El domingo pasado me acerqué por primera vez al “nuevo” Port Olímpic de Barcelona. El restaurante de los Hermanos Torres , “Eldelmar”, estaba lleno, me quedaba el KRESALA del Grupo Sagardi. En principio, producto de nivel mínimamente garantizado. Cocineros vascos. Brasa.
Que tuvieran una sopa de pescado y un “salpicón” en su carta era, para mi, un aliciente. Y, efectivamente, a pesar de no estar a la altura de la sopa que tomé hace años en El Bodegón de Alejandro, y que aun recuerdo, y el salpicón (a 90€ la ración, el precio de tres menús-degustación en La Sosenga )que adolecía de un poco de falta de garra, pero de buena cocción, fueron lo mejor de la comida.
La carne de wagyu estaba simplemente correcta , acompañada de patatas fritas cortadas de una manera desigual lo que tiene consecuencia sobre su cocción, también desigual, y de la típica ensalada donostiarra (correcta).
Pero lo peor fue la ensaladilla (18€) anunciada en la carta con gambas de Palamós. Tres gambitas secas, de dos centímetros cada una. La patata harinosa, carente de una buena mahonesa que la untara y con ¡alcaparras!
No tomamos postres. En cuanto al tema vino. Fue imposible encontrar un tinto ligero a la copa. Un clásico, tuve que oír el discurso habitual que “ahora en España, es difícil encontrar vino de menos de 13,5º”. Cada día publico en ese blog vinos del Penedés, del Berguedà, de l’Empordà o, si haca falta de Galicia , que rondan los 12º. Por no tomar agua, acabamos pidiendo una copa de txacolí
Evidentemente, no hubo nada indigno y no me gustaría que se me entendiera mal. Simplemente nada que animara a volver , habiendo, en Barcelona, incluso los domingos, otras opciones más atractivas y de mejor relación calidad-precio. En la Barceloneta, La Mar Salada, por ejemplo, donde cocina el gran Marc Singla.
La ventaja de esta burbuja gastro que se ha vuelto a apoderar de la ciudad, es que el cliente podrá seleccionar lo que le conviene. Lo que no entiendo es ese afán de algunos nombres o marcas de la restauración de montar réplicas y más réplicas de “conceptos” ya conocidos que acaban siendo impersonales y caros : hay que amortizar los interiorismos, pagar los elevados alquileres de todos estos locales y el director, el que te recibe, el que te saluda, el que toma nota, el que te dice que el tipo de vino que pides no existe, el que te sirve que no sabe, cuando preguntas, de dónde viene el producto que te sirve, y el Community Manager que lleva las redes y te tiene que convencer que no te puedes perder ese último lugar de moda. Resultado la gamba de Palamós cuyo nombre luce en la carta, acaba siendo lo que se ve en la foto…
Con lo bien que comí hace poco en Soluna o en Casa Parera…El lujo es, cada vez más, la artesanía y poder poner una cara sobre la cocina que te sirven.
Buen pan y buena mantequilla de caserío.
Salpicón de bogavante
Ensaladilla de gambas de Palamós
Sopa de pescado
Amablemente aceptaron servírnosla en dos platos.
Wagyu

Patata Sagardi

Ensalada Hernani








