Interiorismo de buen gusto en el último restaurante del grupo TRAGALUZ
El histórico Mordisco, del final de los 80 y principio de los 90,“madre del cordero” de todo el grupo Tragaluz y local entrañable adonde hemos todos ido a tomar su surtido de ensalada o su hamburguesa, pero posteriormente engullido por la exuberante arquitectura del Hotel Omm, ha vuelto a renacer a 200m de su antigua dirección.
Ocupa ahora una antigua casa particular del Pasaje de la Concepción a 100m de Paseo de Gracias/Diagonal. Firma como siempre el interiorismo Sandra Tarruella, la hija de la empresaria/emprendedora Rosa Esteva, propietaria de una infinidad de negocios de la restauración barcelonesa.
Ocupa ahora una antigua casa particular del Pasaje de la Concepción a 100m de Paseo de Gracias/Diagonal. Firma como siempre el interiorismo Sandra Tarruella, la hija de la empresaria/emprendedora Rosa Esteva, propietaria de una infinidad de negocios de la restauración barcelonesa.
Sandra Tarruella es una garantía de buen gusto (Moo, Celler de Can Roca, Bar Tomate en Madrid, nuevo Can Jubany etc etc) y en este caso tampoco decepciona.
El nuevo local obedece a las nuevas tendencias (aunque…¿alguien se acuerda del Gran Colmado de los años 80?) e incluye una carta de “confort food” sin complicaciones,
El nuevo local obedece a las nuevas tendencias (aunque…¿alguien se acuerda del Gran Colmado de los años 80?) e incluye una carta de “confort food” sin complicaciones,
un bar de copas con butacas confortables en el primer piso ( único espacio reservado de momento a los fumadores)
y una tienda de delicatessen en la entrada, que va desde tomates ecológicos hasta quesos y embutidos de calidad. La bodega queda a la vista y está a la disposición tanto del cliente de la calle como del comensal del restaurante que se levanta para elegir su botella.
El comedor principal recuerda un poco con su techo/cristalera al Tragaluz (del principio de los 90) situado por cierto casi enfrente en el pasaje y actualmente en obras. Mordisco, El Japonés y Tragaluz son por consiguiente los tres restaurantes de Rosa Esteva en una calle de un centenar de metros. A los cuales, habría que añadir el Petit Comité de Fermí Puig, también situado en el pasaje de la Concepción. Uf…. ¡cuántos locales juntos!
El comedor, decía, da a un pequeño patio con plantas, idea que podría recordar en este caso al de la sala del Moo.
El comedor, decía, da a un pequeño patio con plantas, idea que podría recordar en este caso al de la sala del Moo.
En el centro, una mesa de estilo neo-rustico con todo tipo de vegetales, tal vez más decorativos que “operativos”.
Ese lunes a la noche, el restaurante estaba lleno. Una clientela que da tal vez más importancia a la ambientación que a lo que se encuentra en el plato. Es lo que hemos calificado en otras ocasiones como la experiencia “Fooding”.
En efecto no se entiende que el buen gusto que esta empresa está demostrando desde hace más de 30 años en cuanto a arquitectura, interiorismo, vajilla y cubertería (aquí ambas de Alessi) no se complemente con una oferta culinaria en concordancia. Únicamente en el caso del Moo, se hizo el esfuerzo gastronómico que el maravilloso espacio se merecía.
Ese lunes a la noche, el restaurante estaba lleno. Una clientela que da tal vez más importancia a la ambientación que a lo que se encuentra en el plato. Es lo que hemos calificado en otras ocasiones como la experiencia “Fooding”.
En efecto no se entiende que el buen gusto que esta empresa está demostrando desde hace más de 30 años en cuanto a arquitectura, interiorismo, vajilla y cubertería (aquí ambas de Alessi) no se complemente con una oferta culinaria en concordancia. Únicamente en el caso del Moo, se hizo el esfuerzo gastronómico que el maravilloso espacio se merecía.
Espárragos verdes «de proximidad» (probablemente directamente del congelador) con unas virutas de mimolette (8 €),
berenjena gratinada
(y totalmente cruda) con jengibre (receta del libro del Sent Soví) (7 €).
Muy amablemente se me cambió este plato por un blinis con tártara, huevo poché y salmón ahumado, mucho más comestible.
Algo gomosa la hamburguesa (9 €)
y correctas las costillas de cerdo asadas con chimichurri (12 €). Mejorables las patatas. En ese momento, me acordé de las deliciosas patatas asadas del Sucapá (restaurante anti fooding de L’Hospitalet).
Da la impresión de que el espacio de diseño es suficiente para motivar una visita a este tipo de restaurante en el que no se tendría que exigir nada a la cocina. Esta última cumpliría sencillamente su función de salir del paso para los paladares poco exigentes de una parte de la “beautiful people” barcelonesa.
Da la impresión de que el espacio de diseño es suficiente para motivar una visita a este tipo de restaurante en el que no se tendría que exigir nada a la cocina. Esta última cumpliría sencillamente su función de salir del paso para los paladares poco exigentes de una parte de la “beautiful people” barcelonesa.
Mazacote la tarta de queso, con un coulis de frutos rojos, totalmente anecdótico y “decorativo” (5 €).
Fresitas, que se anuncian como “gratinadas”, bañadas en una crema inglesa a la pimienta tan líquida que imposibilita totalmente cualquier posibilidad de “gratén” (5 €).
Precios razonables si se sabe valorar el privilegio de cenar en un espacio repleto de las cualidades ambientales que hemos mencionado anteriormente.
MORDISCO
Pasaje de la Concepción nº 10
93 487 96 56
Ver la web para las fotos (mucho mejores que las mías) y los horarios . Desayunos, comida todo el día y copas.
No habrá publicación de posts ni comentarios hasta el martes 26 de octubre.
