9 comentarios el “RIOTS (Banyoles)

  1. Qué buenos restaurantes de este tipo (gran cocina en local sencillo, pero bien puesto) nos estás descubriendo últimamente (y cada uno en su estilo):

    – Cal Fuster
    – Casa Parera
    – Colmado 1917
    – Riots
    – Lo Ponts
    – El Cup Vell

    Ojalá poder hacer esas rutas y conocerlos.

    Muchas gracias Philippe!

      • Comentario de Valentí Prior :
        Acabo de vivir (sufrir) una experiencia horripilante, rayana en la tortura: una comida en Riots (Banuoles) con su menu de mediodía. Consiste, a modo de entrantes, en 3 miniplatitos, cuyo peso en total no supera los 30 gramos: unos garbanzos recién sacados del bote, con un poco de salsa de cebolla; unos dados de pepino on un cucharadita de queso fresco; y unos fragmentos de tomate, bastante digno por la época estival, Después, dos opciones: un verat desespinado y abierto a la espalda, cocido aparentemente al vapor, con un vinagreta o semi escabeche ligeros; o un trozo de cap de llom (cabezada) imposible de comer por su pétrea dureza o insoportable olor y gusto s sangre. De postre, un melocotón insípido macerado en algo así como almíbar aguado, con un poco de mascarpone. Todo ello a lo largo de más de una hora y cuarto, lo que hace una espera enorme entre dos entregas.
        Nada del supuesto aire de bistrot parisino. Ni gota de disfrute. Dudo de que lo comido allí . pueda calificarse de comida, en mi opinión es pura subsistencia enlatada. Domina el sufrimiento de la espera eterna y la decepción de lo ofrecido en el plato. Axel está solo, ofrece los vinos, toma nota de la comanda y prepara los platillos, que distribuye, como única ayuda, un colaborador que no parece estar al 100% (no sé expresarlo de manera que no sea ofensivo), para llevar los platos a la mesa y recogerlos vacíos. El estrés que padece durante el servicio hace sospechar que no pueda aguantarse durante mucho tiempo. Y en todo caso, pocos clientes estarán dispuestos a repetir una sesión de tortura como la que a mí me supuso (y que tampoco soporté íntegra, porque antes del postre me fui a tomar un café a un bar de la plaza). El precio es caro: los vinos se cotizan a 4 euros la copa, cuando son botellas de la gama más básica de las bodegas, bien escogidas , eso sí, pero que en hostelería se compran por debajo d los 10 euros/unidad. Y 24 euros del menú más 4 de una copa hacen 28, precio por el cual se come hoy dignamente en multitud de locales. Explico esto sebre todo a cuenta de los elogios de Philippe en su blog, compratidos por Pep Palau en Instagram. Su experiencia basada en la carta es diferente, pero implícito en sus artículos queda el mensaje de que se trata de un sitio recomendable. Y el primer requisito de un periodismo honrado es verificar la información que se ofrece. Una mínima investigación habría constatado la catástrofe que acabo de referir y el mensaje habría cambiado. Supongo que cuando Axel expone su currículo impresiona, pero se trata de un arma de doble filo: con ese currículo, sólo cabe concluir en el cinismo del cocinero, que debe saber que lo que ofrece y sus precios son indignos.

    • Acabo de vivir (sufrir) una experiencia horripilante, rayana en la tortura: una comida en Riots (Banuoles) con su menu de mediodía. Consiste, a modo de entrantes, en 3 miniplatitos, cuyo peso en total no supera los 30 gramos: unos garbanzos recién sacados del bote, con un poco de salsa de cebolla; unos dados de pepino on un cucharadita de queso fresco; y unos fragmentos de tomate, bastante digno por la época estival, Después, dos opciones: un verat desespinado y abierto a la espalda, cocido aparentemente al vapor, con un vinagreta o semi escabeche ligeros; o un trozo de cap de llom (cabezada) imposible de comer por su pétrea dureza o insoportable olor y gusto s sangre. De postre, un melocotón insípido macerado en algo así como almíbar aguado, con un poco de mascarpone. Todo ello a lo largo de más de una hora y cuarto, lo que hace una espera enorme entre dos entregas.
      Nada del supuesto aire de bistrot parisino. Ni gota de disfrute. Dudo de que lo comido allí . pueda calificarse de comida, en mi opinión es pura subsistencia enlatada. Domina el sufrimiento de la espera eterna y la decepción de lo ofrecido en el plato. Axel está solo, ofrece los vinos, toma nota de la comanda y prepara los platillos, que distribuye, como única ayuda, un colaborador que no parece estar al 100% (no sé expresarlo de manera que no sea ofensivo), para llevar los platos a la mesa y recogerlos vacíos. El estrés que padece durante el servicio hace sospechar que no pueda aguantarse durante mucho tiempo. Y en todo caso, pocos clientes estarán dispuestos a repetir una sesión de tortura como la que a mí me supuso (y que tampoco soporté íntegra, porque antes del postre me fui a tomar un café a un bar de la plaza). El precio es caro: los vinos se cotizan a 4 euros la copa, cuando son botellas de la gama más básica de las bodegas, bien escogidas , eso sí, pero que en hostelería se compran por debajo d los 10 euros/unidad. Y 24 euros del menú más 4 de una copa hacen 28, precio por el cual se come hoy dignamente en multitud de locales. Explico esto sebre todo a cuenta de los elogios de Philippe en su blog, compratidos por Pep Palau en Instagram. Su experiencia basada en la carta es diferente, pero implícito en sus artículos queda el mensaje de que se trata de un sitio recomendable. Y el primer requisito de un periodismo honrado es verificar la información que se ofrece. Una mínima investigación habría constatado la catástrofe que acabo de referir y el mensaje habría cambiado. Supongo que cuando Axel expone su currículo impresiona, pero se trata de un arma de doble filo: con ese currículo, sólo cabe concluir en el cinismo del cocinero, que debe saber que lo que ofrece y sus precios son indignos.

  2. Comentario dejado por Valentí Prior :
    Acabo de vivir (sufrir) una experiencia horripilante, rayana en la tortura: una comida en Riots (Banuoles) con su menu de mediodía. Consiste, a modo de entrantes, en 3 miniplatitos, cuyo peso en total no supera los 30 gramos: unos garbanzos recién sacados del bote, con un poco de salsa de cebolla; unos dados de pepino on un cucharadita de queso fresco; y unos fragmentos de tomate, bastante digno por la época estival, Después, dos opciones: un verat desespinado y abierto a la espalda, cocido aparentemente al vapor, con un vinagreta o semi escabeche ligeros; o un trozo de cap de llom (cabezada) imposible de comer por su pétrea dureza o insoportable olor y gusto s sangre. De postre, un melocotón insípido macerado en algo así como almíbar aguado, con un poco de mascarpone. Todo ello a lo largo de más de una hora y cuarto, lo que hace una espera enorme entre dos entregas.
    Nada del supuesto aire de bistrot parisino. Ni gota de disfrute. Dudo de que lo comido allí . pueda calificarse de comida, en mi opinión es pura subsistencia enlatada. Domina el sufrimiento de la espera eterna y la decepción de lo ofrecido en el plato. Axel está solo, ofrece los vinos, toma nota de la comanda y prepara los platillos, que distribuye, como única ayuda, un colaborador que no parece estar al 100% (no sé expresarlo de manera que no sea ofensivo), para llevar los platos a la mesa y recogerlos vacíos. El estrés que padece durante el servicio hace sospechar que no pueda aguantarse durante mucho tiempo. Y en todo caso, pocos clientes estarán dispuestos a repetir una sesión de tortura como la que a mí me supuso (y que tampoco soporté íntegra, porque antes del postre me fui a tomar un café a un bar de la plaza). El precio es caro: los vinos se cotizan a 4 euros la copa, cuando son botellas de la gama más básica de las bodegas, bien escogidas , eso sí, pero que en hostelería se compran por debajo d los 10 euros/unidad. Y 24 euros del menú más 4 de una copa hacen 28, precio por el cual se come hoy dignamente en multitud de locales. Explico esto sebre todo a cuenta de los elogios de Philippe en su blog, compratidos por Pep Palau en Instagram. Su experiencia basada en la carta es diferente, pero implícito en sus artículos queda el mensaje de que se trata de un sitio recomendable. Y el primer requisito de un periodismo honrado es verificar la información que se ofrece. Una mínima investigación habría constatado la catástrofe que acabo de referir y el mensaje habría cambiado. Supongo que cuando Axel expone su currículo impresiona, pero se trata de un arma de doble filo: con ese currículo, sólo cabe concluir en el cinismo del cocinero, que debe saber que lo que ofrece y sus precios son indignos.

  3. Comentario de Valentí Prior :
    Acabo de vivir (sufrir) una experiencia horripilante, rayana en la tortura: una comida en Riots (Banuoles) con su menu de mediodía. Consiste, a modo de entrantes, en 3 miniplatitos, cuyo peso en total no supera los 30 gramos: unos garbanzos recién sacados del bote, con un poco de salsa de cebolla; unos dados de pepino on un cucharadita de queso fresco; y unos fragmentos de tomate, bastante digno por la época estival, Después, dos opciones: un verat desespinado y abierto a la espalda, cocido aparentemente al vapor, con un vinagreta o semi escabeche ligeros; o un trozo de cap de llom (cabezada) imposible de comer por su pétrea dureza o insoportable olor y gusto s sangre. De postre, un melocotón insípido macerado en algo así como almíbar aguado, con un poco de mascarpone. Todo ello a lo largo de más de una hora y cuarto, lo que hace una espera enorme entre dos entregas.
    Nada del supuesto aire de bistrot parisino. Ni gota de disfrute. Dudo de que lo comido allí . pueda calificarse de comida, en mi opinión es pura subsistencia enlatada. Domina el sufrimiento de la espera eterna y la decepción de lo ofrecido en el plato. Axel está solo, ofrece los vinos, toma nota de la comanda y prepara los platillos, que distribuye, como única ayuda, un colaborador que no parece estar al 100% (no sé expresarlo de manera que no sea ofensivo), para llevar los platos a la mesa y recogerlos vacíos. El estrés que padece durante el servicio hace sospechar que no pueda aguantarse durante mucho tiempo. Y en todo caso, pocos clientes estarán dispuestos a repetir una sesión de tortura como la que a mí me supuso (y que tampoco soporté íntegra, porque antes del postre me fui a tomar un café a un bar de la plaza). El precio es caro: los vinos se cotizan a 4 euros la copa, cuando son botellas de la gama más básica de las bodegas, bien escogidas , eso sí, pero que en hostelería se compran por debajo d los 10 euros/unidad. Y 24 euros del menú más 4 de una copa hacen 28, precio por el cual se come hoy dignamente en multitud de locales. Explico esto sebre todo a cuenta de los elogios de Philippe en su blog, compratidos por Pep Palau en Instagram. Su experiencia basada en la carta es diferente, pero implícito en sus artículos queda el mensaje de que se trata de un sitio recomendable. Y el primer requisito de un periodismo honrado es verificar la información que se ofrece. Una mínima investigación habría constatado la catástrofe que acabo de referir y el mensaje habría cambiado. Supongo que cuando Axel expone su currículo impresiona, pero se trata de un arma de doble filo: con ese currículo, sólo cabe concluir en el cinismo del cocinero, que debe saber que lo que ofrece y sus precios son indignos.

  4. Apreciado Phillipe
    El hecho que explica Valenti (independientemente del restaurante en el que ha ocurrido) abre un muy interesante (en mi opinión) debate acerca de la viabilidad o no de los negocios llevados adelante por un solo propietario, habitualmente el cocinero, habitualmente con un muy buen nivel de preparacion y de conocimiento gastronomico pero que en los aspectos practicos del negocio falla.
    Quiero decir con este comentario que Axel Ayza en calidad de xef executive en un restaurante de 500 pax en la Gran Via de Madrid (por poner un ejemplo) no sufriría estos «contratiempos » pero tambien quiero decir que BIENVENIDOS todos los Axeles Ayzas en los pueblos y ciudades perdidos de España.
    Un saludo y gracias por permitir este comentario

    • Son proyectos entrañables, pero hay q asegurar al menos 1 persona en la sala, un pica y un pinche.Sino todo el mundo lo puede pasar mal.
      Hoy publicaré otro rte gallego con este formato.

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