Hace unos días me llevaron al hostal (fonda o restaurante) más antiguo de Cataluña. Abrió en 1524. Se encuentra justo al lado del santuario de El Pinós en el Solsonés profundo, una comarca cuyas algunas partes no tienen más de 2 habitantes al km2.
Estos parajes son increíbles, y la temperatura nocturna, a 800m de altitud, es de lo más agradable.Un auténtico refugio climático a una hora y cuarto del bochorno de Barcelona. A pocos kms de El Pinós, se encuentra el convento de El Miracle (hice un post en el 2023, pero no lo encuentro), con su desconocido retablo barroco y su más conocida quesería (los cocineros de Barcelona suelen usar sus quesos, como el famoso El Claustre). Tiene también habitaciones en antiguas celdas acondicionadas y anexos con apartamentos. Un sitio ideal para reuniones o desconexiones del ajetreo.
Volvamos al Pinós. A principios del siglo XVI, los monjes del santuario, cansados de dar hospitalidad gratis a los viajeros, enfermos, pelegrinos o “rodamons”, decidieron empezar a cobrar por la comida. Hasta grabaron sus intenciones en la piedra del dintel de la puerta de entrada. “Hostal és perqué sense diners no donen res”. Y esto, sin cerrar nunca en estos más de cinco siglos, si no es por alguna reforma o unos días de vacaciones. Efectivamente el establecimiento está perfectamente reformado, pero manteniendo su encanto rústico. Y “los dineros” (pocos) de hoy son 16€ para un primero, un segundo, un postre, vino a granel y gaseosa. Esta fonda, regentada por Mònica Segués, con aun la ayuda de su abuela en los fogones, reivindica evidentemente la cocina tradicional catalana. ¿Inmutable? ¿Eterna? Seguramente no. Y me gustaría conocer el enunciado de los platos que se fueron sirviendo en las diferentes etapas, a los comensales.

El precio es imbatible
Cerdo y cordero (al menos el que se sirve a la brasa y algo pasado de cocción) son de proximidad, y se puede pensar que ya se comían entonces, pero sin las patatas de hoy. Ni tampoco la patata enmascarada con su butifarra negra que indujo a su nombre. Y la escudella, o algo que se le pareciera, se mantiene como plato bandera de la carta de hoy. En cambio, el arroz amarillo fosforito con su langostino habrá sido, en algún momento, una aportación “moderna”. Como el atún de lata que acompaña la ensalada de tomate, y el propio tomate. Por otra parte, estoy seguro que todo lo que se propone en la carta actual no es casero.
Lo que sí provendría de la Edad Media (Llibre del Sent Soví y Llibre de Coch) sería la crema catalana y en El Pinós se sirve una, por supuesto casera, que me encantó. De las mejores que haya comido. Primero me preguntaron si me gustaba muy quemada o poco. Me gustó ese detalle. Aprecio cuando la capa de azúcar es fina. Y ocurre pocas veces. Se suele necesitar una escarpa para romper la capa del disco. Sabor a caramelo que anula las posibles delicadezas de la crema. La capa cristalina del Pinós (a condición que se pida poco quemada), estaba finísima y delicada. Y la crema en sí estaba de una sedosidad perfecta. Sin duda lo mejor del menú, a parte del ambiente del restaurante, lleno cada día hasta la bandera, el decorado y las maravillosas vistas.
Vistas desde uno de los salones privados


Pan blanco

Tomate con atún
Macarrones
Patata enmascarada
«Paella de arroz»
Cordero con patatas
Mel i Mató
Crema Catalana
Lo mejor de la comida.

La brasa

El santuario

El Pinós es el centro geográfico exacto de Cataluña
No hay nada más bonito que un rebaño de dos cientas ovejas que te corten el paso. Quiere decir que el territorio está vivo y que quedan payéses para cuidar de la naturaleza.
Hostal Pinós
El Pinós
Solsonés










