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SANTI SANTAMARÍA. Obituario.

SANTI SANTAMARIA ha muerto en Singapur a los 53 años

SANTI SANTAMARIA ha muerto en Singapur a los 53 años de un ataque al corazón .
Creo recordar que Vázquez Montalbán murió también por el mismo motivo en Bangkok hace unos años. No sé porque se me ha ocurrido este paralelismo. A parte de la coincidencia geográfica,tal vez por que los dos eran grandes gastrónomos.
Con la muerte de Santi, se puede decir que la «biodiversidad «del pensamiento gastronómico ha perdido a una persona muy importante. Es el sentido de todos los mensajes que recibo, incluso por parte de algunos que en su momento lo atacaron.
Lo que si sería de mal gusto, es que los que lo insultaron, ahora profirieran palabras de condolencia hipócrita.
Lo que personalemnet tenía que decir sobre aquel lamentable “debate” sobre cocina de vanguardia y cocina más clásica, lo dije en su momento. Me parece que no cambiaría ni una palabra.
Fue un error por parte de Santi plantear las cosas como lo hizo y lo sigo pensando. Hoy, cuatro años después, me parece que todo se ve de otra manera. Las trincheras van desapareciendo y los pocos que se puedan empeñar en mantenerlas podrían probablemente predicar en el desierto. Santi en coros reducidos de la profesión, estaba más apreciado de lo que podía aparecer. Sólo se le crítico la forma, muy poca elegante y cizañera en que planteó el tema. Tenía que haberse ceñido a atacar las excrecencias nefastas de la cocina de vanguardia y no la cocina de innovación en sí. Y su ataque personal a un Ferran Adrià, que tuvo el inmenso mérito de colocar a la cocina catalana y española en el mapa gastronómico mundial, resultó ser una grande equivocación o torpeza, no exenta de alguna sombra de envidia.
En fin, todo esto es agua pasada, y más en estos momentos. Tenemos que retener del discurso de Santi aquella visión humanista de la cocina. También ese amor a la erudición gastronómica, esa fascinación un poco a contracorriente de la belleza de la puesta en escena marcada por trescientos años de gastronomía clásica, esa defensa de los productos y de los productores del territorio (aunque muchas veces ese “territorio” se extendiera a las tierras galas), en todo caso ese buen gusto y esa elegancia transmitidos por todos y cada uno de sus negocios. Más que un cocinero, Santi era un gran restaurador del nivel de un Jean Pierre Vrinat (Taillevent) o de un Claude Terrail (La Tour d’Argent). Una estirpe que ya va desapareciendo con los tiempos agitados y compulsivos que corren.
Una cosa me tranquiliza. Can Fabes está entre buenas manos. Tal vez ese “arreglo” ente Xavier Pellicer y Santamaría hace apenas unos meses, tan rápidamente y precavidamente atado, no es ajeno a la preocupación que algunos allegados tenían sobre su estado de salud.
Xavi es la persona idónea para mantener fielmente la filosofía culinaria de Santi, sin renunciar a los avances tecnológicos necesarios de estos últimos años y a la puesta al día de la cocina. Tiempo al tiempo.
Muchas veces cito esta frase de Lampedusa que me parece de mucho recurso. En Can Fabes algo cambiará para que todo quede igual…

Leer dentro de unos días su última entrevista en CUINA.

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