PASCAL BARBOT.
EL MEJOR DE LA JOVEN COCINA FRANCESA.
Lo escribí en un artículo de Apicius de hace 5 años, la aparición de Barbot en el escenario gastronómico francés trastocó todos los esquemas. Se convirtió rápidamente en el cocinero revelación, en una auténtica esperanza blanca de la Joven Cocina Francesa. El primer cocinero que, con su apuesta humilde pero descarada por la alta cocina, apuntaba como posible relevo serio a la generación de los Passard (del cual es discípulo), Bras, Gagnaire, Roellinger o Robuchon.
Con los años esta apuesta se ha ido confirmando y las estrellas han ido cayendo, la tercera, totalmente inesperada, hace dos años.
Lo que no se podía imaginar es que la generación anterior resistiera tan bien el paso de los años y que la joven tardase tanto en producir cocinero de la talla de Barbot. Creo que hay que reconocerlo. Francia ya no produce nuevas escuelas (en el sentido artístico de la palabra), sólo es capaz de generar personalidades destacables. Evidentemente, él no se sitúa en ningún movimiento de cocina de vanguardia. Esta palabra en Francia no tiene ningún sentido. Se posiciona como heredero de la Nouvelle Cuisine y un discípulo de Alain Passard . Recoge todas las influencias culinarias que ha recibido en todos los países del mundo que ha visitado y las expresa con su propia personalidad.
Hacía tres años que no iba a L’Astrance y he podido observar algún cambio sustencial. En el pasado la cocina de Barbot podía pecar alguna vez de “sosa”, con algunos platos que podían rozar el “umbral de la insipidez”, por retomar esa expresión que José Carlos Capel hizo famosa. Recordemos su mil hojas de champiñones y foie gras al agraz, por ejemplo.
Esta vez los sabores llegan al paladar como auténticos “puñetazos”. Y es tanto más meritorio por su parte cuanto que no usa prácticamente la sal en su cocina.
Barbot alcanza el sabor y lo concentra.
La cosa despega lenta pero agradablemente con
Sólo con la foto, uno puede imaginarse, sino el perfume, al menos la potencia de este caldo.
Cuando en un menú llegan varios platos impresionantes uno detrás de otro, es cuando la emoción empieza a aflorar.
En este momento del menú, me quedo perplejo ante este nuevo Barbot, más generoso en los sabores y en las raciones, pletórico y maduro.
Barbot consigue unos productos impresionantes, algunos desconocidos que le mandan directamente sus numerosas amistades desde Japón. Tiene varios proveedores de pescado. Joël Thiébault para las verduras. El mejor pichón de Francia etc etc… Dos veces a la semana se levanta muy temprano para ir con su furgoneta a Rungis, el mercado central de Paris para elegir él mismo una parte de estos productos.
Después de tanta potencia gustativa, hacia falta un respiro en el paladar.
La impresionante materia prima y su impecable cocción “rosada” (¡y no cruda como la perpetran a veces algunos intrépidos cocineros!), se merecían más despojamiento en la construcción del plato.
Me gustó este bocado de gorgonzola con fruto rojo, “mostarda”(fruta confitada picante italiana) y flor de calabacín.
Los postres también han mejorado bastante, al menos técnicamente.
Petits fours:
También quería reconocer la importancia del servicio en este restaurante.
Recalquemos que en L’Astrance no hay carta y todos los menús son sorpresa. Sólo un pequeño texto que recuerda que esta cocina es el fruto de una historia personal, de recuerdos de viajes y de un poco de imaginación.
Menú almuerzo.70€. Con vinos.120.
Menú verano.120. Con vinos.190
Menú Astrance 190. (el que tomé).Con vinos.290. Pascal y Christophe tuvieron la amabilidad de invitarme a los vinos.
L’ASTRANCE
4 rue Beethoven 75016
Mº Trocadéro
00 33 1 40 50 84 40
FINAL DEL VIAJE POR LONDRES, PARIS Y HONFLEUR.
