Por favor!

Esqueixada de atún , garum de bonito, crema de piñones

Aunque solo sea una palabra que no se corresponde excatamente con lo que es, es importante hablar de «esqueixada». Esta combinación atún-piñón me recordó un plato de Toni Romero de hace unos 10 años.

Sopa de atún con flor se saúca seca y pino fermentado

Espárragos de Navarra, soja, vinagre de arroz, rábano picante, café y ajo negro

Ha quedado claro que Arnau no forma parte de la «escuela minimalista» , sino la de la complejidad justificada. Es su estilo, y el resultado en boca es indiscutible.

Buena mise-en-place pero mucha inmediatez también en muchas preparaciones : el calamar se estría al momento, antes de ir a la brase suave.Como la ostra que se abrirá delante del comensal.

Habitas con caldo de calamar, dados de papada ibérica

Calamar con jugo de habas a la catalana, tirabeques, chicharrones de papada ibérica, aceite de menta

Un bonito cruce de producto/acompañamiento, solo ligeramente «ensombrecido» por el repelado de las habitas.

Mar y montaña vegetal : guisantes con codium, alga tororo kombu, wasabi

Muy interesante este contraste del dulzor del guisante con el frescor del wasabi y el iodo de las algas. Textura muy particular del interior del alga kombu y agradable umami.

Fricandó de vieira con moixarnons con senderuelas, polvo de chile shichimi

Ese toque de picante es la guinda que hace de este plato una pura delicia. Este es un ejemplo de lo que llamo el auténtico juego culinario. El juego que suma, que aporta gastronómicamente hablando, y no el que simplemente entretiene a los necios. Y el juego tiene sentido si el sabor y la idea están conseguidos, lo que es el caso.

Colmenillas rellenas de pie de cerdo y castaña de agua, jugo de pies especiado, mostaza encurtida, sésamo blanco

Aquí el juego es hacer como un dumpling de colmenilla. Recordaba este jugo de un plato de pies de Arnau de hace un par de años.

Pasta casera, hilos de orejas de cerdo, buey de mar , cacahuete tostado

La judía cocinada, luego deshidratada y tostada como cacahuetes. Tal vez uno de los mejores platos de pasta que haya comido en un restaurante de alta cocina. ¡Queremos más platos de pasta en la alta cocina!

Cacahuete fundente con textura de judía del ganxet.

Ostra y cap-i-pota, seta sparassis crispa y cacahuetes tostados

Foccaccia casera

Pollo con gambas

Me olvidé de hacer la foto de este plato, pero unos clientes , lectores de este blog, me la han enviado. Eran cuatro o cinco gambitas entibiadas-ahumadas con un espectacular jugo de pollo asado y jugo de gambas con ajo y chile.

Es el momento del menú en el que se invita al comensal a mojar la fantástica foccaccia casera, lo que los italianos llaman «fare la scarpetta».

«Todo arroz»

Crema de arroz con leche, helado de amazake, mochi, gofio, arroz soufflé,toffee de miso, sésamo negro.

Tarta de queso con té macha

Creo que esta maravilloso tarta tendráía que ir desapareciendo poco a poco, (o mantenerse por encargo), si se sigue sirviendo ese maravilloso postre de arroz. Ambos redundan en el mismo tipo de sabores lácticos. Arnau tiene pendiente servir un primer postre de fruta de temporada.

En esta casa se siguen poniendo petits-fours, muy buenos por cierto.

Pâte de fruit de la pulpa del cacao

Doriyaki de chocolate

Polvorón de chocolate con manteca de cacao

Ahora sí, creo que se han cumplido todos los requisitos para la obtención de una posible estrella michelín. Sería merecidísima. En todos los aspectos. El primero, el disfrute de esta cocina fresca, divertida, creativa, golosa y con fondo territorial a pesar del evidente envoltorio viajero.

Los baños

Arnau me cobró el menú corto.

DIREKTE

c/París 200

Barcelona

Web

La web no está actualizada aun, pero su sistema de reservas sigue funcionando igual.

VANDELVIRA abril 2025 (Baeza)

Publicado por Philippe Regol el 17/04/2025
Publicado en: BAEZA. Deja un comentario

Juan Carlos García con su equipo, su chef Jorge Ruiz, segundo chef Juan Ramón Sánchez, jefa de sala Laura Ferrer, segunda Anabel Santos, sumiller Raquel Santos.

Si en el post anterior explicaba que había que bajar a Jaén para ir a conocer, al menos una vez, una cocina particular basada en pocos gestos, pocas complicaciones y sin territorio, hoy os animaré para que os desplacéis también a la vecina Baeza, una joya monumental que merece una pequeña estancia , para acudir al restaurante VANDELVIRA.

En este caso se trata de un formato totalmente opuesto al de Bagá : un convento del siglo XVI, magníficamente restaurado por la familia de JUAN CARLOS CARCÍA , y que fue sede de un negocio de restauración dirigido por su padre en etapas anteriores. Apabulla nada más entrar por la belleza de su patio interior. Así se le acoge al comensal que abre la puerta y se encuentra ante este majestuoso decorado, con música renacentista y una copa de Jerez.

Luego se sube al primer piso por una escalera monumental, y se accede a la cocina, recientemente reformada y totalmente abierta con su amplia barra en madera de nogal de 200 años y sus dos comedores luminosos. Sin duda uno de los más hermosos decorados de restauración que tenemos en España. Un caso que no se da con tanta frecuencia como en Francia, por ejemplo, donde saben utilizar sus mansiones, palaces o palacetes para esta finalidad.

Después de varios años trabajando al lado de Albert Adrià en Enigma, Juan Carlos ha vuelto a su tierra, cargado de conocimientos y de las mejores influencias que se pueden tener, para traducir lo que vio en propuestas personales en consonancia con los productos y sabores de su tierra. En esta casa sí se invoca en casi cada plato la territorialidad y la temporalidad. Eso sí, en sabores amables, también relativamente minimalistas en el que se identifica el producto principal rodeado de pocos acompañantes.

Esta tendencia depurada es, actualmente, imparable, aunque convive, evidentemente con otras de estéticas más barrocas, demostrativas o estéticamente enrevesadas, igualmente legítimas, pero que, personalmente, no me seducen tanto. No es una novedad : recordemos la exstética de Mugaritz o Nerua ya hace dos décadas. Y evidentemente de buena parte de ElBulli.

Platos blancos (aunque lleven el sello de la casa en ese brochazo decorativo que distorsiona, en mi opinión, al menos por su tamaño, la claridad estética del emplatado) y elegantes cubiertos de diseño neo clásico (o de estilo anterior) que concuerdan perfectamente más con el marco señorial que con la comida.

Vegetales tratados con interesantes aderezos (vermut, aceitunas, regaliz de palo, vinagrillo…), pescados como el bonito en pipirrana, y algún marisco como el langostino de Sanlucar, suavemente cocinado con gasas y agua caliente, delante del cliente, como en Enigma, carnes que respiran territorio como ese conejo de monte, ese ochio (masa abriochada local) relleno de morcilla de caldero  o ese falso “foie-gras” de leche de cabra de textura rara, pero delicioso son algunas de la secuencias del menú antes de abordar la penúltima que jugará con pases bisagras que dudan entre pertenecer al mundo salado o al dulce.

Si el éclair de pâté de perdiz, a pesar de su forma pastelera, pertenece a lo primero, el piquillo con chocolate y pimienta negra es rotundamente un bocado “postrero” maravilloso a pesar de la fuerte presencia aromática de la pimienta.

Esa duda se mantendrá hasta que llegue el postre final, un soberbio canelé de jengibre y limón, nada empalagoso con su cremoso de chocolate de una perfecta ligereza. Eclair y canelé fueron, con el beurre blanc de la acelga roja, algunos de los guiños afrancesados del menú, que no desentonaban en absoluto con el marco palaciego. Pero «foie-gras» y «beurre blanc» son sobre todo palabras, maneras de nombrar cosas que no son, ya que hasta el «beurre blanc» está montado lógicamente por la zona en la que nos encontramos, con aceite de oliva.

Estoy bastante seguro de que este restaurante se encamina ya hacia las dos estrellas, y la guía Repsol ha perdido este año la oportunidad de darle dos soles de golpe, como la perdió en no darles los tres a Enigma. En fin, guías…

Menú a 103€. Sin duda una ganga, (además nos sirvieron un par platos más que estaban previstos). Un nivel de cocina que se puede mantener a este precio gracias a la aportación de los numerosos banquetes que se sirven durante el año.

Pan estupendo del Horno de Torrequebradilla con masa madre de trigo y centeno, tostado a la brasa y AOVE

Coctel de tomate, hinojo y garbanzos

«Camembert», nueces y PX

Pan inoculado con penicilium camemberti, que reproduce la corteza del maravilloso queso de «Quesos y Besos».

Espárragos trigueros con vermut, naranja y azahar

Alcachofa, aceituna crocante

Dashi de jamón con «perlas» de calamar

Pañuelo de calamar con grasa de jamón

Tártar de paloma , oxalis, vinagrillo de berenjena

A continuación, toda una secuencia en la que el regaliz, sin ser protagonista, dejará su nota especial :

Acelga roja, «beurre» blanc de aceite de oliva, regaliz de palo

Textura un poco fibrosa. Creo que más fundente, se degustaría mejor.

Pimiento, regaliz, caviar

Langostino de Sanlucar y regaliz

Patata en kombu, aceite de vainilla

Espárrago de semi conserva en vinagrilla de piparra, miel y vainilla

Una textura excelente, muy crocante pero con un buen punto de acidez, como un encurtido.

Dashi de mojama, almendras embrionarias, níspero

Jaruga y pil pil de bacalao

La habita cocinada con su propia vaina. Algo tradicional en la región.

Boquerón y anchoa

Otro bocado excelente en el que la textura tersa del boquerón crudo contrasta con la untuosa emulsión salina de la anchoa.

Bonito con pipirrana

Caquí persimón, huevas de trucha y wasabi

Convendría potenciar el wasabi.

Sesito de conejo de monte, pincho de sus carrilleras y trufa

«Foie-gras» de leche de cabra envejecida en la máquina Occo con garum de leche de cabra

Ochio de pimentón y aceite relleno de morcilla de caldero

Un pan de aceite típico de la zona. La salsa es como un mole.

Nabo con toffee de grasa de bellota y panceta ibérica curada

Éclair de pâté de perdiz, flores de romero

Piquillo, pimienta negra y chocolate

Polen y flores

Crema agria y flor de manzanilla. Un postre un poco «valle», después de la deliciosa potencia del anterior.

Flan de setas, champiñones, avellana, té macha

Concentraría el té macha en los ingredientes que se van a degustar para que no se quede en un elemento decorativo.

Canelé de jengibre y limón con cremoso de chocolate

Sin duda una de mis masas favoritas. Aquí desprovista de su habitual exceso de gomosidad y con un cremoso de una superlativa untuosidad. Valga la redundancia.

Chocolate

Otro restaurante que no ve necesario añadir el ritual antiguo de los «petits», después de una retahila de postres y avant-postres. No aportarían nada a la experiencia gastronómica y daría más trabajo a la cocina.

11,5º Cómo me gustan estos tintos atlánticos gallegos…

Los vinos escogidos por la sumiller Raquel Santos

Inaugurando la terraza para tomar las infusiones

Momento de sobremesa

VANDELVIRA

Baeza

Web

El Patio del Palacio de los Salcedo, a 300m del restaurante. Un maravilloso palacete con habitaciones que, según el día, no pasan de los 100€. Altamente recomendable.

BAGÁ abril 2025 (Jaén)

Publicado por Philippe Regol el 13/04/2025
Publicado en: JAEN. 2 comentarios

Pedro Sánchez Jaén , alias «PEDRITO» y su compañera MAPI, responsable de la sala (a la izquierda) con el resto del reducido equipo.

Seis años después he vuelto a BAGÁ y releo mi post de entonces. Ya hablaba de estilo minimalista, lo que era evidente, aunque el concepto no estuviera tan de moda como ahora, de esencialidad y de cocina despojada de elementos superfluos.

Hoy añadiría que es una cocina sin territorio. Es una cocina de paisaje mental, del paisaje interior del propio cocinero, más que el de la provincia, parafraseando el lema promocional de Jaén como “paraíso interior”. Es lo que tiene PEDRITO en su cabeza, más que lo que le inspira la tierra que, por cierto, recorre cada día y desde hace tiempo a bicicleta, pero que no le habla directamente en su inspiración creativa.

Y también es una cocina sin temporalidad marcada. Se ha renunciado a usar, guisantes, espárragos…Cosa que hacía aun hace años. Lo deja para otros.

Las quisquillas de Motril sería, dashi de aceituna, el plato más jienense del menú, y el pan de aceite que aparece en medio del menú. En el resto, usará sin duda la remolacha de un productor de la zona, sus pimientos verdes o su lechuga. Pero ahí para la cosa.

En el mismo espacio reducido de siempre (abrió en el 2017), realiza su cocina de precariedad con el mínimo de ingredientes y de gestos posibles.

De sus limitaciones casi auto impuestas (descarta tajantemente cambiar de local), ha sacado creatividad y ingenio para realizar estos platos sin parangón. Vitro, termomix, micro, occo y un horno de casa. Es la cocina con mejor mise-en-place que exista. Los platos salen a la sala como un relój, desnudos, sin discurso y con solo un hilo musical que esa noche desgranaba canciones de Françoise Hardy y Bárbara. Un flash back hacia mi adolescencia…

¡Pero qué difícil es hacer algo inolvidable con una remolacha, un champiñón, una hoja de algo nori o una simple piel de pollo que no sea simplemente un soporte crujiente para otra cosa!

De sus stages hace más de 20 años en un Château al lado de Lyon, en Martín o en Tragabuches, no queda nada a la vista. Al menos a la vista. Ni jugos, ni complejidad visual en el plato, ni elementos decorativos. De los 14 años en Casa Antonio, un restaurante de cocina tranquila de Jaén, que visité un par de veces , queda su plato de “ajoblanco” de coco y almendra, granizado de albahaca y piña. Es su plato más complejo al nivel de ingredientes, rémora del pasado, que aun se resiste a decantar hacia un entrante bien definido añadiéndole, por ejemplo, algún molusco, o empujar hacia el final ya que tiene todas las características de un postre.  Pero fue en Casa Antonio donde se atrevió ya a servir unos riñones de cabritos, de bonita cocción rosada, y con caviar. Un plato muy copiado que ahora, tal vez por culpa de su vulgarización, ya no incorpora a sus menús.

Hay otro plato que sería la base de un postre magnífico : la gelé de manzana caramelizada en la máquina Occo, delicadamente temblorosa, tapada por una hoja de apio nabo muy crocante que molesta en la degustación más que aporta. Imaginé ese consomé gelé de manzana caramelizada, que me recordó el fondo de la plata de manzana al horno, en frío, cuando la fruta ha soltado su pectina en forma de gelé, servida con el helado de nata doble del uno de los postres finales, y me sonaba a música celestial. Pero Pedro forma parte de esos cocineros que no buscan la confortabilidad, aunque en este caso no sería nada banal, sino cierta incomodidad en el comensal. En esto, sería de la escuela Mugaritz más que la de Enigma. Lo vemos en ese encuentro improbable entre tocino y pétalo de rosa. Una sustitución de una fantaseada hoja de alcachofa por la de otra flor, más delicada, que está en lo opuesto a la grasa de cerdo. No funciona en boca, pero cumple con la inquietud del cocinero por crear encuentros extraños.

Michelin, tan poco proclive a recompensar la parquedad gastronómica y la auténtica creatividad, le supo reconocer su enorme mérito por atreverse con una tal propuesta en un territorio como Jaén. Cuando la guía lo hace bien, se dice y punto. A otros cocineros, se le exigirá que pongan más producto, pero como reprocharle aquí a Pedrito por haber sustituido un lenguado por un alga nori en ese plato tan rompedor de la meunière: la mantequilla como grasa en el centro mundial del aceite de oliva. Y el alga, (también hubo la codium en otro plato), y otros ingredientes marinos que luchan por hacer acto de presencia, como el colágeno de merluza del plato de champis o el sabor bacalao que impregna la humilde, extraña y deliciosa piel de pollo.

Aquí no hay posibilidad de que el cocinero se salve apoyándose en un producto excelso. Todo está en un frágil equilibrio y todo está por caerse en el mínimo despiste por su parte. Y cuando hay “producto”, se le hace la mínima intervención posible como en el solomillo de Cárnicas Lyo, sazonado con vainilla, entibiado y basta.

En fin, hay restaurante que merecen el viaje porque alcanzan altos niveles de excelencia, en producto, complejidad gastronómica, servicio y marco. Y otros que solo invocan su descarada personalidad para atraer al viajero. Es el caso de BAGÁ.

100€

Naranja botarga y caldo de carrueco (calabaza)

Los mismos aperitivos que hace años. Inicio un poco flojo. Estos dos bocados no son tan espectaculares para que un cocinero creativo como Pedro no los renueva.

    Quisquillas con dashi de aceitunas

Aquí sí, tenemos sabor y territorialidad.

Remolacha con emulsión de codium

Me parece una excelente idea la de relacionar lo terroso dulce del tubérculo con el frescor yodado y salino del alga.

Crema de piñones con caviar

Se usa piñones de mediana calidad y un caviar con tamaños desiguales, para un resultado excelente. Me recordó cuando Michel Troisgros hizo una salsa con caviar triturado en Madrid Fusión justificándose diciendo que eran huevas rotas.

Excelente contraste. Tercer binomio del menú. Puede que hayan varios ingredientes, pero solo dos elaboraciones que se degustan (EQSD según el léxico bulliniano).

Raíz de apio/manzana

Aquí queda por encontrar la forma para que la raíz de apio dialogue con la sutil gelé. Se come en un bocado y sin combinación posible con la manzana.

Pera «caramelizada» en la Occo con emulsión de piel de anguila ahumada

Seguimos con dulzor pero bien matizado por el tostado casi empireumático del proceso y el sabor de la anguila. Casi recordaría la impresión en boca de un unagi kabayaki.

Coco, almendra, piña, albahaca

Aquí estamos claramente ante un postre. Un primer postre refrescante, muy equilibrado, pero, en este sitio del menú, totalmente desubicado.

Champiñón / Merluza

Todo se reconduce con un plato magnífico en su belleza gustativa. El humilde champiñón crudo realzado por esa emulsión de colágeno de merluza. La versión «alta cocina» de este plato, en un restaurante gastronómico, hubiera podido ser una merluza o lubina con colmenillas, un plato sin duda rico pero no muy original. Aquí la pura necesidad conduce al cocinero hacia esa pequeña genialidad. Una merluza con seta. O al revés.

Pimiento verde, ostra de la Isla de Oléron

Tal vez la única «salsa» como tal del menú. Textura de velouté, con sabor a pimiento verde. Un frescor aromático que la ostra agradece poniéndose al servicio del conjunto y rebajando su protagonismo.

Con las quisquillas, tal vez el plato más amable e interesante también del menú.

Alga nori /Meunière

Como, hasta ahora, no hemos podido tener ni merluza, ni setas caras, ni anguila (solo el aroma de sus pieles), aqui tampoco tendremos el caro lenguado. Solo tendremos uno de sus aderezos más famosos: la meunière. Si queremos ser precisos, una grenoblesa ya que hay alcaparras. Me encantó la textura del alga, casi la de la elasticidad de una piel de lenguado, en algo más terso. Un detalle, le subiría la acidez dejando las alcaparras sin freír. La alcaparras frita pierde acidez y sobre todo su aroma. Más fácil quedaría para el pase y ganaría en sabor.

Huevas de trucha y tomate

Un plato «valle» cuya acidez del consomé de tomate refresca el paladar.

Piel de pollo

¿Como hacer de un sub producto casi repelente si no se presenta en su apetitosa forma crujiente, un bocado sublime? Pedro lo consigue: elige la piel de un pollo bien críado, la asa lentamente con limón y Jerez, se dehidrata un poco y se cocina en pil pil de bacalao. El ajo potente hace de nexo entre la mar y la montaña. Textura muy particular y sabor intenso.

Pan de aceite

Callos de bacalao, pistacho

Aquí el pistacho endulza y empasta la tripa que requeriría sabor más punzantes.

Solomillo de vaca de Cárnicas Lyo/Vainilla

Maduración, ¿cocción o no cocción? temperatura del cuerpo que lo va a degustar y sutil aroma de vainilla. Cuando Pedro está ante un super producto, parece que se retrae aun más y le deja que se exprese en toda su desnudez.

Lechuga, nata doble, vinagre de arroz

Lo lógico hubiera sido servir la carne con esa lechuga tan crocante, pero hemos visto antes que, en la cocina de Pedrito, no siempre se hacen las cosas con una lógica previsible.

Huevo y coco

No sé qué pensar de este postre…Se parecería a un postre de Mugaritz de la época de la «insipidez». Simplemente una observación personal nada objetiva: que el coco me gusta a dosis homeopáticas.

Por cierto, otro restaurante que no tiene petits-fours y que, sin embargo tiene estrella.

En resumen, aunque el menú empieza y termina con «postres» algo flojos, el cuerpo principal del menú encierra platos que permanecen en la memoria, únicos y intransferibles.

Y otra cosa que no se suele decir en una reseña gastronómica al uso: que Pedrito y su compañera Mapi son unas personas excelentes…

(Para los lectores de Cataluña, podéis escuchar mi crónica sobre Bagá en el podcast del programa Un Restaurant Caníbal a Berlin , con enlace en tuiter).

BAGÁ

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Jaén

TAULA 26 (Vilanova i la Geltrú)

Publicado por Philippe Regol el 06/04/2025
Publicado en: Vilanova i la Geltrú. Deja un comentario

A veces, uno se encuentra en la tesitura de ir probar un restaurante y no encontrarse en las mejores condiciones al nivel olfativo. Estas alergias primaverales son muy molestas y pueden afectarnos durante varios días.

Aun así, me atreví a acercarme a TAULA 26 , un restaurante en Vilanova i la Geltrú, situado a unos 30mn de Barcelona, y abierto hace justo tres meses por Ramón Rosell , un apasionado de gastronomía, propietario del Hotel Gatell contiguo al restaurante.

El emplazamiento y el barrio no son muy glamurosos, pero en el interior las banquetas y espacio, con su cocina vista, tienen su encanto, un poco años 80.

Como siempre, lo importante es la comida, y se aprecian unas excelentes intenciones, tanto en los productos, como en la línea culinaria. Son solos dos en cocina, ADRIÀ ÁLVAREZ ,(a la derecha en la foto) quien trabajo con Xavi Franco en el Hotel Ohla y en las Magnòlias, y su brazo derecho Xavi Liarte quien fue el responsable de las cocinas de Lomo Alto.

En estas circunstancias, la carta podría estar un poco más corta, si pensamos que tienen también que hacer la mise-en-place de un menú diario (29€) con varios platos a elegir. Esta cantidad de trabajo no impide que las cosas salgan impecables, y a unos precios muy adaptados a una clientela local, atraída por calidad de la propuesta. Tanto el menú, que sube un poco de precio los fines de semana, como la carta, podrían ser merecedores de un bibgourmand, en una ciudad que carece bastante de este tipo de restaurante. En todo caso de recomendación michelin. La única recomendación michelin de la ciudad la ostenta un restaurante de cocina viajera, en consecuencia animo a Adrià y a su equipo en ahondar de una manera más decidida en una línea de cocina territorial.

Más en productos del territorio, evitando los quesos foráneos como el provolone, el parmesano, el comté, o el carnaroli italiano para el arroz meloso. La carta acierta y va muy bien encaminada con la ensalada de calçot aun ligeramente crocantes, alcachofas, anguila ahumada y romesco, o con el rico plato de sepia con garbanzos, guisada “a la bruta”, un plato de pescadores de la zona.  Pero queda riquísimo el sandwich de presa ibérica confitada y mahonesa de kimchi, el toque un poco viajero de la carta. Y me gustó la idea de hacer como una butifarra de y con lentejas, con un huevo a baja temperatura. Sugerí cambiar la patata chafada por un fino puré de patata para aportar cremosidad al plato. En el canelón de panceta con cigala y salsa de marisco, recuperamos un plato un poco ochentero. Aquí propuse colocar encima los dados de cigala , perdidos y anulados en medio de la fibra de la panceta, en el interior del canelón. Aunque la salsa estaba deliciosa y sabía a cigala, se apreciaría aun más dándole visibilidad al marisco. Muy buena cocción de la pasta (Sandro Desii): no muy al dente, pero bien identificable al nivel textural. Cuando uno no tiene el olfato al 100%, percibe aun mejor los gustos básicos y las texturas.

El arroz meloso justamente fue quizá el plato más soso de todos. Nunca he creído que el carnaroli  absorbiese más los sabores que un bomba…

Se termina la parte salada con un trozo de presa de buey de Burgos (el dueño fue carnicero y entiende de buena carne). Cocción al Josper y excelente melosidad de la carne que, a pesar de tener infiltración de grasa, tenía mordida. Se acompaña con una sabrosa y brillante demi-glace, una patata de corte pont-neuf (aunque no frita sino confitada) y una chalota asada. Era el momento de mojar el pan de Triticum.

Xavi hace la masa del babá, receta Ducasse, es decir alveolado fino y abizcochado. Pedí cambiar el helado de chocolate blanco por uno de negro. Un helado de café combinaría bien con el ron. O con el mismo helado de mascarpone de Sandro Desii que se me sirvió al final, con una gota de aceite de oliva. Haría de equivalente de chantilly.

Pan Triticum con mantequilla de hierbas

Ensalada de pamplinas, calçots,alcachofas, anguila ahumada

Un gota más de vinagre al romesco se agradecería.

Sandwich de presa ibérica confitada con mahonesa de kimchi

Un plato muy goloso.

Butifarra con lentejas, patata al mortero y huevo a baja pasado por la plancha

Canelón de panceta y cigala con salsa velouté de marisco

Guiso de garbanzos y sepia a la bruta

Arroz de calamar con guisantes

Habitualmente va con alcachofas. Me pusieron guisantes para no repetir producto.

Presa de buey

Babá al ron con crema de fruta de la pasión y helado de chocolate

Helado de mascarpone con aceite de oliva

TAULA 26

Vilanova i la Geltrú

IG @taula_26

L’ARPÈGE mars 2025 (París)

Publicado por Philippe Regol el 04/04/2025
Publicado en: FRANCIA PARIS. 3 comentarios

ALAIN PASSARD

Tres estrellas

No iba a L’Arpège desde antes de la pandemia. Es una casa a la que me aficioné tarde, lo reconozco, pero que me va acompañando desde estos últimos 15 años. PASSARD : Tal vez con Gagnaire y Pacaud, a quien se acaba de dar un homenaje en la última gala de Michelin, es el gran cocinero de la postNouvelle Cuisine que queda , plenamente en activo a sus casi 69 años. Un cocinero que siempre ha estado en cocina en medio de su equipo, manipulando las masas de sus hojaldres, acariciando las cajas de las verduras que llegan de sus huertos del Loira o controlando los pescados o las aves asándose. Es alucinante ver como disfruta en el contacto físico, táctil con los alimentos. Si Gagnaire es el cocinero atormentado e inseguro que se permite una ancha sonrisa de alivio al final de sus servicios y que se tiene que repetir a si mismo constantemente que lo que hace está bien “malgré tout”, Bras sería el cocinero de la melancolía proustiana y Passard, afable y feliz, es el cocinero de la alegría tranquila y constante, seguro que no podría hacer otra cosa en su vida que cocinar e ir a ver sus cultivos cada día de descanso que tiene.

Algunas veces le he visto salir para presentar una pularda o intercambiar unas palabras con una mesa , pero esta vez simplemente nos hizo llamar para que fuéramos a saludarle a la cocina. Hay cocineros que se disfrazan hasta llevar el gorro alto, y no tocan ni una sartén, y otros como él que van vestidos casi de calle, con solo un delantal y el pañuelo al cuello para el sudor, y que se enfrentan cada día a los fuegos. Los que llevan la «toque» no suelen tocar nada…¡Pero Passard es único!

Le gustan tanto las verduras que ha llegado a cambiar todo el interiorismo de la pequeña sala, que ha perdido su lámparas de Lalique y sus bajos relieve de madera de Majorelle, muy “Art Nouveau”, por unos dibujos vegetales algo naïf sobre fondo blanco , lo que parece dar luminosidad y , por ende, aportar más espacio. En esta sobrecarga semiótico-vegetal que no quiere dejar ninguna duda sobre la militancia vegetaliana del cocinero, no puede faltar la hortaliza como centro de mesa y el habitual menú del mediodía que, esta vez, no hizo ninguna concesión a la carne. Solo una demi glace de verduras asadas apuntaba, al final del menú, hacia una subida en la intensidad sápida, con su potencia de Maillard. Fue la “carne” del menú.

La verdura hasta ejerce de nexo entre lo salado y lo dulce. Tampoco se nos sirvió el mítico hojaldre de chocolate de la casa. La crema de calabaza hizo de pré-postre, casi dulce, antes de una crème brûlée de hortalizas verdes. En este menú, la superación del binomio dulce-salado, muchas veces soñada por cocineros, se consigue de la manera más natural del mundo, por la misma fuerza de las cosas. Liliáceas, cucurbitáceas o tubérculos en general, como la remolacha en tártar (uno de sus platos fetiches), tienen su propio dulzor que se matiza con hierbas frescas, vinagres, mostaza… De hecho, todo parece improvisado, menos el tártar que hemos comentado y sus cremas de verduras que adereza con una chantilly pimentada. La verdura empleada cambia, su aparición en el orden del menú puede variar, pero la estructura del plato es la misma. La utuosidad es aportada por la nata montada, exterior a la crema, y no incorporada a la misma como se suele hacer en forma de nata líquida a las cremas de verduras afrancesadas. Como siempre, en el menú, suele haber un consomé que, en temporada, será de tomate, y una ensalada. Esta vez, la ensalada fue una maravilla de contrastes de sabores, con solo la aportación de un poco de parmesano rallado (¿o era Comté?…). Siempre habrá más mérito en hacer un plato rico con vegetales que con carne, marisco o caviar.

Este post será solo un albúm de imágenes. Ha pasado ya un mes desde mi visita y no recuerdo de los ingredientes. Como cada plato puede cambiar hasta el último momento, no se entrega menú, ni nada está escrito. Solo evocaciones poéticas del plato, muchas veces a partir de su color principal : esmeralda, oro paja, verde aceituna… El tártar de remolacha se llamará: “Granate de remolacha a la mostaza”.

¡Mirad como se empieza! Más parco imposible…Nos convenía comer ligero. A la noche nos esperaba una cena pantagruélica en La Ferme du Pré…

Menú : Cosecha de la mañana en 8 tiempos 240€  

Las palmeras de arlettes de chocolate se harán, imagino, con los recortes de famoso milhojas.

L’ARPÈGE

París

Web

TABLE de BRUNO VERJUS (París)

Publicado por Philippe Regol el 01/04/2025
Publicado en: FRANCIA PARIS. Deja un comentario

Hace unas 3 semanas, visité TABLE de BRUNO VERJUS
Un excelente ⭐️⭐️que se proyectó en poco tiempo en el puesto n°3 de 50Best. Forma parte de estos restaurantes que se cuelan, a veces, en los altos puestos de los rankings, sin entender por qué. Qué se me entienda: es una cocina de excelente calidad y con unos productos 10. Pero Alkimia, Culler o Camarena también se merecerían más visibilidad, y ahí están, en el anonimato internacional más completo. Después de estas consideraciones sobre la vanidad caprichosa, que todos sabemos, de las listas , si se me da a elegir una comida en Table u otra en Alchemist con su show pretencioso de virtuosismo técnico, no lo dudaría ni un segundo. Hay más autenticidad culinaria aquí, aunque, en este caso, ni el propio Verjus cocina.(Ver el vídeo de la web en el que ve marcando la pauta a seguir en medio de su equipo).

Tampoco el restaurante presenta un marco de confort particularmente destacable. La barra delante de la cocina, y una mesa adosada a la misma. Un único baño. Y decoración algo kitsch. Si la cocina es de dos estrellas,, el espacio llegaría justo a una. Solo faltaría que los precios no fueran de tres, para que todos estemos contentos.

Verjus abrió su restaurante a los 50 años. Antes fue periodista, foodwriter para la guía Omnivore, empresario en China … Con un nombre que es sugerente («verjus» significa «agraz»), es todo un personaje, apasionado por la cocina, los productos y la gastronomía en general. Culto, conversador y gourmand. Ejerce de restaurador anfitrión. Ahí sentado, se dedica a interactuar en interesantes conversaciones con las mesas. Hasta en su aspecto de persona oronda (o un poco más), me recuerda un poco la figura de Santi Santamaría. Alterna con la clientela con voz algo altisonante y jovial, tal un simple tabernero. Pero los precios no son de taberna, son severos (480€ el menú sin bebidas). Hay producto, sin duda, pero, aun así, la cosa pica. Son precios que se pueden comparar a los grandes restaurantes palaciegos, con tres estrellas, de la capital. Este año estaba prevista su presencia en Madrid Fusión, pero, en el último momento, su médico le desaconsejó volar. Creo que es la persona ideal para una charla o conferencia.

Ese día que estuvimos, el menú terminaba con un excelente salmonete con salsa al “vin jaune” y, al ver mi cara de sorpresa, la camarera volvió, al rato, para marcar la mesa. Una sorpresa llegaría: una magnífica molleja salteada (creo que en mantequilla por su dorado crujiente), acompañada de una holandesa de marisco. Sin duda el mejor plato del menú.

  Se suele repetir a menudo, pero aquí el producto es realmente fundamental. A veces te lo enseñan en la sala como aquel buey de mar que volverá a aparecer dos platos después rellenando una alcachofa. Como en el caso de Alkimia, es una cocina de poca mise-en-place. De absoluta inmediatez. Y se hace mucho hincapié en hacérselo notar al cliente.

El bogavante, es otro ejemplo. Ni “cuit ni cru” (ni cocinado ni crudo) se exhibe en su baño de aceite tibio. Es uno de los platos icónicos de TABLE. Los franceses más sagaces han aprendido a cocinar el pescado, y a NO cocinar el marisco, aunque sea más de 15 años después de aquellos langostinos de ElBulli, cuya no-cocción se conceptualizó. Este bogavante, y su aliño de su propia amaericana, será otro excelente bocado en el menú.

Verjus hasta juega un poco al guiño tabernario, como en ese clafoutis de pera que se cocina y se sirve a la manera tradicional, es decir a la cuchara (y no en moldes individuales).

No hay menú escrito, sino una hoja que evoca el origen de los platos, la geografía que rodea el producto, alguna consideración sobre la temperatura de degustación del bogavante (la misma que la del cuerpo), o recuerdos de paseos en unas calas. Palabras sentidas, casi poéticas, (en el límite de lo cursi), que sugieren más que explican. Tampoco se acaban de adecuar del todo a los platos que se sirven. El mercado provoca cambia en el menú que la hoja aquella no refleja.

Y no pude apuntarlo todo. Tenía ganas de disfrutar de la comida sin ser esclavo del boli y de la libreta.  No importa. Será una reseña “impresionista” más que descriptiva o analítica, de una comida agradable, más que agradable, pero que nos hace reflexionar sobre las diferencias de generosidad y de opulencia entre estos menús en el extranjero y lo que tenemos aquí. Para la gente que “bebe” , el almuerzo puede salir por 800€. Lo que es ya una barbaridad.    

El bocado de la botarga del mújol en medio de este agradable gargouillou.

Ostra tibia, berro, patata noisette

Pan de centeno, tarama, erizo

Imposible que esto no fuese rico.

Es lo que tiene esta cocina inmediata, casi espontánea (como diría Gagnaire), que, al no conceptualizarse, no se queda en la memoria. Habrá que esperar el último plato salado del menú par encontrar un plato «memorable», en el sentido literal de la palabra.

Jurel con crema madurada de Froment du Léon

Una raza de bovino.

Espárrago asado en una mantequilla de laurel, sabayón de hierba a tortuga

(Herbe à tortue: Thalassia Testudinum).

Ahí la vajilla llamativa obliga, tal vez, centrarse en el continente, para tapar la soledad de ese espárrago. que se notaría más en un plato blanco más discreto.

Buey de mar, alcachofa, curry verde

Bueno, bueno, bueno. Nada más que contar.

Ragú de trufa negra,navaja, espinacas, pera

Sin la pera, que apenas se apreciaba, no pasaría nada. Un excelente plato en el que la trufa a dados se crocaba.

Bogavante

Después de la molleja, el plato más importante y rico del menú.

«Moussetage» de topinambo, limón de mentón y hierbas salvajes

Un plato muy «Passard» (como lo veremos en unos días).

Salmonete con colmenillas, espinacas y salsa «vin jaune»

Piel crujiente, jugoso por dentro. Sí, los buenos cocineros franceses saben ya cocinar el pescado al punto. Se deja atrás la mitología del exceso de cocción. Aun así, si como a la carta en un restaurante francés, pido siempre carne o aves. Gran plato también, en el que no resalta más que la perfección de la cocción y el buen sabor de la salsa. Ya sé que todo esto, no es poco…

Molleja de ternera con holandesa de marisco y gambitas picantes

Se hubiera podido jugar más a fondo la carta de la gambita picantes, pero, aun así, el «ris de veau» estaba magnífico. Fue el plato que hizo que saliera relativamente contento del almuerzo. Cuando pienso que estuvieron a punto de no servírnoslo…

Choux

Buenos postres como el choux relleno de helado de «praline» rosa (almendra garrapiñada), equilibrado por la acidez de un coulis de hibiscus.

Tarta chocolate caviar

¿Combina bien?Pues sí, ¿porqué no?Acidez y amargor del chocolate+ salinidad.

Magdalena con aceite de oliva

Perfecta.

Clafoutis de pera

Es cuando nos damos cuenta de la influencia de Passard en la alta gastronomía parisina y de su audacia en quitarle el corset a ciertos rituales de «fine dining». El molde de clafoutis era para todas las mesas (ese día solo una docena de comensales…).

Vemos que el concepto «petit-fours» se va esfumando poco a poco. ¿Era esta magdalena , lo que correspondería exactamente a la definición de «pequeño pasta horneada» o bien era el petit-four esa cucharada de clafoutis?

También observo, la sustitución, poco a poco y en varios restaurantes de estilo diverso (Smoked Room, Enigma, Alkimia…) del postre de restaurante construído y complejo, «escuela Espai Sucre», para que nos entendamos, por un retorno, de elementos de pastelería de tienda, algo tuneados, cuando, desde los años 90, se les había desterrados por intrusos en los menús. Aquí lo dejo.

Unos 520€/pax (bebiendo poco). (Se paga por adelantado: 360€ es la cuenta restante que se paga el día de la visita).

TABLE de BRUNO VERJUS

París

Web

GEGANT marzo 2025

Publicado por Philippe Regol el 29/03/2025
Publicado en: BARCELONA. 6 comentarios

Joan Vallés y su ayudante Guillem Giralt en la entrada de su minúscula cocina

Lo he dicho a menudo, una ciudad se puede llamar “gastronómica” no solo cuando tiene los mejores restaurantes del mundo o muchos estrellados, sino cuando se puede comer de un buen nivel en sus barrios. Y llamo de un buen nivel los que huyen de la quinta gama, casi generalizada, que compran producto decente y lo cocinan con mimo. No creo mucho en los menús de 12€. Pero sí es posible cocinar buenos platos por 23€. Lo demuestra L’Artesana, la de Santa Eulalia, y la de Poble Nou justamente, bastante cerca del restaurante que nos ocupa hoy, o el espectacular menú degustación a 32€ de La Sosenga. Hay más ejemplos. Barcelona se va (re)poblando con nuevas casas de comida, por parte de una generación de jóvenes cocineros que han decidido montar sus propios negocios, muchas veces humildes, después de servir en casas un poco más grandes. En el caso de JOAN VALLÉS , fueron también cocinas pequeñas donde se formó. Pequeñas por sus instalaciones, no por su calidad.

Joan el segundo desde la izquierda en este post del Hisop del 2014.

Desde el Hisop  (Joan me dio la pista de esta foto en la que sale en un post mío del 2014, casi adolescente) hasta el Monocrom de la plaça Cardona, pasando por el último restaurante de Fermí Puig. Lo importante es que, con estos avales, el cliente se sienta con confianza en una mesa. Las auténticas diferencias no están entre estilos de cocina o niveles de restauración, sino entre restaurantes dudosos y otros en los que irías con los ojos cerrados. Que sea desde Enigma hasta La Palma de Bellafila.

La puerta de entrada de este GEGANT parece desmentir el nombre del restaurante: más que humilde, casi la de un local clandestino. Dentro, seducen las antiguas piedras de la pared recuperadas, desconcierta un poco la falta de luz y puede agobiar al rato el ambiente ruidoso. Todo esto delata que estamos en una simple casa de comidas. En cambio, volvemos a sorprendernos con la mantelería de trapo. Un signo de que se quiere dar un poco de confort a la puesta de mesa. Pero la auténtica dignidad está en el plato.

Desde una cocina de escasos 5 m2, Joan y su ayudante Guillem Giralt , “envían” al estrecho comedor decenas y decenas de platos. Al mediodía solo se dan menús a 23,50€, con solo 3 o 4 propuestas del día a la carta que se irán ampliando. Será por las noches cuando se ofrece la carta (aprox 40€). Mi idea era jugar con los platos del día (de la cual no podía faltar la ensaladilla y el fricandó), pero Joan nos sacó un verdadero “degustación”. No estaban ese día los fideos a la cazuela, verdadero plato deseado por la clientela de estas casas de comida (ver los del Bar Gol de hace poco, del MarLau o de Vivanda ), pero la conclusión de la parte salada con el fricandó fue para alegarnos el día.

Otra frase que repito (y el mismo Jordi Vilà lo tiene grabada con cincel en su frontispicio mental): las nuevas “abuelas” que cocinan son los propios cocineros profesionales , aunque algunos quieran que sean las empresas de cocina preparada (que, por desgracia, están dominando el mercado). ¿Quién mejor que un joven cocinero que ha pasado por las mejores casas, para preparar este tipo de guiso? Desde luego, aunque todo estaba rico, volvería a Gegant por su fricandó.

Solo le dije a Joan que, a la ensaladilla, le faltaba un poco de punch. Es un defecto bastante frecuente hasta en las mejores casas como la de Casa Parera de Mataró. Hay una especie de prudencia en el aliño de las mahonesas que, en estos casos, tienen que estar sobrecondimentadas ya que perderán potencia al mezclarse con todas las verduras y patatas. Y la rica merluza a la putanesca era demasiado decente de picante como para merecer su nombre canalla. Se ve que, a la clientela de los barrios, aun les asusta lo “spicy”.

Un bravo al jefe de sala Iván Fernández que me supo encontrar un vino tinto a 11º5. No tuve tiempo de hacerle la foto a la etiqueta. ¿Alguién lo reconoce?

Pequeña terracita en la calle que, con el buen tiempo que ya empieza en Barcelona, será pronto asaltada.

En fin, otra humilde dirección que se suma a esta nueva ola joven de cocina catalana abierta y asequible.

Ensaladilla

Lengua en vinagreta

Garbanzos con butifarra negra

Calamar con ensalada de hinojo

Merluza con berenjena

Fricandó

Tartaleta de fresa

Con una gota de un alcohol en la chantilly, subiría más el sabor.

Flan

Excelente, cremoso y untuoso, con ese punto ligeramente amargante del caramelo de los «flanes de siempre».

Excelente pan. No pregunté de donde era, pero me pareció nivel Pa de Kilo.

GEGANT

Barcelona

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