Hace un poco más de 7 meses, justo antes de consiguiera la estrella en Teatro Kitchen, nos enteramos de que OLIVER PEÑA había sido fichado por el Hotel CENTRAL de Barcelona para un asesoramiento gastronómico. Pero lo iba a hacer de la mano del cocinero italiano LORENZO CAVAZZIONI , un cocinero con quien había trabajado y cuya confianza era total para colaborar al alimón en este proyecto, asegurando Lorenzo el día a día de los servicios. En efecto, el Restaurante CAN BO, se mantiene abierto cada día de la semana, ya que funciona como restaurante para los clientes del hotel, aunque también está totalmente abierto a la calle y acoge cada vez más comensales de la ciudad o turistas.
La actualidad gastro de la ciudad es tal que personalmente no le había prestado más atención a este asesoramiento, pensando que la cocina interesante de Oliver se encuentra en Teatro.
Pero una vez visitado este CAN BO (nombre que juega con la plaça Cambó vecina y con lo de “Casa de lo bueno” en catalán), me reafirmo en la importancia que hay en encontrar restaurantes con una buena oferta gastro en los servicios hosteleros de las ciudades. También para los turistas del Barrio Gótico o los vecinos del barrio. Los turistas NO super gourmets, los que no planifican su viaje en función de los restaurantes, también tienen derecho a comer dignamente. Y en la zona tienen algunas buenas (y pocas oportunidades) de hacerlo: La Palma de Bellavista, Capet, Shunka, Pizzicato (en el Palau de la Mùsica), La Sosenga, Can Sisa, y este Can Bo.
Lo primero que me gustó fue el inmejorable emplazamiento, haciendo esquina Via Laietana/ plaça Juli Garreta. Sala muy luminosa y ambiente confortable, aunque sin muchos alardes.
La cocina es la que te gustaría encontrar cuando viajas al extranjero: productos locales, de muy buena calidad, con una tradición actualizada con mucho mimo. Aquí la idea es combinar una propuesta autóctona (por ejemplo,capipota con garbanzos) con toques italianizantes que reflejan los orígenes del chef. Hace décadas que los barceloneses, hemos hecho propio todo lo que lleva el sello italiano. Probé la excelente cabeza de cerdo, los golosos espárragos con carbonara y la pasta “casarecce” con ragú de rabo de vaca.
En cuanto a la ensaladilla rusa, pertenece a un patrimonio compartido, al menos, entre Francia, y su “macédoine de légumes”, y Piamonte con su emblemática ensaladilla local versionada. Teniendo todas ellas su tronco original común en la ensalada Olivier que lleva el nombre del cocinero belga Lucien Olivier, quien la creó en el restaurante Hermitage de Moscú. La de CAN BO tiene la particularidad de llevar una patata que no ha pasado por nevera, detalle importante que se agradece.
Pero el plato que más me sorprendió agradablemente ha sido ese socarrat de arroz con tropezones de gambitas y berberechos, versión divertida y rica de lo que podría ser un arroz con costra, crujiente en los bordes y más meloso en la parte central del plato. Una manera de servir un arroz en un restaurante que no quiere (o no puede) servir arroces, por los motivos que sea. Con esos círculos de alioli (aunque no fuera estrictamente académico), quedaba riquísimo. De vez en cuando, me alegro de encontrar alioli de ajo crudo (y no del negro que suele endulzar las preparaciones).
Después de tanta comida, apetecía fruta. De entrada como producto, las fresas de Lluís (nombre del productor) me parecieron un 10. Hasta me sobró la densa mezcla de nata y yogur que tocaría aligerar haciendo una simple y untuosa chantilly. Pero, creo que era altamente recomendable el tiramisú de Lorenzo, hecho al momento. Otro detalle que denota las intenciones de hacer las cosas bien.
Hasta el pan con tomate, icono de nuestra gastronomía, casi siempre maltratado, estaba ejecutado con esmero.

NOELINE BLANCHARD, la pizpireta maitre de la casa me recalca que se pretende ofrecer una cocina de raíces, si no catalanes o españolas, al menos europeos, evitando el exceso de orientalismos o americanismos, en estos momentos tan en boga. Dicho de paso, descubrí al final que esta jefa de sala que parece estar en todo en cada de momento y trasmite felicidad e interés constante por los comensales, resultó ser de origen lionés. Lleva dos años aquí y ya hablaba en castellano perfecto.

Gilda
Ensaladilla rusa con ventresca y grissini
«Testa in casseta»
Embutido de cerdo, en más sabroso ya que no necesita «toppings», que me recordó la textura del carpaccio de pies de cerdo de Roca.
Espárragos blancos con «salsa carbonara»

Croqueta de pollo rustido a la catalana
No es pollo de payés pero quedaba sabrosa. Cárnica, como casi las croquetas que se hace en Cataluña y que adolecen siempre de una falta de bechamel.
Tagliatelle frescos de Lorenzo con ragú de «rabo de toro»
Muy ricos, pero tal vez me atrevería a aliñarlos solo con la salsa y el queso para que la fibra de la carne no empaste la pasta , valga la redundancia.
Socarrat de gambitas rojas, almejas y alioli
El plato que más me gustó. Por sabor y cierta originalidad. Me pudo recordar la textura de un arancino.

Me gusta este esfuerzo por enseñar quesos de proximidad a la clientela extranjera. Una inquietud que Oliver demuestra cada día en Teatro Kitchen.
Fresas de Lluís

En el fondo, lo que me gusta, son los cafés cortos que pueda alargar ligeramente con agua caliente. No siempre se me da la posibilidad de poder degustarlo de esta manera.

Noéline demuestra su buen criterio en selecionar ese trepat de La Conca que siempre me ha gustado mucho: Julieta.

CAN BO
Hotel Central
Barcelona












