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SUCULENT. (Barcelona)

Un pequeño oasis gastronómico en el Raval

 Armando Anta con el equipo de cocina, a la derecha Antonio Romero

 

Hace unos meses que un amigo cocinero mallorquín me había avisado que pronto se abriría un pequeño restaurante interesante en la Rambla del Raval de Barcelona.  Por fin ha llegado el momento.

El Raval no es una zona donde abunda la oferta gastronómica. Se suele limitar a un tapeo banal, döner kebabs y bocadillos variados. Querer instalar un pequeño restaurante con este entorno denota mucha valentía por parte de sus promotores. Aunque hay que reconocer que el barrio está cambiando de una manera espectacular y se merecía un sitio como Suculent. El hotel Barceló Raval (4 estrellas) a 50 metros ,, el modernista Hotel España, recientemente reformado y la flamante Filmoteca Nacional de Catalunya justo detrás, son sólo un par de ejemplos que reflejan el cambio de imagen del barrio, a pesar de la mala imagen que algunos canales de Tv se empeñan en dar a veces.

Armando Anta será la cara visible en el restaurante aunque cuenta también con sus dos socios Javier  “Coto”, gran amante de la gastronomía,  y el cocinero Carles Abellán. Se han instalado en este pequeño local que han reformado enteramente a su (buen) gusto, ayudados por el Estudio 3 Patas. Se encuentra justo enfrente de la famosa escultura del gato de Botero. Suculent rezuma pulcritud, frescura y sencillez. La madera está presente en los marcos decorativos (que pertenecían a la antigua cámara de frío del antiguo local)

y en las mesas desnudas, fabricadas en un pequeño taller de diseño de muebles del Raval ( Amato y Solé)

. Al fondo, hay un pequeño privado muy luminoso, que da a un patio, para pequeñas celebraciones de una decena de personas. A la derecha al entrar está la barra como si se tratara de un bar del Raval de toda la vida, cuatro mesas altas, cuatro bajas y algunas en la terraza. Pero no se dejen engañar por las apariencias. Detrás de esta sencillez del envoltorio, se esconde la gran preparación de sus integrantes.

Armando Anta empezó hace unos años como pastelero, después de haber cursado las clases de Espaisucre. Luego pasó una temporada en Mugaritz, bajo el “reinado” de Paco Morales como jefe de cocina, hizo la apertura del Arola de Madrid y estuvo un año al lado de Jordi Vilà en la partida de pastelería de Alkimia.

Pero siempre le tentó la sala y decidió seguir un curso de sumiller en el CETT de la Vall d’Hebrón en Barcelona, ya que albergaba el deseo de montar un día su propio restaurante.

Sin embargo, no será él quien lleve el día a día de los fogones en Suculent. Contará con la presencia de un joven cocinero castellonense, Antonio Romero, quien estuvo en el Bulli, en Arzak y en el histórico restaurante Pic de Valence. Gran curriculum también.

El bar-restaurante estará abierto de las 9 de la mañana hasta la 1 de la noche. Se empezará con los desayunos (galletas de limón-jengibre, naranja-anís, choco-vainilla y bollería de Triticum). Probé el croissant. Top.

Fuera del horario de cocina, se servirán tapas sencillas y bocadillos a partir de productos de Can Rovira, de Maldonado, “bull” de Mallorca, quesos de El Serrat etc… Sin pretender reivindicar el Km O, hay voluntad de usar productos de proximidad, pescados humildes y carnes pobres pero de calidad.

Divertida la oferta “street-food”. Se despachan desde una ventanilla unas patatas en cucurucho, aderezadas con una especie de salsa brava. Un mix entre arrugadas y fritas.Para llevar y comer mientras se va caminando hasta la Filmoteca cercana, (por ejemplo).

Los domingos se abrirá a las 12h30 hasta las 15h30 para ofrecer una carta reducida y un par de arroces. Cerrado el domingo noche y el lunes.

Como han podido ver, he reservado para el final, la información principal sobre la cocina del Suculent. Armando me llamó para que probara casi la mitad de la carta. Aun estoy buscando algo de calado que objetar. En esta decena de platito que probé, Antonio Romero demuestra todo lo bien que sabe cocinar, a pesar de sus 25 años. Desde los aperitivos hasta los postres (¡¡¡ qué pastel de queso Brie!!!), asistimos a una clase de cocina, dentro evidentemente de la sencillez de la propuesta. Sabores bien marcados y sin embargo mucha delicadeza. Rusticidad aparente pero refinamiento de las elaboraciones.

La primera sorpresa agradable empieza con estas patatas chips con polvo de cítricos, laurel, romero, tomillo y vinagre. Esto sí que es elevar al cubo unas buenas pero simples patatas. Boquerón en vinagre marinado entero. Aceitunas. Es el vermut de la casa (7,5 €). Deliciosos mejillones justo abiertos, luego pasados por la plancha y servidos con un alioli cortado. (Aperitivo de la casa)

Riquísima la caballa con su escabeche ligado y su juliana de zanahoria crocantes (6,2 €). Ya empezamos a mojar pan

(excelente, por cierto, del horno Sant Josep en la calle Roger de Lluria).

 

Escalivada, con su aroma de brasa bien pronunciado, servida con una sardina ahumada (6,5 €). Memorable el ceviche de gambas y aguacate. Un equilibrio perfecto entre la acidez, el ligero dulzor del maíz y el cilantro fresco. Las gambas (de la costa) tienen el tamaño perfecto para este tipo de plato. Sería una pena que este plato no se mantuviera en la carta…

Anguila con “all i pebre”. Para hacer honor al origen valenciano del cocinero. Buenísimo el plato ¡ y la patata “rissollée” aun más! Una sugerencia: lo serviría en una cazuela con más caldito.

Y para hacer honor al nombre del restaurante, calificaría de “suculentas” las albóndigas de butifarra de Cal Rovira y sepia con trompetas (10,2 €) (ración normal 6 albóndigas).. Un poco más de puré no estaría mal para acompañar este delicioso jugo.

Un guisote de judías del ganxet con el huevo poché que se rompe y liga el jugo de carne, y estos trozos crujientes y melosos de papada, que se funden literalmente en la boca, constituye uno de los mejores bocados de esta comida (7,10€).

Ya con el apetito un poco tocado, nos atrevimos con el bacalao al pil-pil (15 €). Impecable.

Y con el rabo de vaca (18 €). Nada seco. Me gustó el detalle de la zanahoria crocante.

 

Único juego de todo el menú: el pequeño trampantojo del “tartar” de fresones al Campari con yogur de lima.

Memorable la textura y el sabor del pastel de queso Brie. Se acompaña con nísperos pero lo imagino perfectamente con algún melocotón de viña. En todo caso, una fruta ácida para compensar la grasa y el azúcar del postre.

¡¡¡MUCHA SUERTE!!!! Se la merecen.

 

En la sala, Sabrina.

SUCULENT

Rambla del Raval nº 43 

93 443 65 79

De 9 a 1 de la noche. Cerrado domingo noche y lunes.

www.suculent.com

a.anta@suculent.com

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