RENÉ REDZEPI
LIDER INCONTESTABLE DE LA NUEVA COCINA NÓRDICA
Los lectores de este blog conocen la ilusión que tenía en probar la cocina de
Con comienzos difíciles y a pesar de la incomprensión de sus compatriotas ha conseguido erigirse en el cocinero escandinavo más famoso de la historia. De hecho se puede decir que ha puesto a Dinamarca en el mapa gastronómico mundial y se ha comportado estos últimos años como una auténtica locomotora para el resto de las cocinas nórdicas. Con el manifiesto de la Nueva Cocina Escandinava, ejemplo de sabiduría culinaria, que se publicó hace un par de años en la revista Apicius, René Redzepi ha ayudado a conformar uno de estos nuevos centros creativos al cual me refiero a veces (multilateralismo). La historia de la cocina (como sin duda de otras manifestaciones creativas) siempre ha avanzado gracias al movimiento dialéctico “influencias/salto cualitativo”. Y sabemos que, hasta la aparición de Ferran Adriá, esta ley se iba desarrollando atávicamente en el territorio francés. Pero ahora, gracias al cocinero de Rosas, cualquier cocinero puede tomar entre sus manos su propio destino y trazar su propio camino.
Pero esta nueva cocina del terroir no se entendería sin la existencia de Michel Bras, ni se entendería Redzepi sin la cocina de Mugaritz.
En Mugaritz creo que sólo comió pero algún cocinero de su equipo estuvo de stage. Me confiesa que ni estuvo comiendo en Bras pero evidentemente reconoce que se empapó de su literatura.
De vuelta a Dinamarca, estaba obligado a encontrar la vía danesa a la alta cocina. Huir del modelo existente de la gastronomía afrancesada y burguesa pero también de la muy limitada cocina “popular” danesa. Tal era su reto. En otoño 2003, ayudado por el chef y empresario Claus Meyer se lanza en este proyecto atrevido y nace Noma(Nordic Mada en danés significa comida nórdica).
No se trataba por consiguiente de reproducir simplemente lo que René había podido ver en sus estancias extranjeras, sino de crear algo nuevo. Es lo que llamé antes el “salto cualitativo”. A partir del bagaje externo acumulado, empezar a expresar una nueva realidad culinaria. Primero, conocer el producto de su parca tierra, desde una simple hierba o alga hasta sus escasos productos nobles. Mirar hacia el Norte, a las Islas Faroe, Islandia o Groenlandia. Buscar el producto más cercano a pesar de la paradójica dificultad en encontrarlo.
Y a partir de ahí, construir y promover todo un discurso que entronca con las nuevas filosofías de proximidad y sostenibilidad. No como una pose marcada por las modas, sino como una necesidad vital. Una nueva mirada cargada de autoestima hacia su propia tierra.
Sin más prolegómenos, diré que el resultado está a la vista. La cocina de René Redzepi es ya totalmente suya. No es más deudora que la de cualquier cocinero del mundo.
Exenta de casi todos los signos habituales de la modernidad (aires, esferas, gelatinas, malto o influencias orientales hoy tan en boga en las cocinas de occidente, sólo una espuma en los postres ), es la suma de una tierra y de la gran personalidad del cocinero.
Se inscribe en el marco de esta nueva vanguardia culinaria al nivel mundial que, sin despreciar el necesario conocimiento de la técnica, se centra más en la ética culinaria.
En el libro que se publicó (en inglés) hace cuatro años sobre la cocina de Noma, podemos leer: “Redzepi se siente, claro está, cómodo con las técnicas culinarias modernas, que han encontrado su sitio en las cocinas de hoy, sin embargo, según René, la técnica no es un fin en sí mismo”.
En cambio, hortalizas, cereales, hierbas, trufa negra de Gotland, o bayas adquieren en un menú de Noma una importancia simbólica significativa. Pero lejos de cualquier integrismo, algo de marisco o de carne también están presentes (pescado de las Islas Faroe, caza o toro almizclero) pero todo en su justa proporción.
Y lo más importante, esta cocina es extremadamente sabrosa, a pesar de la humildad de los ingredientes empleados.
El país entero está en el plato con su historia culinaria y su paisaje: ahumados, encurtidos, huevas de lump, remolacha etc. Una cocina del territorio pero filtrada y sublimada por la mirada rabiosamente moderna del cocinero.
Lo que a veces he llamado “feísmo gustativo”, estos platos que, envueltos en un envoltorio morboso o estético, chirrían en el paladar, no existen en la cocina de Noma. Al menos en el menú que he podido degustar.
La cocina de Noma seduce por su belleza, invita a la reflexión pero que también activa la salivación.
Pero la aportación de este chef no se limita a la cocina. No sé si el servicio de sala estará muy contento pero la separación entre cocina y sala se va difuminando. Si con la Nouvelle Cuisine, la función del camarero se había reducido por culpa del emplatado en cocina, aquí es el cocinero quien irrumpe en la sala y lleva directamente el plato a las mesas. René,
Y para dar más coherencia si cabe al conjunto, recordaremos la “rusticidad” del marco. Si Bras en su momento tuvo dificultades para conseguir las tres estrellas por haber vestido la mesa con una funda-mantel y suprimido los sucesivos cambios de cubiertos, Redzepi ha ido más lejos aun en la austeridad “decorativa”. Paredes y vigas apenas pulidas, supresión del mantel, cubertería rompedora etc. Realmente un espacio singular.
EL MENÚ.
Estoy conciente que entrar en cada detalle de los platos puede ser algo tedioso( para mi pero sobre todo para los lectores) . Intentaré ser lo más conciso y “telegráfico” que pueda.
Snacks.
Como lo vemos, no hay ninguna frivolidad en estos guiños. Todo tiene sentido.
En ese momento llegan a la mesa la mantequilla de cabra y la manteca de cerdo con aquavit y corteza espolvoreada por encima. Esta última muy buena. No pararía de untar pan, un par por otra parte bastante bueno y que se presenta en un estuche de fieltro.
Remolacha a la sal, aceite de ceniza de cebolla, jugo de acedera al aceite de colza (un aceite que no tiene en Europa las connotaciones negativas que tiene en España) y semillas de malta inflado. (me olvidé de hacer la foto y los de Noma no me la han enviado aun…)
Otro aspecto importante para señalar es la perfecta integración de todos los ingredientes. Aquí no se ven, por ejemplo, flores o hierbas “decorativos” sino componentes “gustativos” perfectamente pertinentes. Todos estos elementos vegetales forman parte de la “guarnición “de los ingredientes. Todo se come junto y adquiere en la boca su verdadero sentido. Las construcciones redzepianas demuestran que la potencia del sabor no está en absoluto reñida con el impacto estético del plato.
Tal vez los postres no lleguen a la altura del resto de la comida. Pero esto no es una novedad. El cocinero no suele dedicar tanta importancia a este epílogo. Se remata como se puede, se delega en un pastelero/a que tendrá otra visión de las cosas y el resultado es casi siempre decepcionante.
Ningún petit four…..Mucho mejor así.
NOMA
