
Gerard Bellver (en el centro) con su equipo
Hace ya un par de meses que GERARD BELLVER ha abierto este restaurante justo a 20 metros del Mercat de Sant Antoni, sin duda uno de los barrios más agradables de Barcelona, después de su magnífica reforma. Un mercado al servicio de la gente del barrio y no pensado para un turismo invasivo.
JIRIBILLA , (palabra que se podría traducir quizá por “retranca” en castellano),se encuentra, por consiguiente, en la calle Comte Borrell, una vía medio peatonal que invita al paseo. El local estuvo ocupado por el antiguo Chikoa, especializado en pollos y asesorado por Paco Pérez.
Ahora está magníficamente reformado, con una elegante y discreta ambientación mejicana (bellas plantas que jalonan el espacio) y bonita barra donde se elaboran, entre otras cosas, los cócteles. Cocina-vista.
La historia es que Gerard Bellver dejó Barcelona a los 12 años, acompañado de sus padres, para instalarse a vivir en México. 28 años después, decidió volver a su ciudad natal. “Roda el mon i torna al Born” como se suele decir por aquí. Los motivos exactos, no los conozco, pero solo nuestra conversación sobre la vida en ese país, y los peligros y vicisitudes que comporta, nos puede dar una pista. Gerard se ríe cuando oye hablar de la delincuencia en Barcelona…
Gerard vuelve a casa con una mochila cargada de conocimientos sobre la cocina mexicana, pero también con recuerdos más emocionales que reales sobre la cocina catalana, que no tuvo tiempo, sin duda, de mamar directamente. Pero reivindica que el sofrito será con, evidentemente, la despensa local, uno de los referentes de su cocina en JIRIBILLA . En este equipaje del camino de vuelta, están sus años trabajando en el restaurante de Arzak en México y en Biko, el restaurante de Bruno Oteiza y Mikel Alonso, sin olvidar todo un año en ElBulli en el 2007.
En todo caso, aquí se asume plenamente que será un restaurante mexicano (con toda la imprecisión de la palabra que implica para nosotros, si se considera la inmensa diversidad de esta cocina), pero con unos mínimos de calidad y de mimo culinario que no se encuentra en muchos de ellos. Ocupará un territorio de excelencia entremedio entre la alta cocina de COME (que alcanza el nivel de un 2 estrellas) y la pureza tradicional, casi antropológica, que desarrolla Joan Bagur en el restaurante Oaxaca, antes jefe de cocina del mítico Bajío, hoy replicado en muchas sucursales.
Esta apuesta por una cocina mexicana de calidad, pero accesible y asequible, se traduce en una carta relativamente corta (siempre inspira más confianza) y unos precios razonables. El comensal hasta se podrá componer menús degustación no estipulados, entre 60 y 70€. Precio justificado si se considera que atún Balfegó, salmonete, rodaballo, lagarto ibérico o colmenillas no suelen ser productos que se encuentren en cualquier restaurante mexicano de la esquina. Aunque también, se puedan encontrar productos cárnicos más humildes, típicos de su cocina de casquería, como lengua con mole o “birria” de cuello de cordero.
Último apunte: no hay guacamole ni cochinita pibil, por voluntad de diferenciarse de los tópicos de la cocina mexicana.
Punto fuerte de la casa: los cócteles y buena (y corta) carta de vinos
Tortillas, pero también se sirve pan.
Infladita de maíz y cangrejo
Aguachile de gambas fermentado, cebolla tierna e hinojo.
Ejotes con huevo y almendras
Un plato sencillo que remite a la cocina casera.
Tetela de alcachofas con bearnesa de Xnipec
Rico aunque se podría reforzar un poco más el sabor de la salsa.
Taco de morillas a la brasa con praliné de ajo negro
No solamente estas colmenillas están cocinadas a la brasa, sino que están empapadas de un jugo muy sabroso. Un de los mejores bocados, con el salmonete y, por supuesto, las lentejas, del menú.
Ñoquis de maíz con perretxicos a la brasa
Ñoquis demasiado densos. Lo mejor era ese delicioso jugo de pollo al ajillo con las setas.
Lentejas de Recado Marino
Guisadas con la mezcla de especias del «recado» y caldo de caranineros. De las mejores lentejas que se puedan comer. Solo aconsejaría que se presentará con 3 o 4 gambitas sin cabezas para más integración del marisco a la degustación. Pero lo mejor del plato seguirá siendo la propia lenteja. Aquí se sabe guisar.
Salmonete con salmorreta de chile morita y mantequilla «noisette»
También se podía hacer con rodaballo. ¡Absolutamente delicioso!
Lengua enmolada y pil pil de pimientos
Lengua un poco sosa a pesar de la suculencia del mole y de los pimientos. Solo habría que potenciar la guarnición aromática del caldo de cocción y añadirle algo de sal.
Flan de praliné de avellana
Delicioso de untuosidad y con el contraste de esas mini galletas crujientes.
Tartaleta de queso fresco, almendra y miel
Pasta sucrée impecable. Postre muy goloso que solo necesitaría algún contraste ácido/aromático.
Café de puchero
Agradablemente especiado.
JIRIBILLA
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