La deliciosa cocina asiática de Estanis Carenzo (otro cocinero en la sombra…)
En SUDESTADA, Estanis Carenzo (a la izquierda) y Pablo Giudice, han elegido la fórmula de dar de comer bien a 100 personas al día, en un auténtico bistrot de cocina asiática. Antes de pasar a los elogios, una crítica: la luz blanquecina del comedor. Parece la de una sala de espera de estación de ferrocarril de pueblo. Una pena, ya que la comida no se puede lucir. Por cierto es la misma “iluminación” que la que tenían en el antiguo local. Tal vez sea decisión propia… Ahora llevan más de un año en este sitio, bastante confortable por cierto, con muy buena temperatura ambiental a pesar del ambiente bullicioso, y con un excelente servicio que te trasporta al ambiente informal de un neobistrot parisino. Pero lo más importante está en el plato. Es una cocina asiática personalizada, algo canalla e informal en su presentación, servida en una vajilla blanca de una sobriedad funcional que se agradece. Cada vez me cansan más las pizarritas y los cuencos anti ergonómicos. Picantes, ácidos y hierbas frescas son los tres pilares gustativos de esta cocina divertida y rica que tantos adeptos tiene en estos momentos, y más en Madrid donde siempre se ha acogido con entusiasmo estos sabores de fuera. Difícil recomendar algún plato. Los curry que probé otras veces son sobresalientes. Todo realmente parece apetitoso.
Desde el aperitivo (invitación de la casa) en forma de pequeña ensalada de lengua de cerdo con hierbas (sisho, cilantro), wakame (creo que se trata de la de sésamo, la que distribuye Com.Import) y un estimulante aliño.
Elegí los dumpling Singapore acompañados con una salsa de soja dulce, cebolleta, ajo, sésamo etc.
¡Para beberla a la cuchara!
Delicioso el cordero saté (también invitación de la casa) con soja dulce, citronela, lime quat del Huerto del Cura, tomate y yogur, pickles de verduras encurtidas y sambal (condimento indonesio y malasio a base de chiles) salado/picante. Tal vez un exceso de acompañamiento y de condimentación para un simple pincho de carne de cordero picada.
De segundo plato había elegido el salteado de fideos de arroz con mini carabineros y finas láminas de cerdo. En este plato, lo más destacable no es el punto de cocción del marisco (evidentemente pasado) sino el de la pasta, increíblemente al dente y elástico. Cosa muy difícil de conseguir cuando se trata de un cabello de ángel tan fino.
Terminé con una agradable crema de coco con helado de maracuyá.¿ Por qué no jugar aquí también, en el postre, con la aportación aromática de alguna hierba? Cené con cerveza y agua pero recomiendo probar los cócteles tipo mojitos o caipiriñas que el barman borda.(Los he probado otras veces). Acompañan perfectamente este tipo de comida. Precios razonables si se tiene en cuenta la calidad de la comida.
SUDESTADA C/ Punzano nº 85 Madrid 91 533 41 54 Cerrado los domingos.
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LA ESTIMULANTE COCINA DE LUIS ARÉVALO
En mi último viaje a Madrid para la cumbre de Madridfusión, estuve visitando algunos restaurantes. No fueron ni los más famosos ni los más estrellados de la capital ya que a veces es difícil conseguir mesas en los “grandes”. Muchos no me convencieron y mi viaje a Milán y otros acontecimientos hicieron que me olvidé de escribir nada sobre estas visitas. Algún chino con mucho interiorismo pero algo insuficiente, alguna neo”casa de comida” en la que las cosas salieron algo regular, un restaurante peruano que prometía ser la revelación del año pero que no estuvo a la altura. En fin nada entusiasmante. Pero no podría decir lo mismo de Nikkei 225. Un restaurante cuyo interiorismo elegante y moderna está firmado por Ignacio García de Vinuesa (el mismo que el del restaurante chino mencionado antes) y que cuenta al frente de su cocina con Luis Arévalo, un cocinero solvente que ya se había hecho conocer por su éxito en 99 Sushi Bar Ver post o su paso por el equipo de Ricardo Sanz (Kabuki). . Me sigue gustando mucho la cocina de este señor. Se trata , como el nombre del restaurante lo indica, de cocina nikkei tal vez un poco personalizada, refinada y modernizada, servida con empaque (impecable servicio por parte de Lai Rueda) en un espacio muy trendy. Han pasado casi tres meses pero aun me acuerdo, menos algunos detalles, de muchos de los platos del menú que degusté.
Algunos de estos bocados excelentes como la causa limeña en tempura con cangrejo real,
las albondiguillas “niku-dangu”,
la estimulante ostra con salsa ponzu y cebolla roja
la deliciosa vieira con «bloody mary» de pisco .
El plato tal vez más espectacular fue el ceviche de erizos (umi) con algas, toques cítricos y un sin fin de matices aromáticos.
Un poco más flojo tal vez estuvo la tempura de ortiguillas (bocados algo repetitivos)
pero rápidamente se reanudó con el sabor gracias a los espectaculares sushi de entraña de wagyu, pez mantequilla con salsa de anticucho y pesto de cilantro y el maki de tartar de vieira con aguacate, y más detalles gustativos que siento haber olvidado.
Delicioso también el maki de bogavante con confitura de rokoto.
Terminamos la parte salada por unas sabrosas albóndigas de rabo con salsa teriyaki cocinadas por el segundo de Arévalo, Vicente de la Red (ex Roca y Aponiente), quien se encarga también de los postres.
Acertado e hiper refrescante por cierto su postre “saketini” (un juego de palabra y gustativo alrededor de la bebida nipona y en el registro siempre arriesgado del amargo) : granizado de pepino, helado de piel de limón y saké texturizado con soda (y xantana por lo que se puede apreciar en la foto). Existe un menú degustación de 65 €. De lo mejorcito de Madrid.
Precio para dos personas. NIKKEI 225 Fernando el Santo nº 29 (altura Castellana nº 15) 91 319 03 90
Pequeñas reflexiones sobre el comentario gastronómico
Laurent Grimot de la Reynière, el padre del comentario gastronómico moderno con su Almanach des Gourmands (1802). ———————————————————————- A pesar de las dudas que uno pueda tener sobre la utilidad de su trabajo, sigo publicando mis comentarios gastronómicos en este blog desde hace más de 5 años. Hablo de dudas ya que he llegado a la conclusión de que la “crítica” en este campo es algo casi imposible. Por consiguiente hago todo por evitar esta palabra negativamente connotada, a sabiendas que en muchos casos no existe otra palabra para definir lo que hago aquí. Busco seudo sinónimos o eufemismos como “comentarios, crónicas, observaciones”. Esta última palabra es la que me convenció en el momento de poner nombre a este blog emulando el título de una revista francesa que solía leer en mis años de estudiante : Le Nouvel Observateur. A pesar de que esta palabra es aparentemente neutral, esta revista tenía ( y tiene, ya que aun existe) una visión comprometida de la sociedad y no se conformaba con simplemente informar. Salvando todas las distancias, sería un poco lo que hago en esta bitácora. Informar sobre la realidad gastronómica pero de una manera conscientemente “sesgada”, en todo caso personal. De vez en cuando me llegan algunas reflexiones, pocas veces formuladas explícitamente en forma de comentarios a los posts, sobre una cierta benevolencia por mi parte. Es cierto que no voy hasta el final de las críticas. Las veces que he podido hacer o, me he arrepentido hasta el punto de retirar algún post que me parecía ofensivo. Sin embargo lo que me interesa de mis “observaciones”, más de las negativas que de las positivas, serían las lecciones que se podrían sacar de algunos errores de los cocineros. Algunos con los cuales tengo una estrecha relación de confianza me suelen escuchar hasta llegar incluso hasta la rectificación. Cosa que me honra. No quiero que se interprete como una petulancia por mi parte. Lo que sucede es que el cocinero agradece a veces un juicio sobre su cocina a partir de una mirada externa. A pesar de haber reflexionado sobre sus platos antes de ponerlos en la carta y de haber debatido seguramente con su equipo, escuchar la opinión de algunos clientes (mientras tengan algo de criterio) siempre puede ser de alguna utilidad. ——– En los inicios de este blog, se me llegó a criticar por haber sido cocinero y atreverme a valorar “colegas de profesión”. No quiero afirmar que un ex cocinero tiene más autoridad para hablar de cocina, ya que los conocimientos culinarios se pueden adquirir fuera de la experiencia práctica de este oficio.¿¡ Cuántos (buenos) críticos de cine, por ejemplo, no han hecho ninguna película en su vida?! Pero tampoco puedo aceptar que una larga experiencia ante los fogones, como ha sido la mía, pueda ser un obstáculo para emitir juicios al respeto. Por estos motivos, siempre sabré valorar el esfuerzo que supone dar de comer a un comedor lleno pero también, y es la otra cara de la moneda, sabré detectar a los que no ponen en su trabajo el cariño que se les requiere. De hecho, lo que más me sirve a la hora de opinar sobre la cocina no es tal vez mi profesión pasada, sino los más de 20 años que he dedicado a pasearme por los restaurantes de Europa, mi asistencia a casi todos los congresos que se producían (pagados, claro está, de mi bolsillo) y las largas sobremesas con amigos cocineros. Sobremesas donde casi siempre, lo reconozco, se habla de cocina. Si cuando sale el cocinero a saludar o a sentarse en la mesa, los comensales empiezan a hacer preguntas sobre la facturación del restaurante del mes pasado o comentarios sobre futbol, mala señal… —— — Volvamos a la primera frase de este post. ¿Es posible ejercer la crítica gastronómica, al menos como se suele entender, incluyendo comentarios negativos y prescindiendo de la sentencia de la fatídica nota? ¿Un “arte” (en el sentido amplio de la palabra) tan efímero y sometido a tantos parámetros fluctuantes como la regularidad en la calidad del producto, los problemas de plantilla o el estado anímico del cocinero, puede ser objeto, por parte del crítico, de una valoración que va a misa y que reflejará exactamente lo que se va a encontrar el lector y futuro cliente unos días después cuando visite el restaurante? Realmente lo dudo. No existe ciencia más inexacta que la gastronómica. ——- Los inspectores de la guía Carnet de Route (Omnivore) empiezan su crónica por una fecha, debajo del nombre del restaurante.”Samedi 21 février 2009. Comida”. Detrás de esta información en apariencia anodina, podríamos ver como el reconocimiento de lo efímero: “Tal día a tal hora comí estos platos en ese restaurante y tenían estas características”. En esa guía no se ponen notas, cosa que siempre he celebrado. Una nota sería por consiguiente la valoración que hace un crítico de una comida (o, a lo sumo, de dos) al año y no de lo que “vale” realmente un cocinero. Esto sería el primer paso. El segundo sería reconocer la enorme subjetividad de los comentarios que dependen también de la persona que enjuicia, de su capacidad para hacerlo.¿En cuántos restaurantes ha comido en su vida la persona que enjuicia? Recuerdo siempre esta frase de Gilles Pudlowski que dice que “ para poder hablar de un solo restaurante hace falta haber comido ya en mil” ¿ Qué criterio se le reconoce y hasta qué estado de ánimo tenía ese día. Después de varios días degustando cocina “creativa”, uno desea comer una buena chuleta. Si el crítico hace dos comidas al día, su exigencia ante los platos de la cena será mucho más elevada que si llega “fresco” y con buen apetito. Los gins tonics de la sobremesa de la comida pueden a veces perturbar la valoración de la cena….Como lo pueden hacer una hora de espera antes de pegar el primer bocado, la temperatura de la sala, una pequeña discusión con el maitre (como me ocurrió hace unos días) o la dureza de las sillas. ¡Qué frágil es el enjuiciamiento gastronómico! Conociendo el peligro de la subjetividad, el crítico lógicamente busca argumentos cuanto más objetivos mejor a la hora de criticar tal o tal aspecto del plato, para que el lector pueda distinguir entre defectos patentes y lo que es sujeto a circunstancias coyunturales o de lo que podríamos llamar “simples manías” por parte del crítico. Criticar la cocción exagerada de un pescado no es lo mismo que valorar un postre lleno de petazetas (ingrediente que personalmente no soporto). Aunque puedan existir clientes que disfruten tanto con una cosa como con la otra…. —– Muchas veces las fotos que acompañan ciertos comentarios (en los blogs, ya que en la crítica periodística resulta imposible) no son simplemente elementos ilustrativos sino “pruebas del delito” de valiosa información para el lector. Insuficientes, claro está, a la hora de transmitir al lector el sabor del plato pero muy útiles por ejemplo para visualizar descompensaciones de ingredientes en las construcciones. Superados, o al menos sorteados, todos estos escollos quedaría por hablar de la dificultad que conlleva criticar (negativamente) a un cocinero que te recibe en su casa. (Que presente la cuenta o no al crítico no debería influir sobre la valoración que se tenga que hacer de la comida, aunque inconscientemente es innegable que pueda tener su efecto). El crítico de cine o de teatro no tiene la misma relación con los directores o actores de las obras de teatro. Recibe su invitación a los estrenos, opina en total libertad y pocas veces tendrá que coincidir o enfrentarse a ellos posteriormente. En el caso de la relación crítico gastronómico/ cocinero la relación es mucho más estrecha y comprometida. El cocinero recibe en su propia casa y tiene reservado el derecho de admisión. Los contactos y encuentros entre cocineros y críticos, periodistas gastronómicos y bloggers son permanentes y envueltos en la endogamia del mundillo gastronómico. Una crítica claramente negativa condena por consiguiente al crítico a un ostracismo certero, al menos a un conflicto de carácter personal al cual escapan los críticos de arte, de música, de teatro o de cine. Cuando no se respetan estas normas, siempre tácitas, pueden aparecer conflictos bastante sonados. Algunos han salido a la luz públicamente, otros se quedan en los comentarios de sobremesa del “mundillo”. Justamente por culpa de esta “reserva” casi obligada por parte de la crítica, este “respeto forzoso” hacia los cocineros, siempre muy susceptibles cuando se les cuestiona su “arte”, los comentarios acerbos contra ellos se harán siempre en pequeños coros de confianza (con algunas fugas posibles) o en los comentarios anónimos de los blogs y foros. Es la “critica sumergida”,(para hacer un símil con la economía). Esta válvula de escape, tal vez necesaria aunque muchas veces irrespetuosa o indocumentada, es la respuesta “salvaje” a una cierta crítica gastronómica comedida (en la que me incluyo) que transita a veces entre los ligeros toques de atención (suaves pero muchas veces desagradables para los cocineros arrogantes) y los publireportajes en cubierta, pasando por las simples crónicas informativas de las novedades gastronómicas del momento. —– Evidentemente este blog (OG) no escapa a todas estas reflexiones o contradicciones y estoy dispuesto a someterme a todas las críticas y autocríticas posibles. Para no alargarme, sólo me gustaría decir que la utilidad de un blog como este estriba, a parte de su carácter informativo (hacer descubrir el rest. AXOL, por ejemplo) o crítico , siempre desde el respeto,(Le 5e Péché), estriba, digo, en su carácter pedagógico para los cocineros que lo lean. En todo caso, es lo que pretendo, pero tal vez no me corresponde a mí decirlo.
¿ Qué pensaríais si leyeseis en un magazine francés prestigioso de larga tradición que existe a 30km del otro lado de la frontera un cocinero japonés que se enamoró de la cocina francesa y mediterránea y que se ha instalado en un precioso pueblo llamado Collioure? Que este cocinero, llamado Masashi Lijima, ha pasado temporadas en casa de los hermanos Pourcel y sobretodo en Michel Bras, que juega con los fresquísimos pescados de la lonja fusionando sabores japos y mediterráneos? Todo un reportaje con fotos y recetas sugerentes en 1as que se ven platitos apetitosos y originales, mares y montaña como sepietas rellenas de salchichas catalanas, piquillos rellenos de pierna de cordero lechal braseado al Banyuls (cuyos viñedos se aprecian en el camino que conduce a este precioso pueblo de la Costa Vermella), carpaccio de pescado de la lonja al yuzu, tartar de ostra y jamón serrano y compota de cebolla…. En fin, uno se imagina un festival de cocina fusión bien entendida y decide hacer una pequeña excursión al Rosellón. Pero la sorpresa empieza cuando te dicen que el menú “Plaisir” (palabra cursi como les gusta mucho a los franceses), el más “largo”, de cuatro platos, a 55 €, sólo se sirve con encargo. Evidentemente cuando hice la reserva y di el teléfono de contacto, en ningún momento se me avisó de este condicionante. Tuvimos entonces que insistir, decir que habíamos hecho 200km desde Barcelona y que no podíamos haber adivinado que se tenía que “reservar” el menú. Total la carta estaba compuesta por 5 o 6 platos, y sólo se trataba de servirlos en media ración. Después de dos viajes a la cocina de la mujer del cocinero y diciéndonos que después de “presionar”, se nos anunció que el cocinero acedía a servir el menú. Cuando ya se empieza una visita a un restaurante con este tipo de “malos rollos”, es conveniente que la cocina esté a un excelente nivel para poder hacerte olvidar el problemáticoarranque. Evidentemente, ninguno (excepto un postre) de todos los platos que se veían en la revista Thuriès( nº de marzo 2011), se encontraban en la carta. Se nos sirvió un menú como “para salir del paso” compuesto por el cocinero sólo en la cocina. Últimamente, no sé que pensar si es peor una plantilla de 30 personas en que cada cocinero coloca una hierba en el plato o el cocinero solitario que batalla contra los elementos… Hacer la pregunta , es contestarla. Ninguna de las dos fórmulas. En el Viajante de Nuno Mendes, había cinco cocineros para hacer una cocina de una gran complejidad… Volvamos al menú.
Dos lonchas de salmón como en tataki con una gota de wasabi, un poco de zanahoria encurtida y almendra picada. Recuerdo que hace quince años, servía un carpacio de salmón con aceite de wasabi, alga hiziki salteada a la soja y anacardos picados, y nunca he pretendido hacer una cocina «creativa». Estaba bueno, claro, pero no demostraba ningún derroche de imaginación.
Dos productos de la carta juntados para la ocasión: un par de vieiras con unos taquitos de pulpo en ensalada totalmente cauchutosos. Soja germinada. Sin ningún aliño que uniera estos dos elementos, simplemente y gratuitamente yuxtapuestos.
Pescados macerados con brotes: caballa al vinagre de arroz, dorada y sardinas (los más marinados y potentes). Bueno pero seguimos en una línea de simplicidad muy alejada de los entrantes complejos y chispeantes expuestos en la revista de marra.
“Maki” de atún (improvisado apresuradamente) con foie gras poilé , verduras, unos fideos y un poco de miso. El atún no era de un frescor ejemplar. Pero tampoco quiero exagerar, el conjunto estaba comestible.
Llegó el mejor plato del menú. Un shabu-shabu “nouvelle cuisine”, es decir emplatado. Unas láminas de excelente entrecôte crudas sobre tofu y unas verduras (brócoli, puerro etc y shitake), “cocidas” al momento con un excelente caldo servido en la mesa. Sólo un defecto, este caldo se tendría que servir muy caliente. No fue le caso. Faltaba temperatura. Aun así, nos gustó bastante este plato. Dos postres diferentes para probar:
un “tiramisú” con judías japonesas, fresones macerados, helado de sanguínea y perlas de mandioca (insípidas).
Una crema catalana de alcachofa con un pastel de almendra típico de la zona y helado de té macha. La crema llevaba muchos días en la nevera y su textura estaba completamente apelmazada. No insisto más. Algunas ideas pero cocinadas sin ilusión y algo de desidia…”Ne méritait pas le voyage”. Pensábamos caer en el pecado mortal de la gula y apenas se llegó a la venialidad…
El café servido con 1 terrón de azúcar, sin envolver…. Sin azucarero.. .
En el baño, fotografías enmarcadas con Marco Pierrre White o uno de los hermanos Pourcel. Un poco antiguado…. Le 5e Péché (El Quinto Pecado) Rue de la Fraternité 00 33 468980976 Collioure (disculpen los problemas de edición)
El nuevo restaurant de cocina popular de los Hermanos Torres
Arriba en las fotos, Sergio Torres, Lucía Dominguín, abajo Carlos Tristancho. Ayer se presentó a la prensa el nuevo bistrot de cocina popular de los Hermanos Torres en el hotel Me de Barcelona. Arriba está el espectacular Dos Cielos y en la planta baja el nuevo espacio decorado por Lucía Dominguín queien estaba presente en la comida con su marido Carlos Tristancho. Cuando veo a Tristancho me acuerdo de la mítica (al menos para mí) película “Amanece que no es poco» de José Luis Cuerda, pero también de sus maravillosos productos del País de Quercus, de donde proviene justamente el jamón que comimos ayer. Esta reunión ha sido la ocasión para Sergio y Javier para ofrecer un larguísimo menú compuesto por los platos de la carta: platos de toda la vida, de la abuela, de algunos familiares o de ellos mismos cuando cocinan en sus casas simplemente por placer. En el centro de la sala, se ha “plantado” un olivo urbano, conceptual o abstracto que irá poco a poco tomando vida, nos asegura Tristancho. Todo el ambiente, hasta las mesas, desnudas, está centrado en la calidez de la madera y en este árbol, símbolo de nuestra cultura culinaria mediterránea. La propuesta se dirige a un público joven, urbano que sólo quiere gastarse unos 30 € para degustar platos que igual ya no tiene la posibilidad de comer en su casa, como un buen arroz, un guiso caldoso de lentejas, un buen suquet con pescado fresco de la lonja de Palamós (delicioso el de araña que tomamos) (10 €) o unas buenas croquetas . Las que nos sirvieron estaban espectaculares. Lo mejor de toda la comida.(6 €). Buenas ensaladas, con hortalizas de cultivo ecológico, bien aliñada la que nos sirvieron, lo que no es poco en estos momentos de ostracismo hacía las vinagretas.(7,5 €). Muy buen costillar de cerdo ibérico a las especias (12 €). Y ¿ como no podía faltar una buena Torta del Casar. Aun falta mejorar algunos detalles como las guarniciones, la de la manzana difícilmente comestible o el puré de berenjena demasiado ahumado. En fin , no se trataba de entrar en el detalles de los platos, sino de informaros de esta nueva propuesta gastronómica en Barcelona. En cocina está Mila que antes dirigía la cocina de Dos Cielos y en la sala Raquel Ripollés y el sommelier Juan Prieto (siempre con inquietudes, curioso ese “vino de niebla”), que dejaron el restaurante de arriba para vivir esta nueva experiencia.
LA COCINA CATALANA POPULAR Y MODERNA DE CAN POAL


AGRADABLE SORPRESA EN EL MARESME
LA GRAN COCINA DE ALBERT ORTIZ EN AXOL
Albert, Olatz, Xenia y Marlón.
(probar sin falta los de calçot y romesco y de fuet y queso, elaborados por ellos mismos). Generosidad también en el producto, soberbio como las gambas y sobretodo la vieira, de tamaño descomunal. Tomamos el menú largo a 59,40 €. No es barato pero tanto el producto, como las cantidades y el trabajo de creatividad, justifican el precio. En el curriculum de Albert están Arzak, Freixa, elBulli y el Celler de Can Roca pero las influencias sobretodo roquianas y un poco bullinianas están perfectamente realizadas y asimiladas. Algún plato, como lo veremos, supera incluso el plato que lo inspiró.
Cucurucho de crema de parmesano y avellana, macarrón de anchoa (muy dulzón y falta de sabor a anchoa), chicharrón de sepia, galleta de oliva negra y queso “Tou dels tilers” (como una galleta oreo), crujiente de sésamo negro, pequeña magdalena de mijo (sería un perfecto petit-four) y pipas picantes.¿Quién da más? ¡Recordemos que todos estos snacks se sirven también en el menú de 26 €!
El aperitivo consistió en unos berberechos con queso de cabra catalán , el “Nevat”, con sorbete de pinot noir y fresón. Este queso, tanto por su consistencia como por su potente sabor adquiere en el plato mucho protagonismo, y le sugiero a Albert que pruebe de hacer un polvo helado con él (técnica Pacojet). Se ganaría en frescor y ligereza, pero también se haría un bonito juego de palabra (“nevat”: nevado en catalán).
Muy buenas las gambas , casi traslúcidas, servidas con finas láminas de lengua de cerdo de Extremadura y puré y crujiente de alcachofa. ¿Por qué no también un poco de alcachofa crocante? A veces me da la impresión que el germinado “sakura” tiene un ligero y desagradable sabor a moho…
Espectacular el plato de lentejas esterificadas servidas en un potente e untuoso caldo de guiso de lentejas, con los tropezones de chistorra y butifarra. Supera con crece el plato de lentejas de Cala Montjoi de hace dos años del Bulli, que estaban hechas con otra técnica (no eran líquidas por dentro, si recuerdo bien). Comer este plato aporta una sensación muy especial. Se come el mejor guiso de lentejas posible con el juego (¡eso si que es un juego interesante!) de estas pequeñas bolitas que se deshacen y explotan en la boca. Esto es lo que llamo a veces la cocina de tercera vía, entre la vanguardia y la tradición. De lo mejor del menú.
En el plato siguiente veremos como se puede realizar un plato cuyos ingredientes son también de toda la vida, aunque de estilo más clásico (boletus, patata, huevo y foie) y hacer con ellos algo realmente fantástico, donde todos los sabores están perfectamente integrados. En el fondo del plato hondo, una potente crema de foie gras, el ligero puré de patatas con tropezones de boletos bien firmes que tapa la yema perfectamente cocida pero bien líquida y una raya de patatitas paja en la superficie para aportar el crujiente necesario que compensa la molicie de algunos ingredientes del plato. Una verdadera delicia.
Esplendida la vieira planchada con su corte enrejado para que el calor penetre en su interior, manteniéndolo anacarado. Un producto cuyo tamaño duplica el bivalvo que he podido comer en L’Astrance el otro día. Al lado, un guiso de guisantes del Maresme con butifarra negra. Jugoso con su mantequilla y su fondo de ave. Aquí realmente son los guisantes que deberían tener el protagonismo. Grandioso este plato en la línea de la cocina de un Xavier Pellicer.
Muy generoso también en producto el plato de lubina y chipirones , los dos de una cocción perfecta (me acordé que en Paris había comido hacía 10 días en un tres estrellas dos pescados pasados de cocción…). Aquí también sobraba “chicha” y faltaba un poco de fideuà… Buenísimo el plato.
Perfectamente guisada la carrillera de ternera con patata “ratte” (¿por qué no del bufet?) con las primeras colmenillas, rellenas de foie. Otra vez, un exceso de generosidad. Dejar la “múrgula” tal cual, sería sin duda lo mejor. Ya hemos comido foie en el menú. No hace falta repetir. Igualmente un excelente plato con una salsa de “pan y moja”. Con los postres me da la impresión que estamos ante otro cocinero. Después de la cocina salada donde todo tenía sentido y cuyas construcciones recogidas me habían seducido tanto, aquí esta contención se esfuma un poco.
El primer postre lleva un chupito de infusión de té verde, un parfait (muy graso) de tomillo, brownie de yogur, helado de aloe vera, crema de piña y aloe vera. Creo que están aquí los ingredientes (menos el parfait) para hacer un primer postre refrescante (lo que se impone después de un menú de sabores tan potentes). Se trataría de dar más protagonismo al helado (¿o sorbete?), a la piña, al té y recoger un poco los ingredientes, aquí demasiado desparramados. Le hago observar a Albert que se trataría de inspirarse en las construcciones de su cocina salada para repensar las de su cocina dulce.
El último postre se anuncia como una representación de la Naturaleza. Otra vez caemos en los platos “alegóricos” y paisajísticos. ¿Resultado? No se sabe lo que se quiere expresar en este postre, más allá de alardes técnicos gratuitos. Y el comensal no sabe lo que ni lo que se come ni como comerlo. Cuando Albert entienda que tiene que buscar la misma filosofía culinaria (de equilibrio, contención, sobriedad, integración…) en los postres que en su cocina salada, dará un paso de gigante. Técnica no le falta. Estuvo con Jordi Roca y Abraham Balaguer. Pero el nivel de su cocina (con la preciosa ayuda de Marlón, muy discreto en la sombra) es ya merecedor de un pequeño viaje a Cabrils. Jóvenes cocineros de esta talla que han sabido arriesgar en este tipo de proyecto con una cocina completamente moderna y entendible, deben tener todo el apoyo del público. Ya era hora de que se empezara a hablar de Albert Ortiz y de su pequeño equipo.
AXOL restaurant
Arboç nº 6
Urbanización Can Cabot
93 753 86 45
Cabrils
Cerrado domingo noche y lunes.
PLATO MEMORABLE EN EL KGB DE WILLIAM LEDEUIL
Hace una año y medio visitaba la casa madre Ze Kitchen Galerie, situado en la misma calle. Esta vez me apetecía probar el “bistrot”o segunda marca de William Ledeuil, el KGB (Kitchen Gallerie Bis). El motivo principal es que no me apetecía pagar los 100 € que me podía costar el restaurante con estrella, después de las 100 libras de Viajante (excelente RCP) y de los 200 € de L’Astrance (precio de “amigo”, sólo su menú vale 210 €…).
Los aperitivos fueron bastante anodinos, al menos los que probé (hay más). Rúcula/celeri (¡qué enganche tienen con el apio-nabo! Lo ponen en todas las “salsas”), ravioli de verdura con emulsión de parmesano sosón, un bar crudo con remolacha sin pizca de acidez, y una croqueta de conejo agradable.
El segundo planto era una “calamarata” con calamares y dos trocitos de langosta, una salsa muy buena de hierbas orientales como las domina Ledeuil pero con una pasta (una especie de “paccheri”” totalmente crudo. Varias veces he insistido sobre esta plaga que son los hidratos de carbono como el arroz o la pasta que llegan demasiado al dente a la mesa. Tendrían que cocinarse en su punto justo. Primero por motivos gastronómicos (su ingesta es desagradable con su sabor a harina cruda en su interior) y segundo por motivos nutricionales (crudos son indigestos). Al dente no quiere decir crudo. Sólo en el sur de Roma (Nápoles…), se come a veces la pasta tan dura. Están en su derecho pero el gusto más general que tenemos en España, Francia etc no va en esta dirección.
Tuve que dejar la pasta en el plato…
La sorpresa vendría con el plato de carne. Una pintada con un rollito de col de sus interiores, zanahorias glaseadas de varios tipos (naranja y amarilla ) y una salsa (otra vez el tema de la salsa, lo siento) maravillosa. Y no cuatro gotas, sino en buena cantidad. El plato mismo (la vajilla) estaba destinado para recibir todo este jugo. La cocción del ave estaba perfecta, punto que es bastante difícil conseguir. Pero lo mejor era una pequeña quenelle de miso con chorizo con su ligero toque ahumado que iba poco a poco deshaciéndose en la salsa y condimentando el conjunto. Espectacularmente goloso. Me da la impresión que la pintada estaba recién sacada del horno ya que tuve que espera una buena media hora después de la pasta. La espera valió la pena. Fue uno de los dos o tres platos que más disfruté en todo el viaje. No es la primera vez que compruebo que Ledeuil sabe realizar buenos platos de carne. Simple los hace `pensando en el disfrute del comensal. No hace falda decir que no dudé en mojar pan en este plato. Un pan excelente por cierto. Si nos paramos a pensar, ¿cuántos momentos profundamente golosos vivimos en nuestras visitas a restaurantes? No tantos. KGB 25 rue des Grands Augustins 00 33 46 33 00 85 Cerrado domingo Próximo post , esta noche o mañana, irá sobre un restaurante de las afueras de Barcelona, que ha sido una auténtica sorpresa para mi. Llevan tres años instalados y apenas si ha salido una pequeña reseña en el suplemento de La Vanguardia (el “Que fem”). Se merecen mucho más publicidad…

























