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DOS PALILLOS junio 2025 (Barcelona)

100€ el menú: me parece una excelente relación calidad-precio.

Cuando se visita este restaurante varias veces, lo interesante es que Albert Raurich o Marc Comella, su jefe de cocina, te preparen un menú diseñado a medida. Marc siempre me cuela algún plato más, de los que cree que me pueden interesar. Y ayer acertó más que nunca en servirme ese wagyu «planchado» con tuber aestivium que me pareció un bocado excepcional de sencillez, en textura y sabor. De lo mejor que he comido últimamente.

Pero la cosa ya había empezado muy bien con las tempuras, el tataki o el pañuelo de sepia…

Tempura de una extrema delicadeza y que respeta la jugosidad melosa del chipirón, apenas entibiado, en su interior. Gran bocado.

¡Qué bien le va la acidez de la ciruela fermentada a la grasa del bocado!

El corte estaba aquí demasiado fino. En las otras mesas salía del grosor correcto. La mordida es importante. De los mejores tataki que haya comido. Un tataki se tiene que comer en un buen restaurante de cocina asiática, y no en el restaurante de una esquina del Eixample, entre una ensaladilla y un ceviche.

Lo que llaman en Enigma «pañuelo». Creo que llevaba aceite de shiso (prescindible).

EL plato :

VÍDEO DEL WAGYU DE DOS PALILLOS. Empezaba como un show, pero acabó en una degustación emocionante. El camarero Ignasi, que atiende magníficamente la terraza, dando este pequeño toque de calor a la carne y a la trufa para hacer sudar la grasa de la carne y para extraer el aroma de una «tuber» que no suele ser muy aromática, pero que aquí exhalaba todo su potencial, a veces desconocido y poco explotado. Siempre he pensado que el soplete , que vemos constantemente usado para hacer sudar la grasa de los nigiri de wagyu, es demasiado agresivo y transmite ese molesto olor a grasa quemada y a gas.

Para los que buscan la estética en los platos: para mi, es esto, alejado de florituras. Sacar belleza al producto mismo. Y que la auténtica emoción esté en la degustación desde el primer bocado.

Me dicen que este invierno le ponían melanosporum, luego «ceps», luego perrechicos. Me ha sorprendido la calidad de esta trufa de verano, de la cual el cocinero saco todo su partido, sin recurrir a importar melanosporum de Australia…

Aun hay guisantes! No tienen la textura de los guisantes de primavera (ya estamos en el verano meteorógico), pero están aun correctos. Eso sí, empiezan a «granar», es decir a pasar de textura de verdura a la de una leguminosa, que puede recordar la del garbanzo verde.

No se sirven con curry verde como se anuncia en la carta, sino con un jugo de pollo thai, fresitas y flor de ajo. Curiosamente la fresita no aporta dulzor, que ya está en el guisante, sino un toque de acidez. Siguo pensando que el ajo del oso es más interesante que las flores de ajo.

Aquella salsa, que también se sirve con la cocochas, es fantástica . Se podría servir con muchas cosas. Para las cocochas está perfecta porque las napa, las envuelve y funciona realmente como un pil pil. Con la merluza, cada cosa va un poco por su lado. Pero está igual de deliciosa.

La pido siempre con una pequeña guarnición de arroz blanco. Es, con la pequeña ensalada de cilantro que refresca, la mejor manera de degustar este plato. Me recuerda perfectamente, lo digo siempre, el cerdo al caramelo que degustaba de joven en algun restaurante vietnamita de Toulouse y que no he vuelto a encontrar en otro sitio más que aquí. El norte de Viet Nam y la cocina cantonesa tienen cosas en común.

Ayer hablaba en mi instagram sobre Media Manga de un queso de proximidad que se llama Ferrer de Cal Music del cual me decía Fran Agudo, su chef, que le recordaba por su potencia y aroma a un Comté de menos curación. Iría perfecto aquí. Nos tenemos que conscienciar en la importancia de dar visibilidad a la calidad de los productos que nos rodea. Elegir un Comté o un parmesano es ir a lo fácil. La creatividad es también investigar para descubrir el mejor producto que , a veces, tenemos muy cerca.

Me gustó el contraste picante y vegetal del kimchi (nada que ver con las pastas compradas) y la cremosidad de umami del queso.

Se sirve caliente. Creo que, con el calor, se debería servir frío.

El camarero fue a comprar la kombutcha al Veritas cercano. Todo un detalle. No me apetecía alcohol.

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