Vamos a concluir hoy esta serie de posts sobre mi viaje a París, Amsterdam, Zwolle y Amberes. Me dejo en el tintero, para no alargarme innecesariamente, mi comida en Ron Gastro Bar, en el restaurante de postres de Amberes y Choux en Amsterdam con su simpático (y recargado) menú de mediodía. Tampoco haré un nuevo post sobre Allard, uno de esos bistrós parisino que Ducasse va rescatando de la decadencia y reactualiza a veces con buen gusto (Benoît, Rech, Le Lyonnais. En cambio bastante malas las críticas sobre Champeaux, su nuevo restaurante en Les Halles).
Allard me encantó en mi primera visita. Magníficas aves asadas. Pero esta vez no salí tan contento. Una terrina de foie que “picaba” un poco (¿demasiado días de nevera?), unas mollejas ricas sin duda pero sin ningún matiz aromático en la salsa y sobre todo el servicio despistado que me dejó durante la mitad de la comida sin pan, a parte de otros fallos como llegar con el plato a la mesa sin haberla marcado previamente con los cubiertos. En fin, como no sea para compartir un ave asada entre amigos, no sé si volvería. Sólo el aperitivo de la casa mantiene el nivel, pero se trata de una simple ensalada de pepino con vinagreta de mostaza…
Hablemos mejor un poco de la primera cena de mi viaje en L’AMI LOUIS. Un templo bistroquero que nunca había visitado y que se salva de la voraz depredación ducassiana.
Fundada en 1924 por el maestro asador (“rôtisseur”) Antoine Magnin , la casa no ha cambiado en nada su “interiorismo”. De siempre ha sido famosa por su excelente producto que se cocina de la manera más tradicional del mundo. Ahí han desfilado jefes de estado, grandes cocineros y gente del showbiz, sabiendo que a este tipo de público le encantan los antros populares y con pocas sofisticaciones culinarias (ejemplo Blumenthal o Woody Allen en Ca l’Isidre de Barcelona).
Las cuentas también están en consonancia con la (supuesta) calidad del producto y forman parte de la mitificación del lugar. A 50€ no tendría el mismo interés… Pagué 180€ por un primero, un segundo , un postre y una media botella de un beaujolais apenas correcto. Es decir que los precios rondan los de un dos estrellas.
El ambiente reúne los habituados de siempre, modelos despampanantes acompañadas de señores pudientes (cuando entré, un chofer dejaba una de estas parejas delante de la puerta), y parejas americanas, sacadas de una peli de Woody Allen (otra vez él) que venían recordar su primera visita de hace 30 años).
Estos últimos fueron mis encantadores vecinos de mesa, a los cuales ofrecí parte de mi enorme ración de terrina de foie, a cambio de un sorbo de un buen burdeos (ya caliente).
Justamente , entre la calurosa noche de verano parisina y los intensos efluvios de cocina , el ambiente está un poco cargado.
De segundo (se hizo un poco esperar), pedí riñones , pensando en un riñón asado entera y de cocción rosada. Pero se trataba de unos riñones a la crema con una muy agradable acidez de vino y una salsa bien untuosa que napaba trozos de riñones y trozos de champiñones mimetizados, en un trampantojo (no sé si voluntario) de cocina tradicional bien curioso.
Si la terrina de foie, siendo correcta, no me había entusiasmado, reconozco que esta fricassé (por llamar este plato de alguna manera) me gustó a pesar de su aspecto.
Casi la acabo, con el abundante acompañamiento de patatas paja. Por cierto, muchos consideramos que la mejor patata frita tiene que tener un buen equilibrio entre la superficie crujiente y su interior de pulpa de patata.
De postre, ya exhausto, me atreví con el babá al ron, uno de mis clásicos favoritos. Muy correcto, en su textura,, que llamo “rústica” de miga de pan. Evidentemente lejos de la perfección del babá de Chez Cocó , mi preferido.
Al llegar al hotel tuve que colgar la camisa en el balcón. Apestaba a fritanga. A veces somos un poco masoquistas (como los que disfrutan en las apretadas mesas de Le Baratin o en Barcelona, los que loamos las virtudes de nuestra Cova Fumada), porque tengo que reconocer que sitios como L’Ami Louis atrapan. La impresión que tenía en aquel momento es que había pasado un excelente momento. “Había estado a gusto”, como se suele decir en el Norte (de España…).
L’AMI LOUIS
32 rue du Vertbois
0033 1 48 87 77 48
Paris 3
(Abierto los domingos mediodía y noche)
El blog descansará una semanita. Nos vemos en tuiter @PhilippeRegol
