
Javier San Vicente en el centro, con Marco Arriaga y Marc López a la derecha, el único camarero, ya presente hace tres años en el equipo.
Ese día, lunes pasado, David López no estaba.
En pleno agosto del 2020, un poco después del confinamiento, me acercaba a esa TABERNA NOROESTE del barrio barcelonés de Poble Sec.
Fue entonces todo un pequeño descubrimiento que no dudaba en añadir a mi lista de los bistrós, tabernas y “bistronómicos” que florecieron entonces, y cuya apertura fue retrasada por la dichosa pandemia.
Dos cocineros, JAVIER SAN VICENTE y DAVID LÓPEZ , uno castellano y otro gallego, se conocieron en Tapas 24 de Carles Abellán y decidieron unirse para abrir este restaurante en uno de los barrios menos gastronómicos de Barcelona (a pesar de estar a 500m de Alapar y RíasKru, y a 100m del Xemei). Apuesta valiente que atrae bastante vecinos del barrio.
Este sitio respondería perfectamente a la definición del bistronómico, vocablo inventado en 2004 por el desaparecido Sébastien Demorand y que sirvió para etiquetar muchos restaurantes en la década 2000, tanto en Francia como en Barcelona. Hoy no se usa tanto, pero suele reflejar un pequeño restaurante que, en instalaciones modestas y bajo formas de servicio sencillas, sirve platos cuyo nivel gastronómico se podría cotejar con propuestas de “estrellados”, tanto al nivel de calidad de los productos como de excelencia culinaria. Esta sería mi definición.
Tres años más tarde (inexplicablemente tardé demasiado en volver), reitero mi valoración de entonces. Platos riquísimos con salsa y jugos muy sabrosos, con buenos puntos de cocción , por ejemplo de la raya, o de no-cocción como el bonito ligeramente curado en salmuera, productos a veces humildes como la oreja, la caballa de una deliciosa caldeirada revisitada o una simple col cocinada en caldo de cocido gallego que culmina la parte salada del menú. Esta col podría hacer que volviese mañana a esta taberna: todo el sabor a cocido, con la textura aun algo crocante de la crucífera. Un platazo inesperado que me proporciona la imagen mental como recuerdo de esta comida.
Carta corta. (La justa). De la cual se extrae un menú-degustación de 70€, un poco al gusto del cliente.
Pequeña información: me presenté sin reserva y es lo que Javier servía a todas la mesas. Tal vez añadió algún postre más. Invitación a la copa de vino, al agua y al café.
El pan del Forn Sant Josep y un buen aceite siempre es un buen comienzo.
Ostra con licuado de rúcula y capuchina con granizado de limón
Una pena el dulzor del granizado: el picante de las hierbas con la acidez del limón cumplían perfectamente su función de acompañamiento del bivalvo ligeramente ahumado.
Moluscada gallega con panacota de algas
Excelente base temblorsa para los percebes y los mejillones. Como una royale o chawanmushi. La palabra moluscada viene, algunos lo recordarán, del plato del Bulli en los años 90, en el que se degustaba, a cucharadas limpias, «sin esfuerzo», todo tipo de moluscos. Se hubiera podido llamar «Moluscada del Señorito»…
Cigalitas, albahaca, nuez de macadamia
En realidad una suerte de bisque de cigala, absolutamente suculenta y untuosa, salpicada de unos daditos de lima que le aportaban relieve. Por suerte la albahaca no dominaba.
Bonito en agua de mar, acedera marina, crema de rábano picante, tobiko y tomates pasificados
Buñuelo de «cocido» gallego
Una masa tipo «takoyaki» que encierra una rica carne picada.
Raya con oreja y jugo de ibéricos
¡Mar y montaña riquísimo! Acompañé el plato empapando trozos de migas de pan ligeramente ácido del Forn de Sant Josep y añadiendo unas gotas más de aceite de oliva: ¡delicioso!
Caballa y «caldeirada»
Este plato suele ir con salmonete, un pescado que le debe ir muy bien a este jugo de pescado de roca intenso con esta mahonesa de azafrán. Con caballa, otro pescado de marcada personalidad, funcionó también a la perfección. Agradecí ese punto de acidez de las alcaparras, ausente de la auténtica caldeirada. Pero quedamos que era una versión personal…
Col y «cocido»
El leitmotiv gallego reaparece aquí al destacar un ingrediente del cocido, casi siempre ultra cocinado y reducido a hebras verdes reblandecidas. Aquí se le devuelve a esta col todo su protagonismo en una golosa preparación que tiene todo el sabor del plato tradicional pero sin la fibra cárnica. ¡Un gran acierto!
Y otra vez los agradecidos contrapuntos ácidos: aquí semillas de mostaza e hinojo marino.
Fresones, granizado de vinagre de saúco, crema de saúco, galleta de yogur
Excelente postre refrescante. Tal vez se podría reequilibrar un poco: más fresones y menos galleta.
Buñuelo de queso fresco, miel y trufa
Coulant de tarta de Santiago
Postre goloso, al cual le falta un poco de estructura de masa y un punto alcohólico que le rebaje el azúcar. En mi reseña de hace 3 años, hablaba de acompañarlo con la presencia, preferentemente integrada al postre, del típico vino «Meus Amores. Creo que, en el fondo, con lo que más disfrutaría, sería con una esponjosa tarta de Santiago , algo más esponjosa que la clásica, servida sobre unas natillas de almendras tostadas bien perfumadas por ese vino.
TABERNA NOROESTE
Barcelona
