Novela ambientada en un imaginario restaurante 3 estrellas barcelonés
Una novela ambientada en el mundo de la gastronomía no es una cosa tan frecuente. Y si se trata de un hipotético 3 estrellas de Barcelona, aún menos. Sin embargo es lo que nos propone Vis Molina, una periodista que ha colaborado con El Cultural de El Mundo, Expansión o la revista Telva. Nos propone una historia en la que se percibe su trabajo de campo previo en restaurantes como Can Roca, Vía Veneto o L’Abac , o sus conversaciones con los hermanos Adrià. Las referencias a la alta cocina y al mundo del vino son constantes, ya que la protagonista es la sommelier de ese (aún) ficticio restaurante 3 estrellas, principal escenario de la novela, en el que se mueven un joven cocinero ambicioso , un pastelero francés en la sombra y de un barman, descendiente de la familia de los Campari.
Pero la trama se va complicando con alguna intriga detectivesca que no acaba bien de encajar en medio del relato del día a día en el restaurante, al cual se le añade una enrevesada historia de niño robado que resultará ser nada más y nada menos que el gran chef del restaurante. Trama que roza a veces lo inverosímil y que podría recordar, tanto por su guión como por el estilo literario de la autora, una rocambolesca y dispersa telenovela.
Pero su debilidad de orden literario no es ningún escollo para que los aficionados a la gastronomía desprecien la lectura de este libro, muy fácil de leer y en el que uno se puede divertir descubriendo “quién es quién” (¿ Jordi Cruz, Jordi Roca?…) del mundillo gastronómico, aunque los personajes no estén inspirados en referentes personales concretos.
Es innegable que la autora se ha pasado muchas horas en las cocinas del Celler, (ya que los comentarios enológicos son recurrentes), en las dependencias del Abac o escuchando anécdotas, como la visita de Ishida al Bulli , contadas con todo tipo de detalles por los mismos hermanos Adrià.
Se habla de Michel Bras , de su coulant, en otro momento del texto llamado suflé, lo que denota la fragilidad de los conocimientos culinarios de la autora, mucho más cómoda y prolija en las descripciones del vestuario de las protagonistas femeninas o de los interiores de los apartamentos y casas, que en las composición de los platos. Un poco extraño me resulta un “zumo de berenjena” para un cóctel, o que se alabe la calidad de la naranja leridana. En cuanto a las técnicas culinarias, tampoco se demuestran muchos conocimientos cuando la autora habla de un huevo cocido “a alta temperatura”(sic). Será frito , imagino…
Es cierto que se aprecia un esfuerzo encomiable por reflejar la vida diaria de un gran restaurantes y por caracterizar con bastante acierto a los personajes que acaban adquiriendo en algunos momentos cierta credibilidad , pero la prolija ambientación estilo “Telva” o “Casa y Jardines” impregna mucho más aún la novela, traicionando los verdaderos intereses periodísticos de la autora.
Aún así el lector ( al menos ha sido mi caso) está constantemente visualizando las dependencias del restaurante Abac con sus dos comedores, la coctelería, la recepción, el camino lleno de lucecitas que conduce de la entrada de la calle a la puerta del restaurante etc… hasta la aparición en la trama (en las últimas páginas) de un ayudante sommelier mejicano que se incorpora al equipo de sala.(Fernando Pavón es el sommelier titular de la casa…)
Sería incapaz de hacer una crítica literaria de cualquier novela, (mis tiempos de estudiante de filología española en Francia quedan lejos), pero me da la impresión de que el libro peca de dispersión cuando se están abriendo permanentemente historias dentro de la historia. Hay hasta un flash back de varios capítulos que ni el propio William Faulker en El Ruido y la Furia, una pequeña historia en un puro estilo “bovarismo”, que no venía a cuento, pero eso sí, deliciosamente contada.
Sin olvidar un desenlace, totalmente desconcertante, abrupto y enigmático, seguido inexplicablemente de unas cuantas recetas de cocina, las favoritas de uno de los personajes segundarios de la novela.
La pregunta que me hice al acabar ayer por la tarde la novela, fue : ¿Qué me ha querido realmente contar la autora, a parte de esta ambientación más o menos conseguida de la vida cotidiana de una sommelier en un restaurante de alta cocina? ¿Simplemente tratar un tema rabiosamente de moda, susceptible de enganchar a un público cada vez más receptivo, como lo podemos constatar últimamente con el éxito de los programas de gastro-reality? Sólo le faltaba añadir como sub-trama el argumento de los niños robados para que planeara la sospecha de un ligero oportunismo en el planteamiento del guión.
Pero no me gustaría acabar esta reseña de esta manera, y reconoceré que he podido pasar ratos agradables con su lectura, al menos imaginando (¿segunda lectura?) en más de una ocasión la posibilidad de que esta historia sirviera de guión a una disparatada película de Almodóvar. Pero de las de antes…
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