7 comentarios el “VELÓDROMO

  1. Aplaudo la reapertura de este mítico bar, las intenciones son las mejores.
    Ayer pasamos por el Velódromo, esperamos bastante por una mesa, el servicio lento, da la sensación de que falta personal en la sala. Tardaron en atendernos, pero al pedir la comida ha llegado rápido y todo estaba buenísimo. Comimos croquetas, patatas bravas, huevos estrellados, escalivada y pan con tomate. La salsa de las bravas me pareció impecable, aunque la ración pequeña. La escalivada fue mi preferido.
    Tuvimos problemas con la cuenta, nunca trajeron el cambio y en el momento de solicitarlo en caja, se había perdido… Logramos recuperarlo.
    Volveré dentro de un par de meses.

  2. Apreciado Philippe:

    Siempre agradezco cuando en la crónica de un local se comenta su situación respecto al tabaco. Con frecuencia lo haces, y te rogaría que siempre lo hicieras. Es añadir una frase solamente.

    Alentado por tu anterior post sobre la reapertura del Velódromo pasé por allí hace unos días y me llevé la decepción de encontrarme un bar para fumadores.

    Sí, la ley es así, pero la decisión final es del hostelero. Es una lástima que Abellán o sus socios, como miles de otros restauradores, se rindan ante la minoría adicta al tabaco (como si fueran los únicos que comen fuera de casa) y menosprecien a quienes deseamos comida que sepa a comida o pasar unas horas muertas en un café relajadamente.

    No deja de sorprenderme la pasividad de la masa de no fumadores ante este hecho y la casi nula presión que ejercen para mejorar esto.

  3. Apreciado Anónimo,
    Es una de mis luchas. Creo que el hostelero tiene que tomar una decisión valiente y hacer lo que se tiene que hacer. Es inconcebible poder degustar unos platos o un buen vino en un ambiente de humo. En casi todo Europa, hay unas leyes que protegen a los no-fumadores que son, recordémoslo, el 70% de la población.

  4. Estuve ayer y pude disfrutar de la calidad de las tapas. Las croquetas excelentes, el bikini C24 perfecto, los huevos estrellados decididamente mejorables y algunas concesiones a la originalidad como tomates secos con botarga no muy acertadas. Fue una lástima que la afluencia de curiosos y la inexperiencia de los camareros -con una voluntad de servicio encomiable- convirtiera la cena en un auténtico calvario. Es un proyecto muy bueno que seguro acabarà por consolidarse. Recomiendo ir dentro de 3-4 meses. Totalmente de acuerdo con los comentarios sobre le tabaco.

  5. Es conocido en Barcelona que el antiguo Velódromo ha reabierto sus puertas, de la mano de la cervecera Moritz y con el gobierno en sala y fogones del cocinero Abellán. Por allí nos acercamos el otro día tres personas, con el afán de picar y comer, primero en barra y, después, sentados a la mesa. Ya delante de los grifos, dos detalles vergonzantes anunciaban el desastre: pedimos unas «gildas» a un camarero que tuvo que preguntarle a otro qué eran las «gildas»; al rato, otro presunto camarero, a voz en grito, dijo algo de «estar hasta los cojones», mientras los clientes nos dedicábamos miradas de incredulidad. Tras esos detalles, nos sentaron a una mesa, en donde comimos unas croquetas aceptables, unos calamares que tan sólo sabían a rebozado y cuatro anchoas de medio pelo (buen calibre, poco bouquet y excesivamente saladas). La hora del vino se eternizó, pues, a partir de una carta que denominaría anodina, nos perdimos en discusiones con un esforzado camarero que ya tenía bastante con el caos reinante en la sala (ver al personal correr sin rumbo entre las mesas es una imagen que francamente Albellán, con su experiencia, nos podría ahorrar). En esas estábamos cuando de repente un insoportable olor a disolvente inundó el sector en que nos encontrábamos. Sorprendentemente, fuimos los únicos en quejarnos (la maitre nos dijo que andaba medio mareada con el químico olor), un detalle que dice mucho de la tibieza del barcelonés ante los desastres actuales de la gastronomía. Nos trasladaron al piso superior, donde un ufano Berasategui andaba ya en los cafés (se había sentado al mismo tiempo que nosotros). Y el tiempo pasó. Hasta que, tocadas las cuatro de la tarde (nos habíamos sentado a la mesa a las 14.30 exactamente), nos levantamos sin poder degustar las viandas pedidas, con la mesa vacía, entre perdones de un camarero sudoroso y apenado. No puedo, por tanto, hablar de lo que se come en el nuevo Velódromo; sí del lastimoso servicio, que no ha sido preparado, ni siquiera instruido en las más básicas maneras del buen camarero. Un último apunte, éste más subjetivo: en la sala, algunos viejos clientes del local se mostraban contentos y emocionados con la apertura del bar, ignorantes todavía, creo yo, de que el nuevo Velódromo poco tiene que ver con el viejo, salvo en las apariencias: un «revival» de cartón piedra a la barcelonesa con el engañoso cartel de la nostalgia. Poco tardarán en aparecer los anhelados turistas. Y con ellos la conocida combinación barcelonesa de caro y malo.

  6. No dudo que lo que le haya pasado sea cierto. Sólo me gustaría esperar que son «rodajes» .
    Estoy de acuerdo en pensar que los lugares no se recuperan sólo con un buen interiorismo. Los «lugares» son también momentos históricos, personas y esto es irrepetible.
    A pesar de todo, espero que todo se solucione este equeño descontrol, y que se disfrute de esta nueva página que se abre con el nuevo Velódromo, evitando la nostalgia y las comparaciones con el pasado.

  7. He visto publicado más arriba un comentario mío y firmado, ya publicado con anterioridad en la web Verema: se trata del comentario de fecha 7/21/2009 1:31 AM firmado en este blog como «anónimo». Rogaría a quien lo ha publicado tenga la deferencia de no usar textos ajenos como propios. Gracias.
    C. de las Salinas.

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