2 comentarios el “CAELIS (Barcelona)

  1. El jueves 24 de octubre cené en Caelis.
    Llegamos al restaurante a las 21 h exactamente, tal como constaba en la reserva.
    Hasta las 21:37 h no tomaron nota de nuestra elección. 37 minutos me parece una espera sencillamente inaceptable.
    A partir de aquí ocurren una serie de situaciones:
    – Uno de los amuse bouche era anunciado en el menú como «tartaleta de ventresca y caviar» pero en la mesa fue presentado como «tartaleta de ventresca con huevas de arenque». Se lo hice notar al camarero y me contestó que también era caviar. Le contesté que no entendía porqué en el menú no se presentaba como huevas de arenque. Pero me sentí más molesto todavía cuando en uno de los platos, anunciado en el menú como «anguila, remolacha y caviar» el camarero me indicó que era caviar oscetra. ¿Por qué en el menú se anuncian dos platos con «caviar» cuando en realidad son productos tan diferentes?
    – El plato «Royal de erizo de mar y emulsión de foie gras» era sencillamente incomestible. En boca aparecían unas notas de amargor muy intensas. Se lo expliqué al camarero que retiró el plato pero no volvió para dar ninguna explicación sobre si el erizo estaba o no en buenas condiciones.
    – En el plato «Bogavante azul en su jugo» el producto tenía un punto de cocción totalmente inadecuado, la textura era como astillosa. Las bandas de celerí en forma de tallarines estaban duras.
    – El plato incluido en el menú «Espardeñas con bullabesa» fue sustituido por «Escórpora con bullabesa» justo en el momento del pase. En el momento de presentar las opciones de menús no se indicó que existía ese cambio. Además, el tamaño del trozo de pescado era ridículo.
    – En el plato de lenguado de nuevo el tamaño del pescado era increíblemente pequeño, de unos 3cm de largo por 1cm de ancho.
    En resumen, la frase «Romain me garantizó que ese menú era representativo de la cocina que se está proponiendo allí» no se cumplió en nuestra cena.
    Creo que existieron una serie de situaciones que no son propias de un restaurante gastronómico con una estrella Michelin. Al final de la cena, tenía además la sensación de indefensión. No había ninguna persona que pareciera responsable de la sala o de la cocina a quien dirigir estos comentarios.

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