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COURE sept.2016

He escrito 11 post sobre Coure. En 14 años. Es mucho o poco. No lo sé. Y este no pretende ser el duodécimo. Es simplemente para decir que Albert Ventura sigue ahí, cada día en su cocina, menos cuando se escapa  de vez en cuando hacía su asesoramiento del Barrio ,en el elegante hotel Wittmore. En la cocina, vuelve a contar con los servicios de David Rustarazo “Rusti”, su fiel segundo, que ha vuelto a “su casa”, como él mismo dice. Tándem solvente donde los haya.

Iba a decir : “siempre nos quedará el Coure”, en el sentido que esta cocina no nos deslumbrará con efectivos estéticos, ni técnicos ni conceptuales , pero siempre, siempre satisfará nuestros paladares. Cada vez que Albert improvisa un degustación para mi, me entran ganas de volver al día siguiente para comer un par de raciones enteras de estas pequeñas degustaciones que me ha servido en su menú. Recuerdo  de este su plato de pularda (aun la tiene en la carta…).

Es una cocina de taberna moderna, en la que las cosas son lo que parecen. Donde el producto será siempre impecable y bien cocinado, donde te pondrás a salivar en el primer bocado. ¡ Ay la terrina de cabeza de cerdo con ostra!!! Habría que volver para comer algo más que  tres escasos bocados…

No me gustaría hacer demagogia fácil , pero me gustan estos restaurante en el que el cocinero que imagina los platos, también los cocina y sale a la sala al principio para saludarte y al final para charlar un poco (en este caso han sido una 3 horas…). Es un modelo que se irá recuperando, eso espero al menos. O bien, nuestra gastronomía irá perdiendo algo de su alma. Todo no puede acabar en asesoramientos y consulting varios en restaurantes para 200 personas.

Sí!! Artur Martínez (que cocina SOLO en su Capritx de Terrassa), o Dani Lechuga, o Rafa Peña (cuándo vuelves a abrir?), o a Víctor Quintillà en su Lluerna, o Oriol Ivern en Hisop, o Quim Coll en su sorprendente 4am5Mujades, o claro está Jordi Vilà que ya no se despega de los fogones en su flamante Alkimia. Cocinas con nombre y apellido , con firma , grande o pequeña, que debería dar confianza al comensal, que a veces prefiere meterse en grandes espacios anónimos donde ya no importa saber a quién pertenece el restaurante, a qué cadena, a cuantos inversores ni quien cocina. Independientemente de lo bien o no que se pueda comer en estos sitios, creo más en una gastronomía más humanista, más cercana, más artesana. Y los que piensan que ya todo esto no va con los nuevos tiempos, que se desengañen. Cada vez más el lujo será acudir a estos sitios pequeños y entrañables, donde sabrás que el cocinero cocina para TI. De hecho, creo que ya estamos en ello…

Después de la parrafada y para justificar el post, aquí van los platos. Tal vez me haya perdido algún detalle del plato . Albert les dice a los camareros que no cansen al cliente con muchas explicaciones. (Ver el post anterior sobre Lopriore).

Puerros tiernos con bonito marinado, macadamia, crema de tofu con mostaza.

Brandada de bacalao, muy sabrosa, con cebolletas asadas y una pequeña juliana de vainas.

Terrina de cabeza de cerdo ligeramente planchada con ostra. Cerdo y ostra . Una excelente combinación que entronca con las ostras con butifarra trufada que se come en invierno en la zona de Burdeos (ostras de Arcachon). Recuerdo también un ravioli de ostra y pie de cerdo que Albert hacía cuando era jefe de cocina de Jean- Luc Figueras.

Berenjenas, tomate confitado, anchoa y lascas de parmesano.

Huevos “a baja”, espinacas, panceta Maldonado, sobrasada y migas. ¡ Hace falta decir que este plato estaba muy rico?

Mero con algunas verduritas y un poco de bearnesa que se perdía un poco entre las verduras. Casi me sobraban las verduras. ¿Puede haber algo mejor que un simple pescado, impecable de cocción (como era el caso), simplemente con bearnesa?

O un pichón grillé “en crapaudine “ . Termino francés usado por la forma aplastada recordando un zapo espatarrado, cuando se trata de la pieza entera. Un poco de jugo, una galleta de patata Anna , y a disfrutar.

Los postres han sido tal vez lo más flojo del menú. Me sobraban las frutas confitadas en este postre de cítricos que pretendía ser refrescante.

Correcto, sin más, el postre cremoso de chocolate y avellanas, de texturas un poco toscas.

Macarones dulzones cuyo sabor era inidentificable.

Pagamos unos 50€ por persona (hubo invitación al vino o algo así…)

COURE

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