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IKOYA.(Barcelona)

Nueva isakaya en Barcelona, nacida de la colaboración entre el Grupo Sagardi y Hideki Matsuhisa (Koy Shunka). En principio, una unión interesante, como cuando Sagardi se unió a Oriol Rovira para abrir Pork y el restaurante Sagás de la Plaça Palau.

Se ubica a unos 300m del Shunka, pero imagino que está destinada a acoger clientela que visita el mercado de Santa Catalina y la Catedral, es decir sobre todo a los pocos turistas que empiezan a llegar a Barcelona. Gastronómicamente, no he notado una aportación diferenciadora respeto al concepto de la casa madre.

No sé si es demasiado pronto para valorar esta apertura relativamente reciente, o bien los estragos que están haciendo las bajas por covid tienen algo que ver en cierto descontrol (como me lo aseguró el director del local), pero la espera de 45 mn para empezar a comer, las esperas sucesiva entre plato y plato,  las equivocaciones en el orden de los platos pedidos, los fallos en las dos estufas de la terraza que se iban apagando o el arroz totalmente crudo (al mismo tiempo que pastoso) de la basa del tataki, han sido problemas que hicieron de mi almuerzo un trance bastante desagradable, con ganas de que se acabara para poder volver a casa cuanto antes (2h en la mesa…).

Nadie podrá discutir el cuidado en el interiorismo, la calidez del mobiliario, la agradable entrada con su barra casi exterior (sello de buen gusto habitual de la marca Sagardi), y menos aun la calidad de los productos empleados (característica de la marca «Hideki»), aunque tal vez estaba demasiado firme el calamar de la tempura e inexplicablemente mal cocido el arroz del «tataki» (el del maki estaba perfecto…). El tekka maki de atún estaba correcto, excelente el tartar de ostra y ventresca, ricos los rolls de anguila y aguacate, y delicioso el postre de espuma de leche de soja con caqui y mango delicioso (con solo caqui hubiera sido suficiente).Los tres postres propuestos eran atractivos.

El precio fue justo, a condición de que todo saliese bien. Lo que no fue el caso.

Una mención por la amabilidad de la chica de la entrada que atiende las reservas, acoge los clientes, pasa platos y “se pelea” con las estufas de la terraza que se apagan.

Así que no hay más que añadir. Como se suele decir: luces y sombras.

IKOYA izakaya

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