5 comentarios el “POR UNOS ESPACIOS DE OCIO LIBRES DE HUMO

  1. De acuerdo completamente.
    No existe ninguna razón real, racional ni fisiológica que ligue el comer con el fumar. Deben considerarse actos antagónicos en su naturaleza, pues es sensorialmente imposible disfrutar plenamente de aromas y sabores en la presencia de un agente poderosamente distorsionador como el humo de tabaco.
    Sencillamente ha sido una imposición cultural nefasta, y nada antigua, de paso, ya que en Europa no se inició la endemia tabáquica seriamente hasta finales del siglo XVII, y mira cuántos milenios lleva la humanidad alimentándose.
    Los restaurantes deben ser sitios para alimentarse y disfrutar de ese placer. Para otros «placeres» buscar el lugar adecuado. (A mí tras una buena comida me apetece un kiki, pero no encuantro restaurante con áreas para folladores y no folladores.)
    No hay excusa válida para que los fumadores sostengan la situación actual. En otros países con un hábito tabáquico igual o peor que el nuestro la separación del consumo de alimentos y de tabaco no ha ocasionado ninguna hecatombe en el sector hostelero, como esgrimen algunos representantes del mismo.
    Llama la atención que ante otra lógica medida de salvaguarda sanitaria, como el severo control de alcoholemia en conductores, los hosteleros no hayan mesado sus crines, cuando tal medida directamente reduce sus ventas de bebidas alcohólicas. ¿Cuántas pérdidas ha supuesto esto para la hostelería? Obviamente, los accidentes viales son una catástrofe inmediata, mientras el pernicioso efecto del tabaco se diluye en el tiempo. Deja mucho que pensar de la ética del gremio.

  2. Anónimo ha dejado un nuevo comentario en su entrada «ELS TRES PORQUETS»:

    Hoy he tenido el placer de ir a comer con mi mujer e hija, todo ha empezado muy bien, comida buena, buena atencion, hasta que los clientes de al lado han empezado a fumar y fumar y fumar. Donde se ha visto que vayas a comer, a saborear un buen vino y alquien te lo estrope apestandote uno de los mejores placeres de la vida, «la comida».
    Otro fallo desde mi punto de vista, el tiempo entre plato y plato. Creo que para hacer una lubina y un chuleton de 500gr no se tarda 1h, cuando ha llegado ya no teniamos hambre.
    Por ultimo el trato al cliente del Sr. Javier Jovells un poco desagradable.
    Por lo demas todo muy bien.

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