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Mi corazón se acaba de poner a mil al enterarme de la muerte de PAU ALBORNÀ,en un accidente de moto.
Comí con él, justo a su lado, hace sólo cuatro días en la presentación del TEN’S de Jordi Cruz, en Barcelona. Me contó que llegaba de Vico cerca de Nápoles. “Acabo de llegar de la fiesta de Genaro Esposito, donde estuviste el año pasado” me dijo justo al llegar. “También hablamos de ti con el cocinero milanés del Pont de Ferr” añadió con una sonrisa de complicidad. “Comemos al lado y me lo cuentas todo” le contesté expectante. Me gustaba la complicidad que tenía con él. Creo que veía en mí un “veterano” que le podía de vez en cuando aportar alguna información “histórica” sobre tal o tal cocinero (aunque con la madre que tenía, se sabía un privilegiado al respecto). Yo veía en él el joven periodista inquieto y curioso con ganas de morder con entusiasma en el fruto del mundo de la cocina, ávido de aprender y ,a la vez , de empezar a enseñar a los demás.
No me puedo hacer a la idea que este chaval risueño, buena persona como pocos y amante del buen rollo en medio de este mundillo tan especial como el gastronómico, ya no estará entre nosotros, cuando justo daba sus primeros pasos por estos senderos. Son estas noticias que te niegas a aceptar y te sale un interminable NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO de la garganta mientras van brotando las lágrimas que me impiden ver las letras del teclado.
Pienso en su hermanito, pienso en Roser. En estos momentos imagino el dolor de la madre, de la Mamá, de la Mamma, de la Mare. Hay dolores que no se pueden medir , que son tan grandes que sólo recurriendo a la locura se hacen soportables…
Roser Torras, no te llamaré ahora, ni mañana, ni pasado. Hay momentos en los que es mejor abstenerse. Tu teléfono estará asaltado y seguramente tú no podrás contestar. ¿Qué decir ante una cosa así? Nada. Hasta estas palabras que escribo aquí me parecen inútiles….. Y las que te podría decir más aun. Sólo quiero decirte desde aquí, que comparto, con todo lo que está entre mis manos, un poco de tu dolor.
