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GRESCA junio 2025 (Barcelona)

En diciembre del 2020 escribí mi último post sobre GRESCA (creo que volví otra vez a su terraza durante la pandemia, para comer su fabuloso menú del mediodía, mezclado, como siempre, con algún plato de carta, pero no hubo post). Cada vez me debe costar más escribir sobre esta casa a la que ido tanto y sobre la que he escrito tanto. Lo he comprobado: ¡son ya 20 reseñas publicadas! Pero, en estos tres últimos años, ni siquiera acudía. Los últimos flecos de la pandemia se habían desvanecido que aun no me decidía a volver. Como si esta casa, que vi nacer hace ya 19 años, de la que fui el primero en hablar, ya no formaba parte de mi paisaj y de mi rutina. Sabía que estaba allí, con sus llenos diarios, de clientes locales y de guiris, de los que no miran mucho las estrellas y que van a piñón fijo para sentirse cómodos en medio del bullicio.  Sigo creyendo, a pesar de algunos pequeños comentarios críticos que me permite hacer, que es una de las mejores casas de comida del país. Es, para empezar, la cuna de la bistronomía catalana que nació a mitad de los años 2000. Y más aun, el Gresca de RAFA PEÑA representa toda una escuela que ha formado decenas de cocineros, discípulos de todo un estilo, que encontramos en muchas partes, desde el Si No Fos de Marc Ramos en Girona hasta Ludo Amiable del Palo Verde de Barcelona o Suru con Charlie, pasando por Pau de L’Artesana, Luciana del Pizzicato o Àngel del Sisé de Lleida…  

Encontré mi segundo post del mes de septiembre año 2006 (el primero debía ser en abril y ha desaparecido de mi blog).

“Si en una primera visita, hace un par de meses, emitíamos (más que un plural mayestático era como un plural púdico, ya que empezaba a ser un intruso en el mundillo de la escritura gastro...) alguna reserva sobre la calidad de algún producto o la construcción de algún plato, esta vez el nivel de cocina
encontrado se reveló altísimo. A los 4 meses de abrir este pequeño restaurante, de
diseño moderno y agradable, Rafa Peña demuestra ya un dominio culinario
espectacular. Ni un tropiezo en el larguísimo menú degustación que ofrece por 45 euros.
Ningún alarde técnico de «nuevas tendencias». Con contrastes entre los sabores y las texturas de los propios productos, convenientemente cocinados, anda el juego. Gustos potentes, nítidos y a la vez elegantes».

Rafa estaba entonces solo en cocina y Mireia, sola en la sala. El otro día, seguían ambos al pie del cañón, pero rodeados de una veintena de cocineros, camareros y sumilleres. Casi 20 años después, Gresca es uno de los restaurantes más vivos que conozco. Tiene algo de bistró parisino abarrotado,(bistró e el sentido literal de sus orígenes de «taverna de vinos donde se come»), pero con su propia personalidad. Para empezar está la cocina: más que “a la vista”, ocupa casi la mitad del espacio, con su barra amplia como un palco ante el espectáculo de los fuegos, su estrecho pasillo de la entrada con su pequeña e incómoda barra, para los que quieren picar algo y tomar un bar de copas. Y la sala del Gresca de antaño, que es hoy la zona más tranquila. Esta casa es ya una institución en Barcelona. ¡Qué rápido han pasado estos 19 años! (el año que viene sería ya el vigésimo aniversario, tanto del restaurante como, por cierto, de este blog…)

Hoy hay 3 segundos de cocina, una sumiller y un sumiller, ya que el restaurante está abierto mediodías, noches y 7 días a la semana. Todo un lujo. Daniel Molas, Tomás Sampietro y Filippo Massarutto (en la foto)

Para este reencuentro con Gresca, iba acompañado con una amiga y un amigo. Ideal para compartir estas piezas enteras que se hacen a la brasa , como el cabracho o la pintada, y hacer un mix con platos de la carta y un par de platos del menú del día (los menús de Hisop, Topik o Gresca (a 32€) son de una relación calidad-precio imbatible).  

Tres aperitivos muy buenos, aunque el jurel estaba un poco pequeño, con la consecuente poca mordida. Me pregunto si esta cantidad de aceite en los platos es necesaria. Lo más probable es que se desperdicie, ya que no me imagino que el comensal se lo acabe mojando pan.

Por su textura raw, era más una ensalada de col.

(Plato del día). Agradable.El caldo era más parecido a una bisque ligerita que a un «suquet». Ya puesto, hubiera dejado que el pan se embebiera en el jugo o sopa.

Buena cocción, pero faltaba sal.

La textura del seso no se apreciaba por si sola, sino que aportaba algo de cremosidad a la patata.

Aquí también agaradecí que las escamas de sal se hayan quedado en la mesa.

Muy buena cocción de la pechuga. Normalmente, este tipo de plato se sirve, en Borgoña o en la zona de Bresse y Lyon, con una pularda pochada, y no asada, extrayendo la salsa con una reducción de parte del caldo, como una salsa «Suprême». A veces vino blanco (o más precisamente «jaune» del vecino Jura).

(Postre del menú del día). El ruibarbo es un tallo que queda por explotar aquí. Su acidez aporta justamente el equilibrio gustativo necesario en los postres.

El postre goloso ideal para terminar ese opíparo almuerzo.

GRESCA

c/ Provenza 230

Barcelona

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