El otro día, leía por enésima vez que Casa Leopoldo volvía a cerrar. Esa histórica casa de comida del Raval, estaba regentada durante décadas por Rosa Gil, con ambientación taurina y mantenida por su pasado glorioso en el que escritores como Vázquez Montalbán la frecuentaba.
También me enteraba que Can Lluís, a unos 200m de Casa Leopoldo, había reabierto, pero con otros propietarios. Y, hace un par de meses, le hice una visita. Lo más interesante, ya no es su cocina, ya tosca y apenas correcta, sino los recuerdos que conservan sus paredes para alguna gente del barrio que aun queda. Allí también se reunían en los 80-90 periodistas que entregan sus premios a personalidades, escritores y titiriteros. (Les recomiendo mirar la serie “ Ravalear”, o mejor dicho “Ravalejar” en HBO que cuenta la historia de esa familia que quiso luchar contra fondos «de inversión»buitres» para conservar ese restaurante de barrio. Una serie escrita y contada por el guionista y director Pol Rodríguez, el propio hijo que ayudaba de pequeño en la cocina. Un thriller social digno de las mejores series inglesas.).
Pensando en la decadencia, difícilmente enderezable, de estas dos casas, tengo la impresión que, por mucha importancia que tengan las paredes y las historias que las impregnan, en restauración como en otros campos, son más importantes las personas y lo que producen y representan. En este Raval-Sud, cuya imagen, a veces está tan maltratada, existen al menos dos “casas de comidas” (en el sentido amplio de la palabra) que son los sustitutos de Casa Leopoldo y el Can Lluís de antaño. El pasado se puede recordar, pero no se puede revivir en sus formas fijadas en el tiempo. La nostalgia alimenta la melancolía. Pero la vida sigue. El SUCULENT de Toni Romero, a 50m de Casa Leopoldo, lleva 15 años resistiendo, e incluso prosperando, con una cocina personal y evolucionada. Y ARRAVAL, gestionado por un equipo que estuvo (y está aun en parte) al lado de Jordi Vilà en el Alkostat, ha arrancado fuerte, hace 6 meses, en los bajos del pequeño Hotel Casa Teva de carrer Unió.
Ambos son la prueba de que el barrio no ha sido el impedimento de los cierres de Casa Leopoldo, o de que Can Lluís corra el riesgo de languidecer en una cierta obsolencia gastronómica. Todo depende de lo que deciden las personas, de sus propuestas gastronómicas y de su calidad . En el caso de Suculent, conocemos de sobra su solvencia. En el caso de ARRAVAL, es esa cocina mestiza entre catalana y “ viajera” (reflejando la multiculturalidad culinaria del barrio) con formas de neo bistró actual y joven.
Marcos Valyi , (con la gorra) y el resto del equipo (Alex, Jordi y Álvaro están estos días en Alkostat del Mar de Begur)
Y ya van cuatro o cinco veces que amigos (o profesionales del sector) de fuera de Barcelona me solicitan para que los acompañe a cenar a la introducción y un par más de observaciones, esta vez sobre su cocina que, dicho sea de paso, me suele gustar mucho. Solo les reprocho (siento ser pesado con el tema), esa manía de poner fruta en platos de pescados…y encima de usar mango hasta en el postre, cuando tenemos la mejor fruta de proximidad y de temporada del año. Aplaudo el hecho de mimetizarse con el barrio, salpicando de especias orientales el capipota (un plato suyo que me encanta) o las patatas fritas, pero también convendría acordarse de los payeses de Lleida o del Llobregat y de sus productos. Y de los que hacen quesos. Sabemos que el bikini de sopa de cebolla está estupendo con Comté rallado, pero estoy seguro que estaría igual de bueno con El Ferrer de Cal Music o Salvat. Este restaurante puede ser el escaparate de su barrio tanto como el de la población de su región.
En esta última visita, aplaudo la sopa fría de pepino (queremos sopas frías en todas partes) y la bomba de sobrasada y bonito, deliciosa. Como siempre riquísima la samosa de cordero con una salsa tipo tzatziki brutal que podría servirse en un pequeño ramequín individual para que no se quede en el fondo de la bandeja de servicio. Queremos dipear y no perdernos nada de esta salsa. Ayer, los garbanzos al pil pil con gambas y setas escabechadas estaban particularmente ricos. Y muy bien ese librito de conejo con una sanfaina espectacular. ¡Queremos más de esta sanfaina en el plato! O queremos esta sanfaina para acompañar otras cosas. Más aun, queremos que esta sanfaina sea el elemento principal del plato : con un huevo frito encima o una sardina marinada, también sería un 10.
Y nos encantó el baklava de filo con piñones y “llardons” : bocado icónico de esta “fusión” cultural que comentaba antes.
Sopa fría de pepino
Bomba de bonito y sobrasada
Samosa de cordero a la catalana
Repito : la salsa de 10. No se puede quedar en el plato.
(No le noté nada particularmente dulzón. La prueba de que no es necesario endulzar para poder llamar una elaboración » a la catalana».
Bikini de sopa de cebolla
Perfectamente caramelizado en los bordes. Mejor que nunca.
Kofta de atún con harissa catalana, pan de pita y okras
Un plato que no nos entusiasmó. Ración de atún pequeña (19€).
Garbanzos al pil pil con gambas, y setas escabechadas
Calabacín relleno de conejo guisado
Guiso rico, pero creo que los rellenos o «farsas» no quedan bien solo con carne deshilachada. Necesitan de un amagalma de pan, leche, carne o papada de cerdo picada etc…
Librito de conejo con samfaina
Riquísima la samfaina, pero no se apreciaba el queso fundido.
Helado de mango con tropezones de fruta
La macedonia helada de María (la repostera).
Brazo gitano de dátiles
Baklava de coca de «llardons»
Ya han instalado una terraza.














