5 comentarios el “CAN SOLÉ .(Barceloneta)

  1. Conozco muy bien Can Solé.

    Durante años, cuando ya era una institución y seguía al frente Ramón Oms, hijo de la señora que empezó a servir comidas a los trabajadores del barrio mientras vendía vino a granel y otros productos básicos, y su esposa Brigitte, suiza y a la que conoció durante un “stage” en un gran hotel de Zürich, como parte de su aprendizaje, tuve el privilegio de comer en ese lugar casi a diario.

    Entre aquel Can Solé y el de ahora sólo hay una cosa en común: el edificio, que sigue siendo propiedad de la pareja mencionada.

    Ramon y Brigitte -él a los fogones, cara al público, y ella en la sala, con un dominio del oficio, una elegancia y una discreción apabullantes- practicaban el oficio con humildad, sin ni una gota de prepotencia. El ritual de la cocina era espectacular de sentido común y de precisión. La carta, escrita cada día a mano, presentaba a veces diferencias de precio de una o dos pesetas, fruto de las fluctuaciones de mercado de cualquiera de los ingredientes de un plato.

    Delicioso y entrañable a fuerza de sencillez el arroz, magnífico el lenguado, que Brigitte limpiaba en la mesa del cliente si éste lo solicitaba, y emocionantes de coherencia los otros platos de una carta breve, sencilla y modélica.

    Brigitte y Ramón se retiraron para disfrutar de la madurez sin la exigente disciplina de la hostelería pero los nuevos inquilinos no supieron hacer honor al prestigioso nombre que asumían.

    A ti, Philippe, te hubiese entusiasmado aquel Can Solé cuyo blanco de la casa era un valdepeñas servido en porrón, presentado a su vez en cubitera. Los trozos de hielo los hacía un aprendiz, rompiendo a golpe de punzón la barra de hielo en el fregadero del antiguo mostrador.

    Lo dicho, una institución.

  2. La descripción de Pierre Roca, me lleva a recuerdos entrañables de esta casa de comidas. Recuerdo la anécdota del blanco con porrón y cubitera, que siempre me daba ocasión a lucir mis “habilidades” con el porrón, cuando me sentía observado por mesas vecinas ocupadas con clientes extranjeros. Y un día la mesa de al lado, estaba ocupada por un grupo de chicas japonesas que presentí no se atrevían con el porrón al pensar que era algo reservado a hombres.

    Entonces pedí a mi pareja que hiciese un breve trago con el porrón y cuando accedió, se oyó un griterio de aprobación de dicha mesa y ya se lanzaron todas a probar las hbilidades con el porrón.

    Estuve otra vez por nostalgia hace unos tres años y ya decidí borrarlo de mi agenda.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s