Después de Gran Bretaña, acaba de estallar en Francia el escándalo de la carne de caballo mezclada con carne de buey (o de vaca) en la composición de platos cocinados de algunas conocidas marcas como Picard o Findus. Los movimientos de carne de caballo provenientes de Rumania serían los causantes de este fraude. De hecho el escándalo no sólo estribaría en un “mal etiquetaje” que engaña al cliente sobre el tipo de animal que se está consumiendo,(también en España se han retirado productos por este motivo), cosa de por sí suficientemente indignante, sino en el tipo de mezcla cárnica que podría entrar en la composición de lasañas, albóndigas o otras musakas. A raíz de estos análisis, es toda la composición de los ingredientes que ha aflorado y se ha destapado. Y el resultado no es muy tranquilizante. La materia prima que entraría en la composición de ciertos platos cocinados (que ya Findus habría retirado de la venta, ) sería una mezcla de carne residual de cualquier animal basada en grasas, huesos y colágeno. Representa unos 15 % del peso del animal una vez que se ha despiezado el animal y que se han aprovechado todos sus cortes nobles, de segunda y de tercera. De hecho, estas sobras se destinaban hace 40 años a la quema en los mataderos. Ni se atrevían a hacer comida para gato con ellos. Pero desde hace ya bastante tiempo se aprovecharía bajo el nombre en francés de “minérai” (Ver entrevista en el blog Atabula y encuesta en la web Rue89). Gracias al progreso en el uso de los aditivos, se habría conseguido dar forma y hasta sabor a esta inmundicia.
Esta es la dura realidad que se escondería detrás de las imágenes apetitosas de algunos platos cocinados de nuestro país vecino.
Como lo vemos , el problema iría mucho más allá de un simple fallo en el etiquetado. Plantearía también el problema de la trazabilidad de ciertas materias primas. Estos conglomerados de “minérai”, previamente congelados, se pasearían, según el artículo de Rue89, por todo el territorio europeo, sin ningún control, en cuanto a su composición. Hasta se ha detectado carne de cerdo bajo etiquetado “carne de vacuno 100%” , lo que ha provocado la alarma en la población musulmana.
Frente a estos casos reiterados de fraudes alimenticios, lo recomendable es comprar la carne en el mercado o en la carnicería, hacerla picar ante tus ojos y cocinarla tú mismo en tu casa. Nunca había habido tantos blogs de recetas, tanta venta de libros de cocina de recetas, y , paradójicamente tanta compra en los super de platos pre cocinados. Se podía entender en una época en la que (casi) todo el mundo trabajaba y tenía poco tiempo para cocinar. En estos momentos, cocinar en casa debería ser la consigna general por todos estos motivos.
En cuanto al tema de la carne de caballo, me gustaría indignarme sobre su cría con fines alimentarios. Espero que esta crisis tenga al menos el mérito de alarmar a la población y concienciarla sobre este tema. Me acusarán tal vez de invocar razones antropomórficas , pero es evidente que las estrechas relaciones milenarias que existen entre el ser humano y el caballo, nos incapacitan éticamente para usar este animal como simple fuente de proteína. ¿Cómo nos atrevemos a reprobar ciertas culturas por incluir perros y gatos en su dieta, cuando tenemos el descaro de criar y matar caballos sólo porque su carne tiene un alto valor nutricional? Transgrediendo de este modo un tabú basado en milenios de complicidad afectiva entre el hombre y el caballo. Tal vez el animal domesticado por antonomasia. ¿Realmente, en estos momentos, nuestras necesidades en proteínas son tan urgentes como para recurrir a la matanza de este noble animal? ¿Después de tantos servicios prestados por su parte, el último uso que somos capaces de asignarle a esta hermosa bestia es transformarla en carne fraudulenta para lasañas industriales…? Triste.
Por mi parte no pienso acudir a ningún restaurante que tenga carne de potro en su carta.
Última noticia en España (noticias de La Sexta jueves noche) .Aun no se sabe si las toneladas de carne que llevan “trazas de caballo” (de la empresa Emcesa por ejemplo), irán al Banco de Alimentos o a la basura. La Ocu pide un análisis que asegure que no lleven presencia de antiinflamatorios para caballo en su composición…. No sé lo que es más escandaloso: que se tiren alimentos a la basura con el hambre que hay en nuestro país o bien dar a los pobres la porquería que los consumidores que pagan, con C mayúscula, no son merecedores de comprar y de ingerir…
Muy triste también…
